UN DÍA DE PLAYA CUALQUIERA.
Reflejos solares dibujados en el fondo, siluetas de luz danzando al
son de las mareas.
Vibrando en acuáticas formas de expresión salada.
Esculturas de sal y arena, bajorelieves en la piel tostada de rayos,
dicen, peligrosos.
Incrustaciones solares en los poros abrigados de protección.
El calor primerizo de junio.
La brisa, siempre la brisa.
Y la gorra en casa.





