Cosas de familia
Este fin de semana lo pasamos en el solar familiar, que ya tocaba pasar revista a mis abuelos, porque desde que nos fuimos de casa madre, nana (hermana) y yo, andan los tíos desbocados, haciendo lo que les da la real gana y pasando de una forma de todo que ríanse ustedes de la tercera edad. Total, que me fui a vigilar que no se hubiesen metido en algún lío en mi ausencia, y de paso llevé la última adquisición de mi armario para lucir bien guapa este verano: unos pantalones piratas que en mí escasa longitud de pierna lucían tobilleros, problema fácilmente subsanable con las habilidades costureras de mi abuela.
Y en esas estábamos, cada una con una pernera dándole al caballete (nota para los inexpertos: técnica de costura encaminada a que no se suelten los hilos de la tela, también llamada “rematar”) mientras abuela le daba a lengua intentando ponerme al día de los últimos acontecimientos, que si los tomates crecían bien, las cerezas se había fastidiado con la granizada, la vecina no sabía que hacer con su hijo, la hija de la otra vecina parecía tener novio, la prima de Almagarinos se encontraba bien, gracias, la de Argentina sigue sin dar señales de vida (esperamos que no le haya pasado ninguna desgracia), fíjate lo que dan en la televisión, que divertido el anuncio del perro que habla … todo esto y mucho más, pero totalmente mezclado, vamos, un rollo patatero del que yo desconectaba discretamente y conectaba al hilo de alguna frase que despertase mi interés, y en estas estaba cuando mis neuronas hicieron “clik” avisándome, la frase era más o menos así:
“Bla bla bla … y ya le dije a mi cuñada que no se preocupase, que tu localizarías el libro para que lo pudiésemos leer todos … bla bla bla”.
“Ya está, otra vez, -- pensé -- , seguro que a mi tía segunda se le ha antojado leer alguna novela de los años 40 de esas que tenemos por casa tiradas, abuela no la encuentra, y me ha endosado la búsqueda por toda la casa”. Situación muy habitual en mi familia, de vez en cuando, alguien recuerda que allá por 1952 leyó una novela cuyo título y autor no recuerda, pero que trataba de una chica que se iba del pueblo a trabajar como modista, cogía la tisis, se enamoraba del médico, y al final se casaba con el butanero que pasaba por allí, y era preciosa, ¿y que hacen? Llaman a la menda: “Tú que has leído tanto seguro que sabes de que te hablo, y donde está, por si te sirve de ayuda estaba encuadernada en azul, sí, lo recuerdo claramente, era azul, y tenía dibujada a la chica en la portada”. Y ala, a buscar por toda la casa, como si fuese un perro de caza, hasta dar con la dichosa novela.
Me equivoqué de medio a medio, esta vez la cosa era más compleja.
Todo empezó cuando a mi tía-abuela le prestó su vecina (otra que también tiene un peligro…) la autobiografía de un maquis que allá por los años 40 ó 50, se ocultó en las proximidades del pueblo, y en su libro revela un hecho delictivo no esclarecido, cuya intriga ha llegado hasta hoy (aunque yo no tenía ni idea), ¡el robo de la caja vecinal! (para que nos entendamos, la pasta del pueblín), robo que el pueblo achacó al alcalde y este acusó a mi bisabuelo (el mismo que mucho después se escondía por ahí para salirse con la suya).
Mis abuelos no pueden con la intriga, “¿saldremos nosotros? O por lo menos tu bisabuelo, sólo sea por el susto que nos llevamos entonces, cuando apareció la Guardia Civil y se lo llevaron al cuartelillo, y todo por estar fichado por rojo, que injusticia”
Total, la propietaria del libro se largó (al geriátrico, creo, aunque esa parte no me quedó clara) y se llevó con ella el libro, pero no hay problema, ya lo busca la niña en las librerías de la capital. Las pistas que me han dado esta vez son muy buenas: es un libro. Habla de un hombre que fue maquis. Estuvo escondido en el pueblo, no, no sabemos su nombre, y tampoco el título del libro. ¿Encuadernación?, a saber, estaba forrado con periódicos. Pero de eso, no puede haber mucho ¿verdad?.
Mi dilema es el siguiente: ¿les decepciono, o escribo yo el libro?
Y en esas estábamos, cada una con una pernera dándole al caballete (nota para los inexpertos: técnica de costura encaminada a que no se suelten los hilos de la tela, también llamada “rematar”) mientras abuela le daba a lengua intentando ponerme al día de los últimos acontecimientos, que si los tomates crecían bien, las cerezas se había fastidiado con la granizada, la vecina no sabía que hacer con su hijo, la hija de la otra vecina parecía tener novio, la prima de Almagarinos se encontraba bien, gracias, la de Argentina sigue sin dar señales de vida (esperamos que no le haya pasado ninguna desgracia), fíjate lo que dan en la televisión, que divertido el anuncio del perro que habla … todo esto y mucho más, pero totalmente mezclado, vamos, un rollo patatero del que yo desconectaba discretamente y conectaba al hilo de alguna frase que despertase mi interés, y en estas estaba cuando mis neuronas hicieron “clik” avisándome, la frase era más o menos así:
“Bla bla bla … y ya le dije a mi cuñada que no se preocupase, que tu localizarías el libro para que lo pudiésemos leer todos … bla bla bla”.
“Ya está, otra vez, -- pensé -- , seguro que a mi tía segunda se le ha antojado leer alguna novela de los años 40 de esas que tenemos por casa tiradas, abuela no la encuentra, y me ha endosado la búsqueda por toda la casa”. Situación muy habitual en mi familia, de vez en cuando, alguien recuerda que allá por 1952 leyó una novela cuyo título y autor no recuerda, pero que trataba de una chica que se iba del pueblo a trabajar como modista, cogía la tisis, se enamoraba del médico, y al final se casaba con el butanero que pasaba por allí, y era preciosa, ¿y que hacen? Llaman a la menda: “Tú que has leído tanto seguro que sabes de que te hablo, y donde está, por si te sirve de ayuda estaba encuadernada en azul, sí, lo recuerdo claramente, era azul, y tenía dibujada a la chica en la portada”. Y ala, a buscar por toda la casa, como si fuese un perro de caza, hasta dar con la dichosa novela.
Me equivoqué de medio a medio, esta vez la cosa era más compleja.
Todo empezó cuando a mi tía-abuela le prestó su vecina (otra que también tiene un peligro…) la autobiografía de un maquis que allá por los años 40 ó 50, se ocultó en las proximidades del pueblo, y en su libro revela un hecho delictivo no esclarecido, cuya intriga ha llegado hasta hoy (aunque yo no tenía ni idea), ¡el robo de la caja vecinal! (para que nos entendamos, la pasta del pueblín), robo que el pueblo achacó al alcalde y este acusó a mi bisabuelo (el mismo que mucho después se escondía por ahí para salirse con la suya).
Mis abuelos no pueden con la intriga, “¿saldremos nosotros? O por lo menos tu bisabuelo, sólo sea por el susto que nos llevamos entonces, cuando apareció la Guardia Civil y se lo llevaron al cuartelillo, y todo por estar fichado por rojo, que injusticia”
Total, la propietaria del libro se largó (al geriátrico, creo, aunque esa parte no me quedó clara) y se llevó con ella el libro, pero no hay problema, ya lo busca la niña en las librerías de la capital. Las pistas que me han dado esta vez son muy buenas: es un libro. Habla de un hombre que fue maquis. Estuvo escondido en el pueblo, no, no sabemos su nombre, y tampoco el título del libro. ¿Encuadernación?, a saber, estaba forrado con periódicos. Pero de eso, no puede haber mucho ¿verdad?.
Mi dilema es el siguiente: ¿les decepciono, o escribo yo el libro?
Comentario:
Es verdad lo del libro?, lo podríamos buscar no tienes más pistas sobre él??, por cierto muy bueno.