MARINERO EN TIERRA
Nunca he entendido los poemas de Rafael Alberti.
Creo que su añoranza de las aguas marinas era una pose, que junto
a su pesada silueta se encallaba en el puerto de sus versos.
Dicen que era arisco como un mar embravecido, tempestuoso ante la
crítica de sus imágenes, guerrero contra los diestros ademanes de la
política.
Siempre portaba un sombrero marinero, azul con visera acartonada,
y apuraba con su mirada el horizonte, esperando pescar alguna metá-
fora salvaje y rescatarla de las redes segundos antes de su última a-
gonía, para leerla en voz alta y explotar su inspiración en un papel mo-
jado de lágrimas, escondido tras la concha ajada de los sueños del
poeta de la barca amarrada de por vida.





