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Cosas de una chica de treinta
La vida tal cual es, le pese a quien le pese
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Sindicación
 
No sin mi Parqué
Este post es antiguo, creo que fue el segundo que escribí, a petición de Aliana desde su lecho de dolor extraterrestre (acostumbrarse a la gravedad terrestre provoca ciertas molestias) lo reedito para que lo disfruten mis nuevos lectores.


El otro día discutí con mi chico, el hombre de mi vida, el que me clava el codo en las costillas cuando duermo, mi media hipoteca, el que salva periódicamente la tierra de invasiones extraterrestres, el que no le gusta mi comida pero se la come … en fin, ese con quien vivo desde hace unos tres meses, y me soporta ya casi 7 años.

Fue por una chorrada, de veras, y por cosas que deberían ser ajenas a nosotros como pareja, como seres que se complementan, como universo independiente … me estoy poniendo pesada, lo siento, es el efecto de ver tanta tele-realidad, se me están reblandeciendo las neuronas más que en mi época de alcohólica de fin de semana, lo que el alcohol no consiguió a los 20 lo logra la televisión a los 30, señal inequívoca de que la televisión es infinitamente más dañina que el botellón, de esto yo soy la viva imagen.

Todo empezó de forma inocente, tirados en nuestra flamante sala de estar, ignorando algún programa de cotilleos baratos, doblábamos calcetines en amor y buena compañía, cuando el desencadenó la tormenta con un simple comentario producido por el aburrimiento de la situación: “Creo que deberíamos invitar a mi familia a comer para inaugurar el piso, desde que vinieron a verlo sin muebles no los hemos invitado ni una sola vez, ¿qué te parece?”.

- Por mí bien, ¿Cómo quieres hacerlo?, ¿en porciones o todos a la vez? – En ese momento mi versatilidad se estaba poniendo a prueba, veía la tele, doblaba calcetines, mantenía una conversación y empezaba a imaginar como organizar el tinglado familiar que se avecinaba –

- Pues yo creo que mejor todos a la vez, para acabar antes. – Así es mi chico, las medicinas y las malas noticias, mejor de un solo trago – Con mis tíos, mi abuelo, mis padres y demás … pues 14 personas

Yo seguí doble que doble, a la vez que le daba vueltas al tarro, para cuando pusieron la publicidad ya tenía claro que era lo primero que había que hacer: comprar un plástico para cubrir el parqué y salvaguardarlo de cualquier atentado familiar, y lo segundo, si me atrevía, comprar un pasaje de ida para mí a Australia, donde me dedicaría a la cría de canguros y estaría a salvo de semejante turba.

Sólo expresé la primera idea, pero bastó para encender la hoguera de la discordia, algo que parecía tan lógico encontró la oposición frontal de mi amor eterno: “De eso nada, donde se ha visto algo tan cutre, además lo haces porque es mi familia, con la tuya no la someterías a semejante humillación”.


Por supuesto que no, mi familia lleva muy dentro de sí eso de cuidar el parqué, por eso, cuando les invitemos estoy segura de que mi abuela y mi tía-abuela se pondrán mano sobre mano y tejerán unos bonitos patucos para cada uno de los invitados, con sus iniciales para evitar así molestas confusiones, y unos cordones para ajustarlos a los tobillos, rematados con dos artísticos pompones para que queden más graciosos y todos se los pondrían alegremente, devolviéndolos cuando se vayan para que los lave y los guarde pensando en comilonas futuras.

Lógico ¿no?, pues aunque parezca mentira, no le convencí, se puso en plan cerril y rechazó de plano tanto el plástico como los patucos, no lo podía consentir, tenía que hacer algo, y lo único que se me ocurrió fue tirarme al suelo y empezar a gritar: ¡NO, es MÍO!, ¡MÍO!, como el Gollum pero con más pelo en las piernas, a la vez que me aferraba al parqué desgreñada y con cara de energúmena. No le convencí, ni de lejos, sólo sirvió para que me mirase con cara de ¡Dios mío, con quien me he ido a liar!, pedirme que por favor me levantase del suelo, que llevábamos una semana sin pasar la aspiradora y me estaba llenando de mugre, y aplazar sine die la presentación familiar del piso.

Bueno, menos da una piedra.
 
Cosas que veo... y me gustan
Salgo de mi casa a la hora del desayuno laboral, hace frío pero sin llegar a plancharte la cara, se está bien en la acera semi vacía. Un grupo de obreros salen de una cafetería, llevan puros, se ríen, son felices. Hacen corro en torno a un hombre del que sólo puedo ver su cabeza sonriente, se ríen, le palmean la espalda.

Me aproximo al grupo: una marea masculina de monos azules en torno a un hombre vestido de paisano. La marea hace un hueco y veo un flamante carrito de bebé. Ahora entiendo porque los puros están apagados y los comentarios de “te ha quedado niquelado” “es tu mejor obra” de pronto, uno de ellos con más confianza que los demás palmea al padre y dice: “Tú si que sabes Manolo, mira que coger el permiso por "maternidad"”…

La vida cambia, de forma suave, sin asustar, pero lo hace.

Felicidades Manolo, tu sí que sabes.
 
El inicio de una extraña amistad III
A petición de elmascachoperro, voy a intentar explicar porque La Fraguell es La Fraguell. Y es difícil, ya que no estoy acostumbrada a definir conceptos como “espíritu libre” “siempre positiva, nunca negativa” “si no hay dinero para autobús, se va en bici” “cómete tu la tapa, que te veo más débil” “déjalo, ya lo hago yo, tu descansa” “me he enterado de tal cosa…creo que te puede interesar”

La Fraguell es como los muñequitos de la serie, pero plantada en el mundo real, un espíritu libre, un tanto excéntrico, pero que nunca olvida tu cumpleaños, ni el día que te dan los análisis de sangre, te anima si te ve triste, se entera de las exenciones de tasas como nadie, adora los niños, los perros, los seres que necesitan a alguien para avanzar en su camino… No puedo explicarlo, tienes que conocerla. Como dice Irede todos deberíamos tener un fraguell por amigo”, yo me siento tan orgullosa de ser su amiga, que le dedico estas líneas deseándole mucha suerte en su nueva vida británica.

Para terminar ya con el tema del Archivo (que ya huele) y de cómo nos hicimos colegas, tres becarios sin nada en común y muchas cajas para trasladar, hoy contaré de una vez por todas, lo del presunto acosador. Y pongo presunto por lo raro que fue todo, a medio camino entre alucinación producida por ingestión masiva de ácaros y mala película de terror “basada en un hecho real”.

Un hermoso día de verano hallábame cargando cajas en el montacargas en las soledades del tercer piso con la bata toda enrollada al cuerpo y la cara llenita de mugre, meditando sobre mi triste suerte: “4 años de carrera, cursos, idiomas, matrículas pagadas currando de camarera… todo para esto… mi vida es una porquería… debería haberme casado con el vecino de mi abuela cuando me lo pidió… ahora sería una respetable ama de casa con niños y todo… esto me pasa por querer ser una mujer independiente e inteligente que ama a la gente…” etc. etc.

El ruido de unos pasos me sobresaltó, en teoría yo estaba sola con el montacargas, Mister y La Fraguell andaban por otros aledaños trajinando con sus cajas, entonces ¿Quién subía las escaleras con pasos suaves? No soy miedosa en general, pero allí sola rodeada por el rrrrrrrr de los fluorescentes y el cri cri de los ratones mordisqueando (¿ratones? Que asco!) y con un lápiz chpado por defensa, aquellos pasos disimulados eran un pelín inquietantes. Cuando ya me disponía a gritar la manida frase “¿Quién anda ahí?” un vozarrón surgió del interfono: “Miércoles: que te vengas, que La Fraguell y yo queremos tomar un café” la voz inconfundible de pastor de cabras del Mister rompió la tensión, los pasos se detuvieron “un momento, ahora voy” silenciosamente me acerqué a lo alto de la escalera, saqué la cabeza: no había nadie.

Empecé a bajar despacito, mirando hacia los lados, sin saber muy bien que parte era real, y cual producto de mi imaginación, cuando llevaba media escalera bajada, la cara de La Fraguell surgió entre los escalones: “hola, vine a buscarte, parecía que tardabas…” “sí, me he liado un poco…” ¿había alguien espiándonos tras las filas de estanterías? ¿Si lo había, porque callaba? ¿Era El Algo que me había gastado una broma?

Opté por no comentar el incidente, cuando una tiene fama de rara, es mejor no dar pábulo a especulaciones sobre tu estado mental, se empieza por comentar que unos pasos misteriosos te acechan, y a los pocos días tus vecinos te huyen por si les atacas con un cuchillo. Las ciudades pequeñas son así, no puede guardarse un secreto ni disimular una peculiaridad. Tomé el café pensando: ¿estaré loca?... cielos, esto me pasa por no haberme casado con el vecino cuando me lo pidió… bla bla bla…

Avanzaba el verano, y cada día había más cajas. Nos habíamos convertido en un grupito simpático, pero sin llegar a cohesionar. Habríamos terminado así la beca, si no hubiese sido porque de pronto El Mister empezó a desarrollar un comportamiento extraño. Se negaba ir a los sitios sólo, especialmente al baño (como comprenderéis un problema para nosotras) estaba inquieto, todo le alteraba, un día se puso histérico porque una paloma picoteó la ventana y otro perdió los nervios porque no encontraba el lápiz: “Alguien me lo ha quitado” “Pero si estamos solos, y nosotras no hemos sido” “No me creéis, pero yo se que ALGUIEN me ha quitado el lápiz”

De no haber sido por la bondad infinita de La Fraguell y su reciente curso como “Mediadora Social” aquello podía haber acabado en desgracia. No se como lo hizo, pero consiguió una confesión completa del Mister A veces, oigo pasos que me acechan”. Si un tiarrón como el, no tenía problema en confesar sus temores, la menda tampoco “es cierto, yo también los he oído” nos miramos en silencio, La Fraguell abrió sus ojos de fraguell y casi en susurros confesó “y yo”.

Tres becarios paranoicos y un archivo. Solución: vayamos siempre juntos como hermanos a todas partes. Como he dicho: el inicio de una gran amistad.


 
El regreso de la Extraterrestre
Hoy suspendo mis recuerdos para recibir con los brazos abiertos, banda de música, campanas al vuelo, serpentinas, confetti, gominolas y demás fanfarrias a


ALIANA


La extraterrestre más famosa de la blogosfera, retorna a nuestra galaxia con un nuevo blog que promete ser tan visitado o más que el anterior.

Si queréis estar al tanto de como nos ven desde el espacio exterior, no dudéis en leer:

EXTRATERRESTRE UNA DE VIVENCIAS
 
El inicio de una extraña amistad II
Trabajar en un archivo, no es bonito ni feo: es una guarrada. Entras impoluto y sales igual que si hubieses estado acarreando carbón, con una salvedad: el polvo del carbón te duchas y se va, el polvo del papel no. Con el tiempo el papel genera un polvillo que al mezclarse con las cacas de los insectos devoradores del papel, las de los ratones y la de otros animalillos varios, se convierte en un elemento nocivo. Ríete del ántrax y del polvo rojo de V (me encantaba la serie, no he podido contenerme).

El polvillo se introduce en tus poros, en tus mucosas… y no sale… se queda ahí, produce una infección y plofffff… granos purulentos por toda la cara, que encima pican un horror. Te conviertes en el terror de los niños y de tu dermatólogo, y no sabes si lavarte la cara con estropajo al salir del curro, o comprarte una máscara de goma. Todo esto lo descubrimos a la semana de beca.

El primer día de beca (vírgenes de granos) la directora nos enseñó el archivo. En España, los archivos estatales suelen ocupar un edificio antiguo remodelado, se gasta una pasta en la obra, y por lo general el resultado es más bien chapucero, encima no soluciona el problema de la “falta de espacio”. Nunca entenderé porque no se coge la pasta y se construye una especie de nave industrial gigante a las afueras de las ciudades. Saldría más barato. En este caso, el archivo ocupaba dos edificios (A y B) unidos por un patio interior. Problema: el traslado de cajas del edificio A al edifico B.

Nuestro trabajo consistía en organizar un fondo recién trasladado al archivo, colocado provisionalmente en la tercera planta del edificio B. Un funcionario (El Fumador) debía hacerlo. Nosotros recibíamos la documentación, abríamos los legajos, y la ordenábamos. ¿Fácil, no? Y la directora se fue de vacaciones.

Al día siguiente, llego feliz y contenta al curro, me pongo mi bata de la XXL (nota: mido 1,60 y peso 50 Kg) y cual hámster, subo las escaleras dando saltitos en lugar de coger el ascensor, por eso de hacer ejercicio y mantenerme ágil. En el depósito me esperaban mis colegas, y el funcionario encargado del traslado fumando alegremente. Ahora os reto a descubrir donde está el error en la escena descrita.

- Bueno chicos – dice el fumador – ya sabéis lo que tenéis que hacer. Si tenéis alguna duda estoy ahí (y señala por la ventana el bar de enfrente) y tú, llegas tarde. Y se pira tirando la ceniza al suelo antiignífugo.

El plan de trabajo, perfectamente diseñado por el fumador era el siguiente: subimos a la tercera planta del edifico B, bajamos las cajas por el montacargas, cargamos el carro, cruzamos el edificio B y el patio interior hasta la escalera (4 escalones, como si fuesen El Everest) descargamos el carro, subimos las cajas una a una por los escalones, cargamos otro carro, cruzamos el edificio A hasta llegar al otro montacargas, subimos a la tercera planta del edificio A, cruzamos de nuevo toda la sala hasta llegar a la zona de estanterías vacías, descargamos las cajas y volvemos a empezar.

Durante una semana esas fueron mis prácticas.

Fue inútil por mi parte intentar convencer a mis nuevos colegas de que fuésemos a quejarnos al profesor encargado de las prácticas, porque aquella situación era ilegal. Los pobres eran becarios por primera vez en sus no ya tan tiernas vidas, y pensaban que la vida del becario se resumía en obedecer cualquier orden y realizar cualquier trabajo, ya que al fin y al cabo no sabíamos hacer nada. Cuando comprendí que no se iban a apear de la burra, así lloviesen chuzos de punta, no tuve más remedio que plegarme a la nueva situación. Eso sí, maldiciendo por lo bajo al fumador: “Asin te castigue Dios con una cirrosis hepática del copón, tio perro”

También me cabreé con La Fraguell y el Mister, y durante un par de días hubo un ambiente laboral bastante triste. Al tercero, me escondí tras unas estanterías, solté las mangas de la bata para que me llegasen hasta el suelo, y salí gritando “huuuuuuuuuuuuuuu”, casi les mato del susto, pero rompí el hielo.

Fantasmadas aparte, lo que de verdad nos convirtió en amigos para siempre fue el funcionario acosador.


 
El inicio de una extraña amistad I
Esta semana he superado mi record de permanencia en un curro: 1 día y a la puta calle. Pero no os preocupéis: soy muy feliz, además ahora he descubierto el sector del telemárketing y conozco mejor mis límites y áreas de eficiencia. Jazztrice, a partir de ahora tienes toda mi admiración y respeto.

Tras liquidar este breve pero intenso período de mi vida, llamé a La Fraguell para proponerle asistir a algún espectáculo gratuito de esos a los que somos tan asiduas, y me la encontré haciendo la maleta. La niña se nos va a Londres a buscar una vida mejor. Lo siento por los solteros heterosexuales españoles entre los 30 y los 35, porque han perdido la oportunidad de su vida. Creo que ya he dicho que La Fraguell vale su peso en bidones de gasolina, porque a lista y dispuesta no la gana nadie. Supongo que ahora algún inglés espabilado se la quedará. Yo ya os avisé, pero no me hicisteis caso.

Quedé con La Fraguell para despedirnos, y recordamos como nos hicimos amigas, es una historia más o menos bonita y como hoy no tengo nada más interesante que contaros, pues ahí va el post:

DE CÓMO LA FRAGUELL (Y EL MÍSTER) Y MIÉRCOLES SE HICIERON AMIGAS

Corría el mes de mayo de 1999, cuando por fin nuestro Decano de toda la vida, perdió las elecciones por goleada frente a la coalición formada por los departamentos de Historia Contemporánea e Historia Moderna de España. Era un momento histórico (valga la redundancia) para nuestra insigne facultad, en el aire se respiraba un nuevo aire, un nuevo ambiente… el equipo de gobierno había prometido grandes cambios: más becas, más prácticas remuneradas, más ordenadores, una máquina de café (reivindicación antiquísima), más libros para la biblioteca… vamos la caña.

De todo aquello a mí sólo me importaban las prácticas remuneradas, para que nos vamos a engañar, a tiro de 5 asignaturas para acabar la carrera, ya podían comprar la Biblioteca de Alejandría entera, que yo me largaba de allí cagando melodías en cuanto me diesen en último aprobado. Al final, después de mucha emoción, intriga y dolor de barriga, sacaron 7 puestos de prácticas remuneradas para el verano, a las que se accedía por expediente, es decir, los más listos curraban, los vagos redomados podían seguir en su línea.

Mi expediente no era ni bueno ni malo, era más bien del montón, y necesitaba la pasta, desperada hice una pequeña trampa a la hora de calcular mi nota media, si alguien lo descubría pensaba poner mi mejor cara de lerda y decir “yo no lo sabía, como soy de letras…” Nadie se tomó la molestia de comprobar los cálculos, y entré en el bombo.

La selección de destinos se realizó de forma pública, es decir, nos citaron a todos en un aula, y la peña elegía empezando por los de más nota. Yo era la última y me tocó el ARCHIVO HISTÓRICO, lugar donde nadie quería ir.

- Tengo que daros una buena noticia - dijo el profe que repartía destinos como si fuese un niño de San Ildefonso – los del Archivo acaban de solicitar dos becarios más, según mi lista los aspirantes galardonados son: La Fraguell y Mister Educancia, ¿aceptáis vuestro destino?

- - dijeron dos voces a una. Y ahí empezó todo.

Muchas veces he intentado explicar a la gente como es el interior de un archivo (estatal, los privados son otro mundo) que hay más allá de la sala de investigadores y la recepción. No me han creído. Caminar por los depósitos (de papel) es como entrar en un submundo. Estás tú, los kilómetros de estanterías, los bichos que comen papel, el ruidito de los fluorescentes, el frío… y una extraña presencia que no sabes identificar, pero que no es nada de lo anterior, el ALGO que te acompaña, ve lo que tu ves, piensa lo que tu piensas, busca lo que tu buscas, y a veces te lo da y a veces te lo esconde. Parecerá una chorrada, pero es real.

Un verano, tres becarios, kilos de documentación por ordenar, tres batas de la talla XXL y un funcionario acosador. En la mili y en los archivos se hacen amigos para toda la vida.
 
Un nuevo curro: ¿una nueva ilusión?
Queridos blogueros, sabéis que hace tiempo me inscribí al concurso de 20minutos pues bien, a estas alturas del concurso es una utopía pensar que este blog pueda remontar hasta los primeros puestos, por ello he decidido centrar mis esfuerzos en ganar otro concurso: el que Izquierda Unida realiza premiando a los currantes con mayor número de contratos en un año. Creo que en este último tengo posibilidades de ganar en la categoría: los curros más cutres. No se que te dan por ganar, pero si algún representante de dicho partido me leyese por casualidad quiero comunicarle que el premio que más ilusión me haría sería un contrato indefinido de documentalista, y si no es mucho pedir, con un sueldo que me permita desarrollar mi afición favorita: darle candela a la tarjeta de crédito.

Si gano dicho concurso prometo dedicarle el premio a todas las chicas de treinta a las que engañaron en la infancia con el cuento “si eres buena, no te quedas embarazada de adolescente, y estudias mucho mucho: tendrás un buen trabajo, serás una mujer independiente y respetada por todos” y por supuesto, también a los chicos de treinta, a los que también debieron contar alguna bola como esta. (Chicos, no os cortéis, espero que me respondáis a esta incógnita mía: ¿Qué bola os soltaban a vosotros?).

Estoy esforzándome muchísimo para ganar este premio: primero curré de Encargada de Monumentos, luego, dos cochinos días como encuestadora (lo breve de la experiencia no me permitió relatárosla) y ahora…. Soy teleoperadora, y no se por cuanto tiempo.

Hace unas semanas hallábame encuestando gente (pregunta: “perdón señor, ¿le importaría realizar una encuesta? Respuesta: No me da la gana”, cuando el móvil empezó a reclamarme con insistencia, era una empresa de telemárketing a la que en un momento de enajenación mental había enviado mi currículum. Cita, entrevista absurda, ya te llamaremos, y cuando creía que ya se habían olvidado de mi humilde persona: me llaman. Nueva cita: 4 mujeres paradas y el jefe de sección que nos explica las condiciones.

Y ahí llegamos al meollo en cuestión: las condiciones. En la primera entrevista una chica muy mona nos había relatado un cuento de hadas, en el que las alegres teleoperadoras ganaban un sueldo majo, curraban ayudando a los seres humanos, y tenían horarios ideales. Ahora, el jefe en cuestión nos contaba la versión gore, mientras intentaba meter la cabeza debajo del sobaco presionado por nuestras miradas de ASCO PROFUNDO. Resumiendo: la que quiera largarse, que lo haga ahora o de lo contrario calle para siempre. Se produce la primera baja:

- Yo soy madre soltera, y con el horario que me propones sólo veré a mi hija si colocáis una webcam en la pantalla del ordenador. Y ese sueldo no me da para pagarle la nueva colección de las Bratz, vamos, que casi me voy y dejo el puesto a otra persona sin cargas familiares y con otros ingresos extras en su hogar.

El jefe de servicio acabó de introducir su cabeza bajo el sobaco, mientras murmuraba algo del tipo: es lo que hay, yo lo siento mucho… y el contrato se acaba el día de Nochebuena.

Lo de Nochebuena animó la intervención de otra parada:

- ¿Cómo que sólo hasta Nochebuena? En la anterior entrevista prometíais un mínimo de 6 meses, ¿o es hasta Nochebuena del 2006?.

La cabeza bajo el sobaco especificó: en Nochebuena del 2005 todas a la puta calle.

- Pues entonces a mí no me conviene, ala, adiós.

Y quedamos dos.

Por la tarde realizamos un maravilloso curso de 1 hora y media de duración, impartido por otra niña teleoperadora como nosotras, que llevaba 4 días en la empresa, y ese era el último, porque la habían llamado para currar en otro sitio y se largaba. El jefe la había intentando amenazar, porque se piraba sin dar los 15 días de aviso ni nada, y ella le había respondido “A mi prrrrrrrrrr”.

¿A que es bonito mi nuevo curro? ¡La de gente que voy a conocer!


 
Mi Farmacéutica
Hola a tod@s. Los que me leen de vez en cuando conocen mi afición a sacar del anonimato personas cuya labor social pasa totalmente desapercibida, esos héroes desconocidos cuyas cruzadas impulsan de forma silenciosa pero inexorable nuestra existencia hacia un mundo mejor. Lo hice por primera vez con Mister Educancia, el héroe del trabajador oprimido, continué con La Fraguell, auténtica mujer maravilla, revaloricé la clase política presentándoos a los Superconcejales, y ahora reivindico a una verdadera abanderada de la sanidad pública: MI FARMACÉUTICA.

Una mañana cualquiera de esta semana entro en la farmacia de mi calle, saco mi super-lista de la compra y enumero: oraldine, pasta dientes, una caja de condones de 12 (no doy marca porque la empresa no ha querido patrocinarme el blog, ellos se lo pierden), tiritas, crema antiarrugas (lo mismo de antes) y un termómetro, que el otro se me cayó en el baño y se hizo trizas.

- Pues mira - dice la farmacéutica toda profesional- de oraldine te recomiendo el infantil, que está de oferta y sabe mejor, la pasta de dientes llévate esta de aquí que además de regalarte un 25% de producto trae un cepillo de dientes para llevar en el bolso, y condones, si te apetece tenemos estos que te regalan 4 de muestra para que pruebes las nuevas texturas.

-¿Texturas? ¿pero eso funciona, o es una coña para vender más?

- Eso pensaba yo, que era una coña, hasta que los probé, y oye, mano de santo.

- Pues vale, te haré caso, ponme la oferta.

Así, tan cual, tan natural, y tan tranquila de la vida.

Mi Farmacéutica, debería ser elevada a los altares del gremio por el Ministerio de Sanidad, mostrada como ejemplo a seguir a todos aquellos farmacéuticos que se niegan a vender condones alegando “objeción de conciencia”, es más, deberían contratarla para realizar una campaña del tipo: “el preservativo, nuestro amigo desconocido”. Creo que la voy a proponer como “mujer del año” de la ciudad.

Además, me regaló una muestra de crema antiarrugas, eso se llama ser profesional.