Entre bonitas imprecaciones como: gárrulo, gañán, cacho cabrón, perro, así te pille el tren o te quedes impotente pa siempre jamás de los jamases, me fue narrando como repartían las toallas, los platos, las sábanas, los jaboncillos del baño, las tulipas de las lámparas, las alfombras, y un largo etc de enseres cuya lista os ahorro por pena. Con que lo haya aguantado yo, basta y sobra.
Cada vez que sonaba el teléfono me ponía mala, descolgaba, y era ella para contarme una nueva batalla por conseguir la escobilla del water, que era de diseño, y sus euros le costó. Más o menos la cosa iba bien (bien para lo que es una ruptura, entiéndase) hasta que tocaron un punto sensible para ambos: las bolas del árbol de navidad. Ahí fue Troya.
El caso es que los dos adoran la navidad, es una cosa loca. Solían poner la casa hasta arriba de adornos, y cada año compraban detallitos nuevos. La primera navidad que vivieron juntos pusieron un árbol enorme en el centro del salón, compraron las bolas más gordas que encontraron, y regaron el suelo de regalitos. En aquella estampa idílica, se prometieron amor eterno y que aquellas bolas iluminarían sus navidades futuras, las de sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos…. Bueno, captáis la idea ¿no?.
Por azares del destino, las bolas se las quedó el, y no quiso soltarlas bajo ningún concepto. Se rompieron las negociaciones, ella colocó en su casa un pino desnudo de adornos como protesta, le hizo una foto con el móvil y se la envió: “mira como está mi árbol por tu culpa”. El pensó que era una metáfora de su corazón triste y destrozado por la ruptura, y decidió ser románico (a su manera) en nochevieja le envió un sms prefabricado, que decía poco menos así: “En estas fechas tan especiales quise comprarte un gran regalo, por eso te envío mi mejor abrazo. Te quiero, feliz navidad”.
Este pobre no supo calibrar el odio que puede acumular el alma de una mujer despechada (y desbolada), la respuesta de ella fue rápida a la par de contundente (super mega maxi contundente, diría yo) “esa puta mierda de regalo te la metes por el culo, siempre fuiste un agarrado y un rata, o me compras algo caro o me devuelves las bolas, so gañán, que eres un puto gañán. Yo te he comprado un palo para que te autosodomices, y hoy se felicita el año, no la navidad, analfabeto”. Después de semejante rifirrafe vía sms, va la tía y me llama para contármelo. Con un par (de bolas, de ovarios, de lo que sea).
Los seres humanos somos irracionales a más no poder, nos matamos por unas esferas de plástico como si nos fuera en ello la supervivencia de la especie. Supongo que ahora debería abrirse un debate sobre quien debería quedarse con las bolas (o no) en mi caso las habría tirado a un contenedor de reciclaje, y miraría hacia el futuro sin pesos en el alma.
Mil besos y feliz año.
año nuevo desamor
ruptura+sentimental
adornos+de+navidad
Hola a tod@s, he elegido este refrán como título del post al recordar que en mi cada vez más lejana infancia, solíamos redondearlo con una segunda parte: la caca, la mierda y la porquería. Como podéis observar los niños suelen tener muy claras las cosas destacables de la vida. Traduciendo el refrán (y su coletilla) a mi maravillosa vida de recién casada (anda que no estoy explotando nada el tema del matrimonio) trabajadora y opositora, a la par que árbitro del saber estar y el buen gusto de esta nuestra ciudad (esto es porque mi abuela lo dice, no porque yo lo crea, claro está, pero ya sabéis que siempre he propugnado el respeto a las personas mayores y por ello creo a pies juntillas sus sabias palabras) traduciendo, digo, a mi vida: la próxima semana tengo tres exámenes de oposición. ¡Que viva el estudio!.
En los viejos tiempos de universidad, una semana así era una pavada (si, he estado viendo telenovelas argentinas, ¡que pasa!) pero en aquella época dorada tenía más neuronas vivas, y menos kilos. Y diréis ¿a cuento de que vienen aquí los kilos de más?, pues muy sencillo, los kilos de menos me permitían salir del examen, ponerme una microfalda y largarme por ahí de juerga hasta altas horas de la noche. Y una vez relajada y feliz, empezar a estudiar para el próximo, pero claro, tantos excesos (examen-microfalda-juerga) al final se pagan, y se pagan muy caros, os lo digo yo. Pensándolo bien ¡que me quiten lo bailao!
Volviendo al tema que me ocupa día y noche (la caca, la mierda y la porquería) Mi Más Mejor Amiga de la Adolescencia, me ha preguntado como pienso afrontarlo perdiendo el mínimo de masa cerebral, y le he respondido algo así “pues ni idea chata, para empezar en mi armario no tengo ni una triste falda por encima del muslo, y a ver como le explico aquí a mi marío que me voy de juerga hasta las mil, para aprobar una oposición, dirá que estoy demenciada perdida”.
Ahora voy a comentaros algunas peculiaridades del tercer examen (la porquería) porque la caca y la mierda, ya los tengo más o menos controlados (no es cierto, esto lo pongo para autoanimarme). Parte del temario trata sobre “Reparaciones sencillas y herramientas necesarias para las mismas” (sólo es un tema pero muy largo, y siempre preguntan cosas de ahí para fastidiar). Por si alguien tiene alguna duda sobre mis capacidades, la aclaro ahora mismo: no tengo ni puta idea de bricolaje. Pero nada de nada, a lo sumo, distingo un destornillador de pato de otro de estrella. Se acabó, ya no se mas.
He intentado preparar este examen como buenamente he podido:
- Primero me tragué un programa de antena nova, en el que una pareja de novios compran una casa en un estado tercermundista, y se dedican a repararla. No estaba mal (los programas típicos de bricolaje me aburren soberanamente) pero un día me di cuenta de que el único que hacía ñapas en la casa era El, mientras Ella se dedicaba a escaquearse con las mas diversas excusas. Me indigné: no puede ser, otro programa basura donde se denigra la ya de por sí astrosa imagen de la mujer. En ese momento el programa perdió su única espectadora (era horrible, no creo que lo viese nadie más).
- Desperada, llamé a un Viejo Amigo de la Infancia, (no se si lo recordáis aquel que en un momento de borrachera hace un par de años intentó que montásemos una empresa de alfarería) para que me diese unas clases prácticas, ya que en su casa eran muy manitas, y la imagen que tengo de el cuando era un tierno infante (bueno, realmente era un niño malvado y cicatero) era ayudando a su padre en diversas chapuzas. Entonces se desveló uno de los grandes secretos de mi infancia: “Verás Miércoles, no tengo ni idea de cómo se llaman las herramientas, mi padre nunca me enseñó, me decía: Micki alárgame la cosa esa triangular que está en el suelo, no esa no, la que está a tu derecha. Y cosas así, se que suena rudimentario, pero a nosotros nos funcionaba muy bien, aunque no lo creas, incrementa la comunicación padre-hijo”.-
Horrorizada ante tanta ignorancia oculta (ahora entiendo porque nunca nos dejaban acercarnos cuando estaban chapuceando sus cosas, debían tener un diálogo de besugos impresionante) y desesperada al no encontrar respuestas a mis preguntas (¿Qué es un alicate de pico de loro? ¡una solución quiero!) tuve un momento de rencor hacia mi querido y difunto bisabuelo Adams.
Y ahora diréis: ¿Qué tiene que ver lo burra que es la niña, con el viejo muerto? Todo tiene su explicación, y no es locura momentánea (ni permanente), se trata de lo siguiente: en mi más tierna infancia (y vaya turra estoy dando con mi infancia, para estar lejana la verdad es que la recuerdo muy próxima) vivía en una alegre casa de campo donde mi bisabuelo tenía un taller para el sólo lleno de herramientas varias. A mi me encantaba, a pesar de estarme totalmente prohibido entrar en el taller, y mega prohibido tocar nada en el. Yo pasaba del tema como de la mierda, y revolcaba a mi gusto todo. Habría sido una excelente ocasión para darme unas clases prácticas de lo que viene a ser el oficio de carpintero – herrero – tejedor – fontanero – albañil (mi bisabuelo era como los del Renacimiento, hacía de todo el tío) el hombre decidió no enseñarme ninguna de esas ciencias útiles para la vida, con la vil excusa de que “yo no lo iba a necesitar nunca”. La frase me caló hondo, lo interpreté como “eres mujer, ya encontrarás un marido que lo haga por ti” (craso error querido bisabuelo). Toda esta historia me vino a la memoria talmente como cuando en las películas la protagonista pierde la memoria, y al oler un bote de pepinillos en vinagre (por ejemplo) recuerda el nombre del asesino.
Fui injusta, muy injusta, con mi querido bisabuelo Adams, cuando le conté toda esta historia a la abuela Adams, tras decirme que estoy como una puta cabra, y que más me valía ponerme a estudiar en lugar de andar por ahí pensando en tontadas, aclaró la frasecita “El bisabuelo siempre pensó que no necesitarías aprender nada de eso porque serías médico o arquitecto, pobre hombre, nunca imaginó tener una nieta bibliotecaria temporal y opositora impenitente”.!.
Moraleja: no busques las causas de tu fracaso en los demás, sino en ti mismo. Y si todo falla ¡busca en google bricolaje!.
Veamos:
- Primero me despidieron (pero eso ya lo sabíais).
- Luego vagué en la desesperación.
- Después hice varios exámenes, todos ellos suspendidos por puro aburrimiento, aquello no había neurona que lo aguantase sin bostezar antes de iniciar una revolución neuronal, consistente en animarme a realizar tareas varias en lugar de estudiar: come algo, vete al baño, limpia la casa, o mejor aún: vístete y sal de paseo, ya verás que bien).
- Y entre una cosa y otra llegó el verano y yo seguía viendo transcurrir el tiempo, sin saber que hacer de mi vida, y con unas ganas locas de pegarle fuego a los apuntes en el descampado que tengo junto a casa. Pero entonces la policía me habría detenido por pirómana, y tampoco era plan acabar mis días como “bibliotecaria de prisión”, y me contuve. A duras penas, pero me contuve.
- Finalmente, encontré: DOS TRABAJOS A LA VEZ (viva el pluriempleo). De lunes a viernes digitalizando libros (me paso el día aguantando el sonido chirriante del escáner, es algo así como ñiennnnnnnnnk, ñiennnnnnnnnk, ñiennnnnnnnnk) y fines de semana cuidando la sala de la biblioteca universitaria (no os podéis imaginar la cantidad de gente que estudia los fines de semana). En este último curro me hice muy amiga de los chicos de seguridad, popularmente conocidos como “seguratas”. Ha sido muy bonito. Seis tiarrones de uniforme que se presentaron con un “si tienes algún problema, dínoslo, nosotros lo solucionamos”. Os juro, que desde que era una mocosa, y veía con mi abuelo los “Hombres de Harrelson” (o como se escriba) siempre desee que me pasase eso. O igual eran el “Equipo A”, a saber, una ya no tiene memoria para nada.
- Y por último, aunque no menos importante: me casé. Jajajajajaajajaja. Cuando os hayáis levantado del suelo, os cuento la fechoría, porque el verdadero post, empieza aquí:
Vaya por delante, que odio las bodas, eso no es ningún secreto lo sabe hasta la cajera del super de mi barrio. Pero al final empiezas a sumar, restar, multiplicar, y dividir, pros y contras del matrimonio frente a la rápida y cómoda pareja de hecho, y te decantas por lo tradicional, más seguro, dejando las innovaciones a otros. Pero con nuestro odio acérrimo (y aquí incluyo a mi flamante esposo) a todo tipo de BBC (bodas, bautizos y comuniones) intentamos organizar una boda lo menos parecida a ella misma, llamémosla para ahorrar tiempo una “no-boda”, sistema del que habíamos oído hablar, y por el que optaban parejas tan asociales como nosotros, pero no lo suficiente como para enfrentarse al odio familiar por no haber organizado siquiera un minibanquete a base de pipas y palomitas de maíz.
El primer paso para organizar nuestra no-boda, fue actuar con sumo sigilo, y no dar la noticia hasta justo 20 días antes del evento. Huelga decir, que todo fue como la seda hasta que soltamos el bombazo, entonces fue la debacle: 19 días de horror, terror, pavor, ideas de separación, planes de huída hacia lugares perdidos del mundo donde viviríamos bajo una identidad falsa dedicándonos a la cría de gallinas ponedoras, ataques de histeria solitarios y colectivos…
Los grandes problemas existenciales humanos (¿Quiénes somos? ¿a dónde vamos? ¿de dónde venimos? ¿Qué hago de comer mañana?) pasaron a un segundo plano frente a: ¿vas ha ir vestida de novia? ¿Por qué no vas a llevar ramo? ¿estás embarazada? ¿a que mierda de sitio nos vais a llevar a comer?. No podéis imaginar lo difícil que es organizar una no-boda, todo el mundo pone pegas y malas caras.
Al parecer, el único sistema viable para contraer matrimonio es: anunciar con un año de antelación que te casas, invitar a un mínimo de 150 personas, comprar el vestido más caro de tu pueblo, imprimir y repartir uno a uno las invitaciones de boda, y por último, pero no menos importante: pillar el ramo más colorido que exista, para lanzárselo a la cara a tus amigas solteras (plaffff, tu eres la futura afortunada).
Cambiando de tema, recordáis la canción de “El Canto del Loco” …besos, todo lo que quiero es que me despierten a besos, o como sea la letra. Pues si a Dani Martín le hace ilusión que le den besos, lo tiene fácil: ¡que se case!. En cuanto se corrió la voz de mi matrimonio, todo el mundo me daba besos. Iba por la calle, y me besaban hasta los barrenderos. Enhorabuena, guapa. Muchas gracias. Muack, muack. Que sea para bien. Muchas gracias. Muack, muack. Besos, y más besos, y venga besos… lo del “efecto axe” a mi lado, una tontería como la copa de un pino.
Tras la boda el efecto continúa, ayer tocaba oposición. Normalmente la gente al verme se aparta talmente como si se aproximase un leproso o una banda de flagelantes medievales, algunos me miran mal, otros parecen contener las ganas de agredirme. Sin embargo ayer… ME DABAN BESOS. Horrible. Yo sólo quería llegar al baño para hacer un pis gigante antes del examen, y no podía, cada dos pasos alguien me besaba con lágrimas en los ojos deseándome lo mejor de lo mejor. ¡Una explicación quiero!
boda besos
Como las navidades han sido un periodo de aburrimiento, y en el INEM no me ha ocurrido nada digno de reseñar (sí, aún no le he prendido fuego a dicha institución) voy a publicar un post que escribí el día que me despidieron, pero por causas ajenas a mi voluntad ha estado inédito hasta ahora.
Tras esta nota aclaratoria: El POST DEL PASADO EMPIEZA AQUÍ (y aunque pueda parecer lo contrario NO ES UN RELATO ERÓTICO).
Esta mañana he fichado con 15 minutos de retraso pero me ha dado igual por dos motivos:
El primero: hoy a las 15:00 horas se acaba mi contrato y vuelvo a caer en las garras del INEM.
El segundo: mi jefa ha llegado justo 10 minutos después y me ha pillado toda atareada cotilleando con la chica de la limpieza sobre mi incierto futuro laboral y lo chulos que son mis vaqueros nuevos. Parece una bobada, pero si te despiden anima mogollón que alguien se fije en tus vaqueros.
Para rematar he tenido trabajo a dolor, normal, todos los alumnos han decidido ejercer su derecho al préstamo navideño el último día de clase para acto seguido salir corriendo con sus maletas directos a la estación de autobuses. Mañana en el campus no habrá ni el tato. Suerte que a media mañana llegaron mis dos becarios y así pude realizar un reparto equitativo de tareas: tu colocas libros, tu los prestas, y yo me voy a tomar café, sed buenos.
El primero en llegar fue El Becario, venía el pobre un tanto alicaído, tristón, ojeroso, carita de haber perdido su cachorro o ser abandonado por su mejor amigo y su novia (un momento, esto último es imposible: el pobre no tiene novia). Supuse que la pena por mi despido le embargaba y decidí animarle regalándole el caramelo que me habían dado con el café, por si el azúcar le hacía ver la vida llena de luz y de color, en lugar de eso, mi gesto le hizo estallar en sollozos, y como los alumnos empezaban a mirarme en plan: “cochina explotadora, le obligas a trabajar hasta la pura lágrima” no tuve más remedio que sustituirle en las labores de préstamo y animarle a relatar la causa de sus penas con cariñosas palabras.
- Yo: chato deja de llorar que espantas a la clientela, y dime de una puñetera vez que c… te pasa antes de que te vea la jefa y piense que te he pegado o algo peor.
-El Becario: es horrible, soy el hombre más desafortunado del mundo
-Yo: te equivocas el hombre más desafortunado del mundo es este chico que tengo aquí delante.
-Chico: ¿yo? Yo soy muy feliz.
-Yo: tú quieres sacar este manual para estudiar en navidad ¿verdad?
- Chico: si claro, tengo un examen a mediados de enero super difícil y ….
-Yo: vale, pues no puedes, estás sancionado por 15 días
- Chico: ajjjjjjjjjjjjjjjjj, eso es imposible…
- ;Yo: el ordenador no miente, tu último libro lo devolviste con un retraso considerable, y ahora te sanciona. Lo siento mucho. Feliz navidad. Siguienteeee
- El Becario: eso es una minucia. Mi desgracia es mucho mayor.
- Yo: pues cuenta cuenta… tulibromedespidenfeliznavidad
- El Becario: ¿es necesario que digas eso a todos los que vengan hoy a sacar libros?
- Yo: no, pero me divierte.
- El Becario: ¿puedo decirlo yo también?
- Yo: claro, si eso te hace feliz y dejas de llorar…
- El Becario: vale. Tulibronomedespidenfeliznavidad. Ahora te voy a contar mi desgracia.
- Yo: ya va siendo hora. Tulibromedespidenfeliznavidad.
- El Becario: ayer acudí como cada tarde a entrenar con mi equipo de fútbol… ¿te he dicho que somos favoritos para ganar la liga universitaria?
- Yo: varias veces, pero teniendo en cuenta el nivel deportivo del resto no puede decirse que sea una gran victoria. Tulibromedespidenfeliznavidad.
- El Becario: una victoria es siempre una victoria.
- Yo: no es por nada, pero ¿tu desgracia tiene algo que ver con vuestra futura victoria? Si es así no me la cuentes, las historias de fútbol me aburren.
- El Becario: mira que eres mala. Tulibronomedespidenfeliznavidad. Yo aquí sufriendo como un perro y tú de cachondeo.
- Yo: Tulibromedespidenfeliznavidad. Normal, le das tantas vueltas al tema que haces que pierda interés, suéltalo de una vez o calla para siempre.
- El Becario: vale, lo cuento, pero no me interrumpas. Ayer en el entrenamiento de fútbol recibí un balonazo en la entrepierna.
- Otro chico: ayyyyyyyyyyyyyyyyyy, ¿que daño no?
- Yo: ¿y a ti quien te ha dado vela en este entierro? ¿vienes a sacar libros o a cotillear?
- Otro chico: yo a sacar… pero …
- Yo: pero nada. Tulibromedespidenfeliznavidad. ¿Y te duele?
- El Becario: entonces mucho, ahora menos, el problema es (y esto lo dijo en susurros) que no me la encuentro.
- Yo: ¡que me dices!
- El Becario: como cuando sucedió todo hacía tanto frío, entre el golpe y el frío… pues eso… no me la encuentro.
Llegados a este punto de la conversación yo ya no tenía muy claro que hacer ni que decir, limitándome a poner cara de horror mientras seguía dando libros (Tulibromedespidenfeliznavidad), pero aquella confesión había empujado al Becario al más profundo desvarío: estoy desesperado, no se que voy hacer, todo el mundo me dice que los efectos son pasajeros, pero ¿y si mienten por pena? ¿y si me quedo así toda la vida? Menos mal que no tengo novia, si la tuviese no podría cumplir con ella y me dejaría, y eso sería aún peor: impotente y sin novia en la vida. ¿y si hoy conozco una chica y no puedo consumar? Perdería una oportunidad de oro para dejar de ser virgen, estoy acabado…
Yo: ¡¡¡ basta!!! ¡¡¡No lo aguanto más!!! ¡¡¡Cállate!!! – vocear a la gente cuando se encuentra depre no es bueno, y la cara de mi pobre becario era la prueba de ello, intenté arreglar la situación sacando mi vena maternal (y trabajo me costó encontrarla) – No te preocupes, los efectos durarán poco tiempo, y luego la tendrás igual que antes, puede que incluso mejor. Y si tuvieses una novia, sería una chica cariñosa y comprensiva que no te dejaría por una minucia así…
El Becario: ¿y guapa? ¿sería guapa?
Yo: guapísima.
El Becario: ya me siento mejor. ¡Gracias Miércoles!
Yo: nada, ¿quieres un caramelo guapín?
El Becario: bueno, gracias.
Una vez alcanzada la solución de la crisis seguimos trabajando sin más altibajos (Tulibromedespidenfeliznavidad) hasta que llegó La Becaria y aproveché para ir a y tomarme unas copichuelas de champán con los colegas en el cotroso bar que la delegación del viaje fin de curso había montado en la facultad con escasas medidas higiénicas pero mucha ilusión.
Cuando volví a la biblioteca La Becaria me preguntó de forma confidencial: “¿Qué le pasa a El Becario? Cada 10 minutos se va al baño ¿tiene cistitis?” “No, va a ver si se la encuentra” “¡Hombres!”
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Semejante panorama habría desquiciado a cualquiera, pero os recuerdo que los fraguell no se desesperan nunca, cuando las cosas van mal miran al cielo (o a una piedra, o a una mosca, o una vaca… o un bocadillo de chorizo, el caso es que miran algo) y piensan que todo puede cambiar en cualquier momento.
Una tarde lluviosa y fría La Fraguell se hallaba en el solitario Santuario Mariano mirando fijamente un banco mientras recitaba “las cosas pueden cambiar, las cosas pueden cambiar, las cosas pueden cambiar…” cuando la alegre cancioncilla de su móvil le dio un susto de muerte.
- No es posible, si llevo todo el verano sin cobertura. ¿Me llamará mi buena amiga Miércoles para animarme en estos momentos al borde de la pena? Vaya, es un número privado, alguna teleoperadora va a intentar venderme algo, contestaré, así oiré una voz humana. ¿Si?
Una voz masculina con acento oficial emergió del hasta entonces silencioso móvil:
- ¿Señorita Fraguell? Buenas tardes, le llamo de Correos de España, ha sido usted seleccionada para integrarse en nuestra organización, los 4355 cuya solicitud estaba antes que la suya, han declinado la llamada. Que responde ¿quiere o no quiere?
El corazón de la Fraguell se aceleró, el día dejó de parecer triste y lluvioso, la soledad ya no existía, el frío desapareció y todo se volvió color verde esperanza.
- ¡¡¡SI QUIERO!!! Gritó La Fraguell con tanta potencia que hasta los murciélagos del techo se despertaron.
- Así me gusta, con energía. En la Agencia necesitamos gente como usted, capaz de llevar a término cualquier misión.
- ¿Me van a dar carro o moto?
- Carro, que las moto las carga el diablo
-¿Y gorra, me van a dar una gorra? La emoción de mi amiga era ya arrolladora.
- Gorra no, pero si un precioso anorak
- Bueno, me conformo, ¿y donde me destinan? ¿a algún pueblecito perdido en las montañas?
- Lo siento, las plazas de cartero rural ya están cubiertas. Se la destina a nuestra Central, donde será entrenada en nuestro noble oficio.
- ¿La Central está en Madrid?
- ¿Tiene algún problema con las ciudades grandes, el tráfico, la contaminación, el olor del metro, o con cortilandia?
- ¡¡¡NO SEÑOR!!!
- Pues dentro de tres días preséntese en la Central para firmar el contrato. Y recuerde que a partir de ahora: SIEMPRE LLAMARÁ DOS VECES.
Esta es la verdadera historia de cómo La Fraguell cerró el Santuario Mariano, dijo adiós a las vacas, cargó su maleta de ruedas y viajó a la gran ciudad. Si una carta se pierde, no dudes en llamarla, quizás pueda ayudarte.
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cambio de vida