mi pliego de papel
Sindicación
 
primun non nocere


Primun non nocere.
Pero como yo no soy Hipócrates, ni ganas y además no tengo ni idea de latín que si me gustaría, prefiero conjugar la forma “ accidere”, hacerse, que aunque resulte una boutade resultaría “ primun non accidere nocere” o como diablos se conjugue, primero y principal “ no hacerse daño”.
Siempre tenemos algo de lo que escondernos, o algo sobre lo que encogernos. Unos lo hacemos sobre o mejor tras, ( andele, que vivan las conjunciones) algo optativo, o enrocarnos en una idea fija, obsesiva, glacial. Engañarnos, subsistir.
Me importan los demás, siempre lo sufrí, siempre lo sufriré, pero más me importo yo, y con lo que me costó encontrarme no voy a perderme ahora. Non nocere, genial, la bomba, plas, plas, ( no llevo sombrero, que pena), pero eso parece más bien un sacerdocio, y si tocara, que no es el caso solo seria capaz de soportar uno en el Antiguo Egipto.
Non accidere, mi, me , conmigo, y vivir.
Y tu, cabezota, esperar es de cobardes, y si no esperas, si no lo haces, si cerraste la puerta al escalofrío, a lo vellos como escarpias, al sudor que sabe dulce, por una vida bacteriana, tu misma sabes que es lo que te pierdes.
Firmado: un flagelo
 
un hombre
A Maribel, por el escozor que me dejó no poder entrar en tu casita, por el dolor de la puerta cerrada, y el saber que la vida da muchas vueltas.

Es difícil ser hombre me digo muchas veces
Hombre, como suena, sin más
Puede que uno jamás consiga llegar a serlo del todo
Y no es que no lo intente, que lo hago, y no es que no lo quiera
Pero lo miro tan lejano.......
Por que la carne se complementa con los sesos y ser hombre no es ponerse una corbata
O tener una erección si se da el caso, o ni tan siquiera cederle el asiento a una señora o abrirle la puerta cuando pasa.
En mi caso, son años, ya me vale, intentándolo y buscando en el fondo de mi angustia si acaso conseguí acercarme siquiera.
Por que el peso que te oprime para cumplir el rol que nos asignan, lo responsable, lo recto, lo severo, lo comprensivo, lo humano y lo intangible, a ratos, muchos ratos nos supera, y no es cuestión de dejar ver los afectos, las dudas, las quimeras.
Y mira por donde, nos refugiamos en el paquete de Marlboro, en las copas que siendo innecesarias te ayudan a adoptar una pose banal, que niega lo que sientes.
Reclamo desde aquí mi derecho a llorar, reivindico mi alma, mis temores, mis miedos, todos lo errores cometidos por no saber sentirme y todo lo sentido por cometer errores, justifico en mi mismo las omisiones torpes, las negaciones con vocación de sí.
Van pasando los años, cuanto tiempo tirado, y no me considero como un hombre sin más. Es tan difícil serlo¡¡¡
Apenas solo un hombre y con ganas de serlo.
Y todo lo que ello significa
 
maravillas de siete en siete
 
corre


maestro Sabina corre dijo la tortuga

Corre
Sal corriendo, quizás sea lo que necesitas
Huye, escapa de todo hacia delante.
Perseguir la quimera del futuro, un futuro a la carta diseñado por ti cuando desconfías del estilismo de Dios.
Ahógate de sombras, entiérrate en trabajo, pon en riesgo tu alma vaciándola de sueños, si solo es una forma de afirmación en negativo, el contraluz oscuro de tu lado trasparente.
Engáñate en los otros, resuelve sus problemas absorbiendo sus miedos, como tuyas sus penas, escucha en sus latidos tus temores más negros.
Abandona, escapa, niégate, comparece ante tu yo y cabecea complacidamente.
Tapona los oídos, descorazona el alma, entrega lo que resta de servicio en tu vida, y luego, cuando acabes, cuando se pase todo, y duermas por las noches, y te pese el espíritu de sentirse vacío, acabarás pensando que por mucho que corras hay algo de lo que nunca conseguirás huir:
De ti misma
 
el abuelo azul


A marivi,

Se apoya en su bastón como quien se sujeta a la vida casi con alfileres, desesperadamente.
El ala del sombrero, en una pirueta triste y deliciosa da sombra a sus ojos, esos ojos de luna, ojos que contemplaron a nacidos y muertos, ojos que soportaron las pasiones y luchas, ojos revolucionarios mirando desde la oscuridad de la mina, en el túnel del absurdo y de la pena.
El abuelo azul se sorprende de todo, de todo se sonríe con la superioridad violenta que regalan los años, con ese hálito azul que nunca se distingue bien si es grisú o tristeza.
Hoy vive, desarraigado, seco, en una casa nueva que fue su pesadilla, su sueño más lejano. Apenas le calienta la calidez somera que le prestan sus hijos, añorando sus valles, deseando la muerte en este hormiguero inmenso de callejas oscuras que someten su oído a la impiedad del ruido, a la fetidez dulzona de gasóleos y pachulí.
Nunca quiso dejarse, abandonarse al mundo, lejos de sus montañas, y abandonar el túnel lóbrego donde puso sus años más amargos. A la luz del quinqué, arrancando la entraña dura de sus miserias por unos pocos duros, enterró sus amigos, amó como se ama desde la cuna antigua, luchó por que sus hijos salieran de los pozos que hicieron de ellos hombres. Pero cuando lo hicieron, cuando llegó la hora de volver al color salubre de la carne, se tornó de un azul acerado, metálico, mimetismo de luces, camaleónica imagen con que defender sus raíces.
Parece desnortado, inoperante, mudo, con un fondo de autos, de carreras, de infartados semáforos, y morirá añorando los marrones y verdes de su terruño prieto, de su profunda casa, allá, donde la vida tenía un sentido, por más que se viviera sumergido en la tierra.
Cada noche lo miro, lo miro desde lejos, agarrado al cayado que sostiene su peso, y veo como muere, poco a poco, despacio, mientras gotea suave, fluye desde su frente un liquidillo azul, destilado de hombre, que mancha su camisa y cae hasta sus pies.
Alma azul, azul vida, muerte azul.
Es abuelo azul,