¿QUÉ HA SIDO DE OTEGUI?

La rapidez de la vida política tiene algunas consecuencias para sus líderes. El hecho es que la fugacidad de la noticia hace que las personas que viven en esa dinámica sufren esa misma fugacidad. Mientras sales, existes.
Ahora Otegui ha entrado...en prisión. Sin repercusión alguna ha entrado en la vetusta Martutene, sin pena ni gloria, con menos glamour y clamor popular que Vera.
No me produce una especial alegría porque me dice mucho de la gente, de su ingratitud y de la volatilidad de la memoria y de los afectos humanos.
Me pregunto qué es de sus comilitones. No se les oye. Quizá su familia aún está recibiendo el apoyo de sus correligionarios pero, ¿por cuánto tiempo?. Los militantes de base ni susurran ya el nombre de Arnaldo. Incluso algunos compañeros de partido, mahaikides de pro, estarán viendo una oportunidad de tomar el protagonismo de Otegui. Una oportunidad de despuntar y de sentir el calor de las masas y las palmaditas en la espalda. Sí, incluso entre los hombre y mujeres de izquierda también tiene cabida la soberbia y el orgullo. Somos personas, con independencia de las creencias políticas.
Algún miembro de la Mesa Nacional se hará cargo de las actividades de Otegui, máxime con lo que se nos viene encima: elecciones generales. Quizá haya que verlo como una oportunidad de reactivar los contactos, las conversaciones, los afectos, las posibilidades, los caminos.
Todos estamos cansados; los terroristas también. La época oteguiana ha pasado fugaz por el firmamento, dejando una estela de mesa política y de diálogo posibilista. Polvo de estrellas que se disipará muy pronto con una acción violenta de ETA.





