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Un pirata
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Y si este es vuestro ejército. ¿Por qué está huyendo?
"Luchad y puede que murais. Huid y vivireis. Un tiempo, al menos.

Y al morir en vuestro lecho, dentro de muchos años, ¿no estareis dispuestos a cambiar todos los días desde hoy hasta entonces por una oportunidad, sólo una oportunidad, de volver aquí a matar a nuestros enemigos?

Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán la libertad."

William Wallace. Stirling.

Sangrad ahora conmigo

Habeis sangrado con Wallace. Sangrad ahora conmigo.
 
Diálogos cuando el mundo duerme
Ya de noche, con el mar moviendose dormido y en silencio, el brillo de la luna me desveló que alguien caminaba por cubierta. Aparté la vela, que me cegaba sin dejarme ver, y distinguí a Roberts, que le gritaba sin piedad a la luna.

- ¿Todo bien, Roberts?

- Sí, mi capitán, pensé que todos dormían.

- ¿Y qué haces aquí a estas horas? Deberías estar durmiendo, o estudiando. Mañana todo habrá acabado, ¿no?.

- Ha acabado ya. Ya no hay nada que hacer.

- ¿Qué? ¿No harás tu examen?. Debes hacerlo.

- Sí. Y lo haré, pero tan sólo por demostrarme a mi mismo que he hecho todo lo que estaba en mi mano sin rendirme.

- No es justo que seas tan pesimista. Muchos están como tú y lo sabes. No eres especial.

- Ya lo sé, y no me quejo de nada. Simplemente estoy confuso. No sé donde estoy, ni lo que hago, ni a donde quiero llegar. Nada.

- Creo haber escuchado esto antes. Cada año es lo mismo, Roberts.

- Lo mismo, pero cada vez resuena con más fuerza. Ya llevo 5 años en esto, pero cada vez es más duro, me siento menos capaz y me cuesta más encontrar mi sitio.

- Tonterías. ¿Cómo no vas a ser capaz?. Lo has sido hasta ahora perfectamente, y estoy seguro que eres capaz de hacerle cara a cualquier reto que se te presente.

- ¿Sabes? Me encantaría poder vaciar mi mente a la hora de estudiar, sin pensar en más. Estoy seguro de que el resto de la gente, cuando se encierra con sus apuntes y notas, no piensa en nada más que en eso. Y son capaces de aprovechar y disfrutar ese tiempo. Yo no. Soy incapaz de memorizar esas interminables listas de cosas.

- Por mil barriles de Grog, Roberts. ¿Cómo puedes decir eso?. A los demás le cuesta lo mismo que a ti. A veces no te reconozco cuando hablas.

- Me gustaría tenerlo así de claro. Pero lo peor no es eso. Conforme centro mi mirada en esas líneas que se me resisten y me superan, no dejo de pensar "Es inútil dedicar tu tiempo a esto. ¿Qué esperas conseguir?. ¿Crees realmente que lo memorizarás?. Y aunque lo memorices, ¿Crees que estas aprendiendo algo?. Y aunque aprendas algo, ¿Crees que te será útil algún día?." Te aseguro, capitán, que no es fácil concentrarse en síndromes y diagnósticos cuando estos pensamientos te golpean con violencia. ¿Entiendes lo que digo?.

- Me da miedo lo que dices. Es como si estuvieras perdiendo la fe en aquello que te dio fuerzas para emprender tu primera gran aventura, embarcar. Recuerda que tú fuiste el primer capitán de este barco, con un coraje que dejó mella en todos nosotros.

- ¿Realmente crees que a mi no me asusta?. No encuentro mi sitio. Elegimos este camino para remover las entrañas del mundo, y aún no sabemos por donde se empieza a hacer eso. ¿Merece la pena seguir malgastando tiempo así cuando hay mil cosas que me hacen vibrar de emoción?.

- No lo sé. No. No lo sé. Ojalá pudiera responderte, convencerte y darte esas fuerzas que te faltan. Pero no puedo, Roberts. Pero sólo te puedo decir una cosa. Fuiste tú el que me dio fuerzas a mi para ser quien soy ahora, y si hace falta, te las devolveré sin dudarlo. Soy lo que soy gracias a ti y a las decisiones que fuiste tomando.

- He cambiado mucho. Y no sé si en la dirección correcta.

- Has madurado. Y la madurez trae consigo dudas. Pero no te preocupes, amigo, las cosas tienen sólo la importancia que tú les das.

- Creo que necesito centrarme. Y no sé como.

- Te conozco demasiado como para decirte que lo conseguirás. Pero sea como sea, no te agobies. No puedes exigirte el 150% de lo que eres, y quizás necesitas ver que te flaquean las fuerzas para cuidarte más la próxima vez. Quizás haya sido culpa mía en cierto modo. Soy yo el que te distrae de tus notas y apuntes para que vengas a trazar rutas, ayudarnos en cubierta, o incluso reparar los tablones partidos en dos por el último asalto.

- No digas eso, la culpa no es tuya.

- Creo que los dos sabemos que tengo algo de culpa. Necesitaré que me digas cuando debo dejarte en paz, a partir de ahora. Quiero que estés bien, eres muy importante para este barco, y no quiero exigirte más que al resto.

- ¿Has visto como se mueve el reflejo de la luna en el mar esta noche? Podría quedarme horas como embobado, mirándolo.

- ¡Ja, ja, ja!. Pero necesitas dormir, muchacho. Mañana todo termina y durante un tiempo tendrás la suerte de poder pensar en todo lo que hemos hablado esta noche. Un último "paso por la quilla", Roberts.

- Tienes razón. Gracias por estar siempre por aquí.

- Te digo lo mismo. Nos necesitamos. Hasta mañana.

- Hasta mañana.


 
Carta desde... mi barco II: Lavarse los ojos y aprender los nombres del barro
Tú escribías...
Las palabras son estambres de una flor de cuarzo.

Creo que después de casi tres años de correspondencia ni siquiera te he descrito mi escritorio, ni lo que se ve desde mi ventana. La superficie de la mesa es de formica; el resto, de chapa de acero. Años cincuenta, guerra fría. Mobiliario ONU. Desde mi ventana, 35 pisos por debajo de la de Kofi Annan, se divisan las fachadas posteriores de Tudor City, rascacielos de ladrillo de inspiración anglosajona, y la torre del Chrysler, a punto de encenderse contra un cielo gris que amenaza lluvia. Acaba de pasar un avión rumbo al norte.

Creo que después de casi tres años de correspondencia tendríamos que calarnos una boina o ensartar una magnolia en el ojal de la chaqueta que me temo que casi nunca nos ponemos para reconocernos en un mercado de madrid, Union Square o Abiyán. Creo que despues de casi tres años de leerte me he dado cuenta de que tengo que volver a lavarme los ojos, a aprender los nombres del barro, de la luz, de las corrientes y de la nieve. Creo que después de casi tres años de seguir con los ojos ávidos la caligrafía de tu lámpara africana me ha entrado una comezón irresistible. Ya he empezado a despedirme de Nueva York.

Me faltan dedos, horas, papel para escribirte. Tengo ganas de gritar, de salir corriendo. De quedarme quieto, de hacerme el muerto. No sé si llegaste a conocerlo. Murió hace unos meses. Se llamaba Beyers Naudé -Christian Frederick Beyers Naudé-, un clérigo afrikáner que se encontró con su conciencia escondida el día en que la Policía surafricana mató a 69 negros en Shaperville. Cuando fue a buscar justificación en la Biblia para el racismo, no la encontró. Los suyos acabaron llamándole traidor y fue expulsado de su iglesia, aunque la rama negra de su credo lo recibió con los brazos abiertos. Nunca disparó contra nadie, pero sí argumentó que había ocasiones en que había motivo para matar. Como los teólogos alemanes que hablaron a favor de los que urdían conspiraciones para acabar con Adolf Hitler. Fue en Sarajevo donde descubrí que las razones del pacifismo los pueden convertir a veces en cómplices de los asesinos. En la carta que te escribí el 20 de enero metí la pata. Te decía que "a pesar de ser con frecuencia el adalid más feroz de un mercado sin la menor atadura", el periódico The Wall Street Journal hace diana "cuando defiende a los inmigrantes y el proteccionismo de los ricos de la Tierra". Lo que quería decir era: "Cuando defiende a los inmigrantes y critica el proteccionismo de los ricos de la Tierra".

Se apaga el día en Nueva York. Nuestro mundo es un animal extraño. Con palabras dibujo un abrazo.

Nueva York, 17 de febrero de 2005
Alfonso Armada

(Publicado en EL SEMANAL)

Lavarse los ojos y aprender los nombres del barro

A veces ocurren cosas que hacen pensar. Observo desde la arboladura como hoy han colocado en la puerta de una iglesia una mesa, con gente que recoge firmas en contra del matrimonio entre homosexuales. Y he visto miradas de desprecio hacia aquellas personas que no desean firmar.

Triste. Hace tiempo que entre varios piratas (o idealistas, no lo sé) iniciamos una Campaña para recoger firmas para solicitar al gobierno español la condonación de la deuda externa de los países afectados por el tsunami de la Isla de Sumatra. Y esta campaña, poco a poco, parece que va muriendo en el olvido. Si la gente tan sólo respondiera un poco más...

Vivimos en un mundo donde a las personas les importa menos amar, que burocratizar el amor y complicarle la vida a los que se ilusionan con un sueño. Quien sepa donde se perdió la empatía, que lo diga.

Lavarse los ojos, aprender los nombres del barro. Y pisar tierra.

Aunque sea por una vez.

 
Días intensos
A veces los días son tan intensos y complicados que no puedes pensar en escribir, o no puedes pensar en "qué" escribir.

Si quieres verme caer del cielo...Pobre Roberts. Sigue encerrado en su camarote estudiando. Dice que el martes por fin podrá salir, y será "libre" durante un tiempo. Dice que no le están yendo las cosas muy bien este año, pero la verdad es que no ha tenido ni un momento de respiro. Es duro estudiar medicina y ser pirata a la vez.

Ayer mismo, en pleno ajetreo de la mañana, una enorme bala de cañón procedente de ningún sitio, atravesó el casco del barco, llegando hasta las bodegas. Llevaba grabada la palabra "pediatría". No nos sorprendió a ninguno, pero hizo daño.

Y en cuanto a las rutas hacia Inglaterra. Llevo días en que no puedo dormir, pensando que quizás no llegue hasta allí, que quizás no estoy preparado para emprender un viaje así pero, al tiempo, recupero la esperanza. Como dice Rosana...

Si quieres verme caer del cielo
tendrás que cortar el aire
y es imposible que la corriente
no sople en alguna parte

Aráñame el corazón
encadéname las alas
que siempre quedan los que me quieren
que siempre quedan los que me desatan


Ay... que estando en la cuerda floja
no consigue nada el que no se moja
Ay... que cuando elevas el vuelo
el que no aletea se cae primero

Si quieres verme caer del cielo
tendrás que ponerle ganas
y es imposible que tu me arranques
la fuerza que Dios me manda

Aráñame el corazón
envenéname la herida
que siempre quedan los que me quieren
que siempre quedan los que me la cuidan

Ay... que estando en la cuerda floja
no consigue nada el que no se moja
Ay... que cuando elevas el vuelo
el que no aletea se cae primero...
se cae primero el que se ve vencido
el que no arriesga más de lo debido
el que se cae, se aguanta y nunca se levanta
hay que nadar hacia la esperanza
alzar el vuelo, inténtalo de nuevo
y da la vida con el alma en cueros

siempre de frente cuando hay contracorriente
que en la orilla está la suerte
Ay... que estando en la cuerda floja
no consigue nada el que no se moja
Ay... que cuando elevas el vuelo
el que no aletea se cae primero
Ay... que estando en la cuerda floja
no consigues nada si no te mojas


Pero esto va por mi gente, mis amigos/as, los/as que me aguantan, soportan mis neuras, me quieren y me desatan. Y más en estos últimos días.

Hay personas que a veces te fallan y decepcionan, pero también hay personas que siempren me sorprenden, y consiguen sacar lo mejor de mi.

A ellos/as. Un abrazo.

P.d.: Y hoy os regalo música. Imaginad por un momento lo que significa navegar por alta mar, con el viento golpeándote la cara, escuchando este tema a piano, compuesto por Jan A. P. Kaczmarek, para la banda sonora de Descubriendo Nunca Jamás.
 
Carta desde... mi barco I
Tú escribías...

No es este el paradero del tiempo.

El padre de Soropogui está enfermo, muy enfermo.
No es un anciano, debe tener sesenta y pocos años. Van a llevárselo a Conakry, mas ambos sabemos que, con los medios que hay en Guinea, es muy difícil que no muera. Ella me lo contaba llorando mientras volvíamos de la fiesta de despedida que la gente de los pueblos me había organizado: era mi última noche en Kolouma. A nuestro alrededor una turbamulta de niños bailaba al sonido cada vez más distante de los tambores. Son niños que crecen entreverados a la miseria de esta selva, acuden a escuelas donde se imparte ignorancia, trabajan durante toda su infancia apreciando la comida como muchos niños de Europa las vacaciones, observan los caminos deshechos que en lugar de abrir pasos hacia el mundo los clausuran, y si una mala fiebre los alcanza, fallecen. Traté de consolar a Soropogui, pero a mí mismo algunas veces me faltan asideros a los que amarrar el espíritu. Anduvimos largo rato bajo un firmamento con el aforo completo de estrellas.

Pocos días después, en un barrio de Conakry, seis hombres armados dispararon contra el coche del presidente de Guinea, Lansana Conté, que salió ileso. Al menos esto es lo que ha contado el Gobierno: la mayoría de la gente aquí piensa que se trata de un montaje orquestado desde el poder para encarcelar a algunos opositores y distraer a la población de su realidad cotidiana, el hambre y la pobreza. Por el momento ya han sido arrestadas más de cien personas, entre ellas un imán septuagenario que no pudo soportar la segunda noche en prisión y pereció allí mismo. Lansana Conté, este viejo asesino que, como tantos dictadores modernos, celebra elecciones, no forma parte del ‘eje del mal’. Guinea no está en el punto de mira de los defensores de la libertad, no está en ningún punto de mira, yace apaleada en el descansillo de la historia, esperando a que la dejen entrar un día. Aparte de unos cuantos empresarios extranjeros que ceban la corrupción de los jerarcas y de un puñado de ONG con sus vistosos vehículos, nadie se percataría si Guinea desapareciera mañana. No, no es éste el paradero del tiempo.

Y claro, todos queremos que no haya naciones pobres
, que los dolientes tengan hospitales y los niños, colegios y las mujeres, descanso de tanto bregar, y pedimos que aumente la ayuda al desarrollo y que se establezcan normas justas para el comercio mundial, y es bueno y necesario. Sin embargo, siento que todo eso, en el fondo, es como intentar salvar a un náufrago estirando el brazo desde la borda de un petrolero. Para cambiar la suerte de los niños de Kolouma hace falta algo más profundo, algo que, si estás de acuerdo y en ausencia de una palabra menos mancillada, podemos llamar revolución.

Guinea Conakry, 10 de febrero de 2005
Gonzalo Sánchez-Terán


(Publicado en EL SEMANAL)

Por eso me lancé al mar. Para intentar salvarle estirando el brazo, y para hacerlo todo nuevo. Desde tierra no se ven esos náufragos y odio profundamente ese sentimiento de "impotencia" al verme lejos. Hoy día todo está diseñado para que gente como el padre de Soropogui no nos importe más que nuestra propia comodidad. ¿Y lo peor? Que eso nos encanta. A todos. Y a mi también, aunque me joda decirlo.

Me hice pirata, y cambié mi rumbo. El que piense que "embarcarse hacia alta mar" significa viajar está muy equivocado/a. Salir de tu rutina, hacer cosas que no encajan con lo que "la sociedad" espera de ti, arriesgarte a sacrificar lo más preciado para ti por otros (Cosas tan realmente insustanciales como un par de horas de clase, un examen parcial, tu tiempo de ocio, un verano, un año, o el resto de tus días).

El mundo se muere, mientras que tú y yo preferimos sentirnos "impotentes" viendo y leyendo las noticias. Y morirnos de viejos...

O somos revolucionarios, o no somos.
 
Will


Quien iba a decirme que terminaría el día llorando de risa por culpa de Will. ¡Ese pequeño bribón!. En el fondo, todos aquí necesitamos a ese niño a bordo...

Un navío no es sólo su capitán, ni siquiera lo forman sólo los oficiales. En mi barco hay docenas de personas diferentes, que entran y salen de él, con modos diferentes de pensar, de ver la vida y de ser y hacer su día a día.

Y una de esas personas, entre las más especiales, es Will. Debe tener tan sólo 6 o 7 años y nadie sabe exactamente por qué está aquí, ni desde cuando. Estaba antes de que nadie más llegara, el primero de todos.

Will es el primero en levantarse en verano, y el último en invierno. Es pequeño, vivo y curioso como pocos y siempre que camina por cubierta lo hace jugando con sus manos y canturreando alguna cancioncilla, como perdido en su propio mundo. Will se mueve entre el resto de la tripulación con soltura y sin vergüenza ninguna, entre risas y travesuras.

Conoce hasta el último rincón del barco, juega con luces que nadie más ve, se come las uñas y es capaz de destrozar en menos de dos minutos cualquier objeto que llegue a sus manos, ¡lo aseguro!. Le encanta bailar, reir, llorar, correr, jugar, gritar, preguntar el significado de cualquier cosa a cualquiera y espiar a hurtadillas a Roberts, durante sus operaciones, tapándose los ojos con las dos manos, pero asegurándose de dejar entre sus dedos un hueco suficiente para no perderse detalle.

Grumetes como Will suelen pasar desapercibidos para muchos capitanes de barco, llegando incluso a que pasen semanas sin siquiera verlo. Yo en cambio lo suelo ver casi a diario y si yo no lo busco a él, él me busca a mi. Casi todo el mundo sabe que Will es quien muchas veces se acerca despreocupado, mordisqueando una manzana, a mi camarote durante las reuniones con los oficiales y se escurre entre ellos hasta llegar a mi lado. Me mira con descaro, elige un punto en el mapa y grita: "¡Vayamos hacia ahí!". Y jamás nadie se atrevería a protestar.

Will, ese muchacho torpe que presta atención a todo lo que se mueve a su alrededor con los ojos bien abiertos, no desea crecer y no crece. Y en ocasiones es, sin saberlo, el auténtico capitán de este barco y quien marca el rumbo. Un niño. Menos mal.

Shhhhssstt!!. ¡Que no se entere nadie!
 
Espero que el viento...
4 veces. Me he sorprendido hoy 4 veces a mi mismo, con la mirada perdida en el horizonte, y recordando esa batalla...

Hacía ya varios días que no me volvía a la cabeza con fuerza. Y resulta triste mirar en ese momento a tu alrededor y ver que el barco aún no está completamente reparado.

Hay muchos encuentros con barcos que te marcan para siempre, otros que sólo los ve el vigía, inclinado sobre la arboladura y esforzándose para distinguir las formas a través de su catalejo, otros con los que al cruzarte te enorgulleces de enarbolar bien alto nuestra bandera pirata. Y de vez en cuando, libras feroces batallas en las que, en cierto modo, siempre ganas algo y pierdes algo.

¿Sabes? La victoria en una de estas batallas depende en un 90% de las condiciones de tu barco, y de la confianza que tus hombres tengan en él. Todo indicaba que la victoria sería nuestra, pero nada más lejos de lo real. Cayeron muchos de mis hombres, y otros aún se recuperan de sus heridas. Es en esos momentos cuando nadie debe percibir que un capitán ha perdido la fe en si mismo, su coraje o sus sueños. Y os aseguro que es difícil.

Hay algo peor que la derrota y la muerte en una batalla. Ver entre sangre y humo como el vencedor se aleja, dejando tu buque destrozado. Mirar alrededor y ver a hombres heridos que caminan sirviendo de apoyo a otros. Y saber que tú serás quien debe levantarlo todo de nuevo, desde el velamen hasta la moral de tus más fieros compañeros.

Algún tipo de ilusión había conseguido que al mirar mi barco, no viese ninguna señal de aquella derrota. Pero esos 4 momentos de vacío han sido suficientes para devolverme a mi realidad. El maestro carpintero sigue afanándose por asegurar las vías de agua abiertas, y sus ayudantes aún no han terminado de zurcir la vela mayor.

Aprieto con fuerza el hombro derecho de Roberts, mi fiel amigo, que no consigue concentrarse en notas y dibujos y aún está algo aturdido. Es uno de los que mejor me conoce y entiende. Hace unos años, él fue el capitán de este barco, cuando yo sólo era un oficial de segunda.

Espero que el viento nos devuelva a todos esa tranquilidad que añoramos, y borre algunos de esos frágiles recuerdos. Ambos sabemos que en unos pocos días, pequeñas batallas seguirán sucediéndose y necesitamos hacerles frente juntos, espalda contra espalda. Tenemos poco tiempo y necesitamos poder aprovecharlo.

Adelante.
 
Grog! Una mañana soleada, en algún lugar del Atlántico
No sé que pasa hoy, pero todo parece agitado por aquí...

Desde mi alcázar, apoyado con ambos brazos sobre la baranda, y dejando a espaldas el barlovento, el sol llega incluso a refrescar. La verdad es que la bonanza de ayer me aburría...

Hoy, hasta el contramaestre, algunos marineros y yo nos hemos estado riendo a carcajadas con el blog de una enfermera en territorio inglés...

Me ha resultado curioso haber encontrado eso precisamente hoy, que estamos trazando rutas en los mapas, pensando en ir a aquellas islas. Una botella con un mensaje golpeaba esta mañana el barco por estribor. De allí venía justamente, de Inglaterra... ¿Próximo destino? Ojalá. ¡Y lo mejor es que ya habría otros valientes dispuestos a atracar en el mismo puerto! ¡Bravo, Percyval!

Sea como sea, creo que tengo tiempo para dirigirme aún hacia la desembocadura del Río de la Plata. Sé de alguien que fondea por allí...

El que no ha salido en toda la mañana de su camarote, es Roberts, nuestro cirujano. Lleva toda la mañana leyendo y releyendo sus anotaciones sobre heridas y fracturas, y parece preocupado. ¿Preocupado?. Nada que no se arregle con un buen par de tragos de Grog. ¡Ja!

 
Toca dormir y soñar
Antes de irme a dormir, me encanta pasear por cubierta, y asomarme al mar. A veces pienso que lo mejor de irse a dormir, es que no sabes lo que estarás pensando mañana, cuando te levantes.

Y es entonces cuando alguien me dice: "Entonces espero que usted mañana sueñe con un mar liso como un plato, allá en la mitad del océano y que va volando rasante por encima. Y todos los que le quieren ven por sus ojos y disfrutan con usted de su libertad, que no por eso deja de ser libre y suya"

El mar se balancea tranquilo esta noche, y me acompaña el sonido de la madera humeda que se agrieta. Creo que dormiré bien.
 
Una nueva travesía
¡Voto a bríos!

Hacía ya tiempo que no me sentaba en mi camarote, a la luz de esta vela, a dejar por escrito esos pensamientos, reflexiones, dudas, que se agolpan sin orden ninguno.

Probablemente hoy tampoco lo haga. Demasiadas ideas que necesitan ser ordenadas de antemano. No quiero pensarlo demasiado, pero sí sentirlo.

Gobierno mi barco y mi tripulación con mi propia vida, sin saber en ocasiones la meta que estoy buscando. Ya es bastante difícil ser capaz de elegir un rumbo, entre los apuntes de cirugía, o el idealismo más salvaje. Y aún más difícil asumir las consecuencias de esos giros de timón...

No hace mucho que me salí de la ruta marcada por los barcos mercantes, para saquear, conocer el mundo desde el mundo y arriesgar el todo a cambio de nada. Y gran parte de mi tripulación todavía me dirige miradas desconfiadas. No es a ellos a quien corresponde la toma de decisiones, pero sí es cierto que a veces pienso que sólo la bruma matinal me entiende, extendida por todo el océano, sin límites impuestos por nada ni por nadie.

Habrá a quien no le guste mi modo de escribir. ¡Que lo arrojen por la borda!. Yo soy pirata, no escritor. Es imposible que quien le guste a todos, se guste a si mismo.

Mi lugarteniente me llama... Se acerca una tormenta, y mis hombres están nerviosos. Quizás debamos desviarnos unos grados al Oeste durante unos días... Te mantendré informado.

Suspiro. Este es el momento en que me sentaría a tomar ese café dentro del mapa de África, y quedarnos en silencio antes de hablar de la espesura del mundo, contigo Alfonso y con Gonzalo, que parece cansado.

Pronto.