Vive
Alguien me dijo una vez que si conseguías hacer algo durante 20 días seguidos ese algo se convertía en un hábito y acababas haciendo, ese algo, por inercia del día a día, se le olvidó contarme que bastaba mucho menos tiempo para olvidarlo.
Llevo tanto tiempo sin entrar en mi pagina que ni siquiera recordaba mi contraseña.
Llevo tanto tiempo sin leeros que incluso vergüenza me da cuando os veo por la calle.
Llevo un verano de vacaciones intelectuales, ni leer, ni escribir, ni hacer nada fructífero con mi vida. Yo no soy así y cansada de esta languidez veraniega, durante una sola semana he devorado tres libros y prometo ponerme al día con todos vosotros que habéis pasado de estar en mis favoritos de Internet a estar en mis olvidados, mil perdones.
A pesar de que parezca que sólo he vivido sin vivir, dentro de una casa con todo lo que se pueda necesitar para una supervivencia mínima, aunque digna, no ha sido así.
El primer fin de semana de Agosto estuvimos en Barcelona con mi hermanisima. En la misma Barcelona no, que no me gusta, demasiada contaminación acústica, demasiada gente y todos con demasiada prisa, así que pasamos un fin de semana tranquilito en Vilanova i la Geltrú, en una playa extrañísima con césped, cabezudos y gigantes, castellers, fuegos artificiales, algodones de azúcar que nunca llegaron, vino y mi hermana, sobre todo mi hermana, en su casita de Pin porque Pon no cabe. No me importaría vivir allí y no me extraña que mi hermana le tenga tanto apego.
De allí, a galope, preparamos un viaje a Andalucía con los amigos.
Del 20 al 25 de agosto recorrimos Huelva, Sevilla y Córdoba y a pesar de alguna riña por mi falta de paciencia, como siempre, fue una gran idea el irnos juntos, no se cuando podré volver a estar de vacaciones con ellos, ya que si nada ni nadie lo impide, mi próximo viaje de vacaciones será el viaje de novios y a partir de ahí, quien sabe las vacaciones como serán.
A pesar del mal tiempo, que parece que nos siguió hasta Andalucía, pues nos llovió incluso hizo frío en pleno Agosto, disfruté de la puesta de sol en las marismas como si nunca hubiese visto una puesta de sol, disfruté en Sevilla de la plaza España, de su inmensidad a pesar de que en Valencia metieron la pata con el escudo y con los pueblos, que no es Tarrente señores Sevillanos si no Torrent, una pena ese error. No nos dio tiempo a ver nada más, que nos calló el diluvio encima y sin ningún sitio donde refugiarnos.
Y por último, Córdoba, a pesar de que cayeron por el camino y sólo quedamos tres para verla, Córdoba siempre será una espinita en mi corazón, junto con la de Santiago de Compostela, piedras que hablan solas capaces de contar miles de historias, mi alma y mi corazón estuvieron dispuestos a quedarse sin mi, de hecho hay algo que me falta, que no logro encontrar y en el fondo se que sigue allí.
Por cierto el salmorejo de verdad en Córdoba y no en Sevilla, era sólo una pequeña apreciación culinaria.
Así, medio en la ruina y un poco tristes por tener que irnos, volvimos a Valencia.
Y acabé el verano disfrutando, un año más, de las fiestas de Alaquas. Continué con mi vivir sin vivir, inerte sobre un sofá, con un pedazo menos, el que se quedo en Córdoba, con unos kilos más, olvidándome poco a poco de leer, de escribir y hasta de hablar.
Este lunes, al fin, unas pocas neuronas vieron la luz, cogí eso con hojas y muchas letras y me di cuenta que yo sabía lo que era, sólo tenía que recordarlo.
Un libro
Y alguien gritó ¡¡Vive!!





