Arcilla fresca
¿Nunca has jugado con arcilla fresca en tus manos? Se resbala entre tus dedos y se deja moldear a tu propio antojo, pudiendo hacer con ella cualquier forma, recrear cualquier pensamiento, cualquier cosa que pase por tu imaginación en ese momento.Pues a diario noto esa arcilla fresca, que es mi vida, entre esos dedos. Siento que tengo las riendas de mi vida, que soy capaz de modelarla a voluntad y que puedo jugar con ella.
Tras una semana compartiendo momentos con otros estudiantes de medicina, de esos incapaces de estarse quietos por un sólo momento, me siento capaz de todo. Es indescriptible la sensacion de que la gente confie en ti, que se emocionen con lo que tú te emocionas, que vibren con aquello que a ti te hace vibrar, y de verles caminar un palmo por encima del suelo.
¿Podría haber sido mejor? Claro que sí. Por cuestiones de trabajo no me he podido volcar en esto todo lo que me habría gustado, pero ya habrá tiempo...
Cuando llegué a la reunion iba convencido de que no más de 3 o 4 ciudades intentarían secundar el Día Mundial de la Salud tal y como planteé. Y son más de diez. De toda España. ¿Saldrá? ¿No saldrá? No tengo la menor idea. Pero lo voy a dar todo. Ahora es más gente la que comparte este sueño y confío en ellos tanto como ellos confían en mi.
Habrá quien no entienda esta sensación, de sentir que lo que haces merece la pena. De sentir que hay gente que confía y apuesta por ti. Y me dan la vida. Son ellos quienes me dan esas ganas de estrujar la arcilla húmeda entre ambas manos y sentir el frío de lo que se va formando. Millones de gracias. No sabeis lo que habeis hecho.
De nuevo navego por alta mar, como solía hacer.
Y en momentos como este el horizonte se me queda pequeño.
Un abrazo.
Noche sin luna
Buenas noches, mundo.
Inclinado sobre el Alcázar escucho un suave rugido del mar que no sé de donde viene. Parece que viene de todas partes y de ninguna. Quizás sólo sea un presentimiento irracional al que no hay que concederle atención, pero algo me dice que mañana será un día duro, en el que el mar zarandeará mi barco sin piedad. Es como si le gritases al mar con fuerza lo que llevas dentro y él respondiera a su manera.
Hoy me acuesto intranquilo, sabiendo que por muy cansado que esté, me costará conciliar el sueño.
Y no consigo encontrar la luna.
Inclinado sobre el Alcázar escucho un suave rugido del mar que no sé de donde viene. Parece que viene de todas partes y de ninguna. Quizás sólo sea un presentimiento irracional al que no hay que concederle atención, pero algo me dice que mañana será un día duro, en el que el mar zarandeará mi barco sin piedad. Es como si le gritases al mar con fuerza lo que llevas dentro y él respondiera a su manera.
Hoy me acuesto intranquilo, sabiendo que por muy cansado que esté, me costará conciliar el sueño.
Y no consigo encontrar la luna.
Volviendo al comienzo
Muchas veces he estado mirando este diario, cubierto de polvo y olvidado en un sucio rincón de mi camarote, pensando en escribir, en no dejarlo, como siempre me suele pasar.Y quizás sea este el día.
No dejé de escribir por desgana, sino por un viaje, que me mantuvo alejado de todo durante una semana. Han pasado muchas cosas desde entonces...
Viajé a Turquía durante una semana, a la Asamblea General de la Federación Internacional de Asociaciones de Estudiantes de Medicina, para conocer a otros revolucionarios y acabé encontrando resignación y sueños que sucumbieron a lo cómodo. Muchas experiencias, buenas y malas, muchos momentos magníficos que me sirvieron para olvidarme de todo y de todos durante unos días y un sentimiento de pertenecer al mundo, que nunca antes había tenido. Pero me supo a poco, sinceramente.
Pero volví con muchas ilusiones y ganas reforzadas, girando el timón hacia el modo de romper moldes el Día Mundial de la Salud (7 de Abril).
Me resulta muy complicado resumir un sólo día en unos párrafos y absolutamente imposible resumir dos semanas. Pero espero poder lograr que os hagáis una idea del sabor que tengo en la boca...
La alegría de quien se cree capaz de lograr algo grande.
Las ganas de contagiar esa alegría a otros.
La desilusión de ver amigos/as que ahora parecen no serlo.
El cariño de los incondicionales, los/as de siempre.
Las dudas sobre el rumbo que a diario voy asumiendo.
La tristeza por algunos de los míos, que no están bien. Que necesitan una ayuda que yo no me siento capaz de ofrecer.
El cansancio del que busca incesantemente.
La calma y a la vez el miedo del que confía que como siempre, todo terminará saliendo bien.
Las lágrimas de felicidad (que nadie ve) de verme de nuevo en África, en unos meses.
El sudor de las manos apretadas al pensar que quizás llegue a Londres y me vea trabajando por un futuro.
El vacío del que nota que por encima de todo, le falta algo que no consigue encontrar y que le esquiva.
Y como siempre, esa sensación de necesitar "dejarme sorprender", por no poder aferrarme a nada con seguridad y tener que levantarse a diario para seguir avanzando en contra del oleaje, en busca de ideales de un niño iluso.
A veces pienso que estoy navegando en círculos, sin llegar a ninguna parte.
P.d.: Perdóname, diario, por abrirte de nuevo para sólo escribir estas líneas.











