La vida es una sucesión de amarguras y besos :)
Hola a tod@s, después de mi larga ausencia (que no suicidio bloguero, como pretende mi querido Carson) voy a intentar haceros un esquema-resumen de mi vida desde navidades para acá y contaros lo más destacable:
Veamos:
- Primero me despidieron (pero eso ya lo sabíais).
- Luego vagué en la desesperación.
- Después hice varios exámenes, todos ellos suspendidos por puro aburrimiento, aquello no había neurona que lo aguantase sin bostezar antes de iniciar una revolución neuronal, consistente en animarme a realizar tareas varias en lugar de estudiar: come algo, vete al baño, limpia la casa, o mejor aún: vístete y sal de paseo, ya verás que bien).
- Y entre una cosa y otra llegó el verano y yo seguía viendo transcurrir el tiempo, sin saber que hacer de mi vida, y con unas ganas locas de pegarle fuego a los apuntes en el descampado que tengo junto a casa. Pero entonces la policía me habría detenido por pirómana, y tampoco era plan acabar mis días como “bibliotecaria de prisión”, y me contuve. A duras penas, pero me contuve.
- Finalmente, encontré: DOS TRABAJOS A LA VEZ (viva el pluriempleo). De lunes a viernes digitalizando libros (me paso el día aguantando el sonido chirriante del escáner, es algo así como ñiennnnnnnnnk, ñiennnnnnnnnk, ñiennnnnnnnnk) y fines de semana cuidando la sala de la biblioteca universitaria (no os podéis imaginar la cantidad de gente que estudia los fines de semana). En este último curro me hice muy amiga de los chicos de seguridad, popularmente conocidos como “seguratas”. Ha sido muy bonito. Seis tiarrones de uniforme que se presentaron con un “si tienes algún problema, dínoslo, nosotros lo solucionamos”. Os juro, que desde que era una mocosa, y veía con mi abuelo los “Hombres de Harrelson” (o como se escriba) siempre desee que me pasase eso. O igual eran el “Equipo A”, a saber, una ya no tiene memoria para nada.
- Y por último, aunque no menos importante: me casé. Jajajajajaajajaja. Cuando os hayáis levantado del suelo, os cuento la fechoría, porque el verdadero post, empieza aquí:
Vaya por delante, que odio las bodas, eso no es ningún secreto lo sabe hasta la cajera del super de mi barrio. Pero al final empiezas a sumar, restar, multiplicar, y dividir, pros y contras del matrimonio frente a la rápida y cómoda pareja de hecho, y te decantas por lo tradicional, más seguro, dejando las innovaciones a otros. Pero con nuestro odio acérrimo (y aquí incluyo a mi flamante esposo) a todo tipo de BBC (bodas, bautizos y comuniones) intentamos organizar una boda lo menos parecida a ella misma, llamémosla para ahorrar tiempo una “no-boda”, sistema del que habíamos oído hablar, y por el que optaban parejas tan asociales como nosotros, pero no lo suficiente como para enfrentarse al odio familiar por no haber organizado siquiera un minibanquete a base de pipas y palomitas de maíz.
El primer paso para organizar nuestra no-boda, fue actuar con sumo sigilo, y no dar la noticia hasta justo 20 días antes del evento. Huelga decir, que todo fue como la seda hasta que soltamos el bombazo, entonces fue la debacle: 19 días de horror, terror, pavor, ideas de separación, planes de huída hacia lugares perdidos del mundo donde viviríamos bajo una identidad falsa dedicándonos a la cría de gallinas ponedoras, ataques de histeria solitarios y colectivos…
Los grandes problemas existenciales humanos (¿Quiénes somos? ¿a dónde vamos? ¿de dónde venimos? ¿Qué hago de comer mañana?) pasaron a un segundo plano frente a: ¿vas ha ir vestida de novia? ¿Por qué no vas a llevar ramo? ¿estás embarazada? ¿a que mierda de sitio nos vais a llevar a comer?. No podéis imaginar lo difícil que es organizar una no-boda, todo el mundo pone pegas y malas caras.
Al parecer, el único sistema viable para contraer matrimonio es: anunciar con un año de antelación que te casas, invitar a un mínimo de 150 personas, comprar el vestido más caro de tu pueblo, imprimir y repartir uno a uno las invitaciones de boda, y por último, pero no menos importante: pillar el ramo más colorido que exista, para lanzárselo a la cara a tus amigas solteras (plaffff, tu eres la futura afortunada).
Cambiando de tema, recordáis la canción de “El Canto del Loco” …besos, todo lo que quiero es que me despierten a besos, o como sea la letra. Pues si a Dani Martín le hace ilusión que le den besos, lo tiene fácil: ¡que se case!. En cuanto se corrió la voz de mi matrimonio, todo el mundo me daba besos. Iba por la calle, y me besaban hasta los barrenderos. Enhorabuena, guapa. Muchas gracias. Muack, muack. Que sea para bien. Muchas gracias. Muack, muack. Besos, y más besos, y venga besos… lo del “efecto axe” a mi lado, una tontería como la copa de un pino.
Tras la boda el efecto continúa, ayer tocaba oposición. Normalmente la gente al verme se aparta talmente como si se aproximase un leproso o una banda de flagelantes medievales, algunos me miran mal, otros parecen contener las ganas de agredirme. Sin embargo ayer… ME DABAN BESOS. Horrible. Yo sólo quería llegar al baño para hacer un pis gigante antes del examen, y no podía, cada dos pasos alguien me besaba con lágrimas en los ojos deseándome lo mejor de lo mejor. ¡Una explicación quiero!
boda besos
Veamos:
- Primero me despidieron (pero eso ya lo sabíais).
- Luego vagué en la desesperación.
- Después hice varios exámenes, todos ellos suspendidos por puro aburrimiento, aquello no había neurona que lo aguantase sin bostezar antes de iniciar una revolución neuronal, consistente en animarme a realizar tareas varias en lugar de estudiar: come algo, vete al baño, limpia la casa, o mejor aún: vístete y sal de paseo, ya verás que bien).
- Y entre una cosa y otra llegó el verano y yo seguía viendo transcurrir el tiempo, sin saber que hacer de mi vida, y con unas ganas locas de pegarle fuego a los apuntes en el descampado que tengo junto a casa. Pero entonces la policía me habría detenido por pirómana, y tampoco era plan acabar mis días como “bibliotecaria de prisión”, y me contuve. A duras penas, pero me contuve.
- Finalmente, encontré: DOS TRABAJOS A LA VEZ (viva el pluriempleo). De lunes a viernes digitalizando libros (me paso el día aguantando el sonido chirriante del escáner, es algo así como ñiennnnnnnnnk, ñiennnnnnnnnk, ñiennnnnnnnnk) y fines de semana cuidando la sala de la biblioteca universitaria (no os podéis imaginar la cantidad de gente que estudia los fines de semana). En este último curro me hice muy amiga de los chicos de seguridad, popularmente conocidos como “seguratas”. Ha sido muy bonito. Seis tiarrones de uniforme que se presentaron con un “si tienes algún problema, dínoslo, nosotros lo solucionamos”. Os juro, que desde que era una mocosa, y veía con mi abuelo los “Hombres de Harrelson” (o como se escriba) siempre desee que me pasase eso. O igual eran el “Equipo A”, a saber, una ya no tiene memoria para nada.
- Y por último, aunque no menos importante: me casé. Jajajajajaajajaja. Cuando os hayáis levantado del suelo, os cuento la fechoría, porque el verdadero post, empieza aquí:
Vaya por delante, que odio las bodas, eso no es ningún secreto lo sabe hasta la cajera del super de mi barrio. Pero al final empiezas a sumar, restar, multiplicar, y dividir, pros y contras del matrimonio frente a la rápida y cómoda pareja de hecho, y te decantas por lo tradicional, más seguro, dejando las innovaciones a otros. Pero con nuestro odio acérrimo (y aquí incluyo a mi flamante esposo) a todo tipo de BBC (bodas, bautizos y comuniones) intentamos organizar una boda lo menos parecida a ella misma, llamémosla para ahorrar tiempo una “no-boda”, sistema del que habíamos oído hablar, y por el que optaban parejas tan asociales como nosotros, pero no lo suficiente como para enfrentarse al odio familiar por no haber organizado siquiera un minibanquete a base de pipas y palomitas de maíz.
El primer paso para organizar nuestra no-boda, fue actuar con sumo sigilo, y no dar la noticia hasta justo 20 días antes del evento. Huelga decir, que todo fue como la seda hasta que soltamos el bombazo, entonces fue la debacle: 19 días de horror, terror, pavor, ideas de separación, planes de huída hacia lugares perdidos del mundo donde viviríamos bajo una identidad falsa dedicándonos a la cría de gallinas ponedoras, ataques de histeria solitarios y colectivos…
Los grandes problemas existenciales humanos (¿Quiénes somos? ¿a dónde vamos? ¿de dónde venimos? ¿Qué hago de comer mañana?) pasaron a un segundo plano frente a: ¿vas ha ir vestida de novia? ¿Por qué no vas a llevar ramo? ¿estás embarazada? ¿a que mierda de sitio nos vais a llevar a comer?. No podéis imaginar lo difícil que es organizar una no-boda, todo el mundo pone pegas y malas caras.
Al parecer, el único sistema viable para contraer matrimonio es: anunciar con un año de antelación que te casas, invitar a un mínimo de 150 personas, comprar el vestido más caro de tu pueblo, imprimir y repartir uno a uno las invitaciones de boda, y por último, pero no menos importante: pillar el ramo más colorido que exista, para lanzárselo a la cara a tus amigas solteras (plaffff, tu eres la futura afortunada).
Cambiando de tema, recordáis la canción de “El Canto del Loco” …besos, todo lo que quiero es que me despierten a besos, o como sea la letra. Pues si a Dani Martín le hace ilusión que le den besos, lo tiene fácil: ¡que se case!. En cuanto se corrió la voz de mi matrimonio, todo el mundo me daba besos. Iba por la calle, y me besaban hasta los barrenderos. Enhorabuena, guapa. Muchas gracias. Muack, muack. Que sea para bien. Muchas gracias. Muack, muack. Besos, y más besos, y venga besos… lo del “efecto axe” a mi lado, una tontería como la copa de un pino.
Tras la boda el efecto continúa, ayer tocaba oposición. Normalmente la gente al verme se aparta talmente como si se aproximase un leproso o una banda de flagelantes medievales, algunos me miran mal, otros parecen contener las ganas de agredirme. Sin embargo ayer… ME DABAN BESOS. Horrible. Yo sólo quería llegar al baño para hacer un pis gigante antes del examen, y no podía, cada dos pasos alguien me besaba con lágrimas en los ojos deseándome lo mejor de lo mejor. ¡Una explicación quiero!
boda besos





