LA PLAYA GUARDA LA ROPA DE INVIERNO.
La playa solitaria se ha convertido en un hervidero de pies morenos,
que pisotean las conchas que buscabamos en enero como si fueran
piedras preciosas.
Los trocitos pisoteados se clavan en las plantas de los pies de niños
colorados como sus papás.
Los barcos siguen su camino, sin alterar su rumbo.
Cómo si nada.





