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Cosas de una chica de treinta
La vida tal cual es, le pese a quien le pese
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¡¡¡¡DISCULPEN LAS MOLESTIAS!!!!
Hola a tod@s:

debido a los contínuos ataques de spam que estoy sufriendo en los comentarios, me he visto obligada a desactivarlos por el bien de los que me leéis, y por mi propia salud mental. Espero que esta solución desesperada (me encanta leeros) sea temporal, hasta que los chicos de ya.com encuentren una solución ya que al parecer no soy la única que sufre en silencio el puto spam.

Si queréis decirme algo, queda mi correo

Un beso a tod@s!!!!
 
El Via Crucis de Miércoles (o que he hecho esta Semana Santa)
Primera Estación: Una proposición muy decente

Tras superar los exámenes de marzo, andaba yo medio apijotada y un poco desorganizada mentalmente, como sin saber que hacer de mi vida ni donde ir. En estas, un mediodía, a la hora de la higiene bucal, sonó mi móvil:

- Miércoles, ponte (dijo Mi Churri invadiendo nuestro cuarto de baño)

- Noj me daj la ganaj, ejtoy lavandomej loj dientej, dilej que llamoj yo.

- Deja de hacer el ganso y ponte, parece algo oficial susurró en plan “ya la has cagado”

Me puse pensando que a los vendedores telefónicos les han enseñado a imitar llamadas oficiales, y que fuese lo que fuese, no lo pensaba comprar. Craso error, metedura de pata garrafal, nuevo ridículo a anotar.

- Miércoles, soy tu Ex Jefa de Turismo, ¿llamo en mal momento?

- No que va…

- Era para proponerte un trabajillo para esta Semana Santa, ¿qué te parece pasarla en una bonita iglesia románica con vistas al monte más montaraz?

- ¿Ya no quedan plazas para el crucero de lujo por Nuestros Famosos y Muy Profundos Pantanos?

- Lo siento bonita, pero esas plazas se agotaron en un decir Jesús, y valga por dos la expresión, dadas las fechas en las que nos encontramos.

- Siendo así, creo que no me queda más remedio que aceptar encantada…

- Pues nada, haz la maleta, que te vas al monte


Segunda Estación: ¿Qué llevan en la Maleta las encargadas de Monumentos?

Tras firmar el contrato por el que se me condenaba a pasar la Semana Santa rodeada de Santos y matorral, procedí a buscar la ropa de faena, y como se que este tema del vestuario despierta mucho interés, paso a reseñarlo:

- El pack de bragas de franela y cuello vuelto: imprescindibles para evitar pillar fríos en esas zonas sensibles.
- Compañeros inseparables de las bragas de cuello vuelto son los sujetadores deportivos, cómodos a la par que calentitos.
- Tres vaqueros en estado de precariedad.
- Jerseys de pura lana marca billar (por las bolas)
- Camisetas desteñidas varias
- Calcetines hasta la rodilla
- Las botas de montaña
- Los playeros por si hace calor
- Los apuntes de las opos. En el último momento se quedaron descolgados la Constitución y El Estatuto, los dejé juntos en la estantería, para ver si a la vuelta habían tenido Decretitos o similar.
- Un bolso grande, donde se introducen objetos varios, útiles en la vida de una mujer (compresas, chicles, monedero, bolis, las llaves, otras llaves, miles de pañuelos de papel, cacao, barra de labios – por si aparece un turista guapo – mechero, colonia, el paraguas, el set de manicura y un rollo de celo que no se que hace ahí).

Tercera Estación: Miércoles busca al Guardián de las llaves

A las diez de la mañana estaba citada con el Sacristán en la casa parroquial (que por cierto, estaba a tomar por culo de la iglesia). Cuando llegué la puerta estaba abierta, pero no se veía a nadie (igual que en las películas de miedo) asomé el morro con precaución y grité un HOLA que retumbó en toda la casa. Al fondo del pasillo (sin luz) me respondió otro HOLA, y pasé.

- Buenos días - dije yo toda modosa – ¿Es usted el Sacristán?

- Pues no, yo soy el Párroco, el Sacristán no puede recibirte porque el pobre se cayó ayer al montar un paso, y está de baja.

- Ah, vaya, cuanto lo siento

- El problema es que yo soy el Párroco de otras 5 iglesias más, y no tengo ni idea de donde están las llaves, ni las luces ni nada… yo llego, doy la misa, y salgo pitando.

- Ah, vaya, cuanto lo siento

- Pero no te preocupes, que tenemos un Encargado de la Iglesia, que nos ayudará en este trance.

- Ah, vaya, cuanto lo siento. Digo, ¡que bien!


Y nos fuimos a buscar al Encargado de la Iglesia.

Cuarta Estación: Miércoles sigue buscando las llaves

El Encargado llevaba el mantenimiento de más iglesias, con lo que nos recorrimos varias hasta dar con el en plena reparación de un chisme de esos donde la peña mete pasta y se enciende una bombilla (el que sepa el nombre técnico que lo diga).

- Yo tampoco tengo las llaves, pero no te preocupes, que ahora llamo a la Guardiana de las llaves, y le digo que vas para allá. Ella te explicará todo lo que necesitas saber.

- Ah, vaya, que bien.


Nota: si percibís que mis respuestas son un poco monotemáticas, es porque estaba medio dormida, y hasta las narices de tanto paseo.

Quinta Estación: Miércoles encuentra a la Guardiana de las llaves (Cargo hereditario por línea matrilíneal)

La Guardiana de las Llaves resultó ser una señora recién jubilada como Guía de la Iglesia, que estaba preparando a su hija y a su nieta como sucesoras en el cargo. Por fin pude abrir la Iglesia, y dar las luces. Mientras La Guardiana me puso al corriente de las características principales de mi nuevo lugar de trabajo:

- A los turistas les cuentas la historia de San Cosme y San Damián, que son esos dos del ábside, patronos de los médicos y no te olvides de San Eustaquio, patrono de los cazadores, este último es fundamental, nos lo regalaron hace unos años unos peregrinos franceses y le tenemos mucha fe.

- ¿Algo más?

- Mucho más, pero eso debes descubrirlo tu sola


Sexta Estación: Aquí no está el Grial, pero hay Pilas Milagrosas

¿Dónde está el Grial? Preguntaban insistentes mis visitantes el verano pasado, y yo me hacía la loca, porque de todos es sabido que a una pregunta de esa guisa no se debe dar respuesta directa. El buen iniciado debe buscar respuestas por si sólo, y si no, que deje su búsqueda y se haga retejador o rescatador de niños perdidos en supermercados.

Mi nueva iglesia nunca cobijó el Grial, pero tiene dos pilas de agua bendita, donde el H2O permanece incorrupto a lo largo de todo el año (es decir, de Sábado Santo a Sábado Santo) tal es la fama de dichas Pilas, que los creyentes acuden en manadas a mojar sus dedos en el agua, y bautizan a sus niños allí. Actualmente se da la paradoja de ser el pueblo con la tasa de natalidad más baja de la comarca, y la tasa de bautismos más alta. ¿Misterio sin resolver? ¿Explicación científica? Lo ignoro, sólo puedo afirmar: Aquí no está el Grial.

Séptima Estación: Primera Caída de Miércoles


Estaba yo tan contenta porque Irede y los chicos de http://www.anixtasis.com/ habían ido a verme, y tan alucinada por las habilidades como piloto de rallys del párroco, que tropecé sobre mi misma, y caí al suelo asustando a los fieles que salían de misa. El resultado final fueron dos morados, como dos claveles reventones. Creo que San Cosme y San Damián (patronos de los médicos) evitaron males mayores.

Octava: El Monumento

El Viernes de Dolores, bien temprano, llegaron las mujeres del pueblo.

- Buenos días, venimos a montar el Monumento.
- Ah, que bien… ¿Qué es un monumento?
- ¿No sabes lo que es un Monumento? ¿Pero que te enseñaron en las catequesis?
- Un catecismo aburridísimo y como hacer correctamente la genuflexión, pero yo siempre me caía.
- Pues hoy vas a saber lo que es un Monumento
.

Y van las tias, y con cuatro trapos y unas tablas, montan una mesa, con trece vasos y trece panes, y se ponen a velarlo. Explicación: es la última Cena de Jesús, y la velamos para que no vengan a prender a Nuestro Señor.

Y se tiran toda la tarde metidas en la Iglesia. Yo creía que rezando, pero cuando entré con unos turistas a enseñarles el monumento (pero la iglesia, no la mesa con los vasos) las pillé rajando de Isabel Preysler.

Novena: Desayuno con Torrijas

Llego el sábado toda acelerada, y me encuentro a las mujeres del Viernes trapicheando en la Sacristía. Yo sigo con mis quehaceres (señores turistas no dejen de admirar este hermoso ábside, decorado con ajedrezados…)

- Rapaza, pasa pacá oh. (que traducido al castellano quiere decir: Chica, ven aquí)

- Ahora voy. – Liquido la visita, y asomo las narices a ver que se está cociendo-

Sorpresa, me las encuentro calentando una olla de chocolate para mojar las torrijas bautizadas de orujo. Esto si que es devoción, y no lo que hacen en el Vaticano.

Décima: Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva

Mis últimos días de contrato le dio por llover, y por aquí es tradicional que cuando empiece no sepa parar. Por suerte dejó de hacerlo el domingo, y pudieron sacar a la Virgen y al Niño Jesús de la Bola a darse una vuelta.

El día antes aparecieron cuatro mozas del pueblo.

- Tia, tienes que salir de la Iglesia, y no puedes entrar hasta que te digamos. – Me dijo una con la cara perforada por cuatro piercings -
- ¿Qué vais a hacer? ¿mangarle las ostias al cura?
- Tia, no seas bruta, venimos a cambiarle la ropa a la Virgen, para la procesión de mañana, y sólo nosotras podemos verla desnuda.
- Me estáis vacilando.
- Vacile ninguno, la tradición dice que sólo las camareras de la virgen (nosotras) podemos verla en bolas, así que ya estás largando, y si viene alguien, no le dejas pasar.


Les hice caso, porque ellas eran más y tenían aspecto de peligrosas, además ya sabemos hasta donde puede llegar la gente en defensa de la tradición más tradicional.

Estas cuatro mozas, fueron las que al día siguiente vestidas con mantilla, piercings y tatuajes, sacaron de procesión a la Virgen, y más tarde volvieron a cambiarla a puerta cerrada.

Undécima: Este Via Crucis finaliza aquí

Como soy muy vaga, mi Via Crucis, tiene menos estaciones que los habituales, pero el mismo fervor. Espero que os haya gustado.


Un beso muy grande para:

Irede por confiar en mí aunque me pierda mucho
Los chicos de ANIXTASIS por leerme y visitarme
Mi Churri que me aguanta cada día
 
Opositando con alegría y saber estar
Tras un prolongado silencio vuelvo a darle a la tecla con las cervicales al revés y unas ojeras hasta la barbilla. La verdad es que estoy hecha un cromo a pesar de la cantidad de cremas y mascarillas relajantes con las que me untarrajeo la cara a diario, y las pastillas de herboristería presuntamente destinadas a proporcionarme “ese aporte energético extra que nuestro cuerpo necesita en momentos complicados de la vida” (eso dice el prospecto) y es lo que tiene ser pobre, que te conformas con pastillas de la herboristería, si fuese rica haría como Kate Moss y sus polvitos mágicos, que además de darte energía ayudan a adelgazar, aunque se te cae la nariz y tus neuronas sufren procesos destructivos.

El más cachoperro me ha pedido que le cuente mi vida como opositora, y he pensado “pues menudo rollo de post me va a salir”, reconozcámoslo, la vida del opositor es de todo menos amena y excitante, y encima ayuda a subir de peso por culpa de los ataques compulsivos de hambre. Yo tuve uno jodido justo cuando estaban con la polémica de la Pasarela Cibeles, la anorexia y la bulimia. En un descuido, pillé un kilo de maicitos y me los comí de una sentada. En cuanto mi churri entró por la puerta le grité espantada “Cariño soy bulímica” y el me respondió en plan científico “¿En qué te basas?” “Me he comido el kilo de maicitos que te compré la semana pasada” “Eso es imposible, a ti no te gustan los maicitos. Además ¿ahora que como yo viendo la tele?” “Hay un taper de litro y medio con lentejas en la nevera, igual hacen el mismo efecto que los maicitos”.

Se ve que el chaval me quiere, aunque le deje sin maicitos, ayer sin ir más lejos encontré un documento de word escrito por mi churri que decía tal que así:

Sr. Director de la Fución Pública: haga usted el favor de dar una plaza a mi novia, la chavala estudia que se las pela y no es boba, aunque sí un poco torpe, pero le pone buena intención. Se que este no es un método ortodoxo para obtener una plaza, pero no sabe usted lo que es vivir con una opositora. Apelando a su piedad, le saluda atentamente: un Hombre desesperado.


¿A que es bonito que alguien se preocupe así por una?

La verdad es que no me puedo quejar, me siento muy apoyada y animada por todos. Tras jalarme el kilo de maicitos, se lo conté a mi vecina. Es muy buena mujer, por problemas varios de la vida cayó en una depresión que superó gracias al footing, ahora es la más rápida del edificio, y posiblemente del barrio. La tia corre como una liebre, y cuando no corre da consejos a mujeres desesperadas como yo. Su consejo alimenticio fue que sustituyese los maicitos por plátanos (que tampoco me gustan) al parecer los plátanos tienen ¿potasio? y proporcionan energía instantánea.

Los plátanos me duraron una semana, hasta que descubrí dos efectos secundarios: engordas mogollón y estriñen. Y otra vez a empezar.

Por suerte esto de comer compulsivamente es una fase más dentro del proceso, al final la superas, y coges otra manía, a mí no me dio tiempo a esta evolución porque llegó el gran día: EL PUTO EXAMEN.

Y allí estaba yo, toda elegante, estrenando mi americana de pana blanca (el blanco es tendencia) adquirida en las rebajas, DNI en una mano, y tres bolis en la otra (mas vale que sobre que no que falte) desesperada porque no daba con la facultad de químicas, ya que en internet HABÍAN PUESTO MAL LA DIRECCIÓN DEL LUGAR DE EXAMEN.

Pero vamos por partes.

Tras dos horas de viaje, y un considerable madrugón, mi churri y yo llegamos al campus universitario, donde procedo a arriesgar mi vida sacando la cabeza por la ventanilla del coche para poder leer las placas de las calles, mientras repetía en plan estribillo “esto está fatal señalizado, que vergüenza”. Había algo que no cuadraba: ¿Por qué había tantas furgonetas en el campus? ¿Es que se han puesto de moda como medio de transporte de los opositores? NOOOOOOO ¡estaban montando el rastro!. Pa cagarse toda toda toda. Imposible encontrar un hueco donde aparcar, imposible circular por las aceras, imposible orientarse… y encima ¡intentaban venderme bragas a 1 euro!.

Una vez aparcado el coche en una calle cualquiera, empezamos a vagar por el campus buscando la Facultad de Químicas, a media hora de entrar al examen. Entonces descubrimos, que ese día, a la misma hora, se celebraban varias oposiciones más. Si alguien había pensado “voy a colapsar la zona de ciudad universitaria este sábado” le había salido perfecto: Vendedores de bragas a 1 euro, compradores de ídem, y opositores de varios cuerpos y escalas, intentábamos encontrar nuestro lugar en aquel caos.

Al final dimos con la Facultad (fea con ganas, por cierto) y ya sólo tuve que:
a) Encontrar el baño, que también estaba escondido. Debe ser que los químicos no mean.
b) Sacar un café asqueroso de una máquina, con grave riesgo para mi salud.
c) Encontrar el aula de examen, situada en una zona poco iluminada y tirando a tenebrosa.

Tantas prisas para nada, porque luego el tribunal se hizo la picha un lío (no se si es correcta utilizar esta expresión, ya que el Tribunal estaba formado por 4 mujeres y 1 hombre, pero es la primera que me ha venido a la mente) y empezamos tarde mal y nunca. Luego lo compensaron al finalizar, porque volvieron a liarse, y salimos media hora después de haber entregado.

Y es que cada Tribunal es un mundo: los hay rápidos, los hay lentos, y los hay incompetentes.