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Cosas de una chica de treinta
La vida tal cual es, le pese a quien le pese
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Sindicación
 
Perros y Políticos
Lo dicho: para cuatro días mal contados que me quedan de contrato, todo se confabula contra mí. Cuando ya me había acostumbrado a los Buscadores del Grial (pesaditos ellos) había largado a las Ancianitas Cafeinómanas (no pienso tomar café en lo que me resta de vida) y estaba planeando en que me iba a gastar el finiquito (¿top lencero o abriguito de entretiempo?) una pareja de canes decide afincarse bajo un castaño próximo a la iglesia, tener cachorros y atacar a todo aquel que consideren un peligro para su familia.

Esta situación es una dura prueba para una fóbica perruna como yo, y para todo aquel que desee visitar la Iglesia sin ser atacado por dos padres perrunos. Llamé a mi jefa para ponerla en antecedentes, más que nada porque si algún visitante resultaba agredido yo pudiese lavarme las manos en plan Poncio Pilatos, pero con jabón de glicerina, si es posible. Mi jefa estaba de vacaciones, y su secretaria me dijo que fuese a contarle mis penas al Ayuntamiento, que para eso está.

Como no tenía ni idea de donde está el Ayuntamiento, llamé a SanEsteban, que es como la guía CAMPSA, pero con más alegría, y las dos juntas nos fuimos ha poner la queja, denuncia, aviso… o lo que demonios se ponga en semejante situación… porque una estará muy preparada para la vida moderna, pero no para la campestre a pesar de que viví durante años en un puto pueblo rodeada de naturaleza salvaje, vacas, cabras, cerdos, pavos, perros y algún que otro animalico más de esos que se crían en los pueblos con fines alimenticios.

El ayuntamiento era (y es, porque no creo que lo hayan tirado en esta semana) un ejemplo de la arquitectura que tanto le gusta a la Ministra Trujillo: enano, pero con el espacio bien aprovechado. Tras un mini mostrador había un administrativo/recepcionista/teleoperador/secretario/conserje de escasa masa corporal (de haber sido un chicarrón del norte, no habría cabido dentro) al que expuse el problema, mientras éramos interrumpidos por todo aquel que pasaba por allí y decidía encargarle alguna tarea al pobre chaval.

Cuando terminé de contarle la historia, estaba sudando a chorros porque medio pueblo había pasado por allí y el otro medio le había llamado por teléfono y menos solicitar un permiso para montar en globo, le había pedido de todo.

- Verás, el problema – nos explicó mientras sellaba documentos con una mano, y con la otra ordenaba sobres – es que eso lo lleva EL policía, y ahora está de vacaciones. Tendré que llamar a los Forestales, y pedirles por favor que vayan ellos a recoger los perros, igual hasta me hacen caso.

- ¿Sólo hay un policía? – gritó entre indignada y sorprendida SanEsteban.

- Y esa chica que está en la plaza con un gorro y un silbato ¿Quien es?
- Esa es la hija del Cofrade Mayor de Santiago, que como hizo un curso de Educación Vial, está cualificada para dirigir el tráfico, pero no para enfrentarse a situaciones de peligro.

- Ya, te entiendo – pero era mentira, no entendía nada de nada.

Mientras el administrativo/recepcionista/teleoperador/secretario/conserje se secaba el sudor, más estresado que un controlador aéreo y pensando que iba a tener que hacer horas extras como cazador de perros, apareció el mismísimo Alcalde, y fue como si hubiese llegado Dios Padre con toda su corte celestial.

- ¡Aquí está el Alcalde!, cuéntaselo todo a él.

A esas alturas empezaba a sentirme poseída por el espíritu de los Hermanos Grimm y un poco hasta los mismísimos ovarios. El Alcalde me miraba sin verme mientras chuperreteaba una pipa afortunadamente apagada, no habría podido soportar que me fumase en la cara mientras le contaba lo mucho que sufro como Encargada de Monumentos, y lo poquito que me quejo.

- El Policía está de vacaciones, y los Forestales dirán que no tienen tiempo, el único que puede ayudarte es Pepín – y el Alcalde volviéndose imperativo hacia el administrativo/recepcionista/teleoperador/secretario/conserje, le dijo – Llama inmediatamente a Pepín, y dile que lo solucione. – En ese momento empecé a comprender porque era Alcalde.

El caso es que tanto El Alcalde como el administrativo/recepcionista/teleoperador/secretario/conserje, pronunciaron “Pepín”con el mismo tono que podían haber dicho “Batman”, “Spiderman” “Superman” lo que nos llevó a pensar que el Ayuntamiento tenía en nómina un superhéroe a su total disposición, ¡vaya lujo!.

Al final no era Batman, eran las “Supernenas”, o mejor dicho los “Superconcejales”, porque el tal Pepín resultó ser el Concejal de Fauna y Flora, y llegó acompañado del Concejal de Cultura, y el de Fomento, vamos, que un poco más y montamos un Pleno. Los Superconcejales asomaron el morro, los perros les ladraron, los Superconcejales retrocedieron, deliberaron unos minutos, y el Pepín erigido en portavoz me explicó:

- Efectivamente, son dos perros. Uno de ellos hembra y evidentemente recién parida. El otro es macho, probablemente el padre de los cachorros. Es probable que ambos animales se hayan perdido o hayan sido abandonados por algún ser humano inhumano. El caso es que no podemos llevárnoslos porque en el pueblo no hay Centro de Recogida perruno, y todos nosotros ya hemos llenado el cupo de adopciones animales. ¿Tú no podrías hacerte cargo de ellos mientras cuidas la Iglesia?

Me negué, varias veces, primero porque los perros me dan un miedo horroroso, y segundo, porque en cuatro días me largo y los pobrecitos volverían a estar solitos y hambrientos. Además, en mi contrato figuro como Encargada de Monumentos, no como cuidadora de perros. Fue inútil, al final el Pepín debía tener superpoderes porque me convenció. Prometió volver con un saco de piensos para perros.

Antes de irse, el Superconcejal de Cultura aprovechó para visitar la Iglesia donde no había entrado en su vida, y me hizo agudas preguntas sobre la misma del tipo “¿Qué estilo es?, ¿Qué es el Románico? ¿Dónde se llevaron a los muertos?” aproveché para pedirle al de Fomento que enviase de vez en cuando a alguien a segar la hierba de la entrada, porque cualquier día los turistas van a tener que traer un machete para entrar, y también le sugerí que construyese un aparcamiento o por lo menos echase grava en el camino de acceso, que dan muy mala imagen.

Ni caso, vamos, que como buenos políticos me han ignorado vilmente y me he visto obligada a pactar yo sola con los perros, para lo cual utilicé una lata de albóndigas con verdura (por lo de la fibra) y toda mi buena fe. Al final hemos llegado a un acuerdo entre los tres, ellos se mantienen en su territorio, yo en el mío, y a los turistas los ignoramos hasta que se ponen pesados.

 
Los buscadores del Grial
Para cuatro días mal contados que me quedan como Encargada de Monumentos estoy sufriendo una presión psicológica que no es normal. Si las cosas siguen así voy a llamar a mi jefa y le voy a decir, que lo de la culebra, pase, lo de no tener una letrina digna con papel higiénico scotex, lo aguanto, lo de las ancianitas plomos, es más o menos soportable, pero lo siento mucho: ¡aguantar los buscadores del Grial eso sí que no viene en mi contrato, y no me pagan lo suficiente para afrontarlo!

Pues sí mis queridos blogueros, ahora que las vacaciones han terminado para las familias con niños gritones y para los frikys del románico, he visto invadida mi iglesia por un nuevo espécimen turístico: aquellos seres humanos fans del “Código Da Vinci” que han organizado sus vacaciones en plan viaje iniciático.

No se porque causa ni motivo, varias publicaciones otorgan origen templario a mí iglesia, y la peña se pone como loca en cuanto aparecen los templarios, es una cosa increíble, tu coges un edificio histórico un poco cutre, y haces correr el rumor de que allá por la Edad Media, un maestre templario paró allí para hacer sus necesidades y a los dos días se te llena el chiringuito de pirados buscando el Grial.

Es muy fuerte estar tirada tan ricamente en tu hamaca, leyendo mientras espantas moscas, cuando de pronto te atacan verbalmente una panda de pseudo iniciados convencidos de que soy la Guardiana de la Verdad. Y eso que les explico que yo de Guardiana nada, que yo soy ENCARGADA, y que me paga la Diputación con Seguridad Social y todo, y no estoy allí por fidelidad a alguna secta ocultista. Pero no me creen, y siguen presionándome:

- ¿Seguro que aquí no está escondido el Grial?, preguntan con aire suspicaz.

- Seguro no hay nada en esta vida, pero vamos, si está yo no lo sé.

- Sin embargo tu trabajas aquí, algo habrás visto fuera de lo normal…
- Fuera de lo normal veo muchas cosas, pero no creo que tengan relación con el Grial, los templarios o los Rosacruces, vamos, que esto es un sitio muy tranquilo desde que La Bicha se fue de vacaciones.

Entonces se ponen a dar vueltas en torno a la iglesia tomando buena nota de todas las marcas de cantería, por arriba y por abajo, tras procesar la información vuelven al ataque.

- ¿Quién está enterrado bajo la lápida de la entrada?
- No lo se, supongo que un medieval cualquiera
- ¿No lo sabes, o es que no quieres decirlo? Sabemos que los auténticos Superiores Desconocidos deben negar todo conocimiento a los neófitos para que estos alcancen la sabiduría por sus propios medios.

Durante unos segundos visualizo mi vida como Superiora Desconocida. La verdad es que tiene su aquel, me imagino envuelta en una capa oscura paseando por un cementerio rodeada por la niebla dirigiéndome a un contubernio de Superiores Desconocidos. Seguro que entonces no me daba la lata nadie.


Como no se largan, les insinúo que en los frisos de la iglesia de San Esteban, se encuentran ocultas claves fundamentales en su búsqueda, emocionados salen corriendo a buscar nuevas pistas, aunque prometen volver si no les convencen.

Media hora después me llama SanEsteban:

- Tía, eres una guarra, me has enviado una panda de locos, he pasado miedo y todo.

- Lo siento, no sabía que hacer para librarme de ellos. ¿Qué te han dicho?

- Se han puesto pesadísimos con que les explicase el significado de los relieves de los capiteles, les he dicho que soy analfabeta y que se largasen, pero ni caso, al final he tenido que insultarles para que se fuesen.

- La próxima vez les dices que son “figuras antropomorfas en actitud oferente”.

- Suena bien. ¿colará?

- Seguro, y si no envíaselos a Santiago, al fin y al cabo, ella tiene protección oficial.

 
El amor es cada día más efímero
Una semana más en la Iglesia, ahora soportando una ola de frío polar que me está dejando pajarín. No se como lo harán las Encargadas de Monumentos de Siberia para evitar la congelación, yo me he llevado el plumas, una manta, y una estufilla, y aún tengo que meterme los dedos en la boca para evitar la congelación (esto lo vi en “Al filo de lo imposible”) y es que el románico será todo lo chulo que quieras, pero es un puto arcón congelador. Los medievales debían ser o muy duros o muy masocas para construir semejantes edificios. ¡Con lo listos que eran los romanos para construir calefacciones!

Lo más emocionante de esta semana ha sido la ruptura entre Santiago y el Guardia Becario, de la que me enteré, como de costumbre, vía móvil gracias a la siempre bien informada SanEsteban. Santiago no nos contó como acabó su cita, y eso que le preguntamos discretamente:

- ¿Y qué tal el sábado? ¿Lo pasaste bien?

Pero ella se limitaba a contestar con aire distraído mientras jugueteaba con el móvil “bueno… no estuvo mal”. Yo interpretaba esta respuesta como que la cosa había sido un churro, pero SanEsteban, que la conoce mejor decía “de esta no te fíes, que es muy falsa”. Y debía tener razón, porque el Guardia Becario la llevaba a currar en coche, y eso tiene que significar algo, vamos digo yo.

El sábado siguiente, cuando estaba a punto de congelarme mientras me caían porquerías del techo (el románico es muy sucio) mi móvil empezó a sonar con insistencia, una guarrada gorda, porque fuera llovía a cantaros y como dentro de la iglesia la cobertura está fatal, si quiero enterarme de lo que me dicen tengo que salir a la calle. Total, que hice de tripas corazón, me puse la capucha y salí al diluvio universal. Era SanEsteban.

- Hola chata, ¿como te va por ahí abajo?

- Aquí, jugando a las cartas con San Juan y la Magdalena, ¿y tú?

- Cagada de frío en la sacristía.

- Nuestra vida es una mierda.

- Y que lo digas, pero la de Santiago es peor, jajajajaja

- ¿y eso por qué?

- El Guardia Becario la ha dejado, ha sido muy fuerte, te llamo para contártelo todo.

En esos momentos yo había encontrado acomodo debajo de un nogal, reduciendo sensiblemente el caudal de agua que me caía por la espalda. Un lujo. De esa guisa podía aguantar toda la historia, y si no, siempre me quedaba meterme debajo de un castaño.

“Cuenta, cuenta, pasmada me tienes”.

El jueves por la noche, unos amigos de Santiago habían invadido el piso compartido en el que sobreviven mis colegas, ante el susto de SanEsteban, que no se lo esperaba, y encima acababa de limpiar el baño para nada, porque a la media hora estaba de nuevo guarro perdido. Los colegas habían desembarcado con la sana idea de realizar turismo por las diversas fiestas populares tan típicas en esta época del año por la zona. A la gente de la capital les parece muy exótico eso de de que la gente monte bodegas privadas en el garaje de su casa, donde puedes ponerte ciego a bollos preñaos y vino de la tierra recién sacado de la cuba (previo pago de 3 euros, que por aquí serán de pueblo pero no gilipollas) y vienen en manadas a disfrutar de la juerga, las de la oficina de turismo intentan que por las mañanas vayan a visitar iglesias románicas, por eso de la cultura y tal, para que vean que aquí no somos una panda de borrachos, vagos y maleantes, que también tenemos arte y todas esas cosas. Con escaso éxito, dicho sea de paso.

Resumiendo, que los colegas de Santiago y ella misma, se vistieron de gala, y se fueron de parranda, dejando tirada a la pobre SanEsteban, con la excusa de que no cabían en el coche. Todo fue bien, hasta que al volver de madrugada les paró un control de la Guarda Civil. ¿Adivináis quien estaba pasando frío con el artilugio en mano, pidiendo a los conductores “sople aquí, por favor”? ¡El mismísimo Guardia Becario, a quien Santiago había dicho que no pensaba salir de juerga! La que se montó en el control debió ser para grabarlo. El artilugio pitando como loco (tanto el conductor como los ocupantes iban muy pedos) Santiago intentando disimular, y el Guardia sumamente cabreado.

El epitafio para esta breve, pero intensa relación veraniega ha sido “no quiero continuar con una persona que basa su vida en la mentira y en la inconsciencia”. Santiago, por su parte, no ha hecho declaraciones.

- ¿Qué te parece, chata? Ya te dije yo que Santiago no era de fiar.

- Creo que ha sido mucho ruido para pocas nueces. Y hablando de nueces, el nogal está empezando a escurrir el agua, acaba pronto que me mojo.

- Pues nada, ahora el Guardia vuelve a estar libre, y creo que la hija del Cofrade Mayor de la Virgen de la Trena, va a por el.

- ¿y en que te basas?

- Esta mañana la he visto en la Biblioteca Pública.

- Eso no es una prueba

- Estaba en la sección de cocina

- ¡¡¡¡Ostias!!!!!








 
¡Por fin llegó el amor!
Antes de empezar este post debo explicar a mis lectores que las Encargadas de Monumentos tenemos un rasgo común con las Mises (sí, aunque parezca increíble) tal y como ellas abandonan su nombre propio cuando entran en el certamen, para pasar a denominarse como la provincia que representan (Cuenca, Toledo, Calamocos…) nosotras nos rebautizamos con el nombre del monumento. En este post utilizo este sistema, por lo que tanto SanEsteban, SanJuan, y Santiago somos tres mujeres hechas y derechas. Aclarado esto, el post empieza aquí:

Hallábame yo para variar, tirada frente a la iglesia, bronceándome como si estuviese de crucero, el tema “La Corona, derechos y deberes” desperdigado por el suelo, víctima de las hormigas carnívoras, sintiéndome en perfecta comunión con la naturaleza que me rodeaba, y al borde del sueño, cuando el graznar de mi móvil (es nuevo, y trae unas musiquitas horribles) me sacó del nirvana. Era SanEsteban.

- Hola Sanjuán ¿Qué tal por ahí? ¿mucha peña?

- No veas, llevo una mañana de no parar, ni a mear he podido ir, fíjate tu.

- Pues lo mismín que yo, un asco. Bueno, te llamo porque me tienes que acoger este sábado, que Santiago me echa de casa.

- ¿Ya habéis peleado otra vez? Mira que para un mes escaso de convivencia no merece la pena que andéis todos los días a la greña. Pero no te preocupes, que yo te acojo sin problemas.

- Nooooo, ¡que no hemos reñido!, bueno, aún no, pero yo estoy a punto de cantarle las cuarenta, porque las cosas no son asín, tiene mucho morro la niña esa.

- A ver, que os ha pasado ahora, cuenta hija cuenta.

- Pues nada, que esta perra se ha ligado al Guardia que va a proteger a la Virgen de la Trena.

- Pues en ese caso, la que tiene que estar puteada es la esposa del Guardia, y por cierto, el susodicho ¿no tiene tres hijos y barriga cervecera? Al final vas a tener razón y Santiago está como una cabra.

- Tía que no te enteras de nada, ese no es, lo han sustituido por un becario.

- ¡Anda! ¡No sabía que la Guardia Civil tenía becarios! ¿o es un becario de la cofradía? Porque yo de los cofrades estos ya me espero cualquier cosa, son una panda de explotadores laborales.

- Tía, a ti te está afectando al cerebro tanta soledad. Becario es el apodo que le han puesto en el pueblo, ya sabes que aquí les gusta mucho eso de los motes, y como es nuevín, vamos, recién salido de la academia… pues Becario.

- Ahhhh!!! Vale, ahora me entero de todo. También podías empezar las cosas por el principio, que me lío toda.

- Bueno, pues eso, que han destinado un Guardia joven, y encima está bueno, pero muy bueno, y no van (y es que la perra de Santiago tiene una suerte…) y lo destinan como protector de la Virgen de la Trena, pero el chaval que debe ser algo corto creyó que a quien debía proteger es a Santiago, y no a la Virgen, ya verás como al final la roban y menudo disgusto.

- Me parece totalmente comprensible que el Guardia Becario haya optado por proteger a Santiago en lugar de la Virgen, al fin y al cabo el ya aprobó las oposiciones y no necesita de la intercesión mariana, pero seguro que en estas soledades, necesita una novia. ¿Y lo de tu acogimiento que tiene que ver con toda esta historia?

- Pues bien clarito está, ¡que no te enteras! El Guardia Becario le ha contado que se siente muy solo y muy desubicado en este pueblo, (algo que no entiendo, porque están todas las solteras en edad de merecer detrás de el, cualquier día se le tiran encima del Patrol y tenemos una desgracia) especialmente echa de menos la comida casera de su madre. Entonces Santiago le ha invitado a cenar el sábado.

- Me parece muy loable por parte de Santiago. No se por donde ves tu ligoteo, yo sólo veo una buena chica que intenta ayudar a un pobrecito que añora su mamá y su Comunidad Autónoma. Es como Marco, el del mono Amedio, ya sabes “De los Apeninos a los Andes”, “no te vayas mamá”.

- ¡Pero que mono ni que ocho cuartos! Todo esto es un montaje para tirárselo.

- ¿y tú como lo sabes?

- Joer, porque me ha dicho que el sábado desaparezca de casa (de ahí mi petición de acogimiento) ha sacado un libro de cocina de la biblioteca pública y comprado dos velas en el todoacien, una verde y otra roja.

- Entonces me callo, lo del libro de cocina es una prueba irrefutable.

- Verdad? Yo pensé lo mismo.

- Pues nada chata, píllate unas bragas limpias y el cepillo de dientes, que el sábado duermes en mi casa.

Y así están las cosas por el curro, una ligando, la otra puteada, y la menda con horas extras como Casco Azul. Al final me dio pena SanEsteban, y le propuse salir de parranda en lugar de quedarnos en casa viendo Salsa Rosa, además me habían avisado que un antiguo colega de instituto había abierto un antro de perdición en la zona antigua de la city, y lo correcto en estos casos es hacerle una visitilla, para ver como se lo monta y tal.

Me llevé una agradable sorpresa, porque el antro estaba francamente bien, y mi colega me recibió con los brazos abiertos, emocionado por la nostalgia “Aquellos tiempos felices cuando me pasabas los exámenes de física dentro de la caja de la calculadora, parece que fueron ayer” “Es cierto, como pasa el tiempo, ¿y cuando tiraste la silla por la ventana y nos castigaron a todos a limpiar los wáteres?” “¡Esa fue muy buena! Que bonito recuerdo, si fuese hoy, volvería hacerlo” “Sí, sabíamos como divertirnos”.

Al final SanEsteban dejó de insultar a Santiago y acabó ligando con un perdido de la vida. A la mañana siguiente, rumbo al curro con los ojos repegados de sueño, me dice: “El tío de ayer me ha dado su teléfono, ¿Qué hago, le llamo?” “Pues mira chata, si te gusta, llámale, y dile a Santiago que no devuelva aún el libro de cocina, que igual lo necesitas”.