A veces no hace falta parafrasear a Shakespeare.
en el exterior, a casi cuarenta grados la vida seguia normal. con sus preocupaciones de siempre, con mucha gente pendiente de los debates de la tele, del resultado del equipo, del romance del famoso, del cubata de fin de semana, del bajarse de internet, de las rebajas del hipermercado, de los gritos, de los poemas por movil, de la apariencia, de la ropa de moda, del coche mas lujoso, del sexo zafio omnipresente, de las peliculas con efectos especiales y sin actores, de las cremas de belleza que rejuvenezen veinte años, de los idolos de la nada, de los que marcan la tendencia, de los programas del corazón, de los politicos y sus mentiras, de los cedés piratas, de los periodistas y sus miserias, de la comida rapida, de las risotadas del ignorante, de las malicia del sabiondo, de las ansias, de la demagogia, de la falsedad, de lo prefabricado, de lo chabacano, de lo grotesto, de lo facil, de los valores del siglo 21 en definitiva. Yo me sentia feliz sin pensar en ninguna de esas cosas tan importantes. aislado, como en otro mundo, como si se me hubiese permitido entrar en una capsula fuera del espacio-tiempo asistiendo a una historia de sentimientos, una historia hipnotica y profundamente humana como de las que ya no quedan.
Iker Jímenez - La noche del miedo, 2005
Iker Jímenez - La noche del miedo, 2005
Comentario:
bien, ya tengo un buen resumen de lo que habla la gente, es lo que me parecia pero me negaba a creer que fuese asi.





