de cara a la pared...
Lo que mas echo de menos es robarte los cigarros a medias, me encanta saquearte las ultimas caladas que en tu ausencia no me saben igual.
También echo de menos mirarte las manos boca arriba mientras duermes y también verte dormir, echo de menos desayunarnos mi voz por la mañana, oler tu cuello cuando bailas en la ducha, comerme los silencios mojándolos en leche, ponerte colorada con promesas de lo que pasará luego y acariciarte el lóbulo de la oreja cuando no hay nada que hacer.
Mientras tanto sigo de cara a la pared, pensando si me aguantará el moreno para cuando vuelva a casa y si tu te habrás pelado ya del todo...
También echo de menos mirarte las manos boca arriba mientras duermes y también verte dormir, echo de menos desayunarnos mi voz por la mañana, oler tu cuello cuando bailas en la ducha, comerme los silencios mojándolos en leche, ponerte colorada con promesas de lo que pasará luego y acariciarte el lóbulo de la oreja cuando no hay nada que hacer.
Mientras tanto sigo de cara a la pared, pensando si me aguantará el moreno para cuando vuelva a casa y si tu te habrás pelado ya del todo...
yo soy el estuche...
La vida en el pueblo transcurre tranquila, tan lenta como una película francesa de las tres de la mañana en la dos.
Esta atardeciendo sobre las eras y las boinas, que cansadas, descansan en las esquinas de adobe de algunas casas. La sequía y el calor amarillo ha aplastado algunos campos de trigo que no se verán segados en la abundancia de otros años.
Miro desde la terraza como cae el sol, cómo cae derrotado el día al paso de la noche y de las miles de estrellas que en una hora abarrotarán el cielo que clarísimo, me dejará ver el mismo cielo que velado y tímido apenas se vislumbrará en Madrid.
A mi alrededor están algunas de tus cosas, dejaste intencionadamente tu toalla a rayas rojas y los calcetines de nubes, pero sin querer te llevaste las compresas en su estuche y mi corazón sin el suyo...
Esta atardeciendo sobre las eras y las boinas, que cansadas, descansan en las esquinas de adobe de algunas casas. La sequía y el calor amarillo ha aplastado algunos campos de trigo que no se verán segados en la abundancia de otros años.
Miro desde la terraza como cae el sol, cómo cae derrotado el día al paso de la noche y de las miles de estrellas que en una hora abarrotarán el cielo que clarísimo, me dejará ver el mismo cielo que velado y tímido apenas se vislumbrará en Madrid.
A mi alrededor están algunas de tus cosas, dejaste intencionadamente tu toalla a rayas rojas y los calcetines de nubes, pero sin querer te llevaste las compresas en su estuche y mi corazón sin el suyo...





