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Los fraguell y el teatro
Tras finalizar mi alegre exilio en Madrid (lo siento por los que les gusta imaginar que lo pase putas por la Capital, porque lo mío fue una juerga continua, y si no que se lo pregunten a la Señorita Cibeles, que me saludaba los sábados noche cuando pillaba el búho para retornar al hogar) he iniciado un proceso de renovación de alianzas. Algo similar a lo que en RRHH llaman “agenda de contactos”, pero con antiguas colegas que se quedaron en el terruño a explotar lo que los exiliados les dejamos (más bien poco, para que nos vamos a engañar).

La última firma de renovación ha sido con La Fraguell, a la que encontré tal y como la dejé: recorriendo la ciudad con su bici, en busca de una experiencia laboral, o simplemente de una experiencia. A los que se pregunten porque soy amiga de una Fraguell, les diré que en primer lugar la chica es encantadora, y segundo, no te puedes imaginar la cantidad de ventajas que ello proporciona. Porque no hay evento gratuito que se escape a su vista, y se conoce de cabo a rabo todas las formas para no pagar tasas en los exámenes de la administración. Esta semana sin ir más lejos, gracias a un soplo suyo me he ahorrado las tasas de una bolsa de trabajo para la Diputación. Los muy ladinos habían omitido de la convocatoria que si eras parado no tenias que soltar la pasta, pero allí estaba La Fraguell, imparable ella, todo por la pasta, mirando al funcionario de información, con esos ojos de Fraguell que dios le dio, realizando la pregunta que nadie en esta ciudad se había atrevido hacer: ¿Si estás parado también pagas?.

Creo que las únicas que no caímos en la estafa fuimos ella y yo, porque cuando solté en la fila para entregar los papeles en registro, con cara de bondad infinita: “Si estás parado no hace falta pagar”, un “Ostia, Mierda” recorrió la sala como el rumor del mar, y se expandió hacia el interior de la oficina de registro, asustando al “registrador” que asomó su rostro asustado a la puerta: “Cielos, una rebelión. “¡Y yo sin desayunar!”, pensó el registrador, y rápidamente puso remedio a la situación: se fue a tomar su cafetito con churros, no quiera el demonio pillarle en ayunas.

Como estábamos tan contentas por habernos ahorrado las tasas, el sábado, nos fuimos al teatro (gratuito) que la Universidad ha tenido a bien organizar para celebrar creo que el XXV aniversario de su fundación. Magno evento que proporciona alegrías sin fin a los ciudadanos y a los miembros de la comunidad universitaria, y claro, a la Fraguell y una servidora. Llegué tarde, menos mal que La Fraguell había quedado encargada de coger ella las entradas, porque el aforo ya estaba completo y nos habría tocado ver la obra desde la calle, y con el frío que hacía, encima de no enterarnos de nada, se nos hubiesen congelado los pies (que daño).

La obra me gustó, aunque claro, como era teatro experimental, y una siempre ha carecido de sensibilidad artística (y si no que se lo pregunten a mi profesor de música de la EGB, que prometió aprobarme flauta si le prometía no tocar dicho instrumento en clase, ni fuera de ella, ni me aproximaba a una en lo que me restase de vida. Prometí y saqué notable) pues la verdad, hubo partes de la obra que me resultaron oscuras (y no sólo porque el escenario permaneció en penumbra toda la hora), pero me hicieron pensar (algo positivo según mi profesor de música, y digo yo, que perra he pillado hoy con este hombre, con lo mal que me caía), y piense que te piense, en el trayecto desde el teatro al bar más próximo, en compañía de la comunidad de “amigas opositoras a magisterio de La Fraguell” (esta ciudad está llena de comunidades, parece Internet), elaboré mi teoría (totalmente errónea, seguro) sobre la obra. Nos tomamos unas cañas para remojar las neuronas, y la más original hizo la pregunta de rigor: ¿La habéis entendido?, sólo se me ocurre soltar lo siguiente: “Creo que es una metáfora sobre las relaciones de pareja, y el asesinato ritual de el a manos de ella simboliza el fin del amor y la desilusión final”. Silencio absoluto y cuatro pares de ojos observándome como si fuese un bicho raro. Deben ser las pastillas para el dolor de espalda, no deben mezclarse con cerveza.
 
Comentario:
Cibeles te echa de menos ...
 
Comentario:
Me encanta, leyéndote veo mi ciudad natal desde otra perspectiva mucho más reveladora. Gracias.
 
Comentario:
Se echaban de menos tus "experiencias", ;-)

PD: ¿cuantas cervezas iban cuando te "iluminaste"?
No