Tan solo un viaje
Y como siempre, los incondicionales me siguen dando la vida de a poquito. Mis compañeros de viaje (Aunque quizás ellos no lo saben).
Los ojos de un niño descalzo, tiritando de frío, y negro, muy negro se clavan en mi cuaderno de bitácora mientras escribo estas líneas. Él no sabe qué estoy escribiendo. Seguramente tampoco lo sabría si escribiera en francés, o en cualquier idioma. Seguramente tampoco sabe exactamente qué es esto que tengo entre mis manos, pero no deja de mirarlo.
Y los míos se clavan de una manera muy distinta. Sé perfectamente qué es esto; mi vida. La conozco bien, por mucho que a ella le avergüence. Y frente a mi, un océano de pequeños charcos que deseo surcar, con toda la fuerza del mundo.
Quiero hacerlo, quiero saber hacerlo, y quiero tener la madurez suficiente de dejarme llevar. Sé que los miedos a los que me enfrento ahora son minúsculos retos a los que ir haciendo frente poco a poco. El horizonte siempre está lejos, pero eso no quiere decir que no vayas avanzando. Lo importante no es a donde llegas, sino lo que recorres. Y yo ya empecé un viaje que me está abriendo los ojos a lo más simple, que a veces es justo lo que pasa desapercibido, como si fuera invisible.
Escribo desde el paraíso, y me comprometo a llegar hasta el mismo infierno si es necesario. Porque todo lo que he aprendido hasta ahora no me sirve para más que para atreverme a dar nuevos pasos.
Los ojos de un niño descalzo, tiritando de frío, y negro, muy negro se clavan en mi cuaderno de bitácora mientras escribo estas líneas. Él no sabe qué estoy escribiendo. Seguramente tampoco lo sabría si escribiera en francés, o en cualquier idioma. Seguramente tampoco sabe exactamente qué es esto que tengo entre mis manos, pero no deja de mirarlo.Y los míos se clavan de una manera muy distinta. Sé perfectamente qué es esto; mi vida. La conozco bien, por mucho que a ella le avergüence. Y frente a mi, un océano de pequeños charcos que deseo surcar, con toda la fuerza del mundo.
Quiero hacerlo, quiero saber hacerlo, y quiero tener la madurez suficiente de dejarme llevar. Sé que los miedos a los que me enfrento ahora son minúsculos retos a los que ir haciendo frente poco a poco. El horizonte siempre está lejos, pero eso no quiere decir que no vayas avanzando. Lo importante no es a donde llegas, sino lo que recorres. Y yo ya empecé un viaje que me está abriendo los ojos a lo más simple, que a veces es justo lo que pasa desapercibido, como si fuera invisible.
Escribo desde el paraíso, y me comprometo a llegar hasta el mismo infierno si es necesario. Porque todo lo que he aprendido hasta ahora no me sirve para más que para atreverme a dar nuevos pasos.
Decisiones
Echo de menos las decisiones fáciles; esas que tomas casi sin pensar, casi por inercia. Pero aquello ya quedó atrás hace bastante tiempo… Ahora tomas decisiones que te hacen planteártelo todo por encima de ti mismo.
Vuelcos (2)
Vuelcos de revoluciones ansiadas.
Vuelcos de un capitán pirata.
Porque la palabra desarrollo no existe sin una palabra mucho más grande: Justicia. Y aquí, mucho antes que el desarrollo, falta la justicia.
Lukas Takoupou tiene unos cuarenta y tantos años. Es alto, delgado y de constitución fuerte. Aunque algunos miembros de su familia son ricos, gente de ciudad, él vive en una pequeña casa de bambú al lado del río. El bambú es su casa, su vida, su trabajo. Fabrica taburetes y otros muebles sencillos de bambú, y los vende a algo menos de 100 Francos (15 céntimos de euro). También cultiva calabazas, plátanos de diferentes variedades, manioc, patatas, etc.
Camina a menudo con una radio ya bastante vieja pegada al oído, y viste con ropa que debe haber pertenecido a mucha gente, después de que llegara a través de campañas internacionales de donaciones de ropa usada (Esas en las que las madres dan las camisetas de Pokemon del mercadillo ya gastadas). Me ha contado ya miles de veces que su sueño es tener un par de esposas que le cultiven el campo, y me ha preguntado otras miles de veces si sería fácil para él encontrar alguna mujer europea, aunque me ha dicho que sabe que sería difícil porque en Europa buscan a hombres inteligentes, y él casi no ha podido ir a la escuela.
Me enseña la foto de una joven, y me cuenta que está intentando hacerla su mujer. En Noviembre, conoció a un joven que venía de la ciudad y tuvo que pasar noche en Baneghang. Éste le habló de su hermana, y se la propuso como mujer. Lukas envió con el joven una carta pidiendo la mano de la chica a su padre, explicando que era campesino pero que tenía suficiente tierra como para prestarle una parcela a la mujer. En la carta incluyó un billete de mil francos (un euro y medio). La respuesta del padre fue que sólo se la daría por esposa a cambio de veinte mil francos (30 euros) y dos sacos de sal. Lukas está ahora intentando ahorrar.
De todos modos, el otro día me preguntó por mi teléfono móvil, cuando lo vio. Me ha explicado que ha visto teléfonos móviles por sólo veinte mil francos y que quiere comprarse uno. No sé por qué se decidirá finalmente.
Los cimientos de lo que está bien y mal se tambalean, sin que nadie se atreva a juzgar la causa. Aquí no se pueden determinar culpables. Sólo hay víctimas de la ausencia de una revolución que aún está por venir.
Vuelcos de un capitán pirata.
Will vuelve a bailar dulces melodías sordas bajo la lluvia. Roberts suspira con la mirada perdida en lo más lejos de los reflejos de los charcos, sin certezas, pero con el valor de enfrentarse al destino que tenga que venir a sus manos vacías. Mira a Jerad, y se descubre imaginando vivir un futuro que aún tiene que trabajarse.
Jerad es el enfermero jefe del centro de salud comunitario de Baneghang. Tiene sólo 26 años, y llegó aquí hace poco menos de un año y medio, sin hablar una palabra de francés ni Nguemba. Devoró sus miedos a no saber nada con la avidez de quien se siente capaz de todo. Es un héroe, y no por lo que él cree de si mismo. Por lo que la gente ve en él. Se ha convertido en un símbolo de superación, de lucha, una persona en la que se puede confiar, y que todavía es un niño a veces. Y eso lo hace aún más humano, más persona, mejor.
Yo continúo con una rodilla en el suelo, un brazo apoyado en la otra, y cinco yemas jugando con el agua de lo que sólo es un charco, pero que ahora se me antoja como un proceloso océano. El cielo está ahí abajo, al alcance de mis manos. Al levantar la mirada veo a mujeres que portan pesados fardos sobre sus cabezas, por un camino que atrapa los pies con un barro denso y fuerte. Me levanto, en pie, y me siento pequeño, anónimo. Aquí nadie pensaría que he cruzado mares, enfrentado dragones y librado batallas con un cuchillo entre los dientes.
Estoy rodeado de héroes que sacrifican su vida a diario, que se levantan a las 5 de la mañana con una dignidad que supera todo lo conocido, y que cambiarían el rumbo de la órbita terrestre si pudieran cortar las cadenas y los grilletes que un desgraciado les puso un día. Todos conocemos a ese desgraciado, su egoísmo, su avaricia, pobreza de todo y desprecio de todo. Un desgraciado al que sentimos más que cerca, dentro, y al que nos avergüenza mirar. Un egoísmo que le arrebata la lógica a las lágrimas de coherencia de quien descubre que sólo se puede seguir avanzando hacia dentro, y que no hay vida sin muerte. Temblar de miedo al saber algo que otros no saben, al sentir algo que otros no sienten, y al conocer el rol que debe jugar cada uno. Eso, y no otra cosa, es ser capitán. Duele, pero también libera. Para algunos, esto merece una vida, la propia.
No hablo de futuro. Todo esto está más cerca que el futuro. Está ya aquí. Ntzele.
Vuelcos (1)
Mi alma camina con pies llenos de barro, que cada vez pesan más y más. Un barro de silencios que nadie escucha o quiere escuchar, de una parcela de mi que ni yo mismo entiendo, y de sueños que tiemblan de frío.Tanto tiempo en tierra firme me hace echar de menos la soledad de mi camarote, meciéndose con calma sobre unas olas que conozco bien. Hoy hace un mes que llegué aquí, y cada día es una prueba.
En cuclillas, sobre el barro del camino, mojo la yema de los dedos en una luna que la lluvia ha puesto para mi a ras de suelo. Juego con ella y no pienso, sólo siento. Hoy no quiero pensar en nada, quiero tener la mente en blanco, y rendirle pleitesía a mis vuelcos interiores, aquellos que como dice Neruda, sacan sonrisas de los bostezos y te invitan a arrancar de un manotazo todos los puntos de las íes.
Vuelcos de quien no se comprende.
Los ojos de 4 mujeres me atravesaban esta tarde, mientras decía convencido que la situación de una mujer no va a cambiar mientras todos sigamos pensando que es imposible que cambie. Porque, en ese caso, ¿por qué enviar al colegio a una niña que su mayor aspiración en la vida puede ser casarse y tener 7 u 8 hijos?.
Las mujeres de Baneghang coinciden en que ya no consiguen que con diez años los niños varones hagan nada en la casa. Son muy "cabezotas" y sólo quieren imitar a sus hermanos mayores y a su padre, que no trabaja nada.
En Baneghang, la mujer tiene derecho a que el marido le preste una parcela de tierra para cultivar. El marido es el dueño de esa tierra, pero ella puede cultivar en ella manioc, macabó, taro, liñam, arachides, maiz, etc. Por ello, la mujer está en el campo cultivando desde las 7 de la mañana hasta las 18 de la tarde, con sus hijas. Mientras tanto, el hombre irá a alimentar a sus cerdos, a buscar su vino de bambú, y a emborracharse al cruce con el camino a Bansoa Chefferie. Y estará allí desde las 9 de la mañana y hasta las 23 de la noche.
La mujer tiene la obligación de alimentar al marido, a los hijos, de pagarles la escuela, el médico, las ropas, etc. El hombre tiene la obligación de someter a la mujer, y el derecho a pegarle y castigarle si no cumple con el trabajo que él le ordena.
Y a mi me da vergüenza mirar directamente a esos ojos que me cuestionan el por qué de mi suerte. Porque no he hecho nada por lo que me merezca mis derechos, unos derechos que ellas no tienen. Unos derechos que deben tener sus hijas.
Vuelcos de quien se maravilla por todo.
Por la mañana hacía un sol impresionante. Nadie diría que la lluvia a partir de las dos de la tarde nos impediría bajar siquiera al centro de salud, a unos 200 metros de nuestra casa. En ese momento, la ilusión de un niño. Desnudarse bajo el cielo, detrás de la casa, y sentir como lo más sencillo de entre lo más sencillo es lo que te cala hasta los huesos.
Vuelcos de silencios que nadie escucha.
¿El por qué?. No lo entiendo ni yo. Sólo lo entiende un silencio que me lo cuenta en voz baja, sin que nadie más se entere de que me siento culpable de tenerlo todo. Es la arena en un cristal, son destellos de plata, pero sobre todo, es por un miedo irracional a robarme la poca coherencia que me queda. Y descubro que si además no me doy un tiempo para escucharlos, pronto los silencios dejarán de contarme sus locuras.
Vuelcos de añoranza.
Sentirles cerca sin poder decirles ni una palabra. Aunque a veces yo mismo me tengo al lado y tampoco me hablo. Ganas de abrazarles y reir con ellos.
N'da
Y como siempre, un conglomerado de emociones…
De fondo risas de compañeros, en un círculo del que a veces quizás me siento fuera. Quizás. Debo confesar que estoy echando de menos a algunos de entre mi gente. Me queda mucho por aprender, y hay otras muchas que creo haber "desaprendido". Disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños momentos, como un niño. Y vencer el miedo a la soledad.
Por otro lado, estoy encontrando en el viento de cara algo que me llena y que me invita a subir a la arboladura y respirar profundamente un fuerte viento capaz de apagar cualquier grito.
David me ha insistido que escribiera en el tablón una frase que yo mismo he dicho: "Hay que luchar contra la enfermedad, no contra los enfermos". No imaginais el sentido que eso tiene cuando estás hablando de ETS en Baneghang.
Odile me hizo temblar de emoción cuando, en contra de la opinión inicial de 5 mujeres y un hombre, ella repitió en voz alta moviendo la cabeza enérgicamente: "Sí. Claro que sí. La mujer debe tener derecho a elegir usar condón incluso si su marido no quiere".
Pascaline, durante la sesión de ETS, repite constantemente una misma frase: "¿Y qué le vamos a hacer?".
Madeleine llega tarde a las sesiones de formación. Como todas las demás, ellas se levanta temprano por la mañana, prepara la casa y se va al campo a las 7 a trabajar, hasta el medio día, cuando vuelve a su casa, prepara la comida para los suyos, se lava, coge su carpeta y se viene hacia el centro de salud. Vive enfrente.
Y así hasta más de 21 personas que quieren luchar para mejorar la realidad en la que viven. Casi todas mujeres. Muchas escriben con dificultad sus nombres, muchas vienen con sus hijos recién nacidos a las sesiones de formación y todas, absolutamente todas, son su propio futuro.
Aquí no existe la palabra "hola". Los Bamilekes de Bansoa se saludan diciendo "N'da". Significa "coraje".
De fondo risas de compañeros, en un círculo del que a veces quizás me siento fuera. Quizás. Debo confesar que estoy echando de menos a algunos de entre mi gente. Me queda mucho por aprender, y hay otras muchas que creo haber "desaprendido". Disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños momentos, como un niño. Y vencer el miedo a la soledad.
Will va y viene, sin que yo sepa por qué. Camina jugando con todo y con todos, pero creo que sin la despreocupación que un niño debe tener. Creo que él y yo echamos de menos a alguien que nos comprenda de verdad, a alguien que entienda muchas de las cosas que ni siquiera decimos… Desde un tiempo a esta parte, incluso mucho antes de emprender este nuevo viaje, dejé de encontrar en muchos de entre los míos el reflejo de miradas cruzadas en busca de una misma ilusión. Demasiados silencios por respuesta, demasiados "prefiero callarme" y un papel difícil de interpretar que no siempre me gusta. Tengo miedo de que crezca y se olvide de quien es. Sólo se es niño una vez.
Por otro lado, estoy encontrando en el viento de cara algo que me llena y que me invita a subir a la arboladura y respirar profundamente un fuerte viento capaz de apagar cualquier grito.
David me ha insistido que escribiera en el tablón una frase que yo mismo he dicho: "Hay que luchar contra la enfermedad, no contra los enfermos". No imaginais el sentido que eso tiene cuando estás hablando de ETS en Baneghang.
Odile me hizo temblar de emoción cuando, en contra de la opinión inicial de 5 mujeres y un hombre, ella repitió en voz alta moviendo la cabeza enérgicamente: "Sí. Claro que sí. La mujer debe tener derecho a elegir usar condón incluso si su marido no quiere".
Pascaline, durante la sesión de ETS, repite constantemente una misma frase: "¿Y qué le vamos a hacer?".Madeleine llega tarde a las sesiones de formación. Como todas las demás, ellas se levanta temprano por la mañana, prepara la casa y se va al campo a las 7 a trabajar, hasta el medio día, cuando vuelve a su casa, prepara la comida para los suyos, se lava, coge su carpeta y se viene hacia el centro de salud. Vive enfrente.
Y así hasta más de 21 personas que quieren luchar para mejorar la realidad en la que viven. Casi todas mujeres. Muchas escriben con dificultad sus nombres, muchas vienen con sus hijos recién nacidos a las sesiones de formación y todas, absolutamente todas, son su propio futuro.
Aquí no existe la palabra "hola". Los Bamilekes de Bansoa se saludan diciendo "N'da". Significa "coraje".
Cuero
Y se supone que ya ha pasado todo y, sin embargo, no lo siento así. Nos robaron mucho dinero al poco de llegar aquí. Y desde entonces se me hizo una especie de nudo en el interior que sigue sin deshacerse. Y ya lo debería haber hecho.
Las sospechas por el robo, las preguntas y los interrogatorios. Hablar con las familias que podían estar implicadas en el robo, e intentar obtener una verdad en medio de la miseria. Sentirte un ladrón sin escrúpulos cuando todo lo que intentas es recuperar el dinero de un proyecto. Hacer cuentas una y otra vez intentando escudriñar la posibilidad de que todo siga adelante. Recibir amenazas, poner denuncias, pensar más cosas de lo normal, y tener miedo. Un miedo no comprendido a lo que pueda pasar. ¿Y si todo se viniera abajo?
Muchos creen que tengo una facilidad especial para preocuparme por todo. Pero yo no lo creo así. Quien no conoce algo, no se puede preocupar de verdad por ello. Yo he visto nacer este proyecto. He peleado desde el principio de todo para darle forma a un sueño que suena a locura, para luchar contra mi propio yo y contra todo lo que me rodea para devolverle la coherencia al mundo sin recibir nada a cambio. Y sé que se puede venir abajo fácilmente. Y si esto se muere, se muere una parte de mi, y una de las más importantes: La esperanza en que todo puede cambiar, en que todo tiene un sentido por si mismo, y que merece la pena luchar por hacer justicia en un mundo de desiguales. Quizás sea esto lo que otros no comprenden. Para muchos, esto puede ser una experiencia, puede ser una oportunidad, o el modo de sentirse de algún modo realizado. Pero para mi, esto es lo que soy.
Claro que es más fácil pensar que no pasa nada, que todo va a salir bien, que no merece la pena pensar mucho más. ¿Pero quien, si el médico le dice que su hijo se va a curar, se tranquiliza por completo? Yo necesito verle jugar, correr y sonreir. Las palabras, deseos y esperanzas no valen cuando sientes algo fuerte. Necesitas hechos.
Estoy agobiado, intranquilo por no sé exactamente qué, y necesito un tiempo para mi. Un tiempo para olvidar las preocupaciones y partir de cero. Pero por alguna razón sé que no tendré ese tiempo hasta dentro de mucho. No sabría decir esa fecha.
¿Por qué a nadie le preocupa la relación con la otra ONG que trabaja aquí?. ¿Por qué a nadie le preocupa que vayan a flaquear las fuerzas en Granada?. ¿Por qué a nadie le preocupa que Jerad se plantee con frecuencia irse de aquí?. ¿Por qué a nadie le preocupa que las mujeres que quieren lanzar su propia ONG quizás no tengan la capacidad o los medios de gestionarla correctamente?. ¿Por qué a nadie le preocupa la ingente cantidad de trabajo que tendremos a nuestra vuelta si somos coherentes?.
A veces echo en falta palabras de ánimo. Quizás muchos crean que puedo con todo y que no necesito un hombro al lado en ocasiones. O se equivocan, o es que no quieren ver la realidad. Y si no lo creen así, desde luego que lo demuestran.
El cuero en que están trenzados mis sueños se endurece, se curte. Las heridas se hacen callo. Y sientes que cada vez puedes seguir tensando un poco más la cuerda. Sólo tengo miedo de que un día la tensión la rompa. Pero no soy yo quien elige eso.
Tengo mucho trabajo, y no consigo concentrarme en él.
Daría un pedazo de alma a cambio de que alguien me mostrara el futuro que anhelo. Que un grupo de mujeres luchadoras de Baneghang se han puesto de acuerdo para sumar esfuerzos contra el SIDA, el paludismo, las enfermedades infecciosas, que han sabido gestionar su autofinanciamiento, que tiene continuidad sin nosotros, que trabajan honradamente por el bien comunitario, y que sienten que ellas mismas han sido quienes lo han puesto todo en marscha. Y saber que los 4 que comenzamos esta locura nos miramos y asentimos. Una palmada en el hombro, un guiño de confianza.
Siento que camino con demasiado peso sobre los hombros. Espero ir recuperando fuerzas poco a poco.
Las sospechas por el robo, las preguntas y los interrogatorios. Hablar con las familias que podían estar implicadas en el robo, e intentar obtener una verdad en medio de la miseria. Sentirte un ladrón sin escrúpulos cuando todo lo que intentas es recuperar el dinero de un proyecto. Hacer cuentas una y otra vez intentando escudriñar la posibilidad de que todo siga adelante. Recibir amenazas, poner denuncias, pensar más cosas de lo normal, y tener miedo. Un miedo no comprendido a lo que pueda pasar. ¿Y si todo se viniera abajo?
Muchos creen que tengo una facilidad especial para preocuparme por todo. Pero yo no lo creo así. Quien no conoce algo, no se puede preocupar de verdad por ello. Yo he visto nacer este proyecto. He peleado desde el principio de todo para darle forma a un sueño que suena a locura, para luchar contra mi propio yo y contra todo lo que me rodea para devolverle la coherencia al mundo sin recibir nada a cambio. Y sé que se puede venir abajo fácilmente. Y si esto se muere, se muere una parte de mi, y una de las más importantes: La esperanza en que todo puede cambiar, en que todo tiene un sentido por si mismo, y que merece la pena luchar por hacer justicia en un mundo de desiguales. Quizás sea esto lo que otros no comprenden. Para muchos, esto puede ser una experiencia, puede ser una oportunidad, o el modo de sentirse de algún modo realizado. Pero para mi, esto es lo que soy.
Claro que es más fácil pensar que no pasa nada, que todo va a salir bien, que no merece la pena pensar mucho más. ¿Pero quien, si el médico le dice que su hijo se va a curar, se tranquiliza por completo? Yo necesito verle jugar, correr y sonreir. Las palabras, deseos y esperanzas no valen cuando sientes algo fuerte. Necesitas hechos.
Estoy agobiado, intranquilo por no sé exactamente qué, y necesito un tiempo para mi. Un tiempo para olvidar las preocupaciones y partir de cero. Pero por alguna razón sé que no tendré ese tiempo hasta dentro de mucho. No sabría decir esa fecha.
¿Por qué a nadie le preocupa la relación con la otra ONG que trabaja aquí?. ¿Por qué a nadie le preocupa que vayan a flaquear las fuerzas en Granada?. ¿Por qué a nadie le preocupa que Jerad se plantee con frecuencia irse de aquí?. ¿Por qué a nadie le preocupa que las mujeres que quieren lanzar su propia ONG quizás no tengan la capacidad o los medios de gestionarla correctamente?. ¿Por qué a nadie le preocupa la ingente cantidad de trabajo que tendremos a nuestra vuelta si somos coherentes?.
A veces echo en falta palabras de ánimo. Quizás muchos crean que puedo con todo y que no necesito un hombro al lado en ocasiones. O se equivocan, o es que no quieren ver la realidad. Y si no lo creen así, desde luego que lo demuestran.
El cuero en que están trenzados mis sueños se endurece, se curte. Las heridas se hacen callo. Y sientes que cada vez puedes seguir tensando un poco más la cuerda. Sólo tengo miedo de que un día la tensión la rompa. Pero no soy yo quien elige eso.
Tengo mucho trabajo, y no consigo concentrarme en él.
Daría un pedazo de alma a cambio de que alguien me mostrara el futuro que anhelo. Que un grupo de mujeres luchadoras de Baneghang se han puesto de acuerdo para sumar esfuerzos contra el SIDA, el paludismo, las enfermedades infecciosas, que han sabido gestionar su autofinanciamiento, que tiene continuidad sin nosotros, que trabajan honradamente por el bien comunitario, y que sienten que ellas mismas han sido quienes lo han puesto todo en marscha. Y saber que los 4 que comenzamos esta locura nos miramos y asentimos. Una palmada en el hombro, un guiño de confianza.
Siento que camino con demasiado peso sobre los hombros. Espero ir recuperando fuerzas poco a poco.





