Tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres y ninguna era buena
Hola a tod@s, he elegido este refrán como título del post al recordar que en mi cada vez más lejana infancia, solíamos redondearlo con una segunda parte: la caca, la mierda y la porquería. Como podéis observar los niños suelen tener muy claras las cosas destacables de la vida. Traduciendo el refrán (y su coletilla) a mi maravillosa vida de recién casada (anda que no estoy explotando nada el tema del matrimonio) trabajadora y opositora, a la par que árbitro del saber estar y el buen gusto de esta nuestra ciudad (esto es porque mi abuela lo dice, no porque yo lo crea, claro está, pero ya sabéis que siempre he propugnado el respeto a las personas mayores y por ello creo a pies juntillas sus sabias palabras) traduciendo, digo, a mi vida: la próxima semana tengo tres exámenes de oposición. ¡Que viva el estudio!.
En los viejos tiempos de universidad, una semana así era una pavada (si, he estado viendo telenovelas argentinas, ¡que pasa!) pero en aquella época dorada tenía más neuronas vivas, y menos kilos. Y diréis ¿a cuento de que vienen aquí los kilos de más?, pues muy sencillo, los kilos de menos me permitían salir del examen, ponerme una microfalda y largarme por ahí de juerga hasta altas horas de la noche. Y una vez relajada y feliz, empezar a estudiar para el próximo, pero claro, tantos excesos (examen-microfalda-juerga) al final se pagan, y se pagan muy caros, os lo digo yo. Pensándolo bien ¡que me quiten lo bailao!
Volviendo al tema que me ocupa día y noche (la caca, la mierda y la porquería) Mi Más Mejor Amiga de la Adolescencia, me ha preguntado como pienso afrontarlo perdiendo el mínimo de masa cerebral, y le he respondido algo así “pues ni idea chata, para empezar en mi armario no tengo ni una triste falda por encima del muslo, y a ver como le explico aquí a mi marío que me voy de juerga hasta las mil, para aprobar una oposición, dirá que estoy demenciada perdida”.
Ahora voy a comentaros algunas peculiaridades del tercer examen (la porquería) porque la caca y la mierda, ya los tengo más o menos controlados (no es cierto, esto lo pongo para autoanimarme). Parte del temario trata sobre “Reparaciones sencillas y herramientas necesarias para las mismas” (sólo es un tema pero muy largo, y siempre preguntan cosas de ahí para fastidiar). Por si alguien tiene alguna duda sobre mis capacidades, la aclaro ahora mismo: no tengo ni puta idea de bricolaje. Pero nada de nada, a lo sumo, distingo un destornillador de pato de otro de estrella. Se acabó, ya no se mas.
He intentado preparar este examen como buenamente he podido:
- Primero me tragué un programa de antena nova, en el que una pareja de novios compran una casa en un estado tercermundista, y se dedican a repararla. No estaba mal (los programas típicos de bricolaje me aburren soberanamente) pero un día me di cuenta de que el único que hacía ñapas en la casa era El, mientras Ella se dedicaba a escaquearse con las mas diversas excusas. Me indigné: no puede ser, otro programa basura donde se denigra la ya de por sí astrosa imagen de la mujer. En ese momento el programa perdió su única espectadora (era horrible, no creo que lo viese nadie más).
- Desperada, llamé a un Viejo Amigo de la Infancia, (no se si lo recordáis aquel que en un momento de borrachera hace un par de años intentó que montásemos una empresa de alfarería) para que me diese unas clases prácticas, ya que en su casa eran muy manitas, y la imagen que tengo de el cuando era un tierno infante (bueno, realmente era un niño malvado y cicatero) era ayudando a su padre en diversas chapuzas. Entonces se desveló uno de los grandes secretos de mi infancia: “Verás Miércoles, no tengo ni idea de cómo se llaman las herramientas, mi padre nunca me enseñó, me decía: Micki alárgame la cosa esa triangular que está en el suelo, no esa no, la que está a tu derecha. Y cosas así, se que suena rudimentario, pero a nosotros nos funcionaba muy bien, aunque no lo creas, incrementa la comunicación padre-hijo”.-
Horrorizada ante tanta ignorancia oculta (ahora entiendo porque nunca nos dejaban acercarnos cuando estaban chapuceando sus cosas, debían tener un diálogo de besugos impresionante) y desesperada al no encontrar respuestas a mis preguntas (¿Qué es un alicate de pico de loro? ¡una solución quiero!) tuve un momento de rencor hacia mi querido y difunto bisabuelo Adams.
Y ahora diréis: ¿Qué tiene que ver lo burra que es la niña, con el viejo muerto? Todo tiene su explicación, y no es locura momentánea (ni permanente), se trata de lo siguiente: en mi más tierna infancia (y vaya turra estoy dando con mi infancia, para estar lejana la verdad es que la recuerdo muy próxima) vivía en una alegre casa de campo donde mi bisabuelo tenía un taller para el sólo lleno de herramientas varias. A mi me encantaba, a pesar de estarme totalmente prohibido entrar en el taller, y mega prohibido tocar nada en el. Yo pasaba del tema como de la mierda, y revolcaba a mi gusto todo. Habría sido una excelente ocasión para darme unas clases prácticas de lo que viene a ser el oficio de carpintero – herrero – tejedor – fontanero – albañil (mi bisabuelo era como los del Renacimiento, hacía de todo el tío) el hombre decidió no enseñarme ninguna de esas ciencias útiles para la vida, con la vil excusa de que “yo no lo iba a necesitar nunca”. La frase me caló hondo, lo interpreté como “eres mujer, ya encontrarás un marido que lo haga por ti” (craso error querido bisabuelo). Toda esta historia me vino a la memoria talmente como cuando en las películas la protagonista pierde la memoria, y al oler un bote de pepinillos en vinagre (por ejemplo) recuerda el nombre del asesino.
Fui injusta, muy injusta, con mi querido bisabuelo Adams, cuando le conté toda esta historia a la abuela Adams, tras decirme que estoy como una puta cabra, y que más me valía ponerme a estudiar en lugar de andar por ahí pensando en tontadas, aclaró la frasecita “El bisabuelo siempre pensó que no necesitarías aprender nada de eso porque serías médico o arquitecto, pobre hombre, nunca imaginó tener una nieta bibliotecaria temporal y opositora impenitente”.!.
Moraleja: no busques las causas de tu fracaso en los demás, sino en ti mismo. Y si todo falla ¡busca en google bricolaje!.





