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EN LA PLAYA.
Relatos. por Miguel Angel Aedillo.
Sindicación
 
METODOLOGÍA DE POSICIONAMIENTO VISUAL SALADO O 15000 FORMAS DE ENFRENTARSE AL MAR 1

Solo, de pie, mirando el mar.

Solo, de pie, dando la espalda al mar.

Solo, de pie, con los ojos cerrados.

En pareja, de pie, mirando el mar.

En pareja, de pie, mirando al otro.

Solo, sentado, mirando al mar.

En pareja, sentados, mirando al mar.

En pareja, sentados, mirando atrás.

Solo, tumbado, boca abajo, mirando al mar.

Solo, tumbado, boca abajo, mirando atrás.

Solo, tumbado, boca arriba, mirando al cielo.

Solo, tumbado, boca arriba, en paralelo a la costa. ( inédito)

En pareja, tumbados, boca abajo, mirando al mar.

En pareja, tumbados, boca arriba. ( contando estrellas)

En pareja, tumbados, lateral, ojo contra ojo.

En pareja, tumbados, él encima de ella.

En pareja, tumbados, ella encima de él.

En pareja, tumbados, él encima de él.

En pareja, tumbados, ella encima de ella.

Solo, sentado en la arena, leyendo.

Solo, sentado en una silla, leyendo.

Solo, tumbado, boca arriba, leyendo.

Solo, tumbado, boca abajo, leyendo.

Solo, tumbado, frente al mar, con gafas de sol. ( contando estrellas)

En pareja, frente al mar, ella tumbada, él sentado con gafas de sol.
( problemas)

 
LA COMETA 2

Las cometas sin la brisa son simples plásticos de colores.
 
LA COMETA

Vuelan cometas en la playa, estructuras siempre delicadas pero muy

vistosas y tecnicamente proporcionadas y preparadas para grandes

vuelos.

Sus dueños preparan el despegue con sutileza y cuidado, realizan to-

dos los preparativos con gran cálculo y eficacia, observando los cam-

bios de marea y la fuerza de la brisa, parámetros indispensables para

la perfecta ejecución del vuelo deseado.

Un golpe seco de brazos lanza hacia las nubes a la cometa, gira y cor-

ta el viento con rapidez, realiza giros imprevistos, bruscos, buscando

la corriente de aire adecuada, que le permita planear alrededor de la

mirada de su piloto y de las demás cabezas que observan la proeza

del vuelo de algo tan leve.

Y esa levedad se transforma en magia, y sus colores se convierten en

la bandera de nuestra infancia, que se repite en cada mirada nueva

de un nuevo observador.

Cada vez que contemplo el vuelo de una cometa, veo reflejado en el

cielo mis intentos para hacer volar mis cometas de papel, lanzadas

desde la ventana de mi habitación, incapaces de flotar breves instan-

tes en el aire, consiguiendo tan sólo golpearse contra la fachada roja

de la realidad de aquellos años.

Cada vez que observo el vuelo de una cometa, envidio su facilidad y su

paseo aereo, su habilidad y su soltura en el espacio.

Pero ya no contruyo cometas.

Aunque siga viendo volar mis sueños.
 
MARINERO EN TIERRA

Nunca he entendido los poemas de Rafael Alberti.

Creo que su añoranza de las aguas marinas era una pose, que junto

a su pesada silueta se encallaba en el puerto de sus versos.

Dicen que era arisco como un mar embravecido, tempestuoso ante la

crítica de sus imágenes, guerrero contra los diestros ademanes de la

política.

Siempre portaba un sombrero marinero, azul con visera acartonada,

y apuraba con su mirada el horizonte, esperando pescar alguna metá-

fora salvaje y rescatarla de las redes segundos antes de su última a-

gonía, para leerla en voz alta y explotar su inspiración en un papel mo-

jado de lágrimas, escondido tras la concha ajada de los sueños del

poeta de la barca amarrada de por vida.