La anterior película que vimos en el cine fue “Arturo”, de la que si pienso hacer un comentario políticamente incorrecto: ¡que bueno está Clive Owen!. Con eso queda dicho todo sobre la peliculita de marras. Paso ahora a “Troya”, antes de que esto se convierta en un ensayo sobre “cachitas en minifalda” en el cine de ayer y hoy, porque soy capaz de lanzarme con “Gladiator" y acabar emocionada con “Esapartaco” y “La Caída del Imperio Romano”, y eso no puede ser, porque tendría que cambiarle el título al post y no tengo ganas de currar extra.
Lo mejor para ver cine histórico, es no tener ni puñetera idea de historia, y lo mejor para ver la adaptación de una obra literaria es no haberla leído antes. Así sales del cine más contento que unas pascuas (o no, porque mi churri, mis abuelos y yo aún tenemos pesadillas con “Blueberry” de tan infausta memoria que ni siquiera linkeo) sin darle vueltas al tema: “eso no fue asín, no fue asín”. Pero claro, cuando estás tirado en el sofá de tu casa, con el mando del DVD en una mano, el cuenco de palomitas en la otra, la Ilíada en la estantería, y dos títulos de licenciado en historia en el armario (el mío y el del churri), sientes que te están estafando.
En honor a la verdad, “Historia Antigua” no fue precisamente la mejor asignatura que me impartieron en la carrera. Baste decir que mi profe era muy peculiar (léase un perfecto imbécil) y sus clases desestructuradas e infantiles (parece mentira que le pagasen y aun le paguen por ello). Después de un año asistiendo a sus clases (bueno, a las de las 8 de la mañana no), mis conocimientos sobre Grecia eran:
- Los griegos eran de origen negroide.
- Su alimentación se basaba exclusivamente en las aceitunas, especialmente en Esparta, donde eran tan frugales, que sólo comían 3 al día.
- Las armas eran muy caras, por eso cuando lanzaban flechas o lanzas, corrían detrás de ellas para recuperarlas.
Muy triste, pero verídico. Estas tres teorías nos dicen lo siguiente sobre el rollo “Troya”:
- Brad Pitt /Aquiles, no da el tipo de griego clásico, ¡pero por favor!, que no lo quiten de la película, su introducción en la complejidad del héroe es magnífica, especialmente cuando duerme sin pijama.
- Las aceitunas son el secreto de la habilidad de Aquiles, aunque la historia y la Ilíada no lo cuentan, él era el único griego que las comía rellenas con anchoas, el aporte proteínico de las anchoas permitió que su cerebro se desarrollase más que el del resto de sus contemporáneos, de ahí su destreza con las armas. No le contó su secreto a nadie, ni siquiera a su querido Patroclo (“el niño del collar de conchas” en la película).
- Lo de las armas indica claramente la existencia dentro del ejército griego de una unidad militar encargada de recoger flechas y lanzas, algo similar a las actuales recogepelotas del master de tenis de Madrid (similar en la falda, claro).
Lo dicho, la película no está mal si la ves libre de ideas preconcebidas, de lo contrario lo mejor es reunir en el salón de tu casa a unos colegas para visionar y chotearse un rato, porque si el pobre Homero levantase la cabeza, se comía el arpa.
.Mi churri alabó la recreación del vestuario de ellos, principalmente los cascos griegos, que son clavaditos a los que se encuentran de vez en cuando en la Ría de Huelva y luego se usan para recoger polvo en los museos. El de ellas no le terminó de gustar, por poco fiel a la historia: la moda del momento era ir con las tetas al aire, lo juro.
A mi me gustó mucho mucho la ropa de cama de Aquiles, pero eché de menos que se omitiese “el juramento de los reyes sobre el caballo descuartizado”, ver a Casandra profetizando mientras todos la ignoran, y a Pentesilea y sus chicas dándoles ostias a los griegos. A aquellos que sientan interés por saber de que hablo, recomiendo la lectura de Homero, y de las dos novelas sobre el tema que más nos han gustado a mi abuela y a mí (dos criticas literarias super sólidas, no se vayan a creer)
“La Antorcha” de Marion Zimmer Bradley
“La Canción de Troya” de Colleen Mccullough
Solo decir que Akiles y Patroclo eran amantes y el primero murió con unos 16 años.
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