LA MADRE NATURALEZA.
Siempre había vertido mis desechos en cualquier parte, pero un día
me levanté convertido en "La Madre Naturaleza".
Los seres humanos, unos animales sin escrúpulos y sin inteligencia,
se dedicaban a lo que yo, antes de mi metamorfosis, consideraba nor-
mal:
Llenar todo de mierda.
Pero ahora yo, como Madre Naturaleza, no podía consentir este crimi-
nal desorden medioambiental, y me defendía así:
Levantando olas de cincuenta metros; abriendo grietas en la corteza
terrestre; abrasandoles la cara cuando exponían sus asquerosos
cuerpos al sol, en las playas convertidas en vertederos de vacaciones
y basura.
Que las fábricas alimentaban mis pulmones y los llenaban de verti-
dos químicos incontrolados, yo cambiaba el ciclo de las estaciones,
las mareas y las fases lunares.
Que talaban o quemaban hectáreas de bosques, yo erizaba los cau-
dales de los ríos y los aterrorizaba destruyendo sus débiles casas.
¡Qué pena no poder mantener la primavera como estación total y de
esa manera multiplicar el número de suicidios per cápita en el bello
mes de las flores y el amor¡
Pero desperté.
Seguía siendo un ser humano, o sea, nada.
Y continué el resto de mi vida arruinando mi entorno, sin respetar las
sencillas e inútiles papeleras y sin utilizar los bonitos contenedores
de colores.
Creando sin piedad, mi tonelada de desperdicios al año, tan a gusto.
Es lo que tiene ser un animal con capacidad para la memoria pero
que prefire la tranquilidad y la supuesta inocencia del olvido.





