NO ESTAMOS SOLOS.
La chica abrigada de azul que recorre cada mañana la playa, se pre-
gunta como es capaz de tomar el sol con este frío una señora de esa
edad y no ponerse mala, ya que no falla ni un día desde hace un mes.
Un hombre con gorra de marinero se pregunta dónde puede ir con
esa prisa una chica tan joven, a esas horas, y con este frío. También
se pregunta porque no pican, con el buen cebo que le vendió Miquel.
Miquel abre la tienda de artículos marinos sin prisa. Desde la ventana
goza de una pequeña visión de la playa y sus recoge conchas.
Un matrimonio de jubilados pasea su edad con bolsas de plástico
colgando de sus manos arrugadas, recojen conchas, la mujer le dice
al hombre :
" Esas no, de las otras. "
Y le indica que mire hacia el otro lado donde un joven con traje de neo-
preno intenta hacer "fly-surf".
Desde el aire todo es diferente, y el chico que intenta amortizar el gas-
to del equipo de "fly-surf" cuanto antes, intenta sin conseguirlo, volar, y
distinguir con claridad la raza del perro de ahí abajo.
¡ Trogui, Trogui ¡
Llama a su perro una señora con ropa deportiva y moldeado de antes
de ayer, envidiando el viaje que le espera a aquel barco rojo.
El " Cornamusa " parte de puerto hacia las Islas de Cabo Verde con
bandera de la C.E.E, aunque lo que le gustaría a Marc es que ondeára
la bandera pirata. Mientras se distrae mirando con los prismáticos ha-
cia la costa, le llama la atención una señora tomando el sol.
La señora que toma el sol da por concluida su sesión de sol de invier-
no y se levanta con algo de dificultad. Su bikini es estampado y su mo-
reno envidiable. Antes de recoger su silla y una pequeña radio, hecha
un vistazo a su alrededor, como para comprobar que todo queda en
su sitio, y se fija en un hombre solo, que lee un libro, sentado en un
banco de madera frente al mar, y dice :
- ¡ Pobre, qué soledad ¡





