Empiezo este diario porque no puedo soportar más la presión de pensar que de una manera u otra terminaré olvidando lo que no quiero olvidar... Seguro que ellos son capaces de conseguirlo pero por mucho que lo intenten por lo menos quedará constancia escrita de mis pensamientos, sensaciones e ideas en general que se me pasen por la cabeza.
De vuelta
Sé que he tardado en escribir pero me sentía demasiado vigilado. Mientras exista cualquier sospecha de cualquier persona no puedo arriesgarme a que me vean escribiendo algo que no sea parte de mi trabajo. Me va en ello la vida. Creo que cometí un error y me temo que una cámara que no había visto pudo registrar el momento en el que escribí aquí por primera vez. Ante la duda decidí no volver a escribir porque noté ciertos comportamientos y preguntas estrañas por parte de compañeros del mismo edificio. Tengo la sensación de que ya no hay tanta tensión así que aprovecho porque no puedo más que dar salida a lo que me ronda por la cabeza. No puedo comentar nada con nadie... más que conmigo mismo, así que intentaré escaquearme cuando pueda y escribir más a menudo.
El minuto del odio diario
El minuto del odio nos interrumpe el trabajo todos los días. Cualquier cosa que hicieramos que nos impidiera seguir con nuestra tarea sería condenada... cualquiera excepto el obligado minuto del odio. Siempre me he dejado llevar aunque no sepa muy bien por qué. Quizás porque es la pausa que todos estamos deseando que llegue para romper la rutina. Pero al final esa ruptura se convierte en parte de la misma rutina y, cuando te das cuenta, empiezas a plantearte muchas cosas. Hoy he llegado a ese punto. Estaba frente a la pantalla viendo los vídeos del Ingsoc y me he sentido estúpido. Me he planteado la credibilidad del contenido. He pensado que si lo que estabamos viendo fuera totalmente lo contrario nos lo creeríamos del mismo modo. Nadie duda. Todos mirando frente a la pantalla. Parados, sin plantearnos nada más que lo que nos muestran y como nos lo muestran. Sin pensar que esas imágenes tal vez no correspondan al texto que les acompaña o que incluso esas imágenes tan atroces no sean de nuestros enemigos si no de nuestro propio bando. Pero allí estamos todos día tras día. Todos delante de la pantalla con los ojos bien abiertos. Y lo que vemos nos convence tanto que incluso no podemos evitar levantarnos y gritar como si así se solucionara algo. Últimamente quizás me cuestione demasiado las cosas. La pregunta que más me ronda por la cabeza en estos días es: ¿quién es realmente nuestro enemigo?