Noche de tima y cantina
No es fácil escribir suspiros y miradas perdidas en Baneghang a las 2 de la mañana. Tumbado en una cama que no sé quien nos ha prestado, bajo una mosquitera imaginaria que aún no hemos conseguido comprar en ningún sitio, ni que nos presten.
La vida en Baneghang se vuelve a casa cuando anochece o, más frecuentemente, cuando llueve. Pero hoy aquí ha sido distinto. Noche de timba y cantina, para recordarnos que no somos más que un puñado de desteñidos destetados cualesquiera.
Ahora son las 2 del mediodía. Ayer me venció el sueño y me quedé dormido leyendo adrastecencias y escribiendo. Y me temo que hoy me he levantado vencido por una sensación de burbuja que me bloquea, me mata y no entiendo. Alguien ha echado un ancla y no he sido yo.
Amanecía ya nublado, y es como si esa niebla hubiese entrado en mi cabeza sin querer salir. Y jamás aprendí a barajar las cartas de formas de ser que no entiendo ni me llegan. Por otra parte, algo me dice que tantos parecidos y semejanzas tienen un por qué. ¿Dónde te hacen de piedra? Al menos una armadura. ¿Oxidada?.
La vida en Baneghang se vuelve a casa cuando anochece o, más frecuentemente, cuando llueve. Pero hoy aquí ha sido distinto. Noche de timba y cantina, para recordarnos que no somos más que un puñado de desteñidos destetados cualesquiera.
Ahora son las 2 del mediodía. Ayer me venció el sueño y me quedé dormido leyendo adrastecencias y escribiendo. Y me temo que hoy me he levantado vencido por una sensación de burbuja que me bloquea, me mata y no entiendo. Alguien ha echado un ancla y no he sido yo.
Amanecía ya nublado, y es como si esa niebla hubiese entrado en mi cabeza sin querer salir. Y jamás aprendí a barajar las cartas de formas de ser que no entiendo ni me llegan. Por otra parte, algo me dice que tantos parecidos y semejanzas tienen un por qué. ¿Dónde te hacen de piedra? Al menos una armadura. ¿Oxidada?.
Ser, y ser cooperante
Está de moda ser solidario y ser cooperante. Está de moda llevar pulseras de colores. Está de moda consumirlo todo y está de moda consumir moda.
Dicen que hay muchos recursos formativos para cooperantes, desde cursos de 10 horas hasta cursos de postgrado. Pero tampoco ahí te enseñan a ser humano, ni a tener sentido común, si antes no lo tenías. Esto no es sacar un conejo de una chistera.
Quizás lo último que se aprende aquí es lo primero que te debieran enseñar, aunque sería imposible de comprender. Es algo que todo el mundo cree saber, pero que le duele a muy pocos. Y curiosamente, sólo a quien le duele de verdad es quien puede saberlo realmente. Ser cooperante es estar en la sombra. Intentar no salir en la foto. Pelear día a día contra tu propio yo para intentar ser lo más prescindible posible, para intentar estar de más, lo más posible. Y, seamos sinceros, si a alguien esto no le duele, o si a alguien esto le resulta fácil, malo.
Ser cooperante, voluntario, es como ser, pero a veces más complicado.
La sencillez debe nacer en la tierra, como los sueños morir cerca del cielo.
Dicen que hay muchos recursos formativos para cooperantes, desde cursos de 10 horas hasta cursos de postgrado. Pero tampoco ahí te enseñan a ser humano, ni a tener sentido común, si antes no lo tenías. Esto no es sacar un conejo de una chistera.
Quizás lo último que se aprende aquí es lo primero que te debieran enseñar, aunque sería imposible de comprender. Es algo que todo el mundo cree saber, pero que le duele a muy pocos. Y curiosamente, sólo a quien le duele de verdad es quien puede saberlo realmente. Ser cooperante es estar en la sombra. Intentar no salir en la foto. Pelear día a día contra tu propio yo para intentar ser lo más prescindible posible, para intentar estar de más, lo más posible. Y, seamos sinceros, si a alguien esto no le duele, o si a alguien esto le resulta fácil, malo.
Ser cooperante, voluntario, es como ser, pero a veces más complicado.
La sencillez debe nacer en la tierra, como los sueños morir cerca del cielo.
Lo que está en mis manos
El sentido de lo más sencillo dentro de lo más humano. El ser por el ser. África. Continente de fotos en revistas de fotografía, de mitos sobre tribus que casi nadie conoce, de guerras que nadie quiere conocer y pobreza que nadie quiere hacer suya.
Cuesta trabajo imaginar el paralelismo entre distintas formas de vida en tan sólo un mundo, y es también difícil esforzarse por entender desde aquí las desigualdades. Al abrir los ojos ves cosas que no encajan en tus esquemas, pero no te importa, y los asumes. Porque son de otros. Porque en mi familia ya nadie muere de tuberculosis con 30 o 40 años, ni de desnutrición. Pero aquí sí.
Hace un tiempo decía que no me sentía capaz de mirar mis manos y ver las manos de un médico. Ahora digo que me conformaría con mirar mis manos y sentirme humano. Pero eso no es tan fácil cuando piensas que mi mundo está destrozando este. Veo las manos del que no sabe no contesta, y se conforma con todo.
Una parte de mi muere a diario en este sitio al mismo tiempo que otra parte nace. Porque me sentí morir en una choza de barro, reclamándole a una familia que no tiene nada que me devolvieran mi propia miseria. Los ojos occidentales, con lentillas de plástico, se empañan en el sur y no te dejan ver ni entender nada; pero también de esto cuesta darse cuenta. Nadie te enseña nada aquí. Aprende uno mismo, y sólo si realmente desea aprender.
El mar se mece con calma esta noche, como si no tuviera prisa en dormirse ni despertarse mañana. Will duerme sus sueños, cansado de tanto andar de aquí para allá durante el día. Y Roberts se lo vuelve a preguntar todo de nuevo a sí mismo. Alguien dijo una vez que era muy fácil diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Y él no sabe negar lo evidente, por mucho que esto le atrape.
Andar con los pies hundidos en el barro, recordar a quienes ya no están, fondear en una costa que nos saluda con ojos despiertos, y seguir siendo un iluso. Estoy en Camerún. Aquí no hay ningún cemento que te separe los pies de la tierra que te vio nacer. Espero que todo salga bien. Hemos trabajado duro, enfrentado mareas y cruzado arrecifes que sólo algunos locos se atreven a cruzar. Todo lo que yo puedo ofrecer es un sueño que es casi más que yo mismo, y que creo que merece serlo.
Cuesta trabajo imaginar el paralelismo entre distintas formas de vida en tan sólo un mundo, y es también difícil esforzarse por entender desde aquí las desigualdades. Al abrir los ojos ves cosas que no encajan en tus esquemas, pero no te importa, y los asumes. Porque son de otros. Porque en mi familia ya nadie muere de tuberculosis con 30 o 40 años, ni de desnutrición. Pero aquí sí.
Hace un tiempo decía que no me sentía capaz de mirar mis manos y ver las manos de un médico. Ahora digo que me conformaría con mirar mis manos y sentirme humano. Pero eso no es tan fácil cuando piensas que mi mundo está destrozando este. Veo las manos del que no sabe no contesta, y se conforma con todo.
Una parte de mi muere a diario en este sitio al mismo tiempo que otra parte nace. Porque me sentí morir en una choza de barro, reclamándole a una familia que no tiene nada que me devolvieran mi propia miseria. Los ojos occidentales, con lentillas de plástico, se empañan en el sur y no te dejan ver ni entender nada; pero también de esto cuesta darse cuenta. Nadie te enseña nada aquí. Aprende uno mismo, y sólo si realmente desea aprender.
El mar se mece con calma esta noche, como si no tuviera prisa en dormirse ni despertarse mañana. Will duerme sus sueños, cansado de tanto andar de aquí para allá durante el día. Y Roberts se lo vuelve a preguntar todo de nuevo a sí mismo. Alguien dijo una vez que era muy fácil diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Y él no sabe negar lo evidente, por mucho que esto le atrape.
Andar con los pies hundidos en el barro, recordar a quienes ya no están, fondear en una costa que nos saluda con ojos despiertos, y seguir siendo un iluso. Estoy en Camerún. Aquí no hay ningún cemento que te separe los pies de la tierra que te vio nacer. Espero que todo salga bien. Hemos trabajado duro, enfrentado mareas y cruzado arrecifes que sólo algunos locos se atreven a cruzar. Todo lo que yo puedo ofrecer es un sueño que es casi más que yo mismo, y que creo que merece serlo.
La última escala
A los piratas nos encanta el silencio, aunque muy poca gente lo sabe. La isla nos devolvió la calma que nos faltaba, y la ilusión por recuperar un rumbo. El rumbo al sur.
Una semana para reconstruir la nave, para aprovisionarla y preparar un viaje tan complicado no es suficiente, pero no tuvimos tiempo para más. A veces me gustaría tener más tiempo para mi, para pensarme y conocerme, pero no soy capaz de hacerlo.
Noté una brisa en la cara, y sin saber por qué, la sensación de que todo se debe volver a poner en marcha se apoderó de mi. Era consciente de que era un nuevo "ahora o nunca", y debo reconocer que los "nuncas" siempre me han aterrado.
Y en ese mismo momento en que nos volvimos a poner en marcha, una nueva brisa te desarma, arrebata el aliento, y hace brotar lágrimas de nuevo. Pero esta vez de alegría. Vuelves a ser consciente de que la soledad sólo es de quien no se atreve a sentir lo evidente, y de que todo puede ocurrir, incluso lo más inesperado. Volver a trazar mapas. Volver a soñar con un puerto en un futuro. Frotarse las lágrimas con la manga de la camisa, con un movimiento brusco, y escrutar con ojos rojos un horizonte que pronto será mío.
Había llegado el momento, se elevaron las anclas y zarpamos. África.
Una semana para reconstruir la nave, para aprovisionarla y preparar un viaje tan complicado no es suficiente, pero no tuvimos tiempo para más. A veces me gustaría tener más tiempo para mi, para pensarme y conocerme, pero no soy capaz de hacerlo.
Noté una brisa en la cara, y sin saber por qué, la sensación de que todo se debe volver a poner en marcha se apoderó de mi. Era consciente de que era un nuevo "ahora o nunca", y debo reconocer que los "nuncas" siempre me han aterrado.
Y en ese mismo momento en que nos volvimos a poner en marcha, una nueva brisa te desarma, arrebata el aliento, y hace brotar lágrimas de nuevo. Pero esta vez de alegría. Vuelves a ser consciente de que la soledad sólo es de quien no se atreve a sentir lo evidente, y de que todo puede ocurrir, incluso lo más inesperado. Volver a trazar mapas. Volver a soñar con un puerto en un futuro. Frotarse las lágrimas con la manga de la camisa, con un movimiento brusco, y escrutar con ojos rojos un horizonte que pronto será mío.
Había llegado el momento, se elevaron las anclas y zarpamos. África.
Capitán
Las últimas semanas de Junio y la primera de Julio, hemos estado navegando entre los arrecifes a los que nos hemos estado dirigiendo durante todo este año. Sabíamos que llegaría, y estábamos preparados, pero al mismo tiempo bombardean tu nave, llegas a perder la esperanza, te sientes un loco que ha actuado sin sentido y que no sabe de donde viene ni a donde va.
Recuerdo el momento. Tras las balas, los gritos y llantos. Algunos de mis hombres yacían tumbados en cubierta en charcos de sangre y agua de mar, otros intentaban ayudar desesperadamente a quienes ya no tenían ni aliento para pedir socorro y algunos, como yo, quedábamos tan insensibles como impasibles, sin entender, sin comprender, sin querer razonar que todo se estaba perdiendo. Will me agarraba fuertemente el costado de la camisa con una mano mientras con la otra me señalaba a Roberts, que no se movía.
El palo mayor se vino abajo, el timón no respondía a las órdenes, y todo parecía perdido. Y fue la emoción de no sentirme olvidado lo que me devolvió a mi sitio. Recordé que era el capitán. Había dejado que Roberts dirigiera el barco durante un par de meses dadas las circunstancias y él lo había dado todo para mantener el rumbo, y afrontar la coherencia de quien debe sujetar una brújula con las manos desnudas. Ahora había llegado el momento de cambiar el mando, y volver a retomarlo. Mis hombres me seguirían a donde yo dijera, y me sentía capaz de levantar los ánimos de un barco que se hundía. No importa que un barco se hunda. De hecho, lo de menos es el barco. Importan sus tripulantes, las vidas de aquellos que la entregan a diario por una causa común.
Yo no fui capaz de darme cuenta de todo eso por mi solo. Pero cuando entre la humareda de humo, llantos y astillas vi aparecer a los míos, todo recobró el sentido por si mismo. No sé por qué. Creo firmemente en que existe un destino y que todo ocurre porque tiene que ocurrir. Lo cierto y fijo es que en ese momento varios cabos volaron por encima de nuestras cabezas desde estribor, cayendo en cubierta. Habían llegado. Habían venido de tierras lejanas cruzando mares, en tan sólo minutos, para salvarnos. Mis hombres corrieron entre resbalones en una cubierta ya inclinada por el incipiente hundimiento para coger los extremos de esas cuerdas y aferrarlos con el coraje de auténticos piratas. Tras eso, las voces de mis amigos resonaron con fuerza entre la niebla -"¡Rápido, saltad a nuestras naves!, ¡Se va a hundir!".
Los que podían caminar ayudaron a los demás a llegar a las cubiertas de los barcos ahora vecinos. Tienen nombres y apellidos, y supieron estar al lado de mi barco cuando se hundía.
Tras eso, recalamos en una playa cercana durante unos días. Nos reagrupamos, y vimos como la mayoría de los restos del barco eran arrastrados por la marea hasta nuestra orilla. Fueron días de silencio, de miradas vacías y silencios.
Recuerdo el momento. Tras las balas, los gritos y llantos. Algunos de mis hombres yacían tumbados en cubierta en charcos de sangre y agua de mar, otros intentaban ayudar desesperadamente a quienes ya no tenían ni aliento para pedir socorro y algunos, como yo, quedábamos tan insensibles como impasibles, sin entender, sin comprender, sin querer razonar que todo se estaba perdiendo. Will me agarraba fuertemente el costado de la camisa con una mano mientras con la otra me señalaba a Roberts, que no se movía.El palo mayor se vino abajo, el timón no respondía a las órdenes, y todo parecía perdido. Y fue la emoción de no sentirme olvidado lo que me devolvió a mi sitio. Recordé que era el capitán. Había dejado que Roberts dirigiera el barco durante un par de meses dadas las circunstancias y él lo había dado todo para mantener el rumbo, y afrontar la coherencia de quien debe sujetar una brújula con las manos desnudas. Ahora había llegado el momento de cambiar el mando, y volver a retomarlo. Mis hombres me seguirían a donde yo dijera, y me sentía capaz de levantar los ánimos de un barco que se hundía. No importa que un barco se hunda. De hecho, lo de menos es el barco. Importan sus tripulantes, las vidas de aquellos que la entregan a diario por una causa común.
Yo no fui capaz de darme cuenta de todo eso por mi solo. Pero cuando entre la humareda de humo, llantos y astillas vi aparecer a los míos, todo recobró el sentido por si mismo. No sé por qué. Creo firmemente en que existe un destino y que todo ocurre porque tiene que ocurrir. Lo cierto y fijo es que en ese momento varios cabos volaron por encima de nuestras cabezas desde estribor, cayendo en cubierta. Habían llegado. Habían venido de tierras lejanas cruzando mares, en tan sólo minutos, para salvarnos. Mis hombres corrieron entre resbalones en una cubierta ya inclinada por el incipiente hundimiento para coger los extremos de esas cuerdas y aferrarlos con el coraje de auténticos piratas. Tras eso, las voces de mis amigos resonaron con fuerza entre la niebla -"¡Rápido, saltad a nuestras naves!, ¡Se va a hundir!".
Los que podían caminar ayudaron a los demás a llegar a las cubiertas de los barcos ahora vecinos. Tienen nombres y apellidos, y supieron estar al lado de mi barco cuando se hundía.
Tras eso, recalamos en una playa cercana durante unos días. Nos reagrupamos, y vimos como la mayoría de los restos del barco eran arrastrados por la marea hasta nuestra orilla. Fueron días de silencio, de miradas vacías y silencios.
Últimas semanas
Llevo ya demasiado tiempo sin escribir, y no por no haber querido hacerlo. He deseado hacerlo muchas veces y guardar fuera de mi memoria muchas de las cosas que me han ocurrido en las últimas semanas. Uno nunca sabe el volumen de las olas que zarandearán la nave, y las consecuencias de esto. Muchas veces, el coraje se demuestra con la capacidad de dejarse sorprender, de no esquivar nada y afrontar lo que tenga que pasar, tal y como tenga que pasar. A veces son cosas buenas, a veces son malas, pero eso, aunque creamos saberlo en ocasiones, realmente nos es ajeno. ¿Es que la opción que parece adecuada lo será con seguridad?... ¿Y si en ocasiones lo que pensamos que es malo, en realidad es lo mejor que nos podía estar pasando?
No tenemos el privilegio de conocer el futuro, ni de poder elegirlo … Podemos tomar opciones y elegir caminos, pero nunca sabremos cual será la consecuencia final de esas decisiones. Y por esto mismo, algunos nos atrevemos a arriesgar, tomar decisiones más complicadas que la mayoría, y confiar en nuestra suerte, destino, o lo que sea.
Hace ya dos semanas que mi barco se convertía en astillas, sin que yo lo esperase. Han pasado muchas cosas desde entonces, y otras muchas han cambiado. ¿Para mejor? ¿Para peor? No lo sé … pero todo lo que pasa ocurre por una razón.
No tenemos el privilegio de conocer el futuro, ni de poder elegirlo … Podemos tomar opciones y elegir caminos, pero nunca sabremos cual será la consecuencia final de esas decisiones. Y por esto mismo, algunos nos atrevemos a arriesgar, tomar decisiones más complicadas que la mayoría, y confiar en nuestra suerte, destino, o lo que sea.
Hace ya dos semanas que mi barco se convertía en astillas, sin que yo lo esperase. Han pasado muchas cosas desde entonces, y otras muchas han cambiado. ¿Para mejor? ¿Para peor? No lo sé … pero todo lo que pasa ocurre por una razón.
Último aviso
Este blog será dado de baja en una semana. La nueva dirección es unpirata.com.
Por favor, actualizad vuestros enlaces lo antes posible.

http://unpirata.com/wp-images/unpirata80x15.gif

http://unpirata.com/wp-images/unpirata90x20.gif

http://unpirata.com/wp-images/unpirata109x46.gif
Por favor, actualizad vuestros enlaces lo antes posible.

http://unpirata.com/wp-images/unpirata80x15.gif

http://unpirata.com/wp-images/unpirata90x20.gif

http://unpirata.com/wp-images/unpirata109x46.gif











