Roberts
La calma reina en el barco ahora, pero no fue así hace unos instantes, que llegaron a enmudecer el crujir de esta nave.
Muchas veces me he preguntado si soy un buen capitán. Y ha sido precisamente hoy cuando me he dado una respuesta.
Para ser buen capitán hay que saber cuando dejar de serlo. Es duro admitir que para mi barco, ahora mismo no soy más que un obstáculo, cuando lo he dado todo por él. Pero es así. Roberts ha acertado de pleno, aunque le duela más que a mi mismo. He llegado más lejos de lo que jamás habría imaginado, he atravesado arrecifes que nadie en su sano juicio cruzaría, y añadido rutas en unos mapas que ya no llevaban a ningún sitio. Y he perdido el norte de mi mismo, sin saber controlarme ni ponerme límite, confiando en la inmortalidad que este barco no tiene, como ningún otro.
Hemos discutido sobre el rumbo a tomar, y me he negado a aceptar las críticas de un Roberts que se negaba a seguir avanzando sin que todos, sobre todo yo, descansáramos. - ¡Esta nave necesita calar en puerto!, ¿Acaso estás ciego? ¿No ves lo que estás haciendo, necio? ¿Quien logra talar árboles con un hacha de borde romo que necesita ser afilada? - Todavía retengo en mis retinas la imagen de Roberts gritándome, y he notado algo diferente en las suyas que ha conseguido desarmarme por completo.
Ese instante ha supuesto una eternidad para los dos, cara a cara, con un silencio amenazado por respiraciones entrecortadas y el eco de nuestras propias voces. La ira sólo es capaz de aumentar hasta el momento en que descubres que te hablas a ti mismo. Las palabras pierden sentido, se caen al vacío, y descubres una fragilidad que te supera con creces.
Roberts tiene razón. No por ser el capitán de este navío tengo el derecho a elegir caprichosamente su destino, un destino que nos pertenece a todos por igual. Un destino que ahora él, Roberts, sabe y debe gobernar.
Roberts es un hombre sencillo, a primera vista. Quien fuera conocido como El temible pirata Roberts fue el anterior capitán de este barco, y quien lo lanzó al mar a conquistar su lugar en el mundo. Fueron tiempos de fama y gloria que hoy se siguen recordándo con honor en la memoria borrosa de viejos lobos de mar. Recuerdo que un día se dirigió a mi, tan sólo un joven artillero, clavó sus ojos en mis entrañas y dijo - Mi tiempo ha terminado. Eres el capitán de este barco. Gobiérnalo hasta el final -. Sin apartar la mirada, apretó mi mano alrededor de la empuñadura de su espada y me miró con confianza.
Desde entonces él ha permanecido en este barco como cirujano y médico y yo como capitán. Pero ahora, cuando debemos navegar con más constancia que idealismo, es él en quien vuelvo a confiar para marcar el rumbo de esta embarcación.
Agradezco tener a mi lado a alguien como él, conocedor de mis virtudes, defectos y debilidades. Alguien que cree más en mi que yo mismo, y que sabrá gobernar este barco con maestría, hasta que yo recupere la conciencia de que no todas las mareas pueden enfrentarse con las manos desnudas, que sólo somos personas, y que son nuestras vulnerabilidades las que nos engrandecen y hacen nobles.
La Jolly Roger encara desde hoy el viento con el ímpetu del veterano que sabe más por pirata que por viejo.
Muchas veces me he preguntado si soy un buen capitán. Y ha sido precisamente hoy cuando me he dado una respuesta.
Para ser buen capitán hay que saber cuando dejar de serlo. Es duro admitir que para mi barco, ahora mismo no soy más que un obstáculo, cuando lo he dado todo por él. Pero es así. Roberts ha acertado de pleno, aunque le duela más que a mi mismo. He llegado más lejos de lo que jamás habría imaginado, he atravesado arrecifes que nadie en su sano juicio cruzaría, y añadido rutas en unos mapas que ya no llevaban a ningún sitio. Y he perdido el norte de mi mismo, sin saber controlarme ni ponerme límite, confiando en la inmortalidad que este barco no tiene, como ningún otro.Hemos discutido sobre el rumbo a tomar, y me he negado a aceptar las críticas de un Roberts que se negaba a seguir avanzando sin que todos, sobre todo yo, descansáramos. - ¡Esta nave necesita calar en puerto!, ¿Acaso estás ciego? ¿No ves lo que estás haciendo, necio? ¿Quien logra talar árboles con un hacha de borde romo que necesita ser afilada? - Todavía retengo en mis retinas la imagen de Roberts gritándome, y he notado algo diferente en las suyas que ha conseguido desarmarme por completo.
Ese instante ha supuesto una eternidad para los dos, cara a cara, con un silencio amenazado por respiraciones entrecortadas y el eco de nuestras propias voces. La ira sólo es capaz de aumentar hasta el momento en que descubres que te hablas a ti mismo. Las palabras pierden sentido, se caen al vacío, y descubres una fragilidad que te supera con creces.
Roberts tiene razón. No por ser el capitán de este navío tengo el derecho a elegir caprichosamente su destino, un destino que nos pertenece a todos por igual. Un destino que ahora él, Roberts, sabe y debe gobernar.
Roberts es un hombre sencillo, a primera vista. Quien fuera conocido como El temible pirata Roberts fue el anterior capitán de este barco, y quien lo lanzó al mar a conquistar su lugar en el mundo. Fueron tiempos de fama y gloria que hoy se siguen recordándo con honor en la memoria borrosa de viejos lobos de mar. Recuerdo que un día se dirigió a mi, tan sólo un joven artillero, clavó sus ojos en mis entrañas y dijo - Mi tiempo ha terminado. Eres el capitán de este barco. Gobiérnalo hasta el final -. Sin apartar la mirada, apretó mi mano alrededor de la empuñadura de su espada y me miró con confianza.Desde entonces él ha permanecido en este barco como cirujano y médico y yo como capitán. Pero ahora, cuando debemos navegar con más constancia que idealismo, es él en quien vuelvo a confiar para marcar el rumbo de esta embarcación.
Agradezco tener a mi lado a alguien como él, conocedor de mis virtudes, defectos y debilidades. Alguien que cree más en mi que yo mismo, y que sabrá gobernar este barco con maestría, hasta que yo recupere la conciencia de que no todas las mareas pueden enfrentarse con las manos desnudas, que sólo somos personas, y que son nuestras vulnerabilidades las que nos engrandecen y hacen nobles.
La Jolly Roger encara desde hoy el viento con el ímpetu del veterano que sabe más por pirata que por viejo.
Por gente como tú y como yo debe ser deshecho
Hace ya varias semanas que un gran pirata cerró su cuaderno de bitácora, para seguir navegando sin más vigía que el suyo. Sus cartas desde el barro de lo humano dieron y continuarán dando fuertes sacudidas a este frágil esquife.
Pocas cartas he leído capaces de darle ojos a lo más profundo de cada uno y hacia lo más profundo. Y la mayoría son tuyas. Gracias.
Carta desde... Guinea Conakry
Mañana me voy de Guinea. Hace ya más de tres años que llegué aquí y es tiempo de volver a la casilla de salida y ponerse a disposición del viento. Parte del trabajo que iniciamos cuando Soropogui, Gertrude, Mateo y yo nos instalamos en Kolouma después de los ataques de 2001 ha llegado a término, y la otra parte queda en manos mucho más capaces que las mías. Han sido años de espanto y belleza, de violencia y júbilo.
No sé si a ti te pasa, pero algunas veces, en los brazos de una mujer o en las líneas de un libro o por un monte de encinas, entiendes que estás recorriendo uno de los ochomiles de tu vida, que desde allí ves más lejos, el aire es más claro y los horizontes se te acercan a los pies como animales sumisos. A mí me ha sucedido aquí. No por todas las paparruchas de postal que el embelesado racismo de los occidentales ha endilgado a África: sus paisajes, su misterio, su primitivismo. No, ha sido por las personas. El camino me ha obsequiado con la amistad de guineanos, australianos, europeos, liberianos, indios, congoleses, estadounidenses, costamarfileños, seres humanos de los cuatro vértices del planeta que se afanan por compartir las dádivas de la tierra y los frutos de la inteligencia con quienes pueden menos, con quienes menos tienen, y llaman a esto justicia. También he conocido aquí a muchísimos cabrones de esos mismos lugares, mas pienso que son las obras maestras y no las mediocres las que al final definen a un creador, a una especie. Y yo llevo tres años paseando por el Ermitage del hombre.
Tampoco olvido el horror, fue demasiado. Que no te engañen, el horror no es inherente a un país, a un continente, ha sido manufacturado, fabricado por gente como tú y como yo, y por gente como tú y como yo debe ser deshecho. El Nuevo Mundo aún está por descubrir: es hora de ir congregando a la tripulación.
Ésta será mi última carta. Perdóname si grité demasiado: no busqué otra cosa que mostrar el vínculo existente entre los de allí y los de aquí, convencido de que todos pertenecen al mismo pronombre, nosotros. Gracias por escucharme. Ojalá nuestros pasos vuelvan a cruzarse en alguna plaza del tiempo. Si es así, déjame invitarte a un café y seguiremos conversando.
Guinea Conakry, 24 de febrero de 2005
Gonzalo Sánchez-Terán
(Publicado en EL SEMANAL)
Pocas cartas he leído capaces de darle ojos a lo más profundo de cada uno y hacia lo más profundo. Y la mayoría son tuyas. Gracias.
Estrellas polares
De nuevo vuelve la calma a mi barco, poco a poco...
Pocas veces hemos surcado los mares con más furia que las propias olas, pero han sido precisamente esas las que han marcado un rumbo, las que han partido piernas en cubierta y el mástil en dos. Y sólo tras esas travesías uno se siente vivo. Requiere mucho más que el simple hecho de respirar, como dice ese viejo bucanero, Neruda.
Pero nadie se dirige hacia aquellas rutas porque sí. ¿Qué hace que mi barco siga un rumbo u otro? ¿Quien determina el norte en mi brújula? Mis estrellas polares , punto de referencia que son sin saberlo, tanto de noche como de día para quien busca. Y hoy quiero hablar, tan solo un poco, de dos de ellas.
Una de ellas es un cura que da la vida por el todo en Argentina, al estilo de los que aman desde dentro para afuera, sacrificando más de lo que puede y queriendo a su gente más de lo que puede querer. Olvida tu arquetipo de "hombre de iglesia" y piensa en un luchador de calle. Él me dijo "Si Dios ha permitido que nos pongamos en contacto es porque algo bueno va a pasar". Y está pasando.
La otra es una niña, con más escultura que sangre por sus venas, que ahora busca su sitio en el mundo, sin casi ser consciente de que me ha querido como pocos me han hecho sentir. "La persona más especial", le dije aquel día. Beso prohibido y distancia. Y un ojalá que Silvio me repite en el oído casi a diario.
Conforta saberse imaginados, aunque lejos en el mar, con los ojos entornados desde lo alto de la arboladura. Y saber que estais bien.
Nos vemos (Ojalá)
Pocas veces hemos surcado los mares con más furia que las propias olas, pero han sido precisamente esas las que han marcado un rumbo, las que han partido piernas en cubierta y el mástil en dos. Y sólo tras esas travesías uno se siente vivo. Requiere mucho más que el simple hecho de respirar, como dice ese viejo bucanero, Neruda.
Pero nadie se dirige hacia aquellas rutas porque sí. ¿Qué hace que mi barco siga un rumbo u otro? ¿Quien determina el norte en mi brújula? Mis estrellas polares , punto de referencia que son sin saberlo, tanto de noche como de día para quien busca. Y hoy quiero hablar, tan solo un poco, de dos de ellas.Una de ellas es un cura que da la vida por el todo en Argentina, al estilo de los que aman desde dentro para afuera, sacrificando más de lo que puede y queriendo a su gente más de lo que puede querer. Olvida tu arquetipo de "hombre de iglesia" y piensa en un luchador de calle. Él me dijo "Si Dios ha permitido que nos pongamos en contacto es porque algo bueno va a pasar". Y está pasando.
La otra es una niña, con más escultura que sangre por sus venas, que ahora busca su sitio en el mundo, sin casi ser consciente de que me ha querido como pocos me han hecho sentir. "La persona más especial", le dije aquel día. Beso prohibido y distancia. Y un ojalá que Silvio me repite en el oído casi a diario.
Conforta saberse imaginados, aunque lejos en el mar, con los ojos entornados desde lo alto de la arboladura. Y saber que estais bien.
Nos vemos (Ojalá)
¿Es que no merece la pena?
Por primera vez escribimos los tres juntos, Roberts, Will y yo, capitán de este barco que deja atrás algo para no olvidarlo, para saber en qué coordenadas quedó este lugar al que devolver la memoria en tiempos de duda.Ojalá pudierais ver el brillo de las estrellas, hoy más que nunca, sobre la superficie del mar del mundo. Hacía tiempo que no veía a Will agarrado a los barrotes del alcázar con la mirada perdida y empañada en lágrimas. ¿Cuántas veces has visto a un niño llorar de alegría?.
Este barco lleva ya volando varios días como tocado por un Peter Pan iluso que no tiene tiempo para palabras ni cosas de adultos. Pero desde esta noche volveremos a posarnos sobre el agua, a izar velas y seguir navegando hacia donde debemos ir.
Todos sabemos que vivir puede ser una gran aventura y es absolutamente maravilloso y difícil lograrlo. Vamos allá. Mañana Clark Kent se ajustará las gafas mientras mire hacia detrás con una tímida sonrisa de satisfacción.
Y toca pisar tierra:
LLENO.
Me siento lleno de todo, ¿sabeis? El Día Mundial de la Salud en Granada ha sido uno de los días más intensos que he vivido como estudiante de medicina y como miembro de esto que cada vez me enorgullece más, que es IFMSA.
Ahora estoy agotado, con la piel quemada de ese pedazo de sol que ha apartado las nubes para darnos de lleno todo el día, todavía nervioso como un niño en el día de reyes, cuando ve por fin todos sus juguetes amontonados tras quitarle el papel de regalo, recordando caras, gestos, risas, expresiones de ilusión, comentarios como "uno de los mejores días de mi vida" de alguna de las personas que me llenan a diario, de los comentarios terribles de los niños curando ositos, de ver estudiantes voluntarios con los que nunca antes había hablado, de hacer de padre del "niño" de Tatiana en los ejercicios preparatorios el parto, de los abuelos haciendo una cola interminable para tomarse la tensión, de rubén y amira atendiendo el simulacro de parto de cristina frente los ojos atentos de docenas de personas, del mensaje de Alfonso (Santander) que casi (y sin el casi) me salta las lágrimas, de los nervios cuando algún periodista me ha entrevistado, de la cachimba todos juntos en el piso de inma y tati al terminar, de ver a nuestras niñas de primero ilusionadisimas en los stands y pensar la envidia que me dan de tener un tiempo ilusionante por delante que yo ya no tengo (viejo de mi), de ver juntos todos esos trípticos que tantas horas me han robado, de ver a 40 locos de la medicina vestidos con una misma camiseta y compartiendo un sueño, de ver a mis amigos de clase de estos últimos 5 años viviendo esto desde dentro y sentir que alguna de mis ilusiones les habré contagiado, y ahora mismo también la sensación "del viejo", del que mañana vuelve a la facultad como Clark Kent, tras haber volado por encima del suelo durante las últimas semanas y del que ve que se acerca su futuro como médico y saber que pese a odiar los hospitales, algo en todo esto hace tilín...
Y si me dejais, dedico esta noche...
Sobre todo a esa gente de primero, los más ilusionados, los que más han sonreído hoy, los que más han sentido y los que han tenido esto cinco años antes que yo, que quizás hayan sentido esto de la medicina muy dentro y desde muy pronto, porque que a nadie se le ocurra dudarlo... ESTO es ser médico.
Y también muchísimo a los lpos (en especial, si me dejais, a Ana de Granada, Alfonso de Santander y María de Cádiz), locos codo con codo, de los que espero buenas noticias, que seguro que las hay.
A todos los que arriesgan, lloran, gritan y pelean por cambiar las cosas.
Nos vemos.











