Y los tontos alcanzan la gloria….
Curras, curras y curras. No hay horario, no hay vida. El objetivo: Priorizar tu carrera profesional. ¡Aún hay tiempo! Tienes menos de treinta y, si te esfuerzas lo suficiente, con la nueva década, alcanzarás la tierra prometida. Tu puesto de subdirector, tu nómina de seis cifras, un grupo de personas a tu cargo, viajar, intercambiar conocimientos con miles de personas al otro lado del mundo. Todo esto además te dará acceso a tu coche de 90.000 euros, tu casa de 200 metros cuadrados y a la familia feliz. Tu marido, un ejecutivo de éxito y tu hija, inteligente como la que más y para la que ya tienes toda una vida organizada. Trabaja, trabaja, trabaja.
¡¡Despierta!!! Tienes 40 años. Has trabajado, te has esforzado. Te consideras una persona inteligente, preparada, despierta. Durante muchos años has presentado cientos de propuestas para mejorar las cosas, te has implicado en tu empresa llegando a sacrificar parte de tu vida. Es lunes. Ha llegado a primera hora de la mañana. A penas 25 años. Le miras, repasas su currículum. ¡¡Exacto!! Mucha menos preparación que tú a su misma edad. Relees nuevamente el informe por si has pasado algo por alto. No. Tu incredulidad va en aumento. Hablas con él. Le formulas unas sencillas preguntas. Temas triviales escogidos al azar. Analizas sus respuestas: Breves, vacías, desafortunadas.
No tiene nada. No aspira a nada No le preocupa nada. Te llama y te comenta su filosofía laboral. No sales de tu asombro. No propone nada que no se haya hecho ya. Muchas de sus innovaciones quedaron obsoletas hace más de cinco años. Pero tú eres honrado. Le informas de ello. Como si oyera llover. Se empecina. Te exige ese proyecto siguiendo sus directrices. Tú sabes lo que va a pasar. Le adviertes de nuevo. Las órdenes son claras: Hacer las cosas a su manera. ¡¡¡Señor, sí señor!!
Es viernes. Presentación del proyecto. Una mierda en tu opinión. Hace agua por todas partes. Miras a los ojos a algunos de tus compañeros y ves la misma sorpresa en sus rostros que la que se podía advertir en el tuyo hace cuatro días. Estás convencido de que en algún momento alguien se levantará y pondrá fin a esta locura. Fin de la presentación, silencio… Más silencio. Alguien se levanta de la mesa. Camina despacio pero con decisión. Más silencio. Llega a su altura. Le pone la mano sobre el hombro y le mira a los ojos. ¡Cielos. Su gesto es de absoluta aprobación! Él apenas se inmuta pero tú alucinas. Buscas la misma sorpresa en el rostro de tus compañeros, pero no está allí. Ahora todos sonríen. Tú aguantas el tirón. Esperas para salir. Todos abandonan la sala. Te dejas caer pesadamente en el sillón y reflexionas: No sabe nada, no entiende nada, no es innovador…. Pero ahí está. Es tu nuevo jefe.
Caminas hacia tu cubículo. Te sientas frente al ordenador. Tu mente fantasea con la posibilidad de recoger tus cosas, salir y empezar de nuevo. Miras los informes que tienes sobre la mesa. Los coges. Los colocas sobre la carpeta…..
Trabajas….trabajas…trabajas…
¡¡Despierta!!! Tienes 40 años. Has trabajado, te has esforzado. Te consideras una persona inteligente, preparada, despierta. Durante muchos años has presentado cientos de propuestas para mejorar las cosas, te has implicado en tu empresa llegando a sacrificar parte de tu vida. Es lunes. Ha llegado a primera hora de la mañana. A penas 25 años. Le miras, repasas su currículum. ¡¡Exacto!! Mucha menos preparación que tú a su misma edad. Relees nuevamente el informe por si has pasado algo por alto. No. Tu incredulidad va en aumento. Hablas con él. Le formulas unas sencillas preguntas. Temas triviales escogidos al azar. Analizas sus respuestas: Breves, vacías, desafortunadas.
No tiene nada. No aspira a nada No le preocupa nada. Te llama y te comenta su filosofía laboral. No sales de tu asombro. No propone nada que no se haya hecho ya. Muchas de sus innovaciones quedaron obsoletas hace más de cinco años. Pero tú eres honrado. Le informas de ello. Como si oyera llover. Se empecina. Te exige ese proyecto siguiendo sus directrices. Tú sabes lo que va a pasar. Le adviertes de nuevo. Las órdenes son claras: Hacer las cosas a su manera. ¡¡¡Señor, sí señor!!
Es viernes. Presentación del proyecto. Una mierda en tu opinión. Hace agua por todas partes. Miras a los ojos a algunos de tus compañeros y ves la misma sorpresa en sus rostros que la que se podía advertir en el tuyo hace cuatro días. Estás convencido de que en algún momento alguien se levantará y pondrá fin a esta locura. Fin de la presentación, silencio… Más silencio. Alguien se levanta de la mesa. Camina despacio pero con decisión. Más silencio. Llega a su altura. Le pone la mano sobre el hombro y le mira a los ojos. ¡Cielos. Su gesto es de absoluta aprobación! Él apenas se inmuta pero tú alucinas. Buscas la misma sorpresa en el rostro de tus compañeros, pero no está allí. Ahora todos sonríen. Tú aguantas el tirón. Esperas para salir. Todos abandonan la sala. Te dejas caer pesadamente en el sillón y reflexionas: No sabe nada, no entiende nada, no es innovador…. Pero ahí está. Es tu nuevo jefe.
Caminas hacia tu cubículo. Te sientas frente al ordenador. Tu mente fantasea con la posibilidad de recoger tus cosas, salir y empezar de nuevo. Miras los informes que tienes sobre la mesa. Los coges. Los colocas sobre la carpeta…..
Trabajas….trabajas…trabajas…