maría

Tenia los ojos negros, profundos, brillantes. Era lo único que se mantenía en pie del edificio en ruinas en que se había convertido y los recuerdo fijos en mi, en una súplica muda y desesperada.
Apenas había luz en la calleja del Cabañal donde la encontramos acurrucada en un rincón, sobre un banco desvencijado, sucio como ella, con el pelo rubio ajado y alborotado, que le daba un aspecto de fiereza mas bien cómica.
“ tío, no me jodas, déjame y te piras o llamo al Chuchi”. Nos miramos, sonriendo y comentamos que era una de las habituales en el patio de Sanidad Exterior, por las mañanas, tanto si llueve como si hace un sol de justicia allí están a recoger la dosis de metadona o cualquier cosa que les den.
En un esfuerzo casi supremo se incorporó y tuvo el desparpajo osado de ofrecérseme con un mohín coqueto y jovial”: Oye, pavo, solo te cobro diez euros, mira, esto es calidad” mostrándose desnuda de cintura para arriba, y enseñando un cuerpo lleno de cicatrices y venas extrañamente azules. Mientras la vestía mire sus brazos flacos y comprobé con dolor las marcas de la chutona y la palidez de su piel alrededor de los pinchazos.
Cómo te llamas? Le dije lo mas suavemente que pude, al punto que reaccionó a mis atenciones con agradecimiento y menos temor del que hubiera supuesto.-¡ maría! dijo.
Oye, maría, que haces aquí, va, te acompañamos a casa que la noche es fría y no debes estar sola.¡ ¿ que pasa tron? Eres mi viejo! silbó desafiante como una leona herida.
Quién es el chuchi?, Dónde está? Lo llamo y que te lleve él.
Entonces volvió a ser una chiquilla indefensa de apenas diecisiete años, temerosa y a punto de llorar, pugnando en su interior por asirse de mi brazo como si fuera el único apoyo que quedase en su vida, y puede que así fuera.
Oye, madero, yo no soy una chivata, sabes? Y además el solo es mi chulo, no me pasa, no, te lo juro, y leí el temor mas absoluto en esos ojos grandes, negros, que aún recuerdo como brasas en la oscuridad. Maria, te pega ese cabrón?, no solo si no me hago dos o tres por noche. Tenemos que comer, sabes?, y pillar pa la vena, nano, esto es mu malo, pero lo voy a dejar, oye, de verdad que lo dejo, te lo juro, anda, dame diez euros, y no me jodas mas quel chuchi es mu bueno conmigo.
A partir de ahí todo es bruma, callejear hasta el piso viejo y destartalado por el Marítimo donde la dejamos, segura y agradecida por las pelas que le dejamos y el humo del café en la Avenida del Puerto donde recordamos sus gracias y desplantes con un poso de cinismo y melancolía.
Pero hay noches que cuando me acuesto la veo galopando su caballo de muerte, pequeña, frágil, desamparada y una lágrima amenaza mi orgullo de hombre duro y de la calle.
Comentario:
Como hemos conseguido destrozar tanta belleza, sin apenas ensuciarnos las manos...........