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Mis Narraciones Cortas
Narraciones basadas en experiencias y conocimientos personales
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Cosas que de vez en cuando, si estoy inspirada, me da por escribir. Basadas en mis experiencias personales y hechos conocidos de personas de mi entorno alguna vez me han servido como desahogo.
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EL CAMINO
Era una mujer valiente, aunque nunca lo habría pensado de ella misma. Hacía ya tiempo que había empezado su andadura en solitario, algún tiempo más que tenía intenciones de comenzarla y algún tiempo menos que una nueva ilusión se instalaba en su vida. Llevaba con ella un equipaje lleno de amor y repleto de ilusiones y esperanzas. Pensaba en él todo el tiempo y deseaba con todas sus fuerzas llegar al final de aquella dura etapa para, por fin, estar juntos los dos y continuar o pararse, eso era lo de menos, pero siempre uno al lado del otro y haciendo lo que ambos, sin presiones externas de ninguna clase, decidieran hacer con sus vidas. Nada le parecía que pudiera interrumpir su marcha y todos los obstáculos los iba superando con alegría. En su caminar en busca de la felicidad encontró de todo, cosas buenas, menos buenas, indiferentes y malas, pero nada podía detenerla. Los malos momentos los iba superando a base de paciencia, apoyándose en su fuerza interior y, en algunas ocasiones, a base de consumir ilusiones y esperanzas de las que llevaba guardadas consigo.

Pasaba el tiempo y la marcha se iba haciendo cada vez más lenta. Empezaba a consumirle la impaciencia por llegar al final, especialmente porque temía que se le agotaran sus reservas y eso la obligara a quedarse en el camino. Pero aún seguía con optimismo.

De repente todo empezó a hacerse más difícil, había más curvas (que alargaban su camino) y subidas y bajadas continuas (que lo hacían más agotador). Pero aún no eran obstáculos insalvables y los iba sorteando como bien podía, aunque sus reservas cada vez eran más escasas y, por consiguiente, más preciosas.

Naturalmente le salía gente al paso con la que charlaba o a la que saludaba amable y educadamente, pero sin querer entretenerse demasiado, porque tenía un objetivo claro que quería alcanzar cuanto antes. A veces, entre esa gente había quien, con buenas intenciones, le advertía que el camino era difícil, que se iba a encontrar con obstáculos prácticamente insalvables y que debería ir haciéndose a la idea que era posible que no llegara a feliz término, para no llevarse una gran desilusión después. Pero ella seguía confiando en sus posibilidades y, de una forma bastante ingenua, en la ayuda que llegado el momento él le prestaría, así que continuaba incansable y siempre mirando hacia delante.

Pasó mucho, mucho tiempo, quizá demasiado y empezó a sentirse cansada y cada vez con menos ánimos y ganas de continuar… aquello no terminaba nunca. A aquél camino no se le veía el final y, lo que es peor, cada vez estaba más oscuro. Las luces que antes brillaban y lo iluminaban todo, especialmente cuando se hacía de noche y que lo mantenían tan agradable y transitable, se habían ido apagando poco a poco y ya a penas si quedaban luciendo algunas muy salteadas.

Iba llegando el invierno, los días eran cada vez más cortos y más fríos y las noches más largas, gélidas y oscuras. Sus fuerzas estaban casi al límite, de tal forma que se las veía y se las deseaba para seguir caminando. Cada vez las luces que iluminaban el camino estaban más alejadas unas de otras por lo que, en cuanto anochecía, tenía que hacer largas caminatas en completa oscuridad durante las cuales, y para no perder los ánimos, trataba de traer a su mente buenos recuerdos e intentaba animarse diciéndose a sí misma que ya tenía que faltar poco, que no podía ser posible que hubiera perdido el tiempo y tantas ilusiones, esperanzas y esfuerzos para nada, su natural optimismo le impedía pensar en algo peor.

Intentó pedirle ayuda a él en repetidas ocasiones, pero resultó inútil, comprendió que estaba muy lejos, que su camino no se acercaba al suyo y que tenía muchas menos fuerzas y mucho menos valor para la lucha que ella, así que pensó que no la oía o no entendía bien lo que ella intentaba decirle, o lo que era peor, que no quería oír. La última vez que habían hablado, tuvo la terrible sensación que la estaba engañando, que no había sido sincero con ella, que era un cobarde y que nada era como él le había dicho que sería. De manera que de una forma, un tanto cruel, empezó a darse cuenta que de nuevo estaba completamente sola. Que aquél camino se había convertido en una especie de espiral sin fin en la que ilusamente se había metido y de la que le iba a costar mucho salir y que, cuando al fin lo hiciera, se habría dejado en ella jirones de su vida y de su alma que, probablemente, jamás volvería a recuperar. Ver, así de pronto, esa realidad la dejó de momento hundida y sintió la imperiosa necesidad de sentarse, recapacitar y estudiar la forma de no perder los pocos ánimos que le quedaban, sacar fuerzas de donde casi no las había para intentar seguir adelante con su vida en solitario. Se estaba haciendo de noche…

Estuvo mucho tiempo sentada en aquella piedra del camino. Era ya noche cerrada y la luz que hasta ese momento la había estado alumbrando se apagó sin previo aviso, así que se quedó totalmente a oscuras, la siguiente luz estaba demasiado lejana y ella se sentía demasiado cansada y sin fuerzas como para acercarse. Miró al cielo y descubrió que se estaba yendo una negra nube que dejaba al descubierto una hermosa luna llena que iluminaba el camino con una azulada y pálida luz, que por otra parte, le sirvió para poder encontrar en su equipaje una linterna con la que alumbrarse para poder escribir … Eso le sirvió de desahogo, la tranquilizó y entonces se dio cuenta que hay muchas cosas maravillosas en el mundo que siempre van a estar ahí, independientemente de cómo nos sintamos nosotros en ese instante y que después de un mal momento siempre puede venir uno bueno, tal vez mejor que los anteriores. Que la vida sigue y nunca se sabe lo que nos puede traer ¿por qué pensar que serán contrariedades?. Que lo importante es luchar y no ceder nunca y si no conseguimos un objetivo, pues siempre habrá otros que alcanzar. Esto le hizo sentir mucha paz en su interior y le dio ánimos y renovadas fuerzas…

Cuando terminó de escribir, tuvo la sensación que su vida había cambiado radicalmente. Repentinamente se sintió invencible de nuevo, comprendió que nadie podría hundirla si ella no se dejaba y a partir de ahí comenzó, con nuevos ánimos y la frente muy alta, a continuar su andadura… de nuevo en solitario .

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