<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/rss20.xml"><title><![CDATA[Mis Hombres]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Ellos, los que han llenado mi vida hasta saciarla, Mis Hombres]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_49.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_48.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_47.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_46.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_45.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_44.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_43.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_42.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_41.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/mishombres/c_38.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_49.htm"><title><![CDATA[ROMPER CON LA RUTINA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_49.htm]]></link><description><![CDATA[Nunca le he contado a Alex mis inclinaciones bisexuales. En parte, porque no creo que sea de su incunvencia y en parte porque sacaría esa vena cavernícola que a veces tiene y no pararía hasta conseguir pasar una noche conmigo y otra chica, lo cual considero que debe ser algo "que surja", nada precipitado. Además, ¡qué coño! Alex no es el tipo de persona que me gustaría compartir con nadie. Así que el domingo, a medio día, mientras estábamos dando la papilla a su hija, cuando me preguntó qué tal había ido mi salida nocturna la noche anterior con "la panda de lesbianas" como él las denominó y le contesté "Muy bien, acabé acostándome con una de ellas" simplemente se rió, ante mi ocurrencia...iluso...<br/><br/>Carmen trabajaba conmigo hace años en una oficina. No estábamos en el mismo departamento, pero en seguida congeniamos. Desde principio me quedó muy claro que era lesbiana y la chica andaba tanteándo el terreno, a ver si podía "cazar" algo. Pero enseguida  creo que le quedó claro que era algo imposible. Carmen no es el tipo de chica que me excite. Pero, a pesar de eso, Carmen y yo conseguimos pasar la barrera que te lleva de ser simples conpañeras de trabajo a ser amigas.<br/><br/>Por eso, no me extrañó que me llamara para invitarme a su cumpleaños ese fin de semana. Y acepté sin pensarlo.<br/><br/>Llegué al restaurante y, comprobé sin sorprenderme, que aparte de dos chicos que iban con sus parejas y un chico a todas luces gay, el resto de comensales eramos féminas. Pero entre ellas estaba <b>Andrea.</b> Fue imposible no fijarse en ella. Rubia, menudita, pero increiblemente bien formada, con esos pechos duros que dejaba entrever con su camisa semitrasparente y esos tejanos de cintura baja tan apretaditos...Decididamente <b>Andrea</b> era el tipo de chica que me excita!! Pero como tengo esa despreciable habilidad para llegar siempre tarde a los sitios, tuve que sentarme en uno de los pocos huecos que quedaban en la mesa, el cual, evidentemente estaba alejado de <b>Andrea. </b><br/><br/>Pero cuando llegamos al club al que fuimos al término de la cena, la tentación de ver a <b>Andrea </b>sola en la barra fue demasiado grande como para no hacerle caso. No fui con ninguna intención concreta, ni siquiera me planteé que pudiera surgir algo, simplemente ella me atraía y quería conocerla, hablar con ella...Me estuvo contando que había conocido a Carmen hacía ya varios años, y que solían salir en el mismo grupo de amigos. Me dijo que ya había oido hablar a Carmen varias veces de mi, y que se alegraba de conocerme por fin. Aquello era un buen comienzo! La verdad es que cada vez que movía esos labios carnosos, me excitaba solo de pensar cómo sería meter la lengua entre ellos, juguetear con mis labios sobre ellos, morderlos un poquito...<br/><br/>Quizás ella se dio cuenta de lo fijamente que miraba sus labios y se sintió cohibida, porque de repente noté como se sonrojaba y se disculpó para ir al baño. Vaya, quizás había sido muy poco discreta y la había abrumado...<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/lesbians.jpg" align=left alt="" border="0" width="268" height="239"/>Tras una hora más o menos en la que estuve charlándo con más gente, Carmen se me acercó y me arrastró a la pista de baile. Yo soy un pato bailando y la verdad es que intentó no hacerlo, pero era su cumpleaños y se la veía tan feliz que fui incapaz de negarme. Y allí estaba yo, moviéndome como podía al ritmo de Alaska y sus Mil Campanas, cuando noté unas manos detrás de mi, en mi cintura. Me giré y la vi, sonriéndo, cantando, sudando, abriéndose paso entre los cuerpos para acercarse a mi. <b>Andrea </b>estaba preciosa. Pegó si pelvis a mi culo, y lo notaba subiéndo y bajando, refregándose, mientras sus pechos acariciaban mi espalda. Me giré y creo que en ese momento esperó a ver cual era mi reacción para seguir con ese baile, o alejarse y dejar el hecho en un simple acto amigable. Pero yo metí mis manos por debajo de su camisa y la agarré de la cintura notando su piel húmeda a la vez que introducía mis piernas entre las suyas y apretaba mi muslo contra su sexo. Ella se acercó a mi aún más, pegándo su frente a la mia, mirándome directamente a los ojos y sonriendo. Podía notarlo, ella también estaba tremendamente excitada. Pero esta vez me tocaba a mi ser la mala, así que, al termino de la canción, me disculpé y, alegando mi torpeza bailando, me separé de ella y volví con la misma gente con la que minutos antes estaba hablando. <br/><br/>El resto de la noche, <b>Andrea</b> buscaba mi mirada, y a mi me encantaba, pero no hacía por vover a acercarme a ella, me gustaba tenerla pendiente. <br/><br/>La noche ya tocó a su fin y salimos al frío de la calle. Yo tenía mi coche aparcado solo a unas manzanas, así que me dispuse a despedirme espectante ante algún gesto de <b>Andrea</b>. Pero para mi decepción, no hubo tal gesto, y tras los besos y despedidas de rigor, me alejé. Pero no había ni recorrido 10 metros, cuando oí su voz llamándome y preguntándome hacía qué dirección iba. Cuando le contesté, esperánzada, vi que se giraba, se despedía de los demás y se acercaba a mi sonriendo. "No te importa acercarme a casa, ¿verdad?" No, cariño, claro que no me importa!!<br/><br/>Al llegar al parking para sacar el coche me dijo risueña que le encantaba mi coche y me preguntó si no me importaba que lo condujera ella hasta su casa. ¡Encantada! Nunca me ha gustado conducir por el centro de las ciudades. <br/><br/>Se ajustó el asiento, pusimos una música chill out y salimos. No podía dejar de mirarla, realmente me atraía. Ella, en cada semaforo que paraba me miraba, sonreía contenta y me decía lo suaves que iban los pedales, cómo le gustaba la tapicería o cualquier otro comentario acerca del coche. <br/><br/>Así que cuando ya entramos en la autopista y se concentró en la carretera, decidí que era el momento de jugármela. Sin decir palabra deslicé mi mano sobre su muslo y lo apreté firmemente. Ella, sin ni siquiera mirarme sonrío un poco ruborizada. Sí! Podía ir más allá, a ella le gustaba la idea. Subí mi mano por su muslo y comencé a acariarla entre las piernas. Creo que incluso a través de la tela vaquera fue capaz de sentir mis dedos presionando. Con un movimiento rápido, me quité el cinturón de seguridad que me impedía moverme bien, giré mi cuerpo hacia ella y ahora ya con ambas manos libres, sin dejar de acariciarle el sexo, comencé con la otra mano a tocar su pecho. Con cuidado desabroché los botones de su camisa dejando su sujetador negro al descubierto. Eran unos pechos perfectos, duros, firmes, y sin poder resistirme saqué el que más cerca me quedaba del sujetador y acerqué mi boca hacía ellos. Estaba deseando lamerlo, succionarlo, besarlo, pero esperé un poco, sabiendo que ella se pondría nerviosa y a la vez excitada de ver mi cara tan cerca de su pecho. Y su reacción no se hizo esperar, me miró risueña y soltando la mano que tenía por encima de mi del volante, dejando la otra en él, hundió los dedos a través de mi pelo en mi nuca y me acercó la cabeza hasta que mi boca rozó su pezón. Era tan suave que mi lengua no podía dejar de lamerlo. Yo estaba tan húmeda ya que apretaba mis propias piernas en un vago intento de aliviarme. Y casi sin darme cuenta, el coche paró. <b>Andrea</b> me apartó suavemente para poner el freno de mano y entonces pude ver que estábamos en una zona residencial. Me agarró la cara con ambas manos y me besó. Dios que dulces eran sus labios! Su lengua jugueteando con la mía y sus manos en mis pechos me estaban volviendo loca. <br/><br/>"Lo siento, vivo con mis padres" dijo entonces entre gadeos. Le pregunté dónde estabamos exaactamente y cuando me lo dijo, deduje que el trayecto hasta mi casa era demasiado largo y ninguna de las dos podríamos aguantar tanto tiempo. Así que sin pensarlo abrí mi puerta, salí del coche y aparté el sillón para meterme en la parte trasera. Ella, al principio me miró sorprendida, pero en seguida se asomó a su cara una sonrisa picara e hizo lo mismo. Y allí la tenía, toda para mi, ese cuerpo esbelto para disfrutar de él, mientras ella me hacía gozar a mi. <br/><br/>La tumbé y me coloqué encima de ella. A pesar de no tener el bulto correspondiente de un hombre, el simple hecho de frotar su sexo contra el mío me excitaba. No sin dificultades, conseguimos las dos quitarnos nuestros pantalones. Sus dedos, rápidamente se deslizaron dentro de mis bragas. Estaba, nerviosa, desesperada por tocarme a la vez que me apretaba contra su cuerpo. Incorporándose un poco, su boca buscó desesperadamente mis pechos y cuando los encontró, los apretó entre sus labios, tan fuertemente que incluso pude sentir un placentero dolor. Torpemente, conseguimos ponernos las dos tumbadas, pero como el asiento tampoco es que sea muy amplio, estabamos tan pegadas que casi era imposible meter las manos entre nuestros cuerpos, pero aún así, lo conseguí, volviendo a introducir mis dedos en sus bragas. Estaba tan húmeda que enseguida mis dedos quedaron totalmente mojados. Encontré sin problemas su clitorís, hinchado, caliente, latente, y comencé a acariciarlo lentamente, haciendo circulos y arriba y abajo, mientras mi lengua se encontraba con la suya fuera de nuestras bocas. Su respiración jadeante y entrecortada me excitaba tanto como tocarla. Sus jadeos se fueron haciendo más apremiantes , así que decidí que lo mejor era volver a mordisquear sus pechos, mientras mi lengua jugueteaba con su pezón. Aquello acabó con sus "defensas" y mientras con una de sus manos apretaba mi cabeza contra su pecho y sus piernas se retorcían, <b>Andrea</b> se corrío con incesantes gemidos. <br/><br/>Tras recomponerse un poco, y areglarse un poco el pelo de manera distraída, las dos nos sentamos y ella, sonriendo de oreja a oreja me beso en los labios. Un piquito, otro, otro y su lengua empezó a juguetear con la mía. Sus manos me agarraban fuertemente de la cintura y sin dejar de besarme, me empujó hacia atrás, dejándome casi tumbada, con ella encima de mi. Su lengua bajó poco a poco,  lamiendo mis orejas, mi cuello, mis hombros hasta llegar a mi pechos. A la vez que con sus manos los apretaba, su lengua azotaba mi pezón, ya de por si sensible. Pero, aunque sus manos siguieron acariciando mi pecho, su lengua fue bajando hasta llegar a mi ombligo. Siguió bajando y a medida que lo hacía sus manos dejaron por un momento mis pechos para centrase en quitarme las bragas. Y así, yo medio sentada en el asiento trasero y ella totalmente acurrucada en el hueco entre los asiento, comenzó a lameme y besarme las ingles. Yo me estaba volviendo loca, necesitaba YA que me lo comiera todo, necesitaba correrme en aquella cara tan preciosa, en esos labios tan turgentes. Y a pesar de que sus manos volvían a acariciarme el pecho, yo necesitaba entretener a mi boca con algo, así que cogí una de sus manos y la llevé hasta mi boca para poder chupar y morder uno de sus dedos. Estaba tan excitada que con una de mis manos me acariaba yo también el pecho, mientras que la otra guió la cabeza de Andrea al sitio donde yo quería que estuviera. Y así, su lengua comenzó a acariciar mi clitoris. Yo, a pesar de tener sus dedos en mi boca, era incapaz de dejar de gemir y gritar. Más fuerte, necesitaba que lo hiciera más fuerte, así que apreté aun más su cabeza contra mi sexo. <b>Andrea</b> lo captó al momento, y tanto el movimiento de su lengua como en de su mano en mi pecho aceleró hasta llegar a tomar un ritmo frenético que mi cuerpo acompañaba moviendose de atrás a delante. Andrea me apretaba también contra ella y gemia. Realmente le gustaba lo que estaba haciendo. Y aquel pensamiento, junto con su lengua lamiendo mi clitoris y nuestras manos acariando mi pecho fueron lo que consiguieron que llegara al orgasmo, un orgasmo como hacía tiempo que no tenía, con jadeos incontrolados, espasmos y sobretodo una oleada de placer que nacia entre mis piernas y llegaba hasta la última célula de mi cuerpo. <br/><br/>Tras vestirnos y fumarnos un cigarro tranquilamente en la parte delantera del coche, <b>Andrea</b> me beso tiernamente mientras me miraba y me sonreía. Era el momento de irse o quizás empezaría a hacerme proposiciones de planes inmediatos o algo parecido, algo que no es muy compatible que digamos con mi relación con Alex. Así que, diciendole que aún me quedaba bastante camino hasta llegar a casa, me dipuse a arrancar el coche. Mientras ella, buscaba  algo en su bolso. Sacó una tarjeta comercial. Era suya, oviamente. Simplemente me dijo que cuando me apeteciera verla otra vez, que la llamara. Sin compromiso alguno, sin complicaciones, solo pasarlo bien. Le di las gracias, y guardando la tarjeta en mi bolso me fui. <br/><br/>Mientras me alejaba, pensé que quizás sí, quizás sí que volviera a llamar a la dulce <b>Andrea</b> cualquier día de estos...<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_48.htm"><title><![CDATA[DESPEDIDA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_48.htm]]></link><description><![CDATA[Qué lástima que tus últimas palabras hacía mi hayan sido insultos. “No serás más que una zorra toda tu vida”, dijiste antes de que, ya como última opción, decidiera colgar el teléfono sin siquiera despedirme. No te imaginas lo que me entristece el saber que esas son las últimas palabras que voy a escuchar de ti. ¿Cómo puede una historia de casi siete años poner punto y final con frases en la que están presenten palabras como “zorra”? <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/Gominola.jpg" align=left alt="" border="0" width="236" height="158"/>Hace ya tiempo que ambos presentíamos el final, era la “crónica de una muerte anunciada”, pero hemos ido estirándolo, arañando cada segundo que le quedara de vida a nuestra relación, hasta que al final, por propia naturaleza, ha acabado rasgándose para siempre. Pero, ¿por qué te sorprendes? No se puede resucitar lo que ya está muerto. ¿No te das cuenta de que yo no puedo seguir interpretando el mismo papel? <br/><br/>Cuando nos conocimos, disfrutaba siendo tu “Lolita”, viendo como con mi adolescente cuerpo era capaz de volver loco a un hombre como tú. Eras capaz de follarme bruscamente, desesperado, arrancándome la ropa a tirones y, al cabo de tan solo media hora, abrazarme tiernamente, risueño, mientras intentabas ayudarme a estudiar. A ti te volvían loco mis minifaldas con leotardos a medio muslo, mientras yo era incapaz de creer cómo un hombre con tu personalidad, tu cuerpo y tu madurez se había encaprichado conmigo. Pero debemos ser realistas: A mi ya no me sientan bien los leotardos…<br/><br/>Cariño, no hemos sabido evolucionar juntos. Yo he crecido, he madurado, he sentido curiosidad por todo, pero tú no has sabido adaptarte al cambio. Si mi vida se centrase solamente en sexo, te juro mi amor que yo sería feliz solamente en el momento en que tú me bajases las bragas. Pero necesito mucho más que eso. Necesito experiencias, sensaciones, risas, llantos, amores, diferentes matices, viajar, acertar, equivocarme…Contigo, todo eso ya lo he hecho. Ahora necesito más. <br/><br/>Jamás nos juramos amor eterno, ni fidelidad ni nada parecido, aunque tú te empeñases en actuar conmigo como una pareja convencional. ¿Por qué te engañabas de esa manera? ¿Cómo puedes ser ahora capaz de reprocharme cosas que yo jamás prometí? ¿No sería más fácil, abrir los ojos, ser capaz de ver que ya no hay nada, que es mejor despedirse con un fuerte abrazo y dejando un buen saber de boca de todo lo que hemos pasado juntos? Yo creo que sí, pero tú prefieres renegar, aún sabiendo que tengo razón. Es más fácil odiar que simplemente conformarse, ¿verdad? <br/><br/>Pero, a pesar de todo, sé que cada vez que me acuerde de ti, una sonrisa asomará en mi cara. Buena suerte <b>Manu</b>, espero de verdad que seas muy feliz.   <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_47.htm"><title><![CDATA[RENCORES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_47.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/15_what_is_real.jpg" align=right  alt="" border="0" width="340" height="540"/><b>COSAS QUE ELLOS PODRÍAN ECHARME EN CARA</b> (y por las cuales jamás han abierto la boca): <br/><br/>-   No haber sido capaz de ser fiel a <b>Paco</b> en tan solo un día y medio que duró nuestra “relación”.<br/><br/>-   Haber echado casi a patadas a <b>Juan</b> de mi cama en el momento que decidí que no quería seguir con él. <br/><br/>-   No haber acudido a aquel entierro en el que <b>Álex</b> me necesitaba tanto por una puñetera reunión de trabajo. <br/><br/>-   No haber sido nunca capaz de hablar claramente con <b>Paul</b>.<br/><br/>-   Haber dejado a <b>Manu</b> en más de una ocasión tirado, <br/>esperándome en el aeropuerto sin siquiera una llamada para dar algún tipo de explicación. <br/><br/>-   Haberme ido a casa andando sola aquella madrugada en la que <b>Álex</b> pretendía llevarme en coche y algo más…(esto no sé si realmente debería echármelo él en cara o debería hacerlo yo a mi misma). <br/><br/>-   No haber podido contener las carcajadas el día que <b>Edu</b> dejó caer las palabras “vivir juntos”. <br/><br/>-   Haberle recomendado a <b>Iván</b> que se hiciera una paja, mientras salía aún abrochándome el sujetador de su casa tras un semi-tanteo en su sofá. <br/><br/>-   Haberme liado con <b>Manuel</b>, amigo de <b>Álex</b>, mientras él estaba en Soria, solo una semana después de habernos acostado por primera vez. <br/><br/>-   El bofetón que le di a <b>Pablo</b> el día que apretó demasiado mi pecho. <br/><br/>-   No haber sabido querer a <b>Abel</b> como él se merecía. <br/><br/><br/><b>COSAS QUE YO PODRÍA ECHARLES EN CARA A ELLOS</b> (y por las cuales jamás he abierto la boca): <br/><br/>-   La bronca monumental que me lió <b>Anselmo</b> (con “piropos” incluidos) en medio de la calle el día que le dije que no quería verle más. <br/><br/>-   El haber tenido que ver con mis propios ojos en aquel bar de pueblo que yo no era la única rubia en la vida de <b>Jose Antonio</b>. <br/><br/>-   Escuchar a<b> Kike</b> decirme lo muchísimo que echaba de menos a su exnovia, tumbado en mi cama, fumando un cigarro mientras su semen aún resbalaba entre mis piernas. <br/><br/>-   El mordisco “juguetón” (aunque a mi no me lo pareciera tanto) que me dio <b>Ramón</b>, por el que tuve una herida bastante fea en el labio inferior durante casi dos semanas. <br/><br/>-   Que <b>Domingo</b> jamás me enviara una postal de San Valentín en los seis años que compartimos escuela en los cuales yo estaba loquita por él y en cambio, años después, pretendiera meterme la lengua hasta la campanilla sin aviso previo. <br/><br/>-   Que <b>Carlo</b>s me mintiera al explicarme que su desinterés por mi se debía a una supuesta novia que tenía en otra ciudad, en vez de decirme que realmente lo que pasaba es que es gay. <br/><br/>-   Que <b>Fernando</b>, en su intento de su primer beso de adolescente, cerrara los ojos y solo atinara a babearme la barbilla. <br/><br/>-   Que <b>Paul</b> nunca fuera capaz de hablar conmigo claramente. <br/><br/>-   Que <b>Joey</b> jamás apareciera aquella tarde en aquella cafetería. <br/><br/>-   La “broma” de <b>Hugo</b>, consistente en lanzar uno de mis zapatos nuevos por la ventana desde su sexto piso. <br/><br/>-   Si empezara con cosas de <b>Álex</b>, esto sería un no parar…así que mejor lo dejamos aquí. <br/><br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_46.htm"><title><![CDATA[NUNCA DIGAS  "DE ESTE AGUA...."]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_46.htm]]></link><description><![CDATA[Ayer por la mañana sonó mi móvil. Cuando miré la pantalla y fui incapaz de reconocer el número, pensé en no contestar, como hago normalmente. Pero algo (quizás esa intuición femenina que dicen que tenemos) me hizo responder para escuchar una voz, que no supe reconocer. En cuanto aquella seria voz me dijo que me llamaban del Organismo de Protección Civil, Cuerpo de Bomberos de la isla en cuestión, un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Esa llamada solo podía significar una cosa: que a <b>Manu</b> le había pasado algo. Seguramente <b>Manu</b> no había explicado al citado Organismo que hace meses que habíamos zanjado definitivamente nuestra relación, que tan solo hemos cruzado un par de mensajes sobrios en todo este tiempo, que yo ya no formaba parte de su vida, ni él de la mía. Seguramente aún no había cambiado de la base de datos los número de teléfono de contacto en caso de accidente y por eso me estaban llamando a mi. Igualmente, apreté fuertemente la mandíbula esperando cualquier cosa que aquella voz me dijera. <b>Manu</b> se había caído desde una altura de 2 pisos durante un servicio y estaba hospitalizado. No supieron darme más datos sobre su estado, ni en el cuerpo de bomberos ni en el hospital. <br/><br/>Así que sin pensarlo demasiado me tragué de una vez todas mis palabras anteriores, mis  promesas a mi misma (y a gente que me rodea) de que aquello se había acabado para siempre, mis convicciones creadas por mi misma de que mi vida era mejor sin él, y compré por Internet un billete solo de ida para 5 horas más tarde y con la maleta llena de la angustia propia de una esposa y algo de ropa, he vuelto a la isla que juré no pisar más, desesperada por verle. <br/><br/>Conseguí llegar al hospital a las 20:45. Cuando entré en la habitación, su hermana Antonia se sorprendió de verme allí (lo noté por su cara) pero, tan cauta como ha sido siempre, salió de la habitación con la excusa de ir a tomar un café. <b>Manu</b> estaba dormido. Aparte de la pierna escayolada y algunos moratones, no fui capaz de verle ningún daño más y aquello me tranquilizó bastante. Su pecho subía y bajaba rítmicamente, acompasado con su respiración y de repente aquel pecho me pareció el mejor lugar del mundo donde cobijarme, donde apretar mi cuerpo y sentir que estoy protegida. Pero en vez de eso, solo acerté a acariciarle la mejilla. Con el simple contacto de mi mano se despertó y por su cara de sorpresa comprendí que él tampoco se acordaba que yo era una de las personas de contacto en la base de datos del Cuerpo. Intentado darle un matiz despreocupado al asunto, me agradecía mucho que hubiera venido, pero decía que no era necesario, que estaba bien, que mañana por la mañana le darían el alta a espera de operarle la pierna y que en casa ya se encargaría de él alguna de sus hermanas. No es que yo esperase que me suplicase de rodillas que me quedara con él, pero aquella insistencia por que me fuera, me dolió un poco. Así que mirándole seriamente a los ojos, le pregunté si realmente quería que me fuera y por respuesta me agarró del brazo, me atrajo hacía si mismo y me envolvió con sus brazos besándome, primero el cuello y después, haciendo una pequeña parada hasta tener mi sonrisa de aprobación, en los labios. <br/><br/>He dormido sola en la cama que <b>Manu</b> había dejado sin hacer cuando se fue 15 horas antes de guardia, en esa casa que, sin querer reconocerlo, he añorado tanto. He mirado si mi taza seguía ahí, esperándome para desayunar en ella y allí estaba. Lo que no seguía en su sitio era la foto de la estantería que nos hicimos juntos en la playa uno de los primeros veranos. Esa había desaparecido cediendo su lugar a un horrible cactus. <br/><br/>Esta mañana, puntual a las 10 estaba en el hospital, deseando que pasara ya el doctor para darle el alta y poder irnos a casa. Al final, cerca de las 12 él me esperaba en la puerta apoyado en las muletas mientras yo iba a buscar un taxi. <br/><br/>Nada más entrar en casa y acomodarnos el sofá el silencio se ha adueñado de nosotros.  Ninguno de los dos sabíamos qué decir, qué hacer. Ha sido una situación incómoda, ya que es demasiado tiempo el que ha pasado como para intentar simular que nada ha cambiado. Pero hemos sido siempre tan confidentes el uno con el otro que inventar cualquier tipo de excusa, hubiera resultado ridículo. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/IMAGE004.jpg" align=left alt="" border="0" width="300" height="300"/>Así que, para acercarme a él, he hecho lo que se nos da mejor hacer juntos: me he acercado lentamente y le he besado. Le he besado con todas las ganas acumuladas en este tiempo, sintiendo que volvía al punto de partida con él, que volvía a dejarme llevar por aquel torrente de emociones contradictorias que él me provoca. <b>Manu</b>, por su parte, ha sujetado mi cabeza con sus dos manos, casi apretándome, como si temiera que de un momento a otro yo me apartase. Ha sido tan agradable el volver a sentir su lengua jugando con la mía, el notar su aliento tragándose el mío, el sentir por fin otra vez el olor de su piel cerca de la mía. ¿Creéis que realmente se puede ser adicto a una persona? <br/><br/>Las manos de <b>Manu</b> han ido rodando por mi cuerpo, entreteniéndose como solo él sabe hacer en mis pechos mientras me besaba el cuello. Torpe por no poder moverse bien por la pierna, aunque desesperadamente me ha quitado la camiseta y el sujetador para poder besar mis pechos, esos que tantas veces han sido suyos. Quitarle los pantalones ha sido lo  más costoso, pero una vez fuera, y con toda la delicadeza y cuidado que he podido, ya desnuda, me he colocado encima de él. <br/><br/><b>“Te quiero, pequeña”</b> ha acertado a decir antes de que mi lengua lamiera con total deseo su boca.  Con miedo a hacerle daño, me he movido despacio, muy despacio, con él ya dentro de mi, penetrándome. Había olvidado lo muchísimo que me gusta cabalgar a <b>Manu</b>, lo increíblemente bien que se acoplan nuestros cuerpos, la manera perfecta de encajar su cuerpo entre mis piernas. Sus gemidos han subido tanto de tono que he pensado que eran de dolor, así que he parado un poco por si acaso. Pero sus manos agarrando fuertemente mi culo y empujándome contra su pelvis me ha hecho entender que los gemidos eran de placer. Así que he apretado fuertemente mis músculos interiores como sé que a él le gusta y no ha tardado mucho más en correrse. Dios, que increíble placer el volver a escuchar esos gemidos provocados por mi de su boca, volver a sentir como me  abraza tiernamente después mientras besa mi frente sudorosa, sentir como su semen caliente me inunda entera...Sentirle de nuevo mío.  <br/><br/>Como es “todo un caballero” me ha masturbado con sus dedos mientras, al oido, me susurraba lo muchísimo que me había echado de menos. Tal ímpetu le ha puesto al asunto, que al final, tras estar yo bien servida, he tenido que hundir mi cabecita en su entrepierna para acabar de satisfacerle de nuevo.  Me encanta la manera que tiene de cogerme tierna, pero firmemente la cabeza para marcarme el ritmo en que quiere que lo haga…<br/><br/>Ahora está dormido, en el sofá, sin saber que escribo sobre él y sobre lo increíblemente sorprendida que estoy por haber tenido que esperar a que pasara algo así para volver aquí, por haberme dado cuenta ahora de lo muchísimo que le echaba de menos. <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_45.htm"><title><![CDATA[ELLOS SÍ QUE SON MIS HOMBRES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_45.htm]]></link><description><![CDATA[Sin cambiar la dinámica, aunque sí la tónica, de este blog, hoy voy a hablar de tres hombres que con total seguridad son los tres hombres más importantes de mi vida.<br/><br/><b>CHRISTIAN FRITZ</b> (mi abuelo materno): Alemán de carácter duro y recto, nació y vivió en Bonn hasta los 12 años, fecha en la que se trasladó con sus padres a un pueblo de Sevilla. Bético a rabiar, creció sintiéndose más español que alemán. Cuando a los 17 años conoció a Carmela, supo que pasaría con ella el resto de su vida, así que el mismo año que se licenció como abogado, se casaron. Quiso a sus diez hijos por igual, aunque teniendo siempre cierta debilidad por las niñas. En los años 60 toda la familia se trasladó a la capital que sería su hogar definitivo. Coincidiendo con la llegada de los primeros nietos, decidió jubilarse para poder disfrutar de la vida con Carmela. Varios viajes los tuvieron alejados de España durante largos periodos, hasta que los achaques propios de la edad los obligaron a volver definitivamente a casa. Fue entonces cuando su carácter comenzó a suavizarse y empezó a demostrar una sensibilidad con sus nietos de la que antes se hubiera avergonzado. Cuando en el año 93 murió su Carmela, la vida acabó para él también, aunque fuera capaz de “seguir viviendo” ocho años más. <br/><b>Cosas que le debo</b>: El apodo “Mein kleiner Engel”, las clases de flamenco desde los 4 años, mis rasgos áridos, lo terco de mi carácter.<br/><br/><b>MATÍAS </b>(mi abuelo paterno): Granadino con raíces arabescas, sensible y bonachón, nació y creció en un pequeño pueblo de la sierra, donde su familia poseía casi la mitad del pueblo en tierras. La otra mitad pertenecía a una familia vecina, con la cual se emparentaban a través de matrimonios. Así que ya dieron por sentado que Jose Antonio se casaría con Teresa, la hija de la familia vecina con la que solo se llevaba un año. Pero en vez de eso y por simple rebeldía juvenil, lo que hicieron fue fugarse e irse a vivir juntos a la capital granadina sin antes casarse. Aquello provocó un gran escándalo en ambas familias, pero al final, consiguieron que entraran en razón y se casaran dos meses antes de que naciera su primer hijo. A los pocos años, mi abuelo decidió venderle a uno de sus hermanos su parte de las tierras y probar suerte en la capital donde vive actualmente. Al poco tiempo de llegar consiguió un puesto en la misma multinacional en la que 35 años más tarde se jubilaría. Lloró de emoción en los nacimientos de todos sus nietos. Fumador de 2 paquetes diarios, finalmente le ha pasado factura el tiempo y la salud. Aun es capaz de reconocer a las personas que quiere, aunque solo sea capaz de demostrarlo con esa preciosa y amplia sonrisa suya, ya que hace tiempo que casi dejó de hablar. Pero pronto no será capaz de hacerlo, aunque eso no achaca los ánimos de Teresa por cuidar a su novio, como ella le llama, mientras cariñosamente le limpia la cara con un pañuelo. <br/><b>Cosas que le debo: </b>La ilusión por la Navidad, mi pelo rizado, la sensibilidad por los animales.<br/><br/><b>JULIÁN </b>(mi padre): Nació en Granada, aunque desde que tiene uso de razón vive en nuestra capital.  Fue un niño demasiado movido en comparación con sus dos hermanos, pero lo compensaba al ser el más cariñoso. Con 18 años, la carrera a medias y habiendo tonteado con más de una droga, se volvió loco al conocer a Inés, mi madre. Lo dejó todo por ella (incluida la carrera) y a los 8 meses de verla por primera vez en una discoteca, se casaron. No tardaron en tener a sus dos hijas (lo que más quiere en el mundo, según él) y con 24 años fue capaz de retomar su carrera y acabarla. Tras 30 años de matrimonio y siendo una persona de principios muy rectos y coherentes, los olvidó todos cuando en un viaje de negocios conoció a Eva, una inmigrante de los países nórdicos, 25 años menor que él. Hoy en día, viven juntos, aunque la inestabilidad puede hasta palparse en esa casa. <br/><b>Cosas que le debo:</b> El  hacerme ver que nadie es perfecto, el respaldo y apoyo que siempre tengo por su parte, el darme la independencia que siempre he necesitado, el amor incondicional que siento por él, mi vida entera. <br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_44.htm"><title><![CDATA[APARIENCIAS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_44.htm]]></link><description><![CDATA[Las fiestas de mi pueblo nunca han sido gran cosa, pero me gustan porque es la única ocasión del año en la que nos volvemos a juntar todos los amigos de siempre. No es que nos llamemos y quedemos de acuerdo para vernos en ese chiringuito al aire libre en concreto, pero año tras año, seguimos encontrándonos allí. Así que, cuando hace un par de años llegué con Meri, no me sorprendió para nada ver que allí estaba <b>Álex</b>. Lo que sí que me sorprendió fue que estuviera acompañado por su mujer y por un carricoche de bebé en el que debía estar su hija durmiendo. Como era su costumbre desde que se había casado, Álex ni se acercó a saludarme, ni me miró, ni nada de nada, nulo, cero total, como si yo no existiese. Y a pesar de que aquello me dolía horrores, ya eran un par de años de aguantar aquella demostración de indiferencia por su parte, así que ya estaba acostumbrada y me limité a intentar pasarlo bien con el resto de la gente. <br/><br/>No eran ni las 11 de la noche cuando ví a <b>Álex</b> y su mujer alejarse rumbo a casa empujando el carrito de la niña. “Qué le den por el culo” Oí a Meri susurrarme al oído disimuladamente al ver que yo era incapaz de apartar la vista de ellos. Pero tengo que reconocer que a partir de ese momento me sentí mucho más relajada, más dispuesta a pasarlo bien.<br/><br/>Serían cerca de las 6 de la mañana cuando Meri y yo bajábamos por la calle que lleva a mi casa. Aún llevábamos cada una en la mano un vaso de esos de plástico de litro de calimocho y nos reíamos (nos descojonábamos) con ese tipo de risas etílicas contagiosas de cualquier tontería que se nos hubiera ocurrido. Giré la esquina de mi edificio tan torpemente que entre las risas, los calimochos y la naturalaza torpe de mis pies, estuve a punto de caer, lo cual provocó más risas entre nosotras. Risas hasta que ví a <b>Álex</b> sentado en los escalones de mi portal, mirándonos entre divertido y atónito. La cara de Meri fue un poema que dejaba claro que aquella aparición inesperada no le gustaba nada. Meri es siempre tan protectora conmigo…<br/><br/>-No seas tonta ehh – me advirtió al oído. <br/><br/>La miré de manera serena para tranquilizarla. Ella asintió y empezó a despedirse alejándose hacia su casa. Y mientras lo hacía, con ese tono irónico tan hiriente que tiene, a modo de despedida le dijo a <b>Álex</b>: <br/><br/>-Tú, anda y date prisa, que ya pronto tu hija te pide el biberón del desayuno…<br/><br/><b>Álex</b> la miró, pero en vez de contestarle a ella, me dijo a mi: <br/><br/>-Nunca le he gustado a Meri, ¿verdad?<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/casalazulmz1.jpg" align=right alt="" border="0" width="263" height="390"/>Ni siquiera le contesté y, llave en mano preparada para dejarle claro que mi intención era que aquella conversación no durara mucho, le pregunté qué coño hacía esperándome en mi portal a esas horas. <i>Quería hablar conmigo, necesitaba hablar conmigo, yo era la única persona capaz de entenderlo, siempre lo había hecho. Yo era la única capaz de pasar con él por ese mal rato. “Eres mi mejor amiga, mi niña, mi vida”. Él me quería tánto, tánto…</i>¿Después de dos años y pico sin ni siquiera saludarme? <i>Es que su mujer era mala, malísima. No le dejaba acercarse a mi. Era tan tan mala que él se asfixiaba en aquella relación. ¡¡Qué infeliz que era!! Por eso necesitaba hablar conmigo, necesitaba que yo le dejara mi hombro para llorar, para llorar por lo desgraciada que era su vida sin mi, junto a aquella horripilante mujer con la que seguía viviendo solamente por el bienestar de su hija. Necesitaba mi hombro para llorar, y si, ya que estaba, de paso podía acariciarme el pecho, mejor. Eso conseguiría calmarlo, siempre lo había hecho. Y el conseguir entrar conmigo en mi portal a oscuras y besarme y tocarme con el ansia de quien tiene los botones de los vaqueros a punto de reventar de la erección que sufre, eso le hizo sentir muchísimo mejor. Y menos mal que yo era una buena persona y le dejaba subir a mi piso, mientras a cada peldaño de la escalera sus manos buscaban desesperadas mi cuerpo. Y por eso sonrió cuando, ya tumbado y desnudo en mi cama, vio como me desnudaba yo lentamente delante de él, como yo sé que le gusta que haga. “Cariño, solo tú sabes hacérmelo como realmente me gusta, eres perfecta. No sabes cómo te he echado de menos. Te quiero tanto, pequeña” decía mientras acababa de quitarme las bragas y me colocaba encima de él…<br/></i><br/>Casi dos horas después, con el sol entrando ya por la ventana, <b>Álex</b> me miraba relajado y sonreía. Ahora por fin ya era feliz. <br/><br/>Me levanté de la cama para dirigirme al baño y en el quicio de la puerta me paré y con un tono más despreocupado y seco que pude, le dije: <br/><br/>-Voy a ducharme. No olvides cerrar bien la puerta ahora cuando te vayas. <br/><br/>Su cara tenía ese gesto que tan bien conozco que denota que está intentando analizar mis palabras para saber si hablo en serio o de broma. Así que como aclaración, cometé:<br/><br/>-Esto es lo que querías, ¿no? Follarme. Pues alá, ahora que lo has hecho. ya no tienes nada más que hacer aquí. <br/><br/>Su cara pasó de la sorpresa inicial, al entendimiento para luego dejar paso al enfado. Por eso no le di tiempo ni a contestar y antes de que pudiera abrir la boca, yo ya estaba cerrando la puerta del baño, dejándolo allí, desnudo aun en  mi cama, perplejo, herido en su orgullo y con la palabra en la boca.  <br/><br/>Esperé bajo el chorro de agua caliente hasta oír el portazo que me indicaba que había salido de mi casa. Fue entonces cuando, por fin, pude llorar. <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_43.htm"><title><![CDATA[LOS ANTOJOS DE MI DORMITORIO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_43.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/cama_nua.jpg" align=left alt="" border="0" width="265" height="385"/>- Mi gato tumbado encima de la camisa de Manolo, tirada en el suelo a los pies de la cama.<br/><br/>- Mis carcajadas al ver que Fran, borracho, es incapaz de caminar sin tambalearse desde mi habitación hasta el baño.<br/> <br/>- Notar, medio dormida, a las 7 de la mañana, justo al irse a trabajar como Jesús me arropa tiernamente y me besa la frente, creyendo que sigo dormida. <br/><br/>- El tintineo del cabezal contra la pared al follar con Alfonso.<br/><br/>- La palpable ausencia de Álex.<br/><br/>- Esa mancha en el colchón del café derramado por Antonio que aún no he conseguido quitar del todo. <br/><br/>- Los condones que olvidó Oscar, que descansan al fondo del cajón de mi mesita.<br/><br/>- Abrir las cortinas por la mañana y ver cómo Dani, aun dormido frunce el ceño y se tapa el rostro con el brazo al darle la luz del sol de lleno en la cara.<br/><br/>- Meterme en la cama un domingo por la noche y notar que el olor de Niko aún está entre mis sábanas desde la noche anterior. <br/><br/>- Relajarme, escuchando una y otra vez, el Concierto de Aranjuez, mientras te espero.  <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_42.htm"><title><![CDATA[YO MISMA...CONTIGO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_42.htm]]></link><description><![CDATA[Llevo toda la tarde en la oficina soñando con este momento, el momento en el que por fin mis pies, doloridos por los zapatos de tacón, como avanzadilla de todo mi cuerpo, se introducen en la bañera, completamente llena de agua tan caliente que los vapores están comenzando a crear una especie neblina a lo baño turco. Me encanta la sensación de quemazón a medida que mi cuerpo se va sumergiendo en el agua…<br/><br/>Enjabono mi cabeza con ese  champú aromático de cerezas y algodón (eso pone en la etiqueta) ¡Me encanta! Mis dedos se pierden entre la suave y esponjosa espuma que se ha formado y se hunden una y otra vez entre mi pelo, masajeándome y relajándome. <br/><br/>Abro el corriente del agua para aclararme el pelo y comienza a correr de mi cabeza hacia abajo, formando un pequeño riachuelo entre mis pechos que desemboca en el agua de la bañera a la altura de mi vientre. Cada vez hay más vapor en el baño, ya casi no soy capaz de ver más allá de medio metro y la luz de las bombilla se difumina totalmente. <br/><br/>Me recuesto hacia atrás, tumbándome casi totalmente en la bañera, dejando solamente mis piernas ligeramente dobladas, lo justo para estar cómoda. Descuidadamente dejo caer la manguera del grifo sobre mi pecho y la presión del agua, hasta casi me hace daño al contacto con mi piel. Pero me gusta, me gusta sentir el agua contra mi piel. Y entonces tú empiezas a abrirte paso por mi mente. ¿Por qué apareces siempre que tengo sensaciones que me gustan? Sinceramente aún no sé la respuesta. Solo sé que al mismo tiempo que el agua del grifo baja lentamente por mis pechos y mi vientre, tu imagen se coloca en primera fila en mi mente. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/20050626164340100_re161C08.jpg" align=right alt="" border="0" width="283" height="189"/>¿Son dos chorros de agua lo que acarician mis inglés o son tus dedos diestros ya en ello? Me gusta imaginar que es así. Ante tal insinuación, mis pezones se endurecen y para aliviarme un poco los acaricio con la yema de mis dedos, arrugada ya de tanta humedad como hay en el ambiente. Pero necesito algo suave para esas caricias, algo que haga que mis dedos resbalen con facilidad, así que vuelco la boquilla de uno de los geles que hay en la repisa sobre uno de mis pezones. Cuando por fin el hilito de gel que sale del bote impacta en mi piel, ésta se eriza, tanto por lo frío que está el gel como por el gusto que me da. Sí, así me gusta más, ahora las caricias en mi pecho son más húmedas, más cremosas, más como si fuese tu lengua la que recorre mis pezones, saboreándolos como solo tú sabes hacerlo.<br/><br/>Pero no descuido mi bajo vientre. Está bien servido con el chorro a presión de agua. Como si del escondite se tratase, me gusta jugar a hacer círculos imaginarios con el chorro alrededor de mi entrepierna, dirigiéndolo directamente a mi clítoris, para apartarlo enseguida y provocarme más deseo aún de ello. ¡Dios, qué placer! ¡Qué placer al recibir la presión exacta, en el momento justo, en el lugar deseado! Así que abro más mis piernas para dejar que tu cuerpo imaginario se coloque sobre el mío, llegando incluso a deslizar una de ellas por fuera de la bañera, dejándola colgada de rodilla para abajo. Así, sí, mucho mejor. Así puedo sentir mejor la presión contra mi clítoris. Díos, ¡cómo me gustas! Si cierro los ojos hasta siento tu piel acariciando la mía, húmeda, tersa, firme. ¿Puede haber algo mejor en este mundo que el placer que estoy compartiendo contigo en este momento? Eres un ser perfecto y yo tengo el privilegio de sentirte cerca en este momento, en este preciso momento en el que mi cuerpo, guiado por los más antiguos instintos, comienza a convulsionarse a la vez que, con un acto reflejo, muerdo mi labio inferior para tratar de ahogar mis gemidos. Pero es imposible, además, no quiero hacerlo. Quiero que todos sepan que estoy teniendo un orgasmo gracias a ti, gracias a tus caricias, contigo. Así que resoplo, jadeo y gimo, mientras mi cuerpo siente esa explosión de dentro hacia fuera que actúa como una bomba expansiva, haciendo incluso que estire de forma casi irreal los dedos de los pies. Y cuando ya parece que no puedo más, me hundo en el agua caliente para acabar de sentir los últimos coletazos de placer sumergida, rodeada tan solo de ese silencio que proporciona el agua, para poder disfrutarlos mejor estando tan solo tú en mi mente, sin intrusos ni distracciones. Solo tú, el agua, nuestro orgasmo y yo. <br/><br/>Pero con la misma rapidez que vuelvo a la superficie, tú te alejas de mi cuerpo, de este baño, de mi mente. Es como si te desvanecieras entre el vapor de agua, dejándome tan solo un suave palpito entre mis piernas. Ojala fueras capaz de sentirlo. <br/><br/>Y aún con las piernas temblorosas, salgo de la bañera y me arropo con un albornoz que encuentro colgado detrás de la puerta. Fuera, en su salón, con el partido de turno a todo volumen en la tele, me espera él, con la cena preparada. ¿Qué crees que pensaría si supiera que te has colado en mi mente para follarme en su propia bañera? <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_41.htm"><title><![CDATA[LA DULCE NAVIDAD]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_41.htm]]></link><description><![CDATA[<b>24 de diciembre de 2001 19:15 h.</b> <br/><br/>Como soy un desastre en eso de organizar mi tiempo libre, un año más, esta tarde estoy apurando las últimas horas antes de Nochebuena en un gran centro comercial haciendo las compras que deberían haber estado hechas hace semanas. En mi carrito descansan una Barbie Fashion Fever para la Paula, la hija de <b>Manu</b>, unas botas para mi madre y el jersey ese feo de rayas que le gusta tanto a mi hermana. Aún me faltan el regalo de papá y el de <b>Manu</b>, aunque este último ya lo tengo claro: la Play2 con el FIFA 02 incluido. Sí, a sus 35 años <b>Manu</b> aún se pasa horas jugando con su vieja videoconsola…es hora de jubilarla.<br/><br/>De repente empiezo a notar el vibrador del móvil dentro de mi bolso (el sonido es imposible apreciarlo en medio de esta muchedumbre). Es <b>Manu</b>. Me alegro ver que es él, ya que, a pesar de que hace apenas unas semanas que hemos decidido que mañana volaré a su ciudad para pasar la Navidad con él y con Paula, lleva unos días algo esquivo y distante conmigo. <br/><br/>Pero al responder ya intuyo que algo malo va a suceder. Su voz al saludarme suena demasiado lenta, demasiado “pastosa”, como arrastrando las palabras…Quiere decir algo, pero no se atreve. Así que tras varias frases banales de pura cortesía, le pregunto directamente: <br/><i>-Oye, ¿qué pasa? ¿Sucede algo?</i><br/><i>-Bueno cariño, verás…no quiero que pienses que esto es culpa tuya, pero es que a veces las cosas no son como quisiéramos. </i><br/>Me quedo muda, en silencio, sabiendo que lo que se avecinaba no me va a gustar. Por fin, cuando el percibe que callo otorgándole la palabra, continúa: <br/><i>-Tú sabes que aunque te quiero muchísimo, lo primero para mi es mi hija ¿verdad?</i><br/><i>-Ajá… –</i> contesto sin poder adivinar aún de qué va todo esto. <br/><i>- Pues entonces comprenderás que yo haría cualquier cosa con tal de que ella fuera feliz ¿verdad?</i><br/><i>- Ajá…</i>-repito monótonamente. <br/><i>- Incluso sacrificar mi propia felicidad por ella, ¿verdad? </i><br/><i>-Sí, Manu, sí…todo eso ya lo sé, pero ¿puedes decirme ya de una vez que coño está pasando? <br/>-He decidido volver con mi exmujer. </i><br/><br/>Me quedo helada, de piedra, sin saber bien como procesar esa información. Solo atino a colgar el teléfono mientras aún se oye la voz de <b>Manu</b> de fondo intentando dar algún tipo de explicación. No las quiero oír, no me hacen falta. Lo principal ya está dicho y, por muchas excusas que intente darme no lo va a cambiar. <br/><br/>Casi como un robot, sin apenas pestañear me dirijo a la caja para pagar mis compras, necesito salir de allí, de ese agobiante centro comercial en cuanto pueda. No quiero pensar, solo necesito respirar. Salgo del parking con mi coche tan absorta en la idea de no pensar en nada para que no me duela que sin darme cuenta me salto el ceda que hay al final de la salida y tengo que pisar el freno a fondo para no chocar contra un camión. Y allí, mientras mis manos siguen aferradas al volante casi de manera petrificada, consigo reaccionar y rompo a llorar. Lloro de pena sin entender aún ese cambio de actitud por su parte, sabiendo que lo he perdido sin saber siquiera que debía luchar por él. Pero también emerge de mi una rabia contenida al ver claramente que ni tan siquiera había sido capaz de darme sus verdaderas razones para aquello y se había excusado en su hija para ello. ¿Tan tonta le parecía yo como para creerme algo asi? ¿Tan poca consideración me tenía? ¿Tan poco significaba yo en su vida para poder sacarme así de fácil? De repente se me viene a la cabeza y busco desesperada mi móvil en el bolso. Quizás me haya llamado de nuevo, quizás todo era una broma, quizás…pero mi móvil está impasible, sin llamadas perdidas ni nuevos mensaje. <br/><br/><b>24 de diciembre de 2001 22:41 h. </b><br/><br/>Aguanto como puedo la cena familiar poniendo buena cara a todo el mundo, pero ni espero a que saquen las bandejas de turrones para llamar a Meri, pedirle que me rescate de allí y salir echando leches. Lo siento por mi familia, no quiero ser descortés, pero lo que menos necesito en este momento es ver como mi tío Antonio se pone la servilleta en la cabeza y se quita la dentadura postiza mientras todos ríen al unísono.  <br/><br/><b>25 de diciembre de 2001 07:03 h. </b><br/><br/>Nunca nos han ido las macrofiestas, así que, tras encontrarnos con el resto del grupo, nos hemos ido de bares por el centro de la ciudad. Hemos encontrado uno que ha resultado ser “el paraíso” para todos nosotros: pagamos un precio fijo y tenemos barra libre toda la noche. No me preguntes qué he bebido, qué he fumado o qué he hecho, pero son las 7 de la mañana y estoy en la calle, sentada en el suelo de una manera casi imposible, con las piernas cual patas de pato, como la peor de las borrachas, con todo el maquillaje corrido por las lágrimas vertidas durante la noche (tanto por <b>Manu</b> como de risa). A mi lado está sentado Julián. Julián es compañero de universidad de Gloria y nos han presentado esa misma noche, pero el chico parece ser bastante cariñoso…al menos conmigo. Meri nos observa divertida, mientras Julián, pasa su brazo por mi espalda a la vez que, muy caballeroso, me tapa mis piernas heladas con su abrigo, mientras yo no paro de repetir con mi ebria voz que <i><b>“todos los tíos sois unos hijos de puta”</b></i>. <br/><br/><b>25 de diciembre de 2001 10:12 h. </b><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/1117alfie.jpg" align=left alt="" border="0" width="276" height="185"/>Son las 10 de la mañana y me encuentro en una churrería con Julián. Tres horas atrás se ha ofrecido a llevarnos a casa en coche, y tras dejar a Meri en su casa, sin pensarlo dos veces me ha besado. Los besos han ido subiendo de categoría hasta que mis manos le han desabrochado el pantalón. En ese momento me ha mirado inquisitivo, preguntándome con la mirada si estaba segura de querer ir a más. ¿Por qué no? ¿Por qué no voy a pasarlo bien con un chico guapo? ¡¡Qué le jodan a <b>Manu</b>!! Sí, vale, es cierto que además estamos aparcados en plena calle (justo delante de la casa de los padres de Meri, para ser más precisos), pero en este momento no me importa nada. Solo quiero follármelo. Hemos acabado en la parte trasera del coche. Ni siquiera nos hemos desvestido. Solo ha hecho falta que él se bajara un poco los pantalones y que yo me quitara las bragas (uso medias, no panties). A veces tiene su morbo hacerlo así, a la desesperada, ¿verdad? …Y después, Julián se ha empeñado en llevarme a desayunar, aunque para ser honestos, nada más entrar en la churrería y sentir ese olor a frito y refrito he tenido que salir corriendo al baño a vomitar gran parte de la bebida que he ido ingiriendo en toda la noche. <br/><br/>Y mientras estoy ahí, con la cabeza hundida en el inodoro, recuerdo que a esa hora debería estar embarcando en mi vuelo con destino a la ciudad de <b>Manu. </b> <br/><br/><b>25 de diciembre de 2001 16:58 h. </b><br/><br/>Me da todo vueltas. Estoy en mi cama y a lo lejos pero como un martilleo atronador oigo el teléfono. No es la primera vez que suena, pero no he podido ni levantarme a contestar. Sé que será mi madre. Debe estar preocupada porque no me he presentado a la comida de Navidad, pero era totalmente imposible moverme hoy. La resaca es tremenda. Hago un esfuerzo sobrehumano y consigo arrastrarme hasta el salón, pero no llego a tiempo y el teléfono deja de sonar. Pero como tengo clarísimo quién es, marco el número de mi madre. <br/><br/><i>-Sí, ya lo sé mamá…Lo siento mucho. Sí…no sé…algo me habrá sentado mal…no, no te preocupes, que no es nada…que siiii….tú guárdamelo en un tuper y yo en cuanto pueda voy a buscarlo…que no…mamá que no …que no me drogo!! claro que bebí!! …venga mamá, que me duele la cabeza…dale un beso a la abuela de mi parte. Ciao.</i> <br/><br/>Por si acaso compruebo mi móvil…Sigue “inerte”…<br/><br/>25 de diciembre de 2001 23:35 h. <br/><br/>Estoy en el sofá tal y como caí en él hace más de 2 horas. Estoy viendo uno de esos largometrajes típicos de cada Navidad. Ya lo he visto, no me interesa volver a verlo, pero no soy capaz ni de moverme para alcanzar el mando a distancia. Vuelve a sonar el teléfono. Sí es mamá otra vez ni lo cojo. Pero solo con mirar el prefijo sé que no es mamá y me abalanzo sobre el aparato. Es <b>Manu</b>. <br/><br/><i>-Cariño, es la peor Navidad que he pasado en mi vida</i> – me dice. <br/><i>-Y la mía también</i> – corroboro intentando pasar por alto el polvo con Julián en su coche. <br/><i>-Por favor, dime que vas a olvidar completamente las tonterías que te dije ayer y que vas a venir. Por favor, por favor –</i> me ruega. <br/><br/><br/><b>26 de diciembre de 2001 06:42</b><br/><br/>Una operadora aeroportuaria nos indica por un altavoz con voz metálica que <i><b>“el vuelo 3554 con destino a su isla, esta a punto de iniciar su embarque por la puerta 32”</b></i>, así que la Barbie Fashion Fever y yo nos encaminamos a paso ligero hacia la puerta indicada. Vamos las dos sonrientes, felices, sabedoras que allí nos irán a recoger dos personas que nos quieren, nos adoran y nos van abrazaran para hacernos sentir especial…al menos hasta que encuentren otra <i>“muñeca”</i> con la que pasárselo mejor…<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/mishombres/c_38.htm"><title><![CDATA[COMPRENSIONES INCONGRUENTES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/mishombres/c_38.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/unleashtiger.jpg" align=right alt="" border="0" width="142" height="215"/>Una canción de Gloria Stefan tuvo la culpa de que la noche anterior <b>Alex </b>y yo acabáramos jugando, riendo y haciendo el amor (con <b>Alex</b> siempre hago el amor) bajo sus sábanas. <br/><br/>Me desperté sola en aquella cama en la que tantas veces he sido la invitada y, a pesar de saber que <b>Álex</b> no estaba, una sonrisa como de niña pequeña en la mañana de Navidad me iluminó la cara al ver una nota en la mesita.<br/><br/><i><b>“ME HE IDO A TRABAJAR, YA SABES QUE ESTAS EN TU CASA. TIENES CAFÉ Y BOLLOS EN LA COCINA. UN BESO PEQUEÑA (ESTÁS PRECIOSA DORMIDA). <br/>ÁLEX<br/>P.D.: ¿CREES QUE POR FIN FUNCIONARÁ?”</b></i><br/><br/>Esta última frase literalmente me removió por dentro. <b>Álex</b> tenía razón, llevábamos ya demasiado tiempo jugando al gato y al ratón, demasiado tiempo dejando que nuestro orgullo pasara por encima de nuestros sentimientos, demasiado tiempo hiriéndonos el uno al otro por despecho. ¿Significaba aquella posdata que él estaba dispuesto a olvidarlo todo e intentar ya de una vez ser feliz conmigo? Si era así, yo hasta a ciegas le seguiría, borraría de un plumazo todo lo pasado anteriormente y abriría una nueva puerta en mi vida solo para él. <br/><br/>Me deleité toda la mañana en aquel piso tan conocido para mi, en aquel piso que realmente era <b>Álex</b> en esencia pura, sintiendo una oleada de regocijo cada vez que recordaba aquella posdata. Sobre las 12 de la mañana sonó mi móvil y su nombre apareció en la pantallita. <br/><br/><i>-¿Ya estás despierta?</i><br/><i>-Sí claro, hace ya un rato. ¿Tú qué tal?</i><br/><i>-Pues liadísimo, no creo que vuelva a casa hasta las 20:00 o las 21:00. ¿Has visto mi nota?</i><br/>(Vuelco en el corazón) <br/><i>-Sí, sí que la he visto. Me tienes que explicar más extensamente qué significa esa posdata. </i><br/><i>-Ya, jeje. Tienes razón. ¿Qué te parece si esta noche vienes a cenar a casa, te preparo una cena y hablamos al respecto?</i><br/><i>-Vale, me parece bien el plan. Pero tiene que ser una cena con velitas ehh – </i>bromeo.  <br/><i>- Lo que tú quieras, cariño. Pero cómpralas tu esta tarde, que yo no voy a tener tiempo. Y no te olvides el cepillo de dientes…por si tardas en irte. </i><br/><br/>Colgué y me sentí realmente feliz. Feliz con todas las letras, con todos los matices y posibles variantes que a esa palabra puedan aplicarse. Feliz de estar allí y feliz ante la perspectiva de lo que me esperaba. Esta vez sí, esta vez íbamos a tener la oportunidad que los dos nos merecíamos después de tantos años. <br/><br/>Por la tarde decidí quedar con mis amigas Mayca y Meri en un centro comercial. La excusa era que tenía que comprar las velas, aunque todas teníamos claro que lo realmente importante era sentarnos en la cafetería de siempre, la de al lado de las escaleras y comentar todo lo sucedido con <b>Álex.</b><br/><br/>Mayca, su prima y a la vez una de mis mejores amigas, estaba contentísima de que por fin hubiéramos sido capaces de entendernos o de que como mínimo estuviéramos dispuestos a intentar hacerlo. <br/><br/>Estaba tan tan contenta, subida en mi propia nube, que no supe cambiar mi cara de felicidad y aquella estúpida sonrisa de mis labios cuando vi aparecer a <b>Álex</b> por aquellas escaleras del centro comercial de la mano de aquella chica. Pero más <i>“graciosa”</i> (si es que se puede denominar así, porque gracia para mi no tuvo ninguna) fue la cara de <b>Álex</b> al vernos a todas allí sentadas, en la primera mesa, en aquella que encuentras a menos de medio metro cuando acaban las escaleras por las que ellos subían y que era imposible de evitar. <br/><br/>Su nerviosismo fue en aumento a medida que las escaleras lo acercaban a mi. Comenzó a buscar dentro de unas bolsas que llevaba como para poder apartar la vista de nosotras, aún sabiendo que era inevitable el encontrarnos. La chica sonreía a su lado, ajena a la tensa situación que allí se estaba viviendo. Y como aquellas escaleras no eran infinitas, <b>Álex</b> no pudo evitar llegar a nuestro lado. Intenté que mi cara no delatara que en ese mismo momento la ilusión de mi vida se estaba cayendo a pedazos, pero la cara de Mayca y las demás eran todo un poema. Cuando por fin <b>Álex</b> consiguió articular palabra para saludarnos no era capaz ni de levantar la vista del suelo. Intentó aparentar naturalidad, pero su voz y su manos temblorosas le delataban. <br/><br/><i>-Vaya…umm…chicas…¿qué tal?...ehh....¿Qué hacéis por aquí?</i><br/><i>-Pues aquí, tomando un café y comentando cositas, ¿verdad Lucía?</i> – djo Meri mientras me daba un codazo para que espabilase y fuera capaz de reaccionar. <br/><i>-Sí…sí.,,,claro –</i> conseguí balbucear.<br/><i>-¿No nos presentas a tu amiga, primito? –</i> inquirió Mayca con cara de pocos amigos <br/><i>-Ehhh…sí, sí….claro…Teresa, está es mi prima…umm…ehhh mi prima…ummm</i><br/>Era incapaz de apartar sus ojos de los míos. Tan absorto estaba que ni le salía el nombre de su prima. <br/><i>-¡¡Mayca!! ¡¡Soy Mayca!!</i><br/><i>-Eso…uff perdona…Mayca. Es mi prima Mayca. Ella es eehhh ummm….joder…es Meri </i>– dijo señalándola – <i>y ella Lucía</i>. <br/>¡¡Al menos mi nombre le salió a la primera!!<br/><i>-Estamos todas encantadísimas</i> – dijo Mayca con su voz más sarcástica. <br/>Yo seguía siendo incapaz de articular palabra. <br/><i>-Bueno, pues nosotros nos vamos que Teresa quería comprar unas cosas – </i>dijo Álex casi empujando a su amiga para salir de allí. <br/><i>-Ala, hasta luego – </i>se despidió Meri con tono bastante despreciativo, girándose en redondo a la vez que Mayca y dándoles la espalda<br/><i>-Hasta luego</i> – musitó <b>Álex</b> en tono casi aliviado. <br/><br/>…….<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/mishombres/files/20060513125856lagrimasn.jpg" align=left alt="" border="0" width="306" height="278"/>Ése no fue nuestro primer “bache” y ni mucho menos seria el último, pero fue en ese momento en el que me quedé allí, sentada cabizbaja con las lágrimas a punto de asomar por mis ojos y el orgullo, la ilusión y el corazón destrozados, con aquella estúpida bolsa llena de velas perfumadas compradas expresamente para él, para <b>Álex</b>, mi <b>Álex</b>, para aquel chico que no hacía ni 6 horas me decía que quería que lo nuestro funcionara y ahora se alejaba de la mano de aquella tal Teresa, fue en aquel preciso momento cuando comprendí dos cosas:  <br/><br/>- Que por mucho empeño que le pusiéramos, Álex y yo nunca seríamos capaces de perdonarnos todo el daño hecho mutuamente. Podemos jugar, hacer el amor, querernos, pero nunca podríamos ser felices juntos. Y..<br/><br/>- Que yo sin él, no sería capaz de ser feliz nunca]]></description></item></rdf:RDF>
