Balance

Esta noche cuando abrí esta página me sorprendí al mirar la columna de la izquierda y ver que había ya cuatro fechas.
Cuatro meses como cuatro partos, llenos de dolor y plenitud, de lágrimas y risas. Yo se que ver y oír a un triste enfada, decía mi muy querido pastor de Orihuela, y posiblemente es la realidad. Se convive mejor con la alegría, la prosa rápida y fluida del júbilo, historias que terminan bien y comentarios de trivialidades importantes y correctísimos políticamente.
Pero yo soy este, o esto mejor dicho. Cada uno asume su estado de ánimo, el que le corresponde en cada momento, y ya llegará el buen tiempo aunque jamás nadie espere de mi mucho bullicio.
La espuma que fluye del alma en mi caso no es nata montada, más bien vainilla y vinagre aquí, horchata con agua allá, y no me doy ni un respiro para coger un poco de aire.
Para llenar mis calderas hace falta media Amazonía, con lo caro que está el carbón, y al precio que corre no hay mucho maderero dispuesto a poner su fe en mi muy poco boyante espíritu, aunque si he de ser sincero, y aquí siempre lo soy yo estaría dispuesto a matar por un bosquecillo pequeño y moreno donde dormir las siestas de mis inquietudes y saciar la sed que casi siempre me persigue.
Son ya cuatro meses de mí. Mucho llanto, letras que me marcan y fotos robadas. No tengo mas que ofrecer, pero tampoco tengo menos. Solo espero que si alguien me lee no salga muy defraudado, por que es mucho ruido y pocas nueces. Gracias a quien me dio alas, y ella lo sabe por que sus lágrimas no mojan, y gracias también al motivo que me embarcó en esta locura transitoria. Por muchos años