mi pliego de papel
Sindicación
 
el rompeolas

Tenía el alma enlosada. Añoraba el musgo nuevo sobre las piedras viejas, lisa cubierta donde resbalaba el agua de resacas furiosas y lentos lametones de mar y sal.
Caracolillos blancos se solapaban a veces sobre la costra dura del lodo que entera la cubría, limo de fertilidad escasa y torpe, incapaz de engendrar el suave destello de una flor, ni la incipiente promesa de una rosa risueña y ruborosa.
Vivir cabalgando la tristeza en un rompeolas.
Una prolongación de mi se internaba tercamente en la seguridad dolorida y caliente de los mares de ausencias y sentimientos huecos, lanza punzante, península fatídica, parapeto del mar de parte a parte.
Pero en la base gris de mis cimientos, sobre la roca base de mi vida, un rumor de crecida se alimenta, y me llena las grietas de sentidos fragantes, colma mis heridas del salitre de vida que te hace sentir nuevamente simiente, grano de arroz, germen de luz, aroma del licor de la esperanza.
Sube la marejada sobre el tiempo de muertos que habitaba el rompeolas oscuro de mis días, sube un aluvión de agua fresca y viva, azul de mar y espuma blanca, emergente calor que despereza toda mi creación y su sustento, y se queda vibrante, atronador, bañándome en mareas formidables.
Vivo en el rompeolas, y en ocasiones la aguas se desbordan, y me abren de par en par calando hondo donde las humedades eran sueños de un desierto de paz y arena hiriente.
Se remueve el profundo estertor del deseo, abisal resonancia que se eleva en cada golpe de ola o beso tibio, en la mojada caricia de los labios de mar que me subyugan y hacen de mí florecida escollera, rompeolas de amor, jardín flotante.

 
Comentario:
¿Vas a morir soñando, o despertar amando?
No