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Cosas de una chica de treinta
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Los fraguell y el teatro
Tras finalizar mi alegre exilio en Madrid (lo siento por los que les gusta imaginar que lo pase putas por la Capital, porque lo mío fue una juerga continua, y si no que se lo pregunten a la Señorita Cibeles, que me saludaba los sábados noche cuando pillaba el búho para retornar al hogar) he iniciado un proceso de renovación de alianzas. Algo similar a lo que en RRHH llaman “agenda de contactos”, pero con antiguas colegas que se quedaron en el terruño a explotar lo que los exiliados les dejamos (más bien poco, para que nos vamos a engañar).

La última firma de renovación ha sido con La Fraguell, a la que encontré tal y como la dejé: recorriendo la ciudad con su bici, en busca de una experiencia laboral, o simplemente de una experiencia. A los que se pregunten porque soy amiga de una Fraguell, les diré que en primer lugar la chica es encantadora, y segundo, no te puedes imaginar la cantidad de ventajas que ello proporciona. Porque no hay evento gratuito que se escape a su vista, y se conoce de cabo a rabo todas las formas para no pagar tasas en los exámenes de la administración. Esta semana sin ir más lejos, gracias a un soplo suyo me he ahorrado las tasas de una bolsa de trabajo para la Diputación. Los muy ladinos habían omitido de la convocatoria que si eras parado no tenias que soltar la pasta, pero allí estaba La Fraguell, imparable ella, todo por la pasta, mirando al funcionario de información, con esos ojos de Fraguell que dios le dio, realizando la pregunta que nadie en esta ciudad se había atrevido hacer: ¿Si estás parado también pagas?.

Creo que las únicas que no caímos en la estafa fuimos ella y yo, porque cuando solté en la fila para entregar los papeles en registro, con cara de bondad infinita: “Si estás parado no hace falta pagar”, un “Ostia, Mierda” recorrió la sala como el rumor del mar, y se expandió hacia el interior de la oficina de registro, asustando al “registrador” que asomó su rostro asustado a la puerta: “Cielos, una rebelión. “¡Y yo sin desayunar!”, pensó el registrador, y rápidamente puso remedio a la situación: se fue a tomar su cafetito con churros, no quiera el demonio pillarle en ayunas.

Como estábamos tan contentas por habernos ahorrado las tasas, el sábado, nos fuimos al teatro (gratuito) que la Universidad ha tenido a bien organizar para celebrar creo que el XXV aniversario de su fundación. Magno evento que proporciona alegrías sin fin a los ciudadanos y a los miembros de la comunidad universitaria, y claro, a la Fraguell y una servidora. Llegué tarde, menos mal que La Fraguell había quedado encargada de coger ella las entradas, porque el aforo ya estaba completo y nos habría tocado ver la obra desde la calle, y con el frío que hacía, encima de no enterarnos de nada, se nos hubiesen congelado los pies (que daño).

La obra me gustó, aunque claro, como era teatro experimental, y una siempre ha carecido de sensibilidad artística (y si no que se lo pregunten a mi profesor de música de la EGB, que prometió aprobarme flauta si le prometía no tocar dicho instrumento en clase, ni fuera de ella, ni me aproximaba a una en lo que me restase de vida. Prometí y saqué notable) pues la verdad, hubo partes de la obra que me resultaron oscuras (y no sólo porque el escenario permaneció en penumbra toda la hora), pero me hicieron pensar (algo positivo según mi profesor de música, y digo yo, que perra he pillado hoy con este hombre, con lo mal que me caía), y piense que te piense, en el trayecto desde el teatro al bar más próximo, en compañía de la comunidad de “amigas opositoras a magisterio de La Fraguell” (esta ciudad está llena de comunidades, parece Internet), elaboré mi teoría (totalmente errónea, seguro) sobre la obra. Nos tomamos unas cañas para remojar las neuronas, y la más original hizo la pregunta de rigor: ¿La habéis entendido?, sólo se me ocurre soltar lo siguiente: “Creo que es una metáfora sobre las relaciones de pareja, y el asesinato ritual de el a manos de ella simboliza el fin del amor y la desilusión final”. Silencio absoluto y cuatro pares de ojos observándome como si fuese un bicho raro. Deben ser las pastillas para el dolor de espalda, no deben mezclarse con cerveza.
 
Indignada a mi pesar

Ayer salí indignada del INEM. ¡Pues menuda novedad!, dirán algunos. Pues no, que conste, que tras un arduo tratamiento para la superación de mis fobias más profundas, había conseguido no salir indignada del INEM, horrorizada, alucinada, espantada sí, eso siempre.


Siguiendo mi costumbre de visitar una vez por semana el INEM, a contemplar el corcho que tienen a la entrada, donde tienen por costumbre colgar papelajos diversos, clasificados bajo dos epígrafes: “OFERTAS” y “CURSOS”. La técnica utilizada por los parados para el acercamiento al cutre corcho (más contemplado, que no admirado, que “Las Meninas”), es aproximarse con cara de expectación a la zona izquierda (“OFERTAS”) desde donde paulatinamente se desplazan hacia la derecha (“CURSOS”) mientras su expresión cambia a resignación, antes de salir corriendo por la puerta como alma que lleva el diablo.


Siguiendo fielmente la táctica, empecé por “OFERTAS” (expectación) y pasé a “CURSOS” (resignación), y leo “CURSO DE PROMOCIÓN SOCIAL PARA MUJERES” entre uno de informática básica y otro de instalador de gas. Atención a los módulos:


Economía doméstica
Cocina
Costura
Planchado
Manualidades

Primero pensé que era una broma, luego me fijé en la Institución que impartía el curso: “CÁRITAS DIOCESANA”.


Lo dicho: indignada.
 
Troya: ¿Por qué me gustan los hombres en minifalda?
Anoche nos repanchingamos cómodamente en el sofá con un par de cuencos con palomitas y nos tragamos de arriba abajo “Troya”. Ya se que este post va a resultar un poco desfasado, porque la peli hace meses que se estrenó en el cine, pero con nuestra política de ahorro para poder vivir sin que el banco nos quite la casa, cada vez vamos menos al cine y más al videoclub. La última película que vimos en el cine fue “El Bosque” de la que sólo haré un comentario políticamente correcto: “caca”. Y no digo más, porque esa película (por llamarla de alguna manera) no se merece ni una línea, y ya le dedico varias.

La anterior película que vimos en el cine fue “Arturo”, de la que si pienso hacer un comentario políticamente incorrecto: ¡que bueno está Clive Owen!. Con eso queda dicho todo sobre la peliculita de marras. Paso ahora a “Troya”, antes de que esto se convierta en un ensayo sobre “cachitas en minifalda” en el cine de ayer y hoy, porque soy capaz de lanzarme con “Gladiator" y acabar emocionada con “Esapartaco” y “La Caída del Imperio Romano”, y eso no puede ser, porque tendría que cambiarle el título al post y no tengo ganas de currar extra.



Lo mejor para ver cine histórico, es no tener ni puñetera idea de historia, y lo mejor para ver la adaptación de una obra literaria es no haberla leído antes. Así sales del cine más contento que unas pascuas (o no, porque mi churri, mis abuelos y yo aún tenemos pesadillas con “Blueberry” de tan infausta memoria que ni siquiera linkeo) sin darle vueltas al tema: “eso no fue asín, no fue asín”. Pero claro, cuando estás tirado en el sofá de tu casa, con el mando del DVD en una mano, el cuenco de palomitas en la otra, la Ilíada en la estantería, y dos títulos de licenciado en historia en el armario (el mío y el del churri), sientes que te están estafando.



En honor a la verdad, “Historia Antigua” no fue precisamente la mejor asignatura que me impartieron en la carrera. Baste decir que mi profe era muy peculiar (léase un perfecto imbécil) y sus clases desestructuradas e infantiles (parece mentira que le pagasen y aun le paguen por ello). Después de un año asistiendo a sus clases (bueno, a las de las 8 de la mañana no), mis conocimientos sobre Grecia eran:
- Los griegos eran de origen negroide.
- Su alimentación se basaba exclusivamente en las aceitunas, especialmente en Esparta, donde eran tan frugales, que sólo comían 3 al día.
- Las armas eran muy caras, por eso cuando lanzaban flechas o lanzas, corrían detrás de ellas para recuperarlas.

Muy triste, pero verídico. Estas tres teorías nos dicen lo siguiente sobre el rollo “Troya”:
- Brad Pitt /Aquiles, no da el tipo de griego clásico, ¡pero por favor!, que no lo quiten de la película, su introducción en la complejidad del héroe es magnífica, especialmente cuando duerme sin pijama.
- Las aceitunas son el secreto de la habilidad de Aquiles, aunque la historia y la Ilíada no lo cuentan, él era el único griego que las comía rellenas con anchoas, el aporte proteínico de las anchoas permitió que su cerebro se desarrollase más que el del resto de sus contemporáneos, de ahí su destreza con las armas. No le contó su secreto a nadie, ni siquiera a su querido Patroclo (“el niño del collar de conchas” en la película).
- Lo de las armas indica claramente la existencia dentro del ejército griego de una unidad militar encargada de recoger flechas y lanzas, algo similar a las actuales recogepelotas del master de tenis de Madrid (similar en la falda, claro).

Lo dicho, la película no está mal si la ves libre de ideas preconcebidas, de lo contrario lo mejor es reunir en el salón de tu casa a unos colegas para visionar y chotearse un rato, porque si el pobre Homero levantase la cabeza, se comía el arpa.

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Mi churri alabó la recreación del vestuario de ellos, principalmente los cascos griegos, que son clavaditos a los que se encuentran de vez en cuando en la Ría de Huelva y luego se usan para recoger polvo en los museos. El de ellas no le terminó de gustar, por poco fiel a la historia: la moda del momento era ir con las tetas al aire, lo juro.



A mi me gustó mucho mucho la ropa de cama de Aquiles, pero eché de menos que se omitiese “el juramento de los reyes sobre el caballo descuartizado”, ver a Casandra profetizando mientras todos la ignoran, y a Pentesilea y sus chicas dándoles ostias a los griegos. A aquellos que sientan interés por saber de que hablo, recomiendo la lectura de Homero, y de las dos novelas sobre el tema que más nos han gustado a mi abuela y a mí (dos criticas literarias super sólidas, no se vayan a creer)



“La Antorcha” de Marion Zimmer Bradley
“La Canción de Troya” de Colleen Mccullough


 

Con la nostalgia a cuestas

Sigo dándole vueltas a mi pasado, y en éste proceso me he encontrado con esta web que me ha ayudado mucho. La pongo aquí para delicia de todos aquellos ex lectores juveniles, seguro que a más de uno le saca una sonrisa

Alfred HitchcocK y Los Tres Investigadores