Pancho

Cuando me despierto, está enroscado en la curva de mi cintura, suave, tibio. No lo sentí, sabe que no puede dormir ahí y se desliza a media noche despacio, sin que me dé cuenta.
Me muevo un poco y despierta también, se estira y bosteza exageradamente. Siempre me arranca una sonrisa la forma en que bosteza. Me mira con ojos de sueño y después, en un gesto increíble en un gato, estira su patita y me acaricia la mano. Se acerca hasta el cabecero y junta su hocico húmedo con mi nariz, como dándome un besito de buenos días, antes de hacerse un ovillo pegado a mi cabeza. Para que digan que los gatos no son cariñosos.
Lo sé, es un post cursi de "mamá" que se le cae la baba. Bueno, es que se me cae la baba.
FELIZ NAVIDAD

Os deseo a todos que paseis unas felices fiestas.
Besos cargados de magia navideña.
Cita a ciegas (y a dos)
El domingo,Airelai y yo nos despertamos por fin con tiempo para ir al rastro. Cada vez que estoy en Madrid, nos proponemos levantarnos temprano para ir pero somos incapaces de levantarnos a una hora decente y a tiempo. Total, que batiendo un record logramos llegar a las dos y media para dar una vuelta por los puestos. Ya estaban reogiendo, claro, así que nos fuimos a tomar unos vinos y a comer por el barrio. Ropa vieja y mojito, ummmm perfecta combinación.
Después, decidimos ir a Lavapies a tomar un té en La colonia de San Lorenzo, una tetería la mar de peculiar donde el dueño, hiperactivo y siempre muy fumado, se pasa media tarde cambiando la decoración: sillas colgadas del techo, cuadros, luces... resulta un poco extraño pero con mucho encanto.
La tetería estaba todavía cerrada, así que entramos en otra cafetería a esperar. Mientras, y durante todo el día, un chico que Airelai no conocía había estado mandándole mensajes. Un amigo común le había dado el teléfono y quería conocerla. Estaba con un colega. Ella le mandó un mensaje diciéndole que también estaba con una amiga y que se vinieran a tomar algo. Un rato después aparecen.
Tienen pinta de adolescentes y uno de ellos trae un casco de moto en el brazo. Visten chandal y el que no tiene casco lleva una cadena dorada con un grosor de medio centímetro. Me recuerdan "al Rubén", el que sale en Homo zapping haciendo de adolescente macarrila, el marido de "la Jeny". Tras las presentaciones de rigor, se quedan callados. ¡No hablan!.
Airelai toma las riendas de la "conversación". "Bueno, y qué haceis, a qué os dedicais?". "Pues por ahí", dice el del casco. El de la cadena de oro parece algo más hablador , también "anda por ahí, y tal, buscándome la vida". Y de pequeño leía comics, ahora "leer, leer no lee mucho". El otro lee "cosillas en internet". A estas alturas (5 minutos después de que llegaran) estaba claro que iba a ser difícil encontrar un tema de conversación. Airelai me mira. Nos preguntan a qué nos dedicamos y yo les digo que soy domadora de fieras y que trabajo en Alicante. "¿En serio eres domadora de fieras?", pregunta el de la cadena alucinado. "No, hombre, es broma, es que soy profe" "Aaaahhhh". Y cuando Airelai le dice su profesión le suelta el tópico que sé que odia. Nos miramos. Silencio. El amigo no habla, se ríe todo el rato.
Viene la camarera y dicen que no quieren nada, que se van porque "han quedado con un colega" en media hora, y "en el otro extremo de Madrid". Airelai y yo nos miramos y aguantamos la risa. Empezamos a hablar en plan coña y no pillan ni una. Nos miran con cara de "éstas están locas". Es la peor "cita" de mi vida, los moteros no saben donde meterse y airelai intenta sin éxito mantener una conversación mínima con el del casco. A los diez minutos, se levantan, "es que nos tenemos que ir, hemos quedao, ya sabeis, los colegas esperando y eso...". Paramos a pagar en la barra y cuando salimos no hay rastro de ellos. "Uy, qué rápido se han ido". Nos morimos de risa. "Qué desastre, Antonia, les faltó tiempo para escapar". Y los vemos enfrente subiéndose a la moto. "Bueno, ya quedaremos otro día, ¿vale?" Y se fueron.
Pero lo mejor de esta historia es que a las tres horas nos llegó un mensaje "Si no habeis ligao,podemos quedar". Nos va mal de la risa "Ni de coooooooñña", decimos las dos a la vez.
Ayer, Airelai recibió un nuevo mensaje del de la cadena, diciéndole que le gustaría conocer "+AFONDO, a su amiga la "domadora" (oséase yo),¿crees que podrá con una fiera como yo?". Y le pedía mi número. Qué suerte la mía...
Después, decidimos ir a Lavapies a tomar un té en La colonia de San Lorenzo, una tetería la mar de peculiar donde el dueño, hiperactivo y siempre muy fumado, se pasa media tarde cambiando la decoración: sillas colgadas del techo, cuadros, luces... resulta un poco extraño pero con mucho encanto.
La tetería estaba todavía cerrada, así que entramos en otra cafetería a esperar. Mientras, y durante todo el día, un chico que Airelai no conocía había estado mandándole mensajes. Un amigo común le había dado el teléfono y quería conocerla. Estaba con un colega. Ella le mandó un mensaje diciéndole que también estaba con una amiga y que se vinieran a tomar algo. Un rato después aparecen.
Tienen pinta de adolescentes y uno de ellos trae un casco de moto en el brazo. Visten chandal y el que no tiene casco lleva una cadena dorada con un grosor de medio centímetro. Me recuerdan "al Rubén", el que sale en Homo zapping haciendo de adolescente macarrila, el marido de "la Jeny". Tras las presentaciones de rigor, se quedan callados. ¡No hablan!.
Airelai toma las riendas de la "conversación". "Bueno, y qué haceis, a qué os dedicais?". "Pues por ahí", dice el del casco. El de la cadena de oro parece algo más hablador , también "anda por ahí, y tal, buscándome la vida". Y de pequeño leía comics, ahora "leer, leer no lee mucho". El otro lee "cosillas en internet". A estas alturas (5 minutos después de que llegaran) estaba claro que iba a ser difícil encontrar un tema de conversación. Airelai me mira. Nos preguntan a qué nos dedicamos y yo les digo que soy domadora de fieras y que trabajo en Alicante. "¿En serio eres domadora de fieras?", pregunta el de la cadena alucinado. "No, hombre, es broma, es que soy profe" "Aaaahhhh". Y cuando Airelai le dice su profesión le suelta el tópico que sé que odia. Nos miramos. Silencio. El amigo no habla, se ríe todo el rato.
Viene la camarera y dicen que no quieren nada, que se van porque "han quedado con un colega" en media hora, y "en el otro extremo de Madrid". Airelai y yo nos miramos y aguantamos la risa. Empezamos a hablar en plan coña y no pillan ni una. Nos miran con cara de "éstas están locas". Es la peor "cita" de mi vida, los moteros no saben donde meterse y airelai intenta sin éxito mantener una conversación mínima con el del casco. A los diez minutos, se levantan, "es que nos tenemos que ir, hemos quedao, ya sabeis, los colegas esperando y eso...". Paramos a pagar en la barra y cuando salimos no hay rastro de ellos. "Uy, qué rápido se han ido". Nos morimos de risa. "Qué desastre, Antonia, les faltó tiempo para escapar". Y los vemos enfrente subiéndose a la moto. "Bueno, ya quedaremos otro día, ¿vale?" Y se fueron.
Pero lo mejor de esta historia es que a las tres horas nos llegó un mensaje "Si no habeis ligao,podemos quedar". Nos va mal de la risa "Ni de coooooooñña", decimos las dos a la vez.
Ayer, Airelai recibió un nuevo mensaje del de la cadena, diciéndole que le gustaría conocer "+AFONDO, a su amiga la "domadora" (oséase yo),¿crees que podrá con una fiera como yo?". Y le pedía mi número. Qué suerte la mía...
TRANKILLER. Capítulo 1 (mi versión)
Madrid. Viernes por la tarde.
Hemos pasado la tarde charlando, poniéndonos al día y viendo vídeos musicales. Me encanta estar así, con ella, tranquilas y cómplices, sin la urgencia de decidir qué haremos después, riéndonos de todo y de nada, riéndonos de nosotras mismas.
- Mira la del vídeo, qué guapa, Antonia (siempre nos llamamos Antonia, o Frasca)
- Qué envidia le tengo. Antonia, qué mala es la envidia....
- Sí, pero seguro que no tiene nuestras inquietudes intelectuales.
- Pues es verdad. Pero aún así .
- Sí, un poco de envidia sí que da... (risas)
- Vamos a arreglarnos y a ponernos guapas y a escuchar un poco de flamenco.
Dos horas después, ya no nos da envidia nadie. "Qué guapaaaaaaassssssss estamos, Antonia, ponte las gafas negras que te van a juego con los pendientes".
Llega Sergio y nos encuentra partidas de risa en el sofá. Nos cuenta que ha tenido un examen de cuatro horas, "Me voy a ir que estoy agotado" "No, no, tú te vienes con nosotras al concierto, y punto pelota" "Bueno, pero después me voy, eh" ."Ya veremos".
Empieza la guitarra. Va desgranando notas y empieza a sonar un cajón. El ritmo inunda la sala y de repente se han callado todas las voces y sólo se escucha flamenco. Ahora una voz y unas palmas. Hablan de amor y despecho y de una gitana bonita.
Él entra como un rayo, vestido de negro, menudo y fibroso y con unos zapatos de terciopelo rojos. Frunce el ceño y baila, suda, tiembla, se pone de puntillas y arquea el cuerpo, gira. Es difícil dejar de mirarlo.
Airelai hace un gesto pasándose la mano por el brazo, tiene el vello erizado y los ojos aguados... cómo le gusta el flamenquito.
Después del concierto, me voy a casa a dormir. Estoy tan cansada que me cuesta hasta andar. Ellos toman otro rumbo, me voy sonriendo y pensando en el peligro que tienen esos dos juntos sueltos por Madrid.
Y caigo en la cama como un tronco.
PD: Mañana contaré lo de nuestra cita a ciegas con dos moteros madrileños que tardaron diez minutos en salir espantados... con arrepentimiento posterior.
Hemos pasado la tarde charlando, poniéndonos al día y viendo vídeos musicales. Me encanta estar así, con ella, tranquilas y cómplices, sin la urgencia de decidir qué haremos después, riéndonos de todo y de nada, riéndonos de nosotras mismas.
- Mira la del vídeo, qué guapa, Antonia (siempre nos llamamos Antonia, o Frasca)
- Qué envidia le tengo. Antonia, qué mala es la envidia....
- Sí, pero seguro que no tiene nuestras inquietudes intelectuales.
- Pues es verdad. Pero aún así .
- Sí, un poco de envidia sí que da... (risas)
- Vamos a arreglarnos y a ponernos guapas y a escuchar un poco de flamenco.
Dos horas después, ya no nos da envidia nadie. "Qué guapaaaaaaassssssss estamos, Antonia, ponte las gafas negras que te van a juego con los pendientes".
Llega Sergio y nos encuentra partidas de risa en el sofá. Nos cuenta que ha tenido un examen de cuatro horas, "Me voy a ir que estoy agotado" "No, no, tú te vienes con nosotras al concierto, y punto pelota" "Bueno, pero después me voy, eh" ."Ya veremos".
Empieza la guitarra. Va desgranando notas y empieza a sonar un cajón. El ritmo inunda la sala y de repente se han callado todas las voces y sólo se escucha flamenco. Ahora una voz y unas palmas. Hablan de amor y despecho y de una gitana bonita.
Él entra como un rayo, vestido de negro, menudo y fibroso y con unos zapatos de terciopelo rojos. Frunce el ceño y baila, suda, tiembla, se pone de puntillas y arquea el cuerpo, gira. Es difícil dejar de mirarlo.
Airelai hace un gesto pasándose la mano por el brazo, tiene el vello erizado y los ojos aguados... cómo le gusta el flamenquito.
Después del concierto, me voy a casa a dormir. Estoy tan cansada que me cuesta hasta andar. Ellos toman otro rumbo, me voy sonriendo y pensando en el peligro que tienen esos dos juntos sueltos por Madrid.
Y caigo en la cama como un tronco.
PD: Mañana contaré lo de nuestra cita a ciegas con dos moteros madrileños que tardaron diez minutos en salir espantados... con arrepentimiento posterior.
Rastas y padres de acogida
Este ha sido un fin de semana tranquilo, pero en el que han ocurrido dos cosas para mí muy especiales.
El sábado tenía un montón de trabajo atrasado, así que pasé buena parte de la tarde haciendo los "deberes". A última hora, me acerqué al cíber y después de echar un vistazo a los blogs miré mi correo.
Tenía un mensaje de un amigo que, parecerá una tontería, me emocionó mucho. Gabriel es un colombiano condenadamente guapo y con rastas al que conocí hace cosa de tres años, cuando él estaba haciendo el camino de Santiago y paró en el bar donde yo trabajaba para pedir aguja e hilo. Y se quedó unos meses trabajando allí, hasta que ahorró un poco de dinero y se fue a vivir a Amsterdam. Volvió al verano siguiente por unos meses y se convirtió en mi amigo y confidente. Él me contaba de su país, me enseñaba a cocinar platos de su tierra, a jugar con el diábolo (hasta que se quedó enganchado en un tejado), y a distinguir una buena maría. No hay aprendizajes inútiles. Más tarde tuvimos algo más, algo que no pasó de un tonteo y un par de noches, hasta que volvió a Holanda y supe poco más de él, algunas conversaciones breves en el messenger, planes de vernos que nunca llegaron a ser, algunos mensajes, lo típico.
En el correo, Gabriel me contaba que se había cortado las rastas y que las estaba repartiendo entre todos los que en los últimos años habíamos significado algo especial para él, que si quería una de recuerdo. Os parecerá un poco extraño, pero sé lo que esas rastas significaban para él y me hizo mucha ilusión. La guardaré como un tesoro, como guardo su amistad.
El domingo fui a Valencia a ver a un matrimonio que hace tres años me alojó en su casa durante un mes, unas personas maravillosas que más que a un huesped me trataron como a una hija. Fue un día muy agradable. Comimos paella en la terraza como hacíamos todos los domingos cuando estaba allí (sigue siendo la mejor paella que he probado), alargamos la sobremesa hasta media tarde y después fuimos a ver una exposición de belenes que nos encantó. Nos despedimos con abrazos y promesas de volver a vernos pronto, ella como una madre con los típicos "cuídate, come bien", y él dándome recomendaciones para coger la autovía de salida y un "no corras, llama cuando llegues". Encantadores y cariñosos como siempre.
Por eso hoy, lunes, me siento muy bien sabiendo que por ahí, cerca o lejos, hay personas a las que recuerdo y que me recuerdan aunque pase el tiempo. Soy afortunada por eso.
Sueño breve
Ojalá pudiese verte ahora,
aún por un instante breve como un soplido.
Que me llevara un aire cálido allí,
al lugar lejano donde habitas
sin saber.
Es azul el espacio de tu ausencia,
es el país de colores fríos que temo,
y la noche te trae en sueños
de cometas al viento y espuma.
Ojalá estas palabras fueran sentidas por tí,
y percibieses en ellas mil ecos
de cosas por decir.
aún por un instante breve como un soplido.
Que me llevara un aire cálido allí,
al lugar lejano donde habitas
sin saber.
Es azul el espacio de tu ausencia,
es el país de colores fríos que temo,
y la noche te trae en sueños
de cometas al viento y espuma.
Ojalá estas palabras fueran sentidas por tí,
y percibieses en ellas mil ecos
de cosas por decir.
Cansancio
Sentada es como si bebiera largos tragos de playa,
pócimas de tonterías y me cortase las uñas,
sin compañía. Es un cuento más, una residencia
cara. Piso el suelo con bocados de ansiedad
y me lleno de reliquias el cuerpo, salgo
asustando. Repito en larguísimo silencio
abulias y taconeo deslizándome sin prisa
por las avenidas buscando un no sé qué, aquello
que no se nombra porque no se sabe y acapara
gran parte del día ponerme bajo una sombra.
La que sea, a estas alturas elijo la que sea.
Concha García. De "Otra ley"
Mañana vuelvo a casa. Por unos días. Y es extraño que ahora que tengo ya los billetes en mi bolsillo y cuento las horas, de repente todo aquí me parece más ajeno de lo habitual. Como si mi mente estuviera ya un poco allí, donde todo es familiar y más fácil. Hoy, por primera vez, he sido consciente de lo extraña que me siento lejos de lo mío y de los míos.
pócimas de tonterías y me cortase las uñas,
sin compañía. Es un cuento más, una residencia
cara. Piso el suelo con bocados de ansiedad
y me lleno de reliquias el cuerpo, salgo
asustando. Repito en larguísimo silencio
abulias y taconeo deslizándome sin prisa
por las avenidas buscando un no sé qué, aquello
que no se nombra porque no se sabe y acapara
gran parte del día ponerme bajo una sombra.
La que sea, a estas alturas elijo la que sea.
Concha García. De "Otra ley"
Mañana vuelvo a casa. Por unos días. Y es extraño que ahora que tengo ya los billetes en mi bolsillo y cuento las horas, de repente todo aquí me parece más ajeno de lo habitual. Como si mi mente estuviera ya un poco allí, donde todo es familiar y más fácil. Hoy, por primera vez, he sido consciente de lo extraña que me siento lejos de lo mío y de los míos.





