y con el once titular...
Esta mañana en la desazón mañanera del madrugón, al terminar de ducharme y proceder al enfundado de bragas he pensado:
- ¡si!, las bragas que me gustan… hoy voy a tener suerte…
Varias horas después, ya en el `Jupi´ frente al café he empezado a teorizar acerca este pensamiento.
Ninguna me puede negar que tiene bragas favoritas, esas con las que se esta muy cómoda, son ideales, estéticamente bonitas, escandalosas o similar… lo cual me ha llevado a pensar en ese `otro tipo´ de ropa interior que todas tenemos y podríamos denominar de segunda división, que siempre está al fondo del cajón y que sólo juega en primera por dos motivos:
a) hemos hecho pereza, somos unas perras, no hemos puesto la lavadora y no queda mas remedio que utilizarlas o ir a lo comando un día entero…
b) tenemos la regla y son las únicas donde podemos meter nuestra hinchada tripa, la compresa ultra absorbente noche con alas de boeing 747 y que para dormir nos hacen servicio…

En el primer caso siempre pienso en esa frase de madre que dice: ”anda, que como te pase algo y te vean con esas bragas”… con el tiempo he descubierto que la vergüenza en ese caso sólo sería superada por el tamaño de las mismas…
En el segundo caso sólo me queda el consuelo de que en pareja esos momentos son suplidos por ”el hoy por ti, mañana por mi”…
Pero en cualquier caso la pregunta es: ¿qué tipo de fuerza sobrenatural nos hace incapaces de coger todas esas bragas, tirarlas a la basura y comprar otras que siempre jueguen en primera y con las que no nos de vergüenza asistir a reuniones sociales?...
Lo cual me lleva a otra cuestión… si superásemos esa fuerza ¿de qué color sería el cubo de basura dónde tendríamos que tirarlas?
- ¡si!, las bragas que me gustan… hoy voy a tener suerte…
Varias horas después, ya en el `Jupi´ frente al café he empezado a teorizar acerca este pensamiento.
Ninguna me puede negar que tiene bragas favoritas, esas con las que se esta muy cómoda, son ideales, estéticamente bonitas, escandalosas o similar… lo cual me ha llevado a pensar en ese `otro tipo´ de ropa interior que todas tenemos y podríamos denominar de segunda división, que siempre está al fondo del cajón y que sólo juega en primera por dos motivos:
a) hemos hecho pereza, somos unas perras, no hemos puesto la lavadora y no queda mas remedio que utilizarlas o ir a lo comando un día entero…
b) tenemos la regla y son las únicas donde podemos meter nuestra hinchada tripa, la compresa ultra absorbente noche con alas de boeing 747 y que para dormir nos hacen servicio…

En el primer caso siempre pienso en esa frase de madre que dice: ”anda, que como te pase algo y te vean con esas bragas”… con el tiempo he descubierto que la vergüenza en ese caso sólo sería superada por el tamaño de las mismas…
En el segundo caso sólo me queda el consuelo de que en pareja esos momentos son suplidos por ”el hoy por ti, mañana por mi”…
Pero en cualquier caso la pregunta es: ¿qué tipo de fuerza sobrenatural nos hace incapaces de coger todas esas bragas, tirarlas a la basura y comprar otras que siempre jueguen en primera y con las que no nos de vergüenza asistir a reuniones sociales?...
Lo cual me lleva a otra cuestión… si superásemos esa fuerza ¿de qué color sería el cubo de basura dónde tendríamos que tirarlas?
crónica de un viaje orgasmizado...
Empezando desde el principio agradezco a mis múltiples jefes que me dieran permiso el viernes para irme a Barcelona ya que soy consciente de que al menos una de las partes contratantes lee este blog… Gracias.
Sonó el despertador a las ocho y media de la mañana, tras una duchita rápida y un desayuno aún más rápido, me acercaron a la estación de cercanías, llegué al aeropuerto a eso de las diez y algo, saqué la tarjeta de embarque y me dispuse a encontrar uno de los puntos para fumadores del aeropuerto y fumarme el primer cigarro nervioso del fin de semana.
El vuelo duró apenas una hora, cuando bajé y puse los pies en Barcelona estaba más perdida que un cactus en una bañera, después de hacer cola para comprar el billete de tren para llegar a la estación de Sants y meterme en el susodicho, algo me dijo que el fin de semana sería inolvidable.
Llegué a la estación y di cincuenta vueltas hasta encontrar el Café Café en el que había quedado con Ali, mi colega catalana. Después de los abrazos y la puesta al día me arrastró andando a su casa con la excusa de que vivía muy cerca de allí (será perra!, más de 15 minutos tirando de mis cosas…).
Cuando llegamos me presentó a una de sus compañeras de piso, una Argentina muy graciosa con la que un rato después vería ”The L World”, (¡por fin!), que me pareció la versión L de Sexo en Nueva York pero como que una se identificaba más, la verdad…
Por la tarde, quedé a comer (si, comimos tardísimo) con parte de la flota que días antes había partido a barna.
Dimos un largo paseo por las ramblas, plaza catalunya, colón… visitamos tiendas y tenderetes hasta que acabamos en lo que a mi me pareció el “mercadillo de fuencarral” en Madrid pero a lo Barcelonés.
Luego volví al barrio de Ali, un barrio un poco quinqui, todo sea dicho, me duché, me `encolonié´ y me fui hasta Poble Sec, que era donde había quedado con la excursión entera para cenar en el restaurante de los padres de un amigo. Hasta aquí llegó la tranquilidad del fin de semana, ya que a eso de la una y media, junto con Ali, nos embarcamos en la tarea de llegar antes de una hora a Rambla nosequé para unirnos a la argentina y entrar en Aire, que como las lectoras catalanas sabrán, cierra a las dos y media.

Corrimos hasta que me dolieron los pies, y a las dos y treinta y tres nos quedamos en la puerta con el segurata diciéndonos que ya no se podía pasar. Mi gozo en un pozo, ganas me dieron de tirarle el abrigo que llevaba en la mano al de seguridad y con la confusión colarme, pero en un ataque de cordura pensé que aún me quedaba el sábado, así que cogimos calle abajo, corriendo también porque perdíamos el nit bus, deteniéndonos cinco minutos para que Ali ante mi asombro se pusiera a mear ante decenas de transeúntes entre dos coches.
Cuando con la lengua fuera llegamos a embutirnos en el bus (porque jamás había montado en un autobús tan petado) un alma cándida tuvo a bien vomitarse encima para el estupor y disgusto de todos. Apenas llevábamos diez minutos el olor se hizo tan desagradable que optamos por ir el resto de camino andando.
Añadiré ahora que me acabo de acordar, que hay muchísimas autobuseras así como taxistas femeninas en la ciudad condal, cosa que me hizo mucha ilusión, no sé porqué, quizás porque en mi fuero interno lucha una Fernanda Alonso… ¡quién sabe!.
Después de llegar a casa con todo el palizón, ponerme el pijama, hacer la cama, lavarme los dientes, ajustarme el antifaz y coger posición fetal así como actitud para dormirme en casa ajena, ¿no voy y me doy cuenta de que hay alguien jadeando salvajemente no muy lejos de donde yo dormía con mi antifaz?, ¡qué era aquello!... así que ante la verbena sexual de alguna de las habitaciones decidí fumarme un cigarro hasta que terminaran porque era incapaz de dormirme pensando en todas las cosas absurdas que habían pasado incluido el regocijo carnal que se daba no muy lejos de mi persona…
A la mañana siguiente, más bien hora de comer, me despertaron. Pasamos el día tranquilo entre cafés, brindis y discusiones efervescentes acerca de la nueva ley matrimonial de “cónyuges”, el nuevo papa, las elecciones vascas…
Y si, me regalaron una rosa por Sant Jordi, cosa que me hizo mucha ilusión estando en Barcelona…
Ya entrada la noche y después de cenar algo ligerito insistí en que era hora de marcharnos no fuera que nos pasara lo que la noche anterior.

En la puerta de Aire me di cuenta de que había sido una mala idea el ir, porque si entraba no querría salir, como así fue.
Cuando entramos aquello era una fiesta desenfrenada de baile, alcohol y luces de colores. Estuvimos hasta que cerraron, y comprobé en mis carnes la droga psicosocial de ese sitio. Apenas tengo palabras para describir lo impresionante que fue.
A posteriori, con todo el subidón y todo el torzón (todo sea dicho), nos fuimos al D-mer, que aunque más pequeño y más íntimo me recordó bastante a un pub de mi tierra natal.
A estas alturas había comprobado que las barcelonesas en general son perfectas anfitrionas de la noche y de las buenas habladurías de las que había hecho oídos en Madrid.

Y cerraron el D-mer, así que nos fuimos a casa porque a una servidora le salía el avión a las once y media y aún tenía que recoger la mochila de casa de Ali.
Dormí apenas hora y media, y tras el palizón del viaje y de perderme en barajas porque no encontraba el metro (¿cómo puede ser que me pierda en casa? Pensareis… pues porque soy idiota del culo, sencillamente!), y con la voz rota en mil pedazos empecé a pensar y ya no en estado ebrio, que quiero vivir en Barcelona o sacarme un bono transportes puente aéreo o algo… porque me he quedado corta al contar lo increíble de este fin de semana…
Gracias por leer hasta aquí, y gracias a Ricci y a Reina por haberme creado las ganas y haberme recomendado sitios a los que ir… ¡si! ¡¡ha sido la polla!!...
Sonó el despertador a las ocho y media de la mañana, tras una duchita rápida y un desayuno aún más rápido, me acercaron a la estación de cercanías, llegué al aeropuerto a eso de las diez y algo, saqué la tarjeta de embarque y me dispuse a encontrar uno de los puntos para fumadores del aeropuerto y fumarme el primer cigarro nervioso del fin de semana.
El vuelo duró apenas una hora, cuando bajé y puse los pies en Barcelona estaba más perdida que un cactus en una bañera, después de hacer cola para comprar el billete de tren para llegar a la estación de Sants y meterme en el susodicho, algo me dijo que el fin de semana sería inolvidable.
Llegué a la estación y di cincuenta vueltas hasta encontrar el Café Café en el que había quedado con Ali, mi colega catalana. Después de los abrazos y la puesta al día me arrastró andando a su casa con la excusa de que vivía muy cerca de allí (será perra!, más de 15 minutos tirando de mis cosas…).
Cuando llegamos me presentó a una de sus compañeras de piso, una Argentina muy graciosa con la que un rato después vería ”The L World”, (¡por fin!), que me pareció la versión L de Sexo en Nueva York pero como que una se identificaba más, la verdad…
Por la tarde, quedé a comer (si, comimos tardísimo) con parte de la flota que días antes había partido a barna.
Dimos un largo paseo por las ramblas, plaza catalunya, colón… visitamos tiendas y tenderetes hasta que acabamos en lo que a mi me pareció el “mercadillo de fuencarral” en Madrid pero a lo Barcelonés.
Luego volví al barrio de Ali, un barrio un poco quinqui, todo sea dicho, me duché, me `encolonié´ y me fui hasta Poble Sec, que era donde había quedado con la excursión entera para cenar en el restaurante de los padres de un amigo. Hasta aquí llegó la tranquilidad del fin de semana, ya que a eso de la una y media, junto con Ali, nos embarcamos en la tarea de llegar antes de una hora a Rambla nosequé para unirnos a la argentina y entrar en Aire, que como las lectoras catalanas sabrán, cierra a las dos y media.

Corrimos hasta que me dolieron los pies, y a las dos y treinta y tres nos quedamos en la puerta con el segurata diciéndonos que ya no se podía pasar. Mi gozo en un pozo, ganas me dieron de tirarle el abrigo que llevaba en la mano al de seguridad y con la confusión colarme, pero en un ataque de cordura pensé que aún me quedaba el sábado, así que cogimos calle abajo, corriendo también porque perdíamos el nit bus, deteniéndonos cinco minutos para que Ali ante mi asombro se pusiera a mear ante decenas de transeúntes entre dos coches.
Cuando con la lengua fuera llegamos a embutirnos en el bus (porque jamás había montado en un autobús tan petado) un alma cándida tuvo a bien vomitarse encima para el estupor y disgusto de todos. Apenas llevábamos diez minutos el olor se hizo tan desagradable que optamos por ir el resto de camino andando.
Añadiré ahora que me acabo de acordar, que hay muchísimas autobuseras así como taxistas femeninas en la ciudad condal, cosa que me hizo mucha ilusión, no sé porqué, quizás porque en mi fuero interno lucha una Fernanda Alonso… ¡quién sabe!.
Después de llegar a casa con todo el palizón, ponerme el pijama, hacer la cama, lavarme los dientes, ajustarme el antifaz y coger posición fetal así como actitud para dormirme en casa ajena, ¿no voy y me doy cuenta de que hay alguien jadeando salvajemente no muy lejos de donde yo dormía con mi antifaz?, ¡qué era aquello!... así que ante la verbena sexual de alguna de las habitaciones decidí fumarme un cigarro hasta que terminaran porque era incapaz de dormirme pensando en todas las cosas absurdas que habían pasado incluido el regocijo carnal que se daba no muy lejos de mi persona…
A la mañana siguiente, más bien hora de comer, me despertaron. Pasamos el día tranquilo entre cafés, brindis y discusiones efervescentes acerca de la nueva ley matrimonial de “cónyuges”, el nuevo papa, las elecciones vascas…
Y si, me regalaron una rosa por Sant Jordi, cosa que me hizo mucha ilusión estando en Barcelona…
Ya entrada la noche y después de cenar algo ligerito insistí en que era hora de marcharnos no fuera que nos pasara lo que la noche anterior.

En la puerta de Aire me di cuenta de que había sido una mala idea el ir, porque si entraba no querría salir, como así fue.
Cuando entramos aquello era una fiesta desenfrenada de baile, alcohol y luces de colores. Estuvimos hasta que cerraron, y comprobé en mis carnes la droga psicosocial de ese sitio. Apenas tengo palabras para describir lo impresionante que fue.
A posteriori, con todo el subidón y todo el torzón (todo sea dicho), nos fuimos al D-mer, que aunque más pequeño y más íntimo me recordó bastante a un pub de mi tierra natal.
A estas alturas había comprobado que las barcelonesas en general son perfectas anfitrionas de la noche y de las buenas habladurías de las que había hecho oídos en Madrid.

Y cerraron el D-mer, así que nos fuimos a casa porque a una servidora le salía el avión a las once y media y aún tenía que recoger la mochila de casa de Ali.
Dormí apenas hora y media, y tras el palizón del viaje y de perderme en barajas porque no encontraba el metro (¿cómo puede ser que me pierda en casa? Pensareis… pues porque soy idiota del culo, sencillamente!), y con la voz rota en mil pedazos empecé a pensar y ya no en estado ebrio, que quiero vivir en Barcelona o sacarme un bono transportes puente aéreo o algo… porque me he quedado corta al contar lo increíble de este fin de semana…
Gracias por leer hasta aquí, y gracias a Ricci y a Reina por haberme creado las ganas y haberme recomendado sitios a los que ir… ¡si! ¡¡ha sido la polla!!...
voy a poner por fin tu nombre en la arena....
Mañana me voy a Barcelona, la ciudad condal de mis recuerdos, la estirpe donde parí mis sueños... y qué más da el tiempo que ha pasado o que me quedo, si siempre vuelvo...
Y si, voy a poner por fin tu nombre en la arena.... barcelona.

y... un guiño, de los que llevan el rimel de toda una noche en vela...
Y si, voy a poner por fin tu nombre en la arena.... barcelona.

y... un guiño, de los que llevan el rimel de toda una noche en vela...
maquillando la vida...
Paseando por el weblog diegoberiot y tras una serie de vínculos y conexiones totalmente incoherentes y retorcidas de mi persona, me he puesto a recordar una telenovela que vi cuando los dos rombos significaban lo contrario de lo que significan ahora.
Aquel serial dramático que rozaba la pornografía de mi entonces virginal mente se llamaba ”doña bella”. Como es de suponer, mis recuerdos de ella son un tanto difusos.
Y es que ”doña bella” encarna una de esas incoherentes y retorcidas conexiones de las que hablaba:los recuerdos .

Esas cosas que no entienden de condición moral, social, sexual, que no dependen de la edad ni de la cultura, sólo de la vida y de la imaginación, porque los recuerdos no son mas que experiencias maquilladas por la mente.
No hay dos recuerdos iguales de la misma experiencia, y ese es en parte, uno de los regalos de estar vivos.
Maite Proenca en mi recuerdo era muy alta, muy rubia, de ambiciosos ojos verdes y tremendamente fuerte. La realidad es esta foto que casi veinte años después la transforma en una actriz más de novela, ni tan alta ni tan rubia (ni tan potente todo sea dicho…) como yo la recordaba, y que sólo a mi me trae mil recuerdos más que nada tendrán que ver con la realidad de entonces…
Aquel serial dramático que rozaba la pornografía de mi entonces virginal mente se llamaba ”doña bella”. Como es de suponer, mis recuerdos de ella son un tanto difusos.
Y es que ”doña bella” encarna una de esas incoherentes y retorcidas conexiones de las que hablaba:

Esas cosas que no entienden de condición moral, social, sexual, que no dependen de la edad ni de la cultura, sólo de la vida y de la imaginación, porque los recuerdos no son mas que experiencias maquilladas por la mente.
No hay dos recuerdos iguales de la misma experiencia, y ese es en parte, uno de los regalos de estar vivos.
Maite Proenca en mi recuerdo era muy alta, muy rubia, de ambiciosos ojos verdes y tremendamente fuerte. La realidad es esta foto que casi veinte años después la transforma en una actriz más de novela, ni tan alta ni tan rubia (ni tan potente todo sea dicho…) como yo la recordaba, y que sólo a mi me trae mil recuerdos más que nada tendrán que ver con la realidad de entonces…
¿quién lo haría más de una vez?...
Que no puede ser, que una se abandona a la comodidad de la rutina y de la confianza y cuando me he querido dar cuenta era el yeti al cambio de pelaje, así que ayer mientras Aída berreaba cual satánica en la cinco, yo me armé de valor, y junto a la epilady y unas tiras de cera me planteé el firme propósito de lucir unas piernas como las del anuncio, suaves y depiladas.

No fue fácil, depilar sobre depilado no asusta, no compromete, no es engorroso ni duele, pero… ¡ay de mi!, cuando planté aquella tira de cera infernal sobre mi muslo inconsciente… para mi que por el dolor no sólo arranqué pelos, si no que también debí llevarme epiteliales y algún que otro órgano vital por simpatía, porque es hoy, bastantes horas después, y aún no me siento los muslos.
Y es que si yo fuera pelo no volvería a salir… qué manera más horrible de perecer… adherido a una tira de cera verde fría y por discriminación, por ser pelo.
Aún recuerdo las palabras de cierto actor en cierta película que decía:
- las mujeres están locas, ¿quién lo haría más de una vez?...
Sólo las mujeres lo haríamos más de una vez....

No fue fácil, depilar sobre depilado no asusta, no compromete, no es engorroso ni duele, pero… ¡ay de mi!, cuando planté aquella tira de cera infernal sobre mi muslo inconsciente… para mi que por el dolor no sólo arranqué pelos, si no que también debí llevarme epiteliales y algún que otro órgano vital por simpatía, porque es hoy, bastantes horas después, y aún no me siento los muslos.
Y es que si yo fuera pelo no volvería a salir… qué manera más horrible de perecer… adherido a una tira de cera verde fría y por discriminación, por ser pelo.
Aún recuerdo las palabras de cierto actor en cierta película que decía:
- las mujeres están locas, ¿quién lo haría más de una vez?...
Sólo las mujeres lo haríamos más de una vez....
para un roto... para un descosido...
El clarinete que acompaña en este balcón es de la que vale pa´un roto y pa´un descosido... leriré, riré, riré....


y tú… ¿lavas o centrifugas?
Le he estado dando muchas vueltas a eso de los pisos de 30 metros que ha dejado caer la ministra… y he llegado a la conclusión, después de analizar el contenido moral, la dignidad que uno tiene como ser humano, los derechos del ciudadano, etc… ¡¡¡¡¡ QUE YO QUIERO UNOOOOOOO!!!!!.

Y que obviamente no son “beckingham palace”, ni nosotras somos la spice pija ni la ministra el colmo del ingenio, pero es que estoy convencida de que los que se han quejado superan con mucho la edad para la que están “diseñados” esos “minihogares”, o superan igualmente muy de lejos mi sueldo.
Y tampoco creo que los que se quejan, compartan piso, porque si algunos ponen el grito en el cielo porque se comparte el cuarto de las lavadoras, ¿qué pasaría si además de la lavadora compartieras con todos esos vecinos extraños la nevera, las baldas de la cocina, la terraza, el salón, el sofá, el cuarto de baño, las balditas de la bañera donde colocas los champús, los platos, las cacerolas y tuvieras que quedar con ellos para hacer la limpieza semanal?, ¡exacto!, estarías compartiendo piso, que tal y como está planteado es peor que tener que compartir el cuarto de la lavadora, que por otro lado, y bien mirado, es una manera de fomentar como decía Buenafuente las relaciones entre todos los solter@s del edificio…
Y tú… ¿lavas o centrifugas?

Y que obviamente no son “beckingham palace”, ni nosotras somos la spice pija ni la ministra el colmo del ingenio, pero es que estoy convencida de que los que se han quejado superan con mucho la edad para la que están “diseñados” esos “minihogares”, o superan igualmente muy de lejos mi sueldo.
Y tampoco creo que los que se quejan, compartan piso, porque si algunos ponen el grito en el cielo porque se comparte el cuarto de las lavadoras, ¿qué pasaría si además de la lavadora compartieras con todos esos vecinos extraños la nevera, las baldas de la cocina, la terraza, el salón, el sofá, el cuarto de baño, las balditas de la bañera donde colocas los champús, los platos, las cacerolas y tuvieras que quedar con ellos para hacer la limpieza semanal?, ¡exacto!, estarías compartiendo piso, que tal y como está planteado es peor que tener que compartir el cuarto de la lavadora, que por otro lado, y bien mirado, es una manera de fomentar como decía Buenafuente las relaciones entre todos los solter@s del edificio…
Y tú… ¿lavas o centrifugas?
¿y qué dice que hace una un sábado por la tarde si no encuentra nada mejor que hacer?...
Este fin de semana he redescubierto Madrid, he encontrado todo el placer perdido durante hacía ya muchos meses.
El sábado cogí el autobús por la tarde después de dejar a la bruja en busca de su coche calle arriba, y digo en busca porque según me confesó mas tarde, recorrió varias veces la vía hasta dar con el coche (torpona..).
Llegue a Madrid y cogí el metro hasta Callao, siempre que bajo a Madrid sin rumbo fijo me gusta ir y aparecer en Callao, porque al subir las escaleras y que la ciudad aparezca siempre pienso: ¡¡ esto es hollywood amigos!!... y una sensación de euforia me recorre el cuerpo.
Bueno, por eso y porque esta el fnac, centro malhechor de mi ocio infinito e incandescente por esos amados objetos de deseo que son los libros, pero no en el sentido lector (que también), si no en el sentido físico del libro como objeto, su tacto, su olor… rodearme de ellos, perderme entre las estanterías… hasta que la cantidad tan horrorosa de gente que allí nos dábamos cita se hizo tan íntimamente apretada que opté por comprarme el libro de “El bosque de la noche” de Djuna Barnes, una escritora de principios del siglo pasado que me tiene alucinada, y abandonar todo lo elegantemente que pude el sitio.
A posteriori y no habiendo tenido bastante, me marché Gran Vía arriba hasta Zara, pero sus tremendas colas en los probadores y en la caja me hicieron replantearme el “busco, busco, busco algo barato”…, así que me fui al H&M que parecía que allí no regalaban los tangas porque había mucha menos gente.
Cuando salí de nuevo a la calle compre un café en un Starbucks Coffee creo que se llamaba... y con mi vasito de cartón, mi libro nuevo y mi cigarro me plante en un banco a leer un rato hasta que me decidí a entrar en la Casa del Libro a cotillear.
Acabé comprándole un “Alicia en el país de las maravillas” a mi honeymoon, que los colecciona dentro de su colección de cosas de muchas cosas, al igual que las pelotas saltarinas, no así su señal de prohibido el paso y su lazo azul, que forman parte de su colección de cosas de una sola cosa, pero esto ya, es otra cosa….
El sábado cogí el autobús por la tarde después de dejar a la bruja en busca de su coche calle arriba, y digo en busca porque según me confesó mas tarde, recorrió varias veces la vía hasta dar con el coche (torpona..).
Llegue a Madrid y cogí el metro hasta Callao, siempre que bajo a Madrid sin rumbo fijo me gusta ir y aparecer en Callao, porque al subir las escaleras y que la ciudad aparezca siempre pienso: ¡¡ esto es hollywood amigos!!... y una sensación de euforia me recorre el cuerpo.
Bueno, por eso y porque esta el fnac, centro malhechor de mi ocio infinito e incandescente por esos amados objetos de deseo que son los libros, pero no en el sentido lector (que también), si no en el sentido físico del libro como objeto, su tacto, su olor… rodearme de ellos, perderme entre las estanterías… hasta que la cantidad tan horrorosa de gente que allí nos dábamos cita se hizo tan íntimamente apretada que opté por comprarme el libro de “El bosque de la noche” de Djuna Barnes, una escritora de principios del siglo pasado que me tiene alucinada, y abandonar todo lo elegantemente que pude el sitio.
A posteriori y no habiendo tenido bastante, me marché Gran Vía arriba hasta Zara, pero sus tremendas colas en los probadores y en la caja me hicieron replantearme el “busco, busco, busco algo barato”…, así que me fui al H&M que parecía que allí no regalaban los tangas porque había mucha menos gente.
Cuando salí de nuevo a la calle compre un café en un Starbucks Coffee creo que se llamaba... y con mi vasito de cartón, mi libro nuevo y mi cigarro me plante en un banco a leer un rato hasta que me decidí a entrar en la Casa del Libro a cotillear.
Acabé comprándole un “Alicia en el país de las maravillas” a mi honeymoon, que los colecciona dentro de su colección de cosas de muchas cosas, al igual que las pelotas saltarinas, no así su señal de prohibido el paso y su lazo azul, que forman parte de su colección de cosas de una sola cosa, pero esto ya, es otra cosa….
la primera piedra...
Me pilló desprevenida el fin de semana, la primavera y tantas cosas...
La letra de la canción que se puede escuchar es de Miguel Domingo, cantada por Tiza (lincados ambos dos en la columna de links...)
El que entienda la vida
Que tire la primera piedra
Y después ya veremos
Como queda la partida
He buscado en silencio
La Solución a algunas preguntas
No encuentro ...respuestas
Pero hay motivo para seguir vivo
Las sombras que acechan
Tú me las espantas con un matamoscas
Que hoy me has tatuado la mente con una pregunta
Los días se pasan
Y me quedé ciego mirando tu cara
Será que eres el sol
De cada una
de mis mañanas
quédate , quédate, quédate, quédate
quedate ahí sentada
y escucha el silencio
no lo rompas, no digas nada
Que a veces no entiendo que pasa
Que la vida pasa y no pasa nada
El que entienda la vida
Que tire la primera piedra
Que después ya veremos
Como acaba la partida
Que al paso de los días
Lo importante a veces se olvida
Que no todo son verdades ni todo son mentiras
Que a veces olvido amarte y a veces....hago que se me olvida
quédate , quédate, quédate, quédate
quedate ahí sentada
y escucha el silencio
no lo rompas, no digas nada
Que a veces no entiendo que pasa
Que la vida pasa y no pasa nada
La letra de la canción que se puede escuchar es de Miguel Domingo, cantada por Tiza (lincados ambos dos en la columna de links...)
El que entienda la vida
Que tire la primera piedra
Y después ya veremos
Como queda la partida
He buscado en silencio
La Solución a algunas preguntas
No encuentro ...respuestas
Pero hay motivo para seguir vivo
Las sombras que acechan
Tú me las espantas con un matamoscas
Que hoy me has tatuado la mente con una pregunta
Los días se pasan
Y me quedé ciego mirando tu cara
Será que eres el sol
De cada una
de mis mañanas
quédate , quédate, quédate, quédate
quedate ahí sentada
y escucha el silencio
no lo rompas, no digas nada
Que a veces no entiendo que pasa
Que la vida pasa y no pasa nada
El que entienda la vida
Que tire la primera piedra
Que después ya veremos
Como acaba la partida
Que al paso de los días
Lo importante a veces se olvida
Que no todo son verdades ni todo son mentiras
Que a veces olvido amarte y a veces....hago que se me olvida
quédate , quédate, quédate, quédate
quedate ahí sentada
y escucha el silencio
no lo rompas, no digas nada
Que a veces no entiendo que pasa
Que la vida pasa y no pasa nada
la pantera ya tiene principado...
“Los caminos del señor son insospechados”que diría dios (y en algún momento el Papa) han dado como consecuencia que desde primerísimas horas de la mañana, el principado de Mónaco se custodie y gobierne desde un armario, eso si, amparado por bellas doncellas que han tenido a bien atesorar en su interior a una de las “flores” más bellas de todo Mónaco.

Y es que si el viudísimo de Grace Kelly no hubiera muerto esta madrugada, lo habrían hecho sus hijos, porque si aquí se conoce a la familia Pajares como icono del satanismo rosa, la familia de Mónaco debe ser la cabecilla en las alturas monárquicas del satanismo azul (por eso de la sangre), seguida muy de cerca por las orejas de Carlos y la nariz de Camila, que a este paso se terminarán casando en un entreacto de exequias.
Allá donde fuere Diana con Dodi, Mercedes y Pilar se debe de estar descojonando, y no es para menos, toda la vida esperando casarse y cuando por fin se deciden, el párroco se les va de cónclave, los invitados se les dispersan en los funerales y ni el Tomate les dedica cinco minutos. El gozo y el pozo, ya se sabe.
Y para concluir el día en el que nuestro mundo gira en torno a las mismas noticias, los monarcas hacen las maletas desaforadamente y nuestra Leti embute todos los trajes que va a necesitar para estos días, mi honey moon va y es capaz de responderme sin vacilación y acertadamente dónde ha colocado los cascos de mi portátil.... y es que, “los caminos del señor son insospechados”.....

Y es que si el viudísimo de Grace Kelly no hubiera muerto esta madrugada, lo habrían hecho sus hijos, porque si aquí se conoce a la familia Pajares como icono del satanismo rosa, la familia de Mónaco debe ser la cabecilla en las alturas monárquicas del satanismo azul (por eso de la sangre), seguida muy de cerca por las orejas de Carlos y la nariz de Camila, que a este paso se terminarán casando en un entreacto de exequias.
Allá donde fuere Diana con Dodi, Mercedes y Pilar se debe de estar descojonando, y no es para menos, toda la vida esperando casarse y cuando por fin se deciden, el párroco se les va de cónclave, los invitados se les dispersan en los funerales y ni el Tomate les dedica cinco minutos. El gozo y el pozo, ya se sabe.
Y para concluir el día en el que nuestro mundo gira en torno a las mismas noticias, los monarcas hacen las maletas desaforadamente y nuestra Leti embute todos los trajes que va a necesitar para estos días, mi honey moon va y es capaz de responderme sin vacilación y acertadamente dónde ha colocado los cascos de mi portátil.... y es que, “los caminos del señor son insospechados”.....
descubriendo al amor desnudo...
Apenas queda sol en esta noche, entre las tinieblas de la luz de la lámpara de su mesa y de las sombras de toda la habitación percibe el humo de su cigarro que irreverente la rodea.
La mira a lo lejos, tumbado en el sofá. Le gusta nombrarla bajito, para que no la oiga, y jugar a que le grita en una calle vacía mientras anda perdida en busca de rincones que recordar.
Ve como se rodea la cara con las manos y apoya la cabeza ladeándola a un lado y a otro sin percibir que la mira con ternura.

En silencio espía cómo se levanta de la silla despacio, para no marearse, cómo estira con fuerza los brazos mientras abre la boca e inicia el ritual del sueño. Se quita perezosa la ropa dejando que caiga al suelo, hasta que desnuda se pone el pijama azul, retira con arrojo las sábanas y se mete dentro de la cama mientras comprueba que el despertador está conectado.
Mientras él la sigue descubriendo, ella se hace un ovillo de piernas y pestañas, abraza la almohada y cierra los ojos pensando en que ya es hora de dejar de pensar.
Mientras tanto, él se incorpora del sofá, y desnudo, se acerca silencioso a la cama, le retira el pelo del cuello y la besa, se tumba junto a ella y la abraza por detrás, entonces ella se da cuenta de que el amor la ha espiado durante toda la tarde, de que sigiloso sigue con ella, porque si se pelearon o si se quisieron, el amor ha sido y será el testigo de todos los adiós y los besos.
La mira a lo lejos, tumbado en el sofá. Le gusta nombrarla bajito, para que no la oiga, y jugar a que le grita en una calle vacía mientras anda perdida en busca de rincones que recordar.
Ve como se rodea la cara con las manos y apoya la cabeza ladeándola a un lado y a otro sin percibir que la mira con ternura.

En silencio espía cómo se levanta de la silla despacio, para no marearse, cómo estira con fuerza los brazos mientras abre la boca e inicia el ritual del sueño. Se quita perezosa la ropa dejando que caiga al suelo, hasta que desnuda se pone el pijama azul, retira con arrojo las sábanas y se mete dentro de la cama mientras comprueba que el despertador está conectado.
Mientras él la sigue descubriendo, ella se hace un ovillo de piernas y pestañas, abraza la almohada y cierra los ojos pensando en que ya es hora de dejar de pensar.
Mientras tanto, él se incorpora del sofá, y desnudo, se acerca silencioso a la cama, le retira el pelo del cuello y la besa, se tumba junto a ella y la abraza por detrás, entonces ella se da cuenta de que el amor la ha espiado durante toda la tarde, de que sigiloso sigue con ella, porque si se pelearon o si se quisieron, el amor ha sido y será el testigo de todos los adiós y los besos.
en un tiempo sin nombre...
Estoy sentada en el sofá, me duele algo un tobillo, creo que hacer el salto del tigre en el coche fue una de esas ideas que desautorizo cuando ya es demasiado tarde.
Hago que leo, disimulo mientras la miro por encima del puente de las gafas y la sonrío cuando nuestras miradas se cruzan, en realidad lo único que me apetece es ponerme a leer en profundidad sin tener que mantener mi atención en sus tareas y sus momentos de amor espontáneo.
Hace algo más de cinco años que nos conocemos, y algo menos de uno que vivimos juntas, la pasión se esfuma como una cerveza en una terraza de verano a las doce de la mañana, y ninguna de las dos hablamos del tema, ya es demasiado doloroso ver como nuestra pasión se transforma en bobaliconas miradas ya no sé si de ternura o compasión, tal vez sea una graciosa mezcla de ambas.
La confusión, de la que no hacemos un uso responsable, también convive con nosotras, y son muchos los recuerdos que nos mantienen vivas y juntas.

Adoro mi rutina, quizás mucho más que a ella, quizás me consuma en la más absurda de las necedades y de los polvos más mecánicos de la existencia sólo por esta singular manera de temer a los comienzos.
Le soy fiel en el más básico sentido del contrato del amor, duermo cada noche a su espalda o ella a la mía, nos besamos en el ascensor, en los intermedios de las películas y cuando una de las dos se derrumba frente a la otra.
Salimos una vez al mes a cenar a un restaurante no muy caro después de haber ido al cine, y quizás, sólo quizás, salimos a tomarnos una copa si no estoy demasiado cansada como para mirarla a través del reflejo del alcohol, la música dos puntos mas alta de lo necesario y la impecable sensación desalmada de que el amor resuena en nuestros vacíos corazones....
Hago que leo, disimulo mientras la miro por encima del puente de las gafas y la sonrío cuando nuestras miradas se cruzan, en realidad lo único que me apetece es ponerme a leer en profundidad sin tener que mantener mi atención en sus tareas y sus momentos de amor espontáneo.
Hace algo más de cinco años que nos conocemos, y algo menos de uno que vivimos juntas, la pasión se esfuma como una cerveza en una terraza de verano a las doce de la mañana, y ninguna de las dos hablamos del tema, ya es demasiado doloroso ver como nuestra pasión se transforma en bobaliconas miradas ya no sé si de ternura o compasión, tal vez sea una graciosa mezcla de ambas.
La confusión, de la que no hacemos un uso responsable, también convive con nosotras, y son muchos los recuerdos que nos mantienen vivas y juntas.

Adoro mi rutina, quizás mucho más que a ella, quizás me consuma en la más absurda de las necedades y de los polvos más mecánicos de la existencia sólo por esta singular manera de temer a los comienzos.
Le soy fiel en el más básico sentido del contrato del amor, duermo cada noche a su espalda o ella a la mía, nos besamos en el ascensor, en los intermedios de las películas y cuando una de las dos se derrumba frente a la otra.
Salimos una vez al mes a cenar a un restaurante no muy caro después de haber ido al cine, y quizás, sólo quizás, salimos a tomarnos una copa si no estoy demasiado cansada como para mirarla a través del reflejo del alcohol, la música dos puntos mas alta de lo necesario y la impecable sensación desalmada de que el amor resuena en nuestros vacíos corazones....





