invencible escuadrilla voladora
Hay días que en la vida es fiesta grande, no preguntéis por qué, que el corazón no entiende de razones.
Fue en primavera, la pasada, quizá en mayo, que decidí por fin que era la hora que mis hijos volaran a mi altura y a la de tantos otros que soñamos con la pradera del Santo a las espaldas, y ponerles unas alas rojiblancas para volar rasantes por el rio.
Días de fiesta grande. Cuantas veces soñé con ese día, con subir a las gradas del estadio tras ellos, con ver en sus ojos la emocionada espera, enseñarles la hierba desde arriba, “esto somos, miradlo, es nuestro orgullo”.
Jamás me pregunté por los motivos, me nacieron así a rayas rojas y las alas del aviación en la solapa del alma y hasta ahora enteramente colchonero.
Estos colores son inexplicables, la sinrazón de la espera interminable, de volver a soñar con el domingo, levantarse y caer, y levantarse y gozar de lo minúsculo. Perder en lo más fácil, lograr los imposibles. Es un suplicio dulce y este veneno nace con la sangre, se apodera de ti, no duelen prendas, y pienso seriamente en la locura de que mi religión y la de tantos celebra sus ritos al lado mismo del manzanares.
Y siento tanto orgullo por ellos, por esa presunción de la victoria de quien fue grande un día, y volverá otra vez por donde solía, y nos dolemos juntos es las muchas penas y en las pocas alegrías.
Escogí con cuidado la fecha del bautizo, y me volví a equivocar. Una tarde de perros, jamás llovió una tarde como aquella, pero vi esos ojos esperando galopes por la banda del niño, y compramos banderas y bufandas que agitaron al viento, en silencio escuchamos los cánticos como quien reza el credo que nos alivia el alma, y sentí que vivían el sueño que les pudo, y yo cumplí los míos.
Invencible escuadrilla voladora, la que por más que pierda nunca será vencida en nuestros corazones, y arrecian más los cantos cuanto más se consuma el acto de la puntual derrota. Mala tarde vivimos, pues peor que derrota fue humillación profunda de seis puñaladas, seis, como los toros.
Y brillaba en sus ojos la humedad de los duelos, y les pudo el silencio hasta llegar al coche donde quedó flotando la tristeza del rito que pretendí vivir con ellos esa noche.
Callados, en silencio salimos de Madrid. Respeté su derrota, por que también fue mía, y ni cenar quisieron. Pasaron los kilómetros, lentos, pausadamente, y entendí que debía inventar unas risas.
Miré hacia atrás y ambos dormían, envueltos cada uno en su bandera, mojada, un tanto ajada pero bella. Soñaban con la grada en otra tarde, atronada de cánticos y goles, seguros, como yo, que volverían. Y sonó para mí como otras veces desde el fondo del pecho: Atletiiiiii, Atletiiiii
Fue en primavera, la pasada, quizá en mayo, que decidí por fin que era la hora que mis hijos volaran a mi altura y a la de tantos otros que soñamos con la pradera del Santo a las espaldas, y ponerles unas alas rojiblancas para volar rasantes por el rio.
Días de fiesta grande. Cuantas veces soñé con ese día, con subir a las gradas del estadio tras ellos, con ver en sus ojos la emocionada espera, enseñarles la hierba desde arriba, “esto somos, miradlo, es nuestro orgullo”.
Jamás me pregunté por los motivos, me nacieron así a rayas rojas y las alas del aviación en la solapa del alma y hasta ahora enteramente colchonero.
Estos colores son inexplicables, la sinrazón de la espera interminable, de volver a soñar con el domingo, levantarse y caer, y levantarse y gozar de lo minúsculo. Perder en lo más fácil, lograr los imposibles. Es un suplicio dulce y este veneno nace con la sangre, se apodera de ti, no duelen prendas, y pienso seriamente en la locura de que mi religión y la de tantos celebra sus ritos al lado mismo del manzanares.
Y siento tanto orgullo por ellos, por esa presunción de la victoria de quien fue grande un día, y volverá otra vez por donde solía, y nos dolemos juntos es las muchas penas y en las pocas alegrías.
Escogí con cuidado la fecha del bautizo, y me volví a equivocar. Una tarde de perros, jamás llovió una tarde como aquella, pero vi esos ojos esperando galopes por la banda del niño, y compramos banderas y bufandas que agitaron al viento, en silencio escuchamos los cánticos como quien reza el credo que nos alivia el alma, y sentí que vivían el sueño que les pudo, y yo cumplí los míos.
Invencible escuadrilla voladora, la que por más que pierda nunca será vencida en nuestros corazones, y arrecian más los cantos cuanto más se consuma el acto de la puntual derrota. Mala tarde vivimos, pues peor que derrota fue humillación profunda de seis puñaladas, seis, como los toros.
Y brillaba en sus ojos la humedad de los duelos, y les pudo el silencio hasta llegar al coche donde quedó flotando la tristeza del rito que pretendí vivir con ellos esa noche.
Callados, en silencio salimos de Madrid. Respeté su derrota, por que también fue mía, y ni cenar quisieron. Pasaron los kilómetros, lentos, pausadamente, y entendí que debía inventar unas risas.
Miré hacia atrás y ambos dormían, envueltos cada uno en su bandera, mojada, un tanto ajada pero bella. Soñaban con la grada en otra tarde, atronada de cánticos y goles, seguros, como yo, que volverían. Y sonó para mí como otras veces desde el fondo del pecho: Atletiiiiii, Atletiiiii
Comentario:
siento muxo que tantas y tantas veces te demos guerra, que no solo nos lo pasamos bien yendo juntos al futbol, ni cabalgando en sueños hacia un victorioso campeon rojiblanco. he de decir con orgullo, que a quien leeis es mi padre querido,y doy gracias por haber nacido hijo suyo. PAPA se que lo digo poco pero aunque no lo parezca te queremos tanto tres pelos como yo. un abrazo fuerte
Comentario:
Qué tierno y qué bonito, Uno! :)
Lo de la escuadrilla voladora no lo pillé hasta que no recordé lo del Atlético Aviación (creo que es así, siempre sale en el trivial, jeje), y antes de leer pensé que te había dado por el parapente, jajaaaaaa
Eso sí, eres un envidioso, viste mis alas luminosas tan monas ellas y sacaste las tuyas :P
Un beso, Líder de la manada!
Lo de la escuadrilla voladora no lo pillé hasta que no recordé lo del Atlético Aviación (creo que es así, siempre sale en el trivial, jeje), y antes de leer pensé que te había dado por el parapente, jajaaaaaa
Eso sí, eres un envidioso, viste mis alas luminosas tan monas ellas y sacaste las tuyas :P
Un beso, Líder de la manada!