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Miedo a volar
Acerca de
"Porque volver no siempre significa regreso, nunca el hombre regresa a su primer momento, ni son nuevos los ojos que miran hacia el mar" José Infante.
Sindicación
 
Secretos de miradas

Durante mucho tiempo, en un bar al que iba con mis amigos frecuentemente había un póster anunciando un festival de jazz en Amsterdam. En la imagen, un hombre negro recostado en un sofá miraba a la cámara con los ojos entreabiertos. Debajo, su nombre: D'Angelo. Tenía una de las miradas más sensuales (o directamente sexual) que he visto en mi vida . Mi amiga S. solía decir que si un tío la mirara así alguna vez estaría perdida. Y sólo era una foto. Una noche, entre coñas tipo "uff el D'Angelo tiene un nosequé.." uno de mis amigos respondió "El D'angelo "ese" lo que tiene es un fumadón del quince". Y, de hecho, fijándose un poco, era más que probable que estuviera fumado y que debiera su mirada a Santa maría de Amsterdam, patrona de los ojitos soñadores...
Se suele decir que el secreto de la mirada de Marilyn consistía en una miopía galopante, igual que le ocurre (ayer mismo lo contaba en un entrevista) a Eduardo Noriega, que tiene cuatro dioptrías en cada ojo. Así que cuando en tesis miraba a Ana Torrent tan intensamente, en realidad no era porque quisiera hacer una snuff con ella sino que no la veía bien.... claro que no es una cuestión unicamente de dioptrías, o sería para operarse y ponerse un par de ellas en cada ojo...
Por último ( y esta mirada se la dedico a Grelinno) en "Beber de cine ", Jose Luis Garci dice que durante el rodaje de la película Vacaciones en Roma "En la mirada de Audrey ,en la luminosidad de su sonrisa, tuvieron mucho que ver los negronis que, día a día, le suministraba William Wilder". El negroni siempre ha tenido fama de embellecer a quien lo toma, aunque yo prefiero pensar que el verdadero responsable era Gregory Peck, porque a cualquiera le brillaría la mirada con ese hombre delante...
Al final, esto no deja de ser una serie de anécdotas y el "secreto" de una mirada, por decirlo de alguna forma, es que sea clara y no tenga secretos.


 
Porque nadie es libre...


Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie para protestar.


Bertold Brecht




 
Horas perdidas


Otra vez giró el almanaque y
no me di ni cuenta, ni eché de menos
veinticuatro horas perdidas. ¿En qué?.
A veces el tiempo
pasa de puntillas y a mis espaldas.


*Foto: Azevedo
 
Regalos



Como una niña, me entusiasmo por todo y celebro todo lo que me llega como un regalo. Y no es para menos. Hoy ha sido un día de sorpresas (y aún es mediodía).
A primera hora apareció mi madre por casa con una caja llena de Lepiotas (setas) que recogió donde vive ella. Preciosas, enormes y estarán riquísimas al ajillo. Ya voy a empezar a prepararlas para cuando vengan a comer.
Después estuve hablando con mi amiga L., y me confirmó que ella y M. vienen a verme el fin de semana que viene. Ya estoy preparando una fiesta con farolillos, mojitos... qué sé yo, creo que se me está yendo un poco la olla con la emoción. He hecho una lista de 41 invitados que no sé dónde se van a meter pero no importa. Me siento muy feliz.
Buen fin de semana a todos!

 
Escondido

Durante la guerra civil, en el desván de la casa de mis bisabuelos se escondía un hombre, perseguido por ser comunista. Era el hermano de un famoso pianista que (creo recordar) se apellidaba Sebastiá. Su familia vivía justo encima de la mía y él se escondía en un hueco entre el último piso y el tejado. En mi fantasía, lo imaginaba escondido sin hacer ruido como la familia de Ana Frank, agazapado en un hueco, privado de voz y libertad, escuchando el piano de su hermano que, según mi abuela, sonaba constantemente en todo el edificio. Todos los que vivían allí sabían de su escondite, incluso mi bisabuelo, que era guardia civil. Pero nunca lo delataron.
Lo que más me impresionó de la historia fue que este hombre pasó varios años escondido en aquel espacio mínimo, y cuando por fin pudo salir de allí, le dio un infarto y se murió. No sé si se murió de alegría, de tristeza o de miedo.

 
Esperando(te)

Cuando no me ves,
escribo poesías en el vaho del cristal,
y me pongo tu pijama
y bebo en tu taza.
Luego cierro los ojos
y espero oir tus pasos por la acera.
 
Un cuento
Ayer, durante la comida, mi madre me contó un cuento. Nunca se es demasiado mayor para que te cuenten cuentos.

Un hombre que se sentía muy poca cosa fue a ver a un anciano sabio para pedirle ayuda.
- Anciano - le dijo- vengo a pedirte ayuda porque me siento muy poca cosa, no valgo nada y todo me sale mal.
-Verás, este tampoco es un buen momento para mí. Estoy pasando apuros, apuros económicos. Pero si tú me ayudas, yo te ayudaré.
-No sé cómo puedo ayudarte, yo que valgo tan poco y que no tengo nada.
-Mira, te voy a dar este brazalete. Mañana, irás al mercado y lo venderás. Pero no lo vendas por menos de dos monedas de oro, por más que te ofrezcan.
Al día siguiente, el hombre fue al mercado e intentó vender la joya, pero no consiguió que nadie le ofreciera más que una moneda de oro. Y volvió cabizbajo a ver al sabio.
-No he podido venderlo, le he puesto el precio que me dijiste pero no me ofrecen más que una moneda de oro. Ves, ni eso he podido hacer bien.
-Bueno, vamos a hacer una cosa. Mañana vas a bajar al mercado de nuevo. Pero no venderás el brazalete sino que lo llevarás a un joyero para que lo tase y te diga su valor. Después, lo venderemos.
Así lo hizo el hombre. A la mañana siguiente bajó al pueblo y llevó la joya a un tasador. Después de examinarlo, el joyero le dijo su valor. Diecisiete monedas de oro.
El hombre se puso muy contento y fue corriendo a darle la buena noticia al viejo sabio.
-¡Diecisiete monedas de oro! Por suerte, no lo vendí por las dos que pedía.
El viejo sabio sonrió.
- Muchas veces los demás no se dan cuenta de cual es tu verdadero valor, porque tú mismo te tienes por poco. Basta con que encuentres una persona que sepa cuanto vales realmente.


 
Analgesia, por favor.

Me estalla la cabeza. Ayer una amiga me invitó a una fiesta de "bienvenida del otoño" en su bar. Quedé encargada de poner música. Al principio todo fue muy tranquilo, charlas, pinchos, cervecitas, copas... a medida que iba pasando el tiempo ,las cervecitas y las copas la cosa se fue desmadrando. Y el equipo de música que no leía ningún cd excepto un recopilatorio de Madonna y un mezcladillo de temas de lo más disparatado : Bruce Springsteen, Sara Montiel, Cindy Lauper, Antonio Machín, juntos y revueltos... los camareros y todos los clientes bailaban, todo el rato el mismo cd . Mi amiga Ch. tiró varias cervezas por la barra, como siempre, hasta que se quedó dormida encima de un taburete (es narcoléptica cuando bebe, pero se despierta como si tuviera un muelle al poco rato pidiendo otra cerveza, así que no me preocupé).
La dueña del bar (C.), a la que adoro, entraba en la barra de vez en cuando y me abrazaba "cómo te quiero, niña.Eres la más guapa del pueblo, así te lo digo". Y se iba bailando sacudiendo unas maracas imaginarias.
Me quedé sola detrás de la barra, allí nadie servía y empezaron a pedirme a mí, que después de varias copas ya estaba de lo más rumbosa y empecé a no cobrarle a nadie. C. se moría de risa y consentía.
Cansada de tirar cañas y como solo quedábamos unos cuantos habituales, llené unas jarras de litro y las puse encima de la barra "ala, autoservicio, y si quereis copas os las poneis. Yo voy a bailar". Y bailé, hasta que no pude más.
Qué falta me hacía una fiesta así !!. Eso sí, hoy he desayunado analgésicos en vez de tostadas pero... qué risas ayer!









 
Llegando

Podría incluso
pararme a ver la lluvia
que se enreda en mis dedos,
si permaneciera un momento.

Podría salir a la calle
llenando mis bolsillos de piedras.
Para no salir volando
simplemente por despiste.

No sé si fue antes el frío
o el otoño llegando.


*Foto: Berenice Kauffmann
 
La biblioteca.
Salimos de la discoteca. No sé que hora es pero se está haciendo de día, hace frío y empieza a lloviznar. Cierro un poco los ojos porque la luz me hace daño. "Estás pálida", me dice. "Ay, es que creo que ya tengo resaca". Veo mi reflejo en el cristal de un coche y no reconozco a la que salió de casa hace unas horas. Me coge por la cintura y me invita a tomar un café. La lluvia cae cada vez con más fuerza y nos refugiamos en la cafetería más cercana. Pido un café cortado y él un gin tonic ("no es bueno mezclar", asegura con aire teatral). Me da un vuelco el estómago.
Al salir de la cafetería se le ocurre enseñarme "algo" que me va a encantar. Retrocedemos un poco y se para delante del muro de una casa antigua. Por lo menos dos metros. "Ahora hay que trepar". "Estás loco, está todo mojado, llevo tacones, nos vamos a matar". Y mientras estoy diciendo esto ya se ha subido hasta la mitad aprovechando un balconcito y me tiende la mano. "Te va a encantar, ya verás". Le paso mi bolso y después mi mano. Subo sin grandes dificultades. Cuando estamos subidos al muro vemos acercarse a un hombre por el fondo de la calle. Como disimulando, coge dos cigarros y los enciende. Me da uno y cuando el hombre pasa nos encuientra encaramados al muro fumando con toda la naturalidad del mundo. Nos mira sorprendido y nos da los buenos días.
Ahora ,bajar. Más fácil porque del otro lado hay menos altura. Me lleva siguiendo un sendero estrecho por lo que debió ser un jardín maravilloso, aunque ahora no hay más que zarzas hasta la altura de mi cintura, que se me clavan en los brazos y en las piernas a través de la ropa. Voy protestando todo el tiempo ("Es que no sé porqué te hago caso, me estoy empapando y estas cosas se me clavan, quién me manda hacerte caso, encima nos van a detener por allanamiento o como se llame...") mientras aparto con las manos las zarzas que me voy encontrando.
Entramos en la casa por una puerta lateral que está abierta.Apenas queda techo en la amplia estancia del recibidor, se ha derrumbado y falta la mayor parte del piso de la primera planta. Quedan restos de una escalera de madera que debió de ser preciosa, aún se ven en algunos trozos tallas con formas redondeadas.
Entramos en otra habitación y allí está. Una biblioteca. Todavía tiene techo. Las paredes están forradas completamente de estanterías de madera que resisten al tiempo, con carriles por arriba para enganchar escaleras correderas. Al fondo, una pequeña galería con un banco de piedra en forma de U. Me puedo imaginar esa biblioteca llena de libros, alguien leyendo en el banco de piedra. Estoy clavada al suelo mirando el cuarto, las estanterías, el banco, la luz que entra por la ventana. Oigo detrás de mí "sabía que te iba a gustar".
Al despertar, no sé si lo he soñado o ha sido real, pero los arañazos en los brazos me sacan de cualquier duda.

 
Ser tantas




Quisiera ser doce,
sólo doce.
Y si fuera otra
ser aquella que solo tú
encuentras, derribas,
desnudas,callas.




Foto: Pedro Gomes
 
La historia interminable



Este fin de semana me he encontrado con una amiga del colegio. Hacía años que no la veía. Ella era siempre la rebelde de la clase, faltaba a clase, tenía un expediente escolar como una guía telefónica, repetía cursos... Apenas se relacionaba con los demás niños de la clase, andaba con los chicos mayores del instituto. Aunque no estudiaba nunca era muy inteligente y sacaba sobresalientes en las asignaturas que le gustaban (en inglés, en historia). Suspendía todas las demás, hasta la gimnasia. Yo era más bien lo contrario. Buena estudiante, aunque no brillante, responsable y "la nueva", ya que llegué en sexto de EGB de otro colegio. Y en ese curso nos tocó ser compañeras de pupitre. Nos hicimos muy amigas para gran disgusto de mi madre, que pensaba que ella sería una mala influencia para mí. Pero fue todo lo contrario. Aquella niña era una lectora empedernida, con una curiosidad increíble por todo y cuando la conocías un poco, una de las personas más cariñosas con las que me he encontrado.
Después del colegio, ella dejó de estudiar y perdimos el contacto. Coincidimos varias veces años después y siempre me mostró el mismo cariño. El sábado, después de saludarnos y los típicos "¿Cómo te va? ¿qué haces ahora?" ,me dijo: "Qué casualidad verte, precisamente hace unos días volví a leer La historia interminable y me acordé de tí. No sé si me habías dejado tú el libro, o es que lo leí en una época que andábamos juntas, me viniste a la cabeza".
Es curioso como se enlazan los recuerdos, como una canción o un sabor o un libro nos llevan a otras personas y a otros momentos a los que están ligados para siempre. Y es bonito estar guardada en el mismo cajón de la memoria que este libro tan lleno de magia.
 
Jumento Gozoso


Inspirada en esta noticia, los Mártires del compás escribieron una canción titulada Jumento Gozoso:

"Una noche de mayo sin luna Jumento Gozoso de una vaquilla se enamoró... mas fue tan grande y tan fuerte el acoso que por un barranco fue y la tiró...quiso demostrar que ni dinero ni pelo ni raza le podrán cubrir su sexualiá...su sexualiá...y ahora pasta sus penas penando y en los prados verdes del verde del mar"

Que tengais un feliz fin de semana. Besos