Miércoles Adams y la Fraguell en busca del empleo digno II
Era un lluvioso y frío día invernal, era día de examen, era un día de condiciones climáticas tan adversas que podría haber hecho bueno el famoso refrán “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío de carajo, cuando vuela a trompicones, hace un frío de cojones”, y digo podría porque ante la lluvia y el viento, el grajo había optado por quedarse cómodamente en su casa viendo el Tomate arropado con una mantita, más contento que unas pascuas. Nosotras, menos sabias que el grajo, cogimos un paraguas, suspiramos, y decidimos sacrificarnos por un utópico futuro mejor.
Lo malo de estos exámenes de la Junta, es que incomprensiblemente, los realizan en un Instituto de Enseñanza Secundaria a las afueras de la ciudad, vamos, que se acaba la civilización, hay una especie de descampado disfrazado de parque (sin árboles y bancos) y en el centro de la nada, próximo al río, se levanta una construcción cúbica, con lisas paredes de cristal, conocida popularmente como “la cárcel”, hasta donde no llega el autobús, ni ningún otro medio de transporte público (bueno, aquí no hay otro, realmente) donde pretenden formar a las futuras generaciones.
Ante el clima asquerosito, y dado que el sistema de transporte de la Fraguell y de una servidora era el “coche de San Fernando” (la bici de la Fraguell no era muy recomendable, ese día, porque no tiene capota ni nada), mi churri, que es buena persona y suele sentir compasión por los seres desvalidos del planeta, decidió llevarnos hasta allí y salir pitando a currar. Total, el examen era a las 4,30 de la tarde y nosotras llegamos a las 3,45, para que este pobre pudiese ir a ganarse las lentejas y la hipoteca del mes.
Saltamos del coche, esquivamos los charcos, y echamos a correr hacia la fachada de cristal del Instituto, hacia la promesa de un radiador en la entrada, calorcillo alegre antes del examen. Desde el interior, la conserje nos vio correr, se levantó de su silla y se acercó a la puerta con unas llaves: “Que maja, nos ha visto llegar y va abrir la puerta” pensamos ingenuamente. LA CERRÓ.
Incomprensible pero cierto. Y ahí quedamos, pegadas contra la cristalera, como las moscas al final del verano buscando el calor de las casas. Sin un mal tejadillo que nos protegiese de la lluvia ¿Por qué los arquitectos ya no construyen edificios con tejadillos, soportales, o como quieran llamarlos? ¿No se dan cuenta de que son muy útiles a la sociedad? ¿Acaso no recuerdan como sus antecesores medievales incluían esos elementos como lugares de reunión de la comunidad? ¿O es que ya no interesa que la comunidad pueda reunirse bajo los soportales a resguardo de la lluvia 45 minutos antes de un examen?.
Pronto fuimos más, en su mayoría mujeres, pruebas vivientes de la alta tasa de paro femenino, a las que alguien llevaba hasta allí en coche y se largaba volando a currar. ¡Que gran foto!, un centenar de mujeres buscando un trabajo digno, empapadas y heladas por designio de otra que tiene la suerte de llevar un sueldo a su casa. Y una vez más me pregunto ¿Por qué? ¿Qué es lo que empuja a esta persona a mirar cómodamente desde su silla al lado del radiador el efecto spontex de nuestras ropas? ¿Está acaso calculando, cuanto tiempo tardará la humedad en traspasarnos hasta los huesos? ¿Nos odia? Y en es caso ¿Por qué nos odia?. Niega con la cabeza cuando le pedimos que nos abra la puerta, hosca, indiferente a todo.
Dos mujeres cruzan nuestro grupo, llevan trajes chaqueta y unas bolsas enormes con el escudo de la Junta, huelen a examinadoras a kilómetros. Aporrean la puerta, piden que se abra, nueva negativa, esto ya pasa todos los límites, nadie entiende nada. La conserje señala el reloj, aun no es la hora, parece decir. ¿La hora para que?. Un hombre sin paraguas cruza la lluvia, golpea la puerta demandando su apertura. Indiferencia al otro lado, la mujer le mira, enseña las llaves, las deja encima del mostrador, coge su bolso y se va.
El agua me ha llegado al culo, si tardan 5 minutos más en abrir la puerta me voy a mi casa y paso de examen. Aparece una mujer en el interior, viene corriendo y sonríe, coge las llaves y abre la puerta. El hombre que aporreaba la puerta minutos antes resulta ser otro examinador, está indignado, dice que a la gente no se le puede tratar así, o es una buena persona o tiene miedo de que nos sublevemos y pasemos a los examinadores por la guillotina. La mujer pone cara de extrañeza: “No se de que me está hablando, yo acabo de iniciar mi turno”.
Ahora entiendo cual era la hora.
Lo malo de estos exámenes de la Junta, es que incomprensiblemente, los realizan en un Instituto de Enseñanza Secundaria a las afueras de la ciudad, vamos, que se acaba la civilización, hay una especie de descampado disfrazado de parque (sin árboles y bancos) y en el centro de la nada, próximo al río, se levanta una construcción cúbica, con lisas paredes de cristal, conocida popularmente como “la cárcel”, hasta donde no llega el autobús, ni ningún otro medio de transporte público (bueno, aquí no hay otro, realmente) donde pretenden formar a las futuras generaciones.
Ante el clima asquerosito, y dado que el sistema de transporte de la Fraguell y de una servidora era el “coche de San Fernando” (la bici de la Fraguell no era muy recomendable, ese día, porque no tiene capota ni nada), mi churri, que es buena persona y suele sentir compasión por los seres desvalidos del planeta, decidió llevarnos hasta allí y salir pitando a currar. Total, el examen era a las 4,30 de la tarde y nosotras llegamos a las 3,45, para que este pobre pudiese ir a ganarse las lentejas y la hipoteca del mes.
Saltamos del coche, esquivamos los charcos, y echamos a correr hacia la fachada de cristal del Instituto, hacia la promesa de un radiador en la entrada, calorcillo alegre antes del examen. Desde el interior, la conserje nos vio correr, se levantó de su silla y se acercó a la puerta con unas llaves: “Que maja, nos ha visto llegar y va abrir la puerta” pensamos ingenuamente. LA CERRÓ.
Incomprensible pero cierto. Y ahí quedamos, pegadas contra la cristalera, como las moscas al final del verano buscando el calor de las casas. Sin un mal tejadillo que nos protegiese de la lluvia ¿Por qué los arquitectos ya no construyen edificios con tejadillos, soportales, o como quieran llamarlos? ¿No se dan cuenta de que son muy útiles a la sociedad? ¿Acaso no recuerdan como sus antecesores medievales incluían esos elementos como lugares de reunión de la comunidad? ¿O es que ya no interesa que la comunidad pueda reunirse bajo los soportales a resguardo de la lluvia 45 minutos antes de un examen?.
Pronto fuimos más, en su mayoría mujeres, pruebas vivientes de la alta tasa de paro femenino, a las que alguien llevaba hasta allí en coche y se largaba volando a currar. ¡Que gran foto!, un centenar de mujeres buscando un trabajo digno, empapadas y heladas por designio de otra que tiene la suerte de llevar un sueldo a su casa. Y una vez más me pregunto ¿Por qué? ¿Qué es lo que empuja a esta persona a mirar cómodamente desde su silla al lado del radiador el efecto spontex de nuestras ropas? ¿Está acaso calculando, cuanto tiempo tardará la humedad en traspasarnos hasta los huesos? ¿Nos odia? Y en es caso ¿Por qué nos odia?. Niega con la cabeza cuando le pedimos que nos abra la puerta, hosca, indiferente a todo.
Dos mujeres cruzan nuestro grupo, llevan trajes chaqueta y unas bolsas enormes con el escudo de la Junta, huelen a examinadoras a kilómetros. Aporrean la puerta, piden que se abra, nueva negativa, esto ya pasa todos los límites, nadie entiende nada. La conserje señala el reloj, aun no es la hora, parece decir. ¿La hora para que?. Un hombre sin paraguas cruza la lluvia, golpea la puerta demandando su apertura. Indiferencia al otro lado, la mujer le mira, enseña las llaves, las deja encima del mostrador, coge su bolso y se va.
El agua me ha llegado al culo, si tardan 5 minutos más en abrir la puerta me voy a mi casa y paso de examen. Aparece una mujer en el interior, viene corriendo y sonríe, coge las llaves y abre la puerta. El hombre que aporreaba la puerta minutos antes resulta ser otro examinador, está indignado, dice que a la gente no se le puede tratar así, o es una buena persona o tiene miedo de que nos sublevemos y pasemos a los examinadores por la guillotina. La mujer pone cara de extrañeza: “No se de que me está hablando, yo acabo de iniciar mi turno”.
Ahora entiendo cual era la hora.
Miércoles Adams y la Fraguell en busca del empleo digno I
El caso es que tantos paseos al INEM, para salir de allí indignada, ofendida, deprimida, asqueada (mi oficina no tiene muy buena ventilación, y tufa a humanidad que da gusto) y más adjetivos que omito porque entonces no necesitaría un blog, sino una enciclopedia entera, me llevaron a un estado de abatimiento profundo del cual sólo se veía una salida: ¿El suicidio?, ¡noooooo, que mancha!. Algo más terrible y escalofriante: PREPARAR OPOSICIONES.
Joer, sólo con escribir la frase se me han puesto los pelos como escarpias.
Narrar el proceso de preparación de un temario debe hacerse a la luz de una hoguera de campamento, porque eso sí que da miedo, no las paridas sobre psicópatas que acechan a parejas entre las sombras y brujas que vuelven del más allá para devorarte el hígado. ¡Ja!, a mí me van a dar miedo esos perdedores, ¡yo que me he preparado el temario enterito para Técnico de bibliotecas! ¡Venid de uno en uno, monstruitos, que os explico la evolución del Formato Marc y sus ramificaciones!.
Todo el mundo sabe (y si no lo sabe alguien, ponga atención, porque voy a revelar una de las verdades de la vida) que una vez preparado el puto temario, hay que sacarle rendimiento al dolor de cabeza y cervicales que se te queda. Lo habitual es presentarte a todos los exámenes que haya en las proximidades de tu residencia (o no tan próximos) que tengan algo que ver con tu temario. Con este sistema maravilloso se consiguen una serie de objetivos:
1. Conoces mundo, da igual que vayas al otro extremo de la Península, a Canarias, o al pueblecito al lado del tuyo al que nunca habías ido por circunstancias de la vida.
2. Conoces gente: sí, el país está lleno de personas maravillosas destrozando su vida por culpa de las opos.
3. Te fogueas bien fogueada para cuando llegue tu gran momento: el examen para esa plaza que te vendría tan bien por estar al lado de tu casa y tener un sueldo con el que podrías dejar de comprarte la ropa en las oportunidades del corteinglés.
4. Conseguir una interinidad o quedar en una bolsa: el ideal es la primera opción, la segunda es como un plan de pensiones, ¿quien sabe si dentro de tres años 250 personas han rechazado una maravillosa sustitución y te llaman a ti justo en el momento que vas a iniciar tu Luna de Miel?
También hay opositores que con este sistema acaban optando a una plaza en un bonito y alegre psiquiátrico, donde les darán pastillitas de colores y les enseñarán ha hacer manualidades con tijeras sin filo y sin punta, pero no vamos a ponernos en lo peor de lo peor, y nos quedaremos con cualquiera de las otras opciones, que son más simpáticas.
Siguiendo el sistema de examinarte por examinarte, la semana pasada me presenté a una plaza en sustitución de Auxiliar Administrativo para la Junta de CyL. Si, habéis leído bien, A. Administrativo, y ni me he vuelto loca, ni mi temario tiene nada que ver con este examen, pero La Fraguell me pasó un esquema resumen de lo que se supone te pueden preguntar para ser A. A. y yo le pasé otro sobre Bibliotecas, y como no tenía nada que hacer esa tarde y a la salida nos íbamos a tomar unas cañas, pues me apunté al tema, ya que aparentemente arriesgábamos poco (no había que pagar derechos de examen) y podíamos ganar mucho.
Por desgracia en esta vida nada sale como lo planeas, y si se te cae la tostada, siempre será por el lado de la mantequilla, encima de los pantalones nuevos super caros que estrenas ese día y cuando más justa de tiempo vas.
Joer, sólo con escribir la frase se me han puesto los pelos como escarpias.
Narrar el proceso de preparación de un temario debe hacerse a la luz de una hoguera de campamento, porque eso sí que da miedo, no las paridas sobre psicópatas que acechan a parejas entre las sombras y brujas que vuelven del más allá para devorarte el hígado. ¡Ja!, a mí me van a dar miedo esos perdedores, ¡yo que me he preparado el temario enterito para Técnico de bibliotecas! ¡Venid de uno en uno, monstruitos, que os explico la evolución del Formato Marc y sus ramificaciones!.
Todo el mundo sabe (y si no lo sabe alguien, ponga atención, porque voy a revelar una de las verdades de la vida) que una vez preparado el puto temario, hay que sacarle rendimiento al dolor de cabeza y cervicales que se te queda. Lo habitual es presentarte a todos los exámenes que haya en las proximidades de tu residencia (o no tan próximos) que tengan algo que ver con tu temario. Con este sistema maravilloso se consiguen una serie de objetivos:
1. Conoces mundo, da igual que vayas al otro extremo de la Península, a Canarias, o al pueblecito al lado del tuyo al que nunca habías ido por circunstancias de la vida.
2. Conoces gente: sí, el país está lleno de personas maravillosas destrozando su vida por culpa de las opos.
3. Te fogueas bien fogueada para cuando llegue tu gran momento: el examen para esa plaza que te vendría tan bien por estar al lado de tu casa y tener un sueldo con el que podrías dejar de comprarte la ropa en las oportunidades del corteinglés.
4. Conseguir una interinidad o quedar en una bolsa: el ideal es la primera opción, la segunda es como un plan de pensiones, ¿quien sabe si dentro de tres años 250 personas han rechazado una maravillosa sustitución y te llaman a ti justo en el momento que vas a iniciar tu Luna de Miel?
También hay opositores que con este sistema acaban optando a una plaza en un bonito y alegre psiquiátrico, donde les darán pastillitas de colores y les enseñarán ha hacer manualidades con tijeras sin filo y sin punta, pero no vamos a ponernos en lo peor de lo peor, y nos quedaremos con cualquiera de las otras opciones, que son más simpáticas.
Siguiendo el sistema de examinarte por examinarte, la semana pasada me presenté a una plaza en sustitución de Auxiliar Administrativo para la Junta de CyL. Si, habéis leído bien, A. Administrativo, y ni me he vuelto loca, ni mi temario tiene nada que ver con este examen, pero La Fraguell me pasó un esquema resumen de lo que se supone te pueden preguntar para ser A. A. y yo le pasé otro sobre Bibliotecas, y como no tenía nada que hacer esa tarde y a la salida nos íbamos a tomar unas cañas, pues me apunté al tema, ya que aparentemente arriesgábamos poco (no había que pagar derechos de examen) y podíamos ganar mucho.
Por desgracia en esta vida nada sale como lo planeas, y si se te cae la tostada, siempre será por el lado de la mantequilla, encima de los pantalones nuevos super caros que estrenas ese día y cuando más justa de tiempo vas.





