La Marilí busca nuevos objetivos
Cuando la Marilí se abalanzó sobre nosotros agitando su bolso de osos deseé con todas mis fuerzas que se produjese una abducción, me daba igual que la sufriese ella o yo, pero una de las dos debía desaparecer de allí para deshacer una situación que se anunciaba ridícula, por desgracia las abducciones nunca se producen a media tarde en calles transitadas, para ser abducida te tienes que ir al monte en medio de la noche solitaria, y entonces aparecen seres de otra galaxia y ¡plaf! Abducida antes de poder decir ¡hola, vengo en son de paz!.
Agotada física y mentalmente, cargada de bolsas, con los pies doloridos, y sin posibilidad de auxilio (terrestre o extraterrestre) opté por la resistencia pasiva. Accedí a presentarle a Solete, mientras éste me enviaba insistentes mensajes telepáticos de socorro. Descubrir que después de tanto tiempo, todavía se mantenía viva nuestra complicidad comunicativa, me hizo mucha ilusión, y a partir de este momento se produjeron dos conversaciones paralelas: una fónica (Marilí y los gruñidos de Solete) y otra silenciosa (Solete y mi agotada persona) más o menos la conversación, arrastrada hasta una cafetería cercana por la Marilí fue así:
Marilí: no sabía que Miércoles tuviese amigos tan interesantes, la verdad es que es muy discreta con su vida privada…
Solete: ya. ¿pero de dónde has sacado a esta tía loca?
Yo: mmmm no se, de por ahí
Marilí: y es que a mí, me encantan los hombres interesantes, pero hay tan pocos, claro es por culpa de la crisis masculina, hoy o tenéis novia o sois gays. ¿tu no serás gay, verdad?
Solete: por ahora no, pero si sigues acosándome me lo pensaré
Yo: Solete tenía una novia muy guapa, hace tiempo….
Marilí: ya pero el tiempo pasa, y todo lo borra, y además la belleza no lo es todo, porque es efímera, lo que importa son otros valores, como el trabajo, el dinero … por cierto ¿en que trabajas?
Solete: en una empresa, todavía no eres efímera
Yo: gracias, tu tampoco
Marilí: ¿y es un trabajo fijo? Porque yo soy fija (mentira podrida y gorda) pero estoy pensando en cambiar de trabajo por algo más interesante, quizás en tu empresa haya sitio para alguien con mi perfil…
Yo: eso, eso, fíjate en que perfil…
Solete: bueno… verás… ahora no es un buen momento para las empresas para contratar… ya sabes… la economía no va muy bien… es más prudente que no abandones un puesto fijo… ni loco, antes me la corto en rodajas
En ese momento, llevo tres horas sin ir al baño y la vejiga amenaza inundación inminente, me da pena dejar a Solete tirado con la loca de la vida esta, pero si me quedo va a ser peor, inundaré la cafetería, pasaré a los anales de esta ciudad como la mujer meona, nadie querrá contratarme, caeré en una profunda depresión y acabaré mis días empujando un carrito de supermercado cargado con mis pertenencias hasta que los servicios municipales (servicios, ¿he dicho servicios?, cielos, me meo) me recojan en un asilo… salgo corriendo hacia el WC dos miradas me siguen: una desesperada y la otra victoriosa.
Para identificar los servicios han puesto unos jeroglíficos en la puertas, como no estoy para adivinanzas tontas empujo una al azar y sorprendo a un pringado pene en mano, cierro corriendo y entro en la otra, hay cola, dos adolescentes se están retocando los morros mientras una tercera practica submarinismo en el mingitorio. Los minutos se hacen eternos cuando la vejiga decide cambiar de aguas, justo cuando la cosa se pone fea de verdad, una criaja esmirriada sale del baño más contenta que unas pascuas, no se por que, pero mientras le cuenta su experiencia a las amigas, aprovecho para colarme con todo el morro. Cinco minutos después yo también soy feliz, y puedo enfrentarme de nuevo a la Marilí.
Agotada física y mentalmente, cargada de bolsas, con los pies doloridos, y sin posibilidad de auxilio (terrestre o extraterrestre) opté por la resistencia pasiva. Accedí a presentarle a Solete, mientras éste me enviaba insistentes mensajes telepáticos de socorro. Descubrir que después de tanto tiempo, todavía se mantenía viva nuestra complicidad comunicativa, me hizo mucha ilusión, y a partir de este momento se produjeron dos conversaciones paralelas: una fónica (Marilí y los gruñidos de Solete) y otra silenciosa (Solete y mi agotada persona) más o menos la conversación, arrastrada hasta una cafetería cercana por la Marilí fue así:
Marilí: no sabía que Miércoles tuviese amigos tan interesantes, la verdad es que es muy discreta con su vida privada…
Solete: ya. ¿pero de dónde has sacado a esta tía loca?
Yo: mmmm no se, de por ahí
Marilí: y es que a mí, me encantan los hombres interesantes, pero hay tan pocos, claro es por culpa de la crisis masculina, hoy o tenéis novia o sois gays. ¿tu no serás gay, verdad?
Solete: por ahora no, pero si sigues acosándome me lo pensaré
Yo: Solete tenía una novia muy guapa, hace tiempo….
Marilí: ya pero el tiempo pasa, y todo lo borra, y además la belleza no lo es todo, porque es efímera, lo que importa son otros valores, como el trabajo, el dinero … por cierto ¿en que trabajas?
Solete: en una empresa, todavía no eres efímera
Yo: gracias, tu tampoco
Marilí: ¿y es un trabajo fijo? Porque yo soy fija (mentira podrida y gorda) pero estoy pensando en cambiar de trabajo por algo más interesante, quizás en tu empresa haya sitio para alguien con mi perfil…
Yo: eso, eso, fíjate en que perfil…
Solete: bueno… verás… ahora no es un buen momento para las empresas para contratar… ya sabes… la economía no va muy bien… es más prudente que no abandones un puesto fijo… ni loco, antes me la corto en rodajas
En ese momento, llevo tres horas sin ir al baño y la vejiga amenaza inundación inminente, me da pena dejar a Solete tirado con la loca de la vida esta, pero si me quedo va a ser peor, inundaré la cafetería, pasaré a los anales de esta ciudad como la mujer meona, nadie querrá contratarme, caeré en una profunda depresión y acabaré mis días empujando un carrito de supermercado cargado con mis pertenencias hasta que los servicios municipales (servicios, ¿he dicho servicios?, cielos, me meo) me recojan en un asilo… salgo corriendo hacia el WC dos miradas me siguen: una desesperada y la otra victoriosa.
Para identificar los servicios han puesto unos jeroglíficos en la puertas, como no estoy para adivinanzas tontas empujo una al azar y sorprendo a un pringado pene en mano, cierro corriendo y entro en la otra, hay cola, dos adolescentes se están retocando los morros mientras una tercera practica submarinismo en el mingitorio. Los minutos se hacen eternos cuando la vejiga decide cambiar de aguas, justo cuando la cosa se pone fea de verdad, una criaja esmirriada sale del baño más contenta que unas pascuas, no se por que, pero mientras le cuenta su experiencia a las amigas, aprovecho para colarme con todo el morro. Cinco minutos después yo también soy feliz, y puedo enfrentarme de nuevo a la Marilí.
Como vestirse para salir con un millonario
Después de la polémica suscitada por el post sobre el “Plan Marilí”, especialmente las consultas de internautas interesadas/os en la evolución de dicho plan, y como mi vida es un rollo (no voy a postear historias como: me levanto a las 8 me lavo, desayuno, saco los apuntes, miro por la ventana… ¡si me aburro con sólo escribirlo!) he decidido continuar con la crónica de la Marilí, mucho más animada que mi propia vida (¡triste es decirlo, pero más triste es vivirlo!).
La verdad es que la Marilí me estresa un montón, al principio era graciosa y tal, pero ahora no consigo aguantarla sobria, no calla ni debajo del agua, y su tema favorito es ELLA misma y sus circunstancias, su conversación está bien si no sabes que ponerte para una boda, pero a la larga produce migrañas. Pero como soy buena y hago lo que sea por mis lectores (para cuatro que tengo, tampoco les voy a llevar la contraria), me tomé un par de aspirinas, metí en el bolso un manual de biblioteconomía, y me fui para la conserjería.
Allí estaba ella, dándole vueltas a la “cosmo”, dos besos, que alegría verte, fotocopia cuanto quieras que hoy le han cambiado el tonner y va de vicio, y no veas la de cosas que te tengo que contar. Mientras yo asesino el manual a golpe de fotocopia, la Marilí me pone al tanto de su rollo con el pizarrero, a la vez que me informa de las últimas tendencias para esta primavera verano, que se anuncian mega mega fhasion, y claro ha llegado el momento de renovar el vestuario. Esto último significa que ha cobrado ya su sueldo de teleoperadora (ha decidido pluriemplearse, porque la conserjería no da ni para pipas) y tiene ganas de fundírselo.
Yo sigo dale que te pego, chaca chaca, dándole caña a la fotocopiadora con alegría, cuando me propone ¿Quedamos mañana para ir a ver tiendas y captar in situ las nuevas tendencias?. Pensé unos instantes en la torre de apuntes sobre mi mesa y luego en las tiendas llenas de ropa nuevecita, con sus alegres colores, sus complementos, y las colas ante los probadores … vamos, que no me pude aguantar, y dije: SI. Esta actitud no me llevará a una cómoda plaza de funcionaria.
Vestida de shopping, tal como aconsejan las revistas especializadas (playeros, vaqueros cuanto más usados: más cómodos, camiseta fina para poder vestirte por encima si el probador está petado, y un bolso enooooooorme para meter muchas muchas cosas) Con esas pintas de ni arreglada ni informal me encuentro con la Marilí, cuando la ví casi me caigo de la impresión. Vestía como las mises cuando las llevan de excursión: vaqueros de marca, taconazos de aguja, camiseta de marca (imitación, espero), bolsito de de osos (no voy a dar marca, que ya tienen bastante publicidad) gafas de sol, pintada como una puerta… ¡parecíamos la famosa y su criada-secretaria!.
Yo iba directa a las tiendas populares, donde hemos comprado toda la vida, y donde acabaremos comprándonos la mortaja porque el sueldo no da para más. Pero la Marilí no pensaba igual: “Mira chata, yo ahora tengo un novio importante, y no puedo salir con él vestida de trapillo, necesito ropa de marca, y además auténtica, que mi chico no es tonto”. Dicho y hecho, nos hicimos la ruta de las boutiques. Durante toda una tarde fui testigo de cómo la Marilí a base de hacer pirulas con las tarjetas de crédito, adquiría su nuevo look, como si fuese hija de marqués y empresaria de la construcción. Por si queda alguna duda, yo iba de chacha.
A medida que la Marilí acumulaba bolsas, me las pasaba, para poder revolver entre las perchas, y se olvidaba de que me las había dado. Al final íbamos por la calle, ella delante con sus gafas de sol y su bolso con osos, hablando por el móvil en plan estrella, y yo detrás con bolsas hasta los dientes. Para acabar de rematar mi humillación, apareció Solete.
Solete es el único exnovio con el que me hablo, persona bondadosa, inteligente, sensible a la par que guapo, de todos mis ex, nunca me ha acusado de destrozarle la vida, claro que también es el único que ahora es alto ejecutivo de una importante empresa multinacional, gana pasta por un tubo y siempre lleva cara de satisfacción sexual, no como mis otros ex, los pobres…
Verle e intentar ahorrarme un bochorno fue todo uno, y como no había donde esconderse, metí la cabeza en una de las bolsas mientras decía ¡cuantas cosas bonitas has comprado, Marilí!. No sirvió de nada. Solete se operó de miopía recientemente y ahora no se le escapa detalle, especialmente si soy yo en una situación incómoda.
- Hola Miércoles, cuanto tiempo! ¿has engordado verdad?.
- Solete, no te había reconocido, claro con ese traje de mormón…
- Cosas del trabajo, no todos podemos permitirnos ir en plan gañán como otras…
- Ya, es que en la vida todo tiene sus cosas buenas y malas …
En esto, el detector de hombres de la Marilí se puso en marcha, y cuando comprobó que había un espécimen con aspecto de economía desahogada y encima guapo, se le encendieron todas las luces de alarma, guardó el móvil, y con las palabras “Al ataque” escritas en la cara nos cortó tan amigable diálogo.
La verdad es que la Marilí me estresa un montón, al principio era graciosa y tal, pero ahora no consigo aguantarla sobria, no calla ni debajo del agua, y su tema favorito es ELLA misma y sus circunstancias, su conversación está bien si no sabes que ponerte para una boda, pero a la larga produce migrañas. Pero como soy buena y hago lo que sea por mis lectores (para cuatro que tengo, tampoco les voy a llevar la contraria), me tomé un par de aspirinas, metí en el bolso un manual de biblioteconomía, y me fui para la conserjería.
Allí estaba ella, dándole vueltas a la “cosmo”, dos besos, que alegría verte, fotocopia cuanto quieras que hoy le han cambiado el tonner y va de vicio, y no veas la de cosas que te tengo que contar. Mientras yo asesino el manual a golpe de fotocopia, la Marilí me pone al tanto de su rollo con el pizarrero, a la vez que me informa de las últimas tendencias para esta primavera verano, que se anuncian mega mega fhasion, y claro ha llegado el momento de renovar el vestuario. Esto último significa que ha cobrado ya su sueldo de teleoperadora (ha decidido pluriemplearse, porque la conserjería no da ni para pipas) y tiene ganas de fundírselo.
Yo sigo dale que te pego, chaca chaca, dándole caña a la fotocopiadora con alegría, cuando me propone ¿Quedamos mañana para ir a ver tiendas y captar in situ las nuevas tendencias?. Pensé unos instantes en la torre de apuntes sobre mi mesa y luego en las tiendas llenas de ropa nuevecita, con sus alegres colores, sus complementos, y las colas ante los probadores … vamos, que no me pude aguantar, y dije: SI. Esta actitud no me llevará a una cómoda plaza de funcionaria.
Vestida de shopping, tal como aconsejan las revistas especializadas (playeros, vaqueros cuanto más usados: más cómodos, camiseta fina para poder vestirte por encima si el probador está petado, y un bolso enooooooorme para meter muchas muchas cosas) Con esas pintas de ni arreglada ni informal me encuentro con la Marilí, cuando la ví casi me caigo de la impresión. Vestía como las mises cuando las llevan de excursión: vaqueros de marca, taconazos de aguja, camiseta de marca (imitación, espero), bolsito de de osos (no voy a dar marca, que ya tienen bastante publicidad) gafas de sol, pintada como una puerta… ¡parecíamos la famosa y su criada-secretaria!.
Yo iba directa a las tiendas populares, donde hemos comprado toda la vida, y donde acabaremos comprándonos la mortaja porque el sueldo no da para más. Pero la Marilí no pensaba igual: “Mira chata, yo ahora tengo un novio importante, y no puedo salir con él vestida de trapillo, necesito ropa de marca, y además auténtica, que mi chico no es tonto”. Dicho y hecho, nos hicimos la ruta de las boutiques. Durante toda una tarde fui testigo de cómo la Marilí a base de hacer pirulas con las tarjetas de crédito, adquiría su nuevo look, como si fuese hija de marqués y empresaria de la construcción. Por si queda alguna duda, yo iba de chacha.
A medida que la Marilí acumulaba bolsas, me las pasaba, para poder revolver entre las perchas, y se olvidaba de que me las había dado. Al final íbamos por la calle, ella delante con sus gafas de sol y su bolso con osos, hablando por el móvil en plan estrella, y yo detrás con bolsas hasta los dientes. Para acabar de rematar mi humillación, apareció Solete.
Solete es el único exnovio con el que me hablo, persona bondadosa, inteligente, sensible a la par que guapo, de todos mis ex, nunca me ha acusado de destrozarle la vida, claro que también es el único que ahora es alto ejecutivo de una importante empresa multinacional, gana pasta por un tubo y siempre lleva cara de satisfacción sexual, no como mis otros ex, los pobres…
Verle e intentar ahorrarme un bochorno fue todo uno, y como no había donde esconderse, metí la cabeza en una de las bolsas mientras decía ¡cuantas cosas bonitas has comprado, Marilí!. No sirvió de nada. Solete se operó de miopía recientemente y ahora no se le escapa detalle, especialmente si soy yo en una situación incómoda.
- Hola Miércoles, cuanto tiempo! ¿has engordado verdad?.
- Solete, no te había reconocido, claro con ese traje de mormón…
- Cosas del trabajo, no todos podemos permitirnos ir en plan gañán como otras…
- Ya, es que en la vida todo tiene sus cosas buenas y malas …
En esto, el detector de hombres de la Marilí se puso en marcha, y cuando comprobó que había un espécimen con aspecto de economía desahogada y encima guapo, se le encendieron todas las luces de alarma, guardó el móvil, y con las palabras “Al ataque” escritas en la cara nos cortó tan amigable diálogo.
Como pescar a un millonario
Tanta oposición para arriba y para abajo, no me han dejado tiempo para dedicarlo a mi misma y mis cosas, entre ellas este blog, todo abandonadito, que da pena verlo. Pero hoy por fin, he tenido un hueco entre tema y tema para poder volver a las andadas.
La verdad es que las oposiciones me aburren como un hongo, pero también permiten que haga nuevas amistades y amplíe mi vida social con especimenes humanos bastante curiosos, como por ejemplo la Marilí, otra treintañera soltera que no entera, que vaga por las calles de esta nuestra ciudad, buscándose a sí misma en los escaparates de las tiendas de ropa cara. Su Biblia es la “cosmo” y su ilusión vivir como las de “Sexo en Nueva York”, pero por circunstancias de la vida (no tiene un euro y el curro guay está fatal) no ha podido desarrollar su vida como le gustaría, es decir con lujo y glamour.
Nuestra amistad se mantiene con el mismo pilar con el que se inició: el interés. Ella necesitaba un trabajo sobre literatura barroca y yo pasta, una amiga común nos presentó, llegamos a un acuerdo laboral satisfactorio para ambas y hasta hoy, colegas para siempre. Quedamos una vez por semana, yo voy a visitarla en el cutre curro de conserje por horas, que la permite comprar en las rebajas, y mientras ella me cuenta sus cosas yo aprovecho para hacer uso de la fotocopiadora que tienen allí olvidada y de la impresora láser un poco estropeada (imprime dos folios y se atasca, pero ya le tengo pillado el truco para que funcione bien).
A los que piensen que mi vida es muy rastrera, les diré que me da igual. La vida es como Aventura en Kenya, una prueba diaria de supervivencia, y fotocopia a fotocopia me ahorro una pasta para gastármela en la frutería. Ahora díganme, ¿quien es peor: yo o los intermediarios que consiguen que una lechuga cueste lo mismo que 100 gramos de caviar? Bueno, dejo de justificarme, porque no me apetece y esta no era mi intención al volver al tajo, sino contar lo de la Marilí y su Plan.
“El Plan Marilí” es muuuucho mejor que el famoso “Plan Ibarretxe” (donde va a parar) incluso mejor que los planes de Aníbal, el del “Equipo A”, me atrevería a decir, que es el mejor plan de la historia de los planes del mundo mundial. Lean y aprendan como salir de pobres y vivir como una reina, siguiendo el ejemplo del “Plan Marilí”.
La Marilí quiere ser rica, vestir con los trapos más caros que encuentre y hacerse la cirugía estética, pero todo eso cuesta una pasta que no tiene, y para conseguirla ha decidido pillarse a un hombre adinerado. Ojo, que ya se que la idea no es nueva, lo que me sorprende es la utilización de una idea antigua desde el punto de vista de la mujer de hoy. Para empezar, primera fase del plan: localizar un millonario. ¿Y dónde se encuentra ese espécimen? Ahí la respuesta de Marilí es de una simpleza que asusta: ¡¡¡En un banco!!!. Sólo hay que llamar a una de sus mejores amigas de toda la vida que casualmente curra en un banco, y pedirle que busque en la base de datos un cliente con pasta. Dicho y hecho, la amiga solidaria le localiza el objetivo en un chasquear de teclas, y le envía el perfil por e-mail: pizarrero, divorciado, 40 años, dos hijas, físicamente bien conservado, BMW con teléfono, viste de Armani.
Una vez localizada la pieza, se pasa a la segunda fase. La amiga solidaria –banquera convence al interesante hombre rico para que tenga una cita a ciegas con la Marilí, sorprendentemente, accede. La cita es la tercera fase, quedan en una céntrica cafetería, al ladito de la Catedral, ella con bolso blanco (¡con lo difícil que es conjuntarlos con el resto de la ropa!) y el con un traje de Armani. Se encuentran, claro, no es difícil localizar a una mujer bien conjuntada y un hombre elegante en una cafetería plagada de turistas japoneses.
El pizarrero pasa la prueba, paga el café, las copas y la cena en un restaurante de lujo, y si quedaba alguna duda, el BMW con teléfono la disipa en un plis plas. Y ella con su bolso blanco y su ropa de marca pagada a plazos se convierte en su nueva novia formal. El plan ha sido un éxito, nunca un intento de cazar esposo millonario fue tan simple. La Marilí desde su conserjería sueña ya con viajes a la Ribera Maya y la nueva cara que pronto encargará.
La verdad es que las oposiciones me aburren como un hongo, pero también permiten que haga nuevas amistades y amplíe mi vida social con especimenes humanos bastante curiosos, como por ejemplo la Marilí, otra treintañera soltera que no entera, que vaga por las calles de esta nuestra ciudad, buscándose a sí misma en los escaparates de las tiendas de ropa cara. Su Biblia es la “cosmo” y su ilusión vivir como las de “Sexo en Nueva York”, pero por circunstancias de la vida (no tiene un euro y el curro guay está fatal) no ha podido desarrollar su vida como le gustaría, es decir con lujo y glamour.
Nuestra amistad se mantiene con el mismo pilar con el que se inició: el interés. Ella necesitaba un trabajo sobre literatura barroca y yo pasta, una amiga común nos presentó, llegamos a un acuerdo laboral satisfactorio para ambas y hasta hoy, colegas para siempre. Quedamos una vez por semana, yo voy a visitarla en el cutre curro de conserje por horas, que la permite comprar en las rebajas, y mientras ella me cuenta sus cosas yo aprovecho para hacer uso de la fotocopiadora que tienen allí olvidada y de la impresora láser un poco estropeada (imprime dos folios y se atasca, pero ya le tengo pillado el truco para que funcione bien).
A los que piensen que mi vida es muy rastrera, les diré que me da igual. La vida es como Aventura en Kenya, una prueba diaria de supervivencia, y fotocopia a fotocopia me ahorro una pasta para gastármela en la frutería. Ahora díganme, ¿quien es peor: yo o los intermediarios que consiguen que una lechuga cueste lo mismo que 100 gramos de caviar? Bueno, dejo de justificarme, porque no me apetece y esta no era mi intención al volver al tajo, sino contar lo de la Marilí y su Plan.
“El Plan Marilí” es muuuucho mejor que el famoso “Plan Ibarretxe” (donde va a parar) incluso mejor que los planes de Aníbal, el del “Equipo A”, me atrevería a decir, que es el mejor plan de la historia de los planes del mundo mundial. Lean y aprendan como salir de pobres y vivir como una reina, siguiendo el ejemplo del “Plan Marilí”.
La Marilí quiere ser rica, vestir con los trapos más caros que encuentre y hacerse la cirugía estética, pero todo eso cuesta una pasta que no tiene, y para conseguirla ha decidido pillarse a un hombre adinerado. Ojo, que ya se que la idea no es nueva, lo que me sorprende es la utilización de una idea antigua desde el punto de vista de la mujer de hoy. Para empezar, primera fase del plan: localizar un millonario. ¿Y dónde se encuentra ese espécimen? Ahí la respuesta de Marilí es de una simpleza que asusta: ¡¡¡En un banco!!!. Sólo hay que llamar a una de sus mejores amigas de toda la vida que casualmente curra en un banco, y pedirle que busque en la base de datos un cliente con pasta. Dicho y hecho, la amiga solidaria le localiza el objetivo en un chasquear de teclas, y le envía el perfil por e-mail: pizarrero, divorciado, 40 años, dos hijas, físicamente bien conservado, BMW con teléfono, viste de Armani.
Una vez localizada la pieza, se pasa a la segunda fase. La amiga solidaria –banquera convence al interesante hombre rico para que tenga una cita a ciegas con la Marilí, sorprendentemente, accede. La cita es la tercera fase, quedan en una céntrica cafetería, al ladito de la Catedral, ella con bolso blanco (¡con lo difícil que es conjuntarlos con el resto de la ropa!) y el con un traje de Armani. Se encuentran, claro, no es difícil localizar a una mujer bien conjuntada y un hombre elegante en una cafetería plagada de turistas japoneses.
El pizarrero pasa la prueba, paga el café, las copas y la cena en un restaurante de lujo, y si quedaba alguna duda, el BMW con teléfono la disipa en un plis plas. Y ella con su bolso blanco y su ropa de marca pagada a plazos se convierte en su nueva novia formal. El plan ha sido un éxito, nunca un intento de cazar esposo millonario fue tan simple. La Marilí desde su conserjería sueña ya con viajes a la Ribera Maya y la nueva cara que pronto encargará.





