Y AHORA, ¿QUÉ?

Tras al tregua deberíamos hacer una reflexión sobre lo que ha supuesto todo este proceso.
Lo primero que se me ocurre es que hemos sido todos un poco ingenuos. Las ganas de llegar a buen puerto definitivamente nos volvieron ciegos ante las evidencias. Creo que también el brazo político de ETA estuvo ciego durante algunos meses, incluso hasta meses después del atentado de Barajas.
El espejismo de las elecciones municipales como nudo gordiano del proceso, ejerció de crisol de esperanzas de unos y otros.
No me cabe duda de que los radicales de la izquierda abertzale están cansados de la situación. Ni me quiero imaginar a los familiares de los presos, cuya moral ha debido de caer puntos enteros tras esta tregua.
Hasta los nacionalistas del PNV se encuentran ahora en una situación nueva, amenazados por los terroristas y con la certeza de que pueden ser objetivos específicos. Por mucho que hablen con Batasuna, saben que ETA hará lo que le venga en gana, lo que considere oportuno, sin consultar a nadie, ni siquiera a Batasuna.
¿Qué sensación la de Batasuna? Los eternos teloneros de la banda. ¿Qué falta de autoestima hace falta para doblegarse sin ambages a los designios de la banda? ¿O qué miedo? Si es que, al final, todo es cuestión de cobardía, nada más.





