LO QUE EL LADRÓN DE SUEÑOS NO ME ROBÓ
Estaba totalmente desconcertada, no sabía qué había pasado, donde estaba ni que hacía yo en aquél lugar. Miraba a un lado y a otro de aquél sendero extraño para ver si lograba recordar algo, reconocer algún lugar y, de camino, poner mis pensamientos y sentimientos en orden. Pero nada, no tenía ni la más mínima idea de que era todo aquello.
Miré al cielo y vi que hacía un día precioso, solo unas cuantas nubes blancas y esponjosas como algodones hacían dibujos en el azul turquesa del cielo y se movían lentamente empujadas por una suave brisa. La temperatura era ideal y empecé a sentirme muy bien. Decidí que iba a seguir aquél sendero que tenía delante porque, más que intuir, estaba segura que me llevaría a algún sitio conocido y maravilloso, así que sin pensarlo más, me puse a caminar…
No sé el tiempo que llevaría caminando, me sentía un poco cansada y parecía como si no me hubiera movido del sitio, como si hubiera estado andando en círculos de forma que siempre veía el mismo panorama. Me senté en una piedra que encontré en el camino y de pronto me di cuenta que llevaba en la mano una especie de maletín. Sorprendida por no haberme dado cuenta antes, lo abrí y me encontré con un par de cajas llenas de una especie de botecillos con unas inscripciones. Unos eran más bonitos que otros, aún teniendo todos la misma forma y el mismo tamaño y observé también que unos estaban más llenos que otros. Cogí uno de ellos, de los más bonitos, que estaba casi lleno y leí la inscripción “Paciencia” -¡qué extraño!- pensé y me dispuse a ver lo que ponía en todos los demás. Había uno que ponía “Sentido de la amistad”, otro “Egoísmo”, otro “Cariño”, otro “Amor”, otro “Orgullo”, otro “Envidia”, “Sentido de la justicia”, "Rencor"… y así fui leyendo una a una todas las inscripciones hasta que me di cuenta que había escritas cantidad de defectos y virtudes, que las virtudes estaban en los botes más bonitos y los defectos en los más feos y que se compensaban, es decir, que si el bonito estaba muy lleno, su antagónico, el feo que le correspondía estaba casi vacío y viceversa de manera que entre los dos siempre formaban una unidad, la misma para todos. Cuando, sorprendida e intrigada, fui a cerrar el maletín para continuar mi camino, me di cuenta que había dentro un papel enrollado como un pergamino y metido en un departamento que me había pasado inadvertido. Lógicamente lo desenrollé y vi que había escrito, con unas letras góticas de un respetable tamaño: “ESTE ES TU EQUIPAJE” y a continuación, ya en letras más reducidas: “Se te confió en el momento de tu nacimiento, siempre ha estado y estará contigo y deberás hacer buen uso de él. Verás que, como en la naturaleza, todo está compensado. Tendrás que procurar no abrir unos botes, o bien intentar hacer poco uso de ellos y, por el contrario usar siempre los otros, de manera que al final unos queden prácticamente como están y los otros estén vacíos. Las cantidades están calculadas perfectamente para toda tu vida, así que no te preocupes por el gasto. Todo lo más que se te concede es que los devuelvas tal y como están… pero si haces mal uso de ellos, no respondemos de lo que pase”.
Aquello me dio que pensar, me di cuenta que me sirvió para conocerme mejor a mi misma. Así que durante el resto de mi camino tuve entretenimiento dándole vueltas a todo aquello y no me di cuenta que poco a poco me iba acercando a un precioso lugar. Había una casa, pequeñita pero que parecía muy acogedora, en medio de un prado muy verde, lleno de florecillas silvestres agrupadas por colores entre los que destacaban el blanco y el amarillo de las margaritas y el rojo de las amapolas. Decidí acercarme a ella y llamar a la puerta. Lo hice y no me abrió nadie, así que pensé que no estarían allí y, cansada como estaba, me senté en el porche a esperar. Me di cuenta que había recorrido mucho camino, que aunque no era muy consciente del tiempo que había transcurrido, debían haber pasado unas cuantas horas y que, aunque me sentía agotada, no tenía ni hambre ni sed. Eso, aunque me sorprendió un poco, no me preocupó en absoluto… ya me empezaba a acostumbrar a todos esos hechos extraños que me estaban sucediendo. Ensimismada como estaba en mis pensamientos, no me di cuenta que se acercaba una persona. Más que verla, la presentí. Era una personilla de pequeño tamaño. La miraba y la miraba y tenía la sensación de conocerla, de conocerla mucho y además sentía algo dentro de mí, una sensación inexplicable como de inmensa ternura, de cariño, de alegría, emoción,… no sé, me resulta difícil de explicar todo lo que sentía en aquellos momentos. Mi mente me decía que era normal, ya que al fin había encontrado a alguien que me explicaría donde estaba y me ayudaría a esclarecer todo aquello. Pero mi corazón me indicaba que había algo más, algo que de alguna manera me unía a aquella persona con unos lazos muy fuertes pero, en aquellos momentos, para mi, incomprensibles y que despertaba en mi un montón de maravillosos sentimientos.
De repente me di cuenta que aquél personaje estaba a mi lado. No podía verle claramente el rostro, solo sentía que le quería muchísimo y no me importaba como era. Tenía unos inmensos ojos claros que se clavaron en mí y me miraban fijamente y, cuanto más me miraban, más crecía la sensación de ternura y de inmenso cariño que me inspiraba. Yo permanecía inmóvil, solo sintiendo y recreándome en aquellas fantásticas sensaciones que aquella personilla me inspiraba.
Entonces abrí los ojos y cuál no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que mi nieto estaba al lado de mi cama, mirándome con sus grandes ojos azules muy fijamente, sin atreverse a despertarme… La noche anterior sus padres habían salido y se había quedado a dormir en mi casa. Se había despertado y estaba allí, cerquita de mi y mirándome fijamente para ver si estaba o no dormida…
¡¡Todo había sido un sueño!!... pero un maravilloso sueño, que me había mostrado muchas cosas y me había enseñado muchas más. Un sueño que nunca jamás olvidaré…
Miré al cielo y vi que hacía un día precioso, solo unas cuantas nubes blancas y esponjosas como algodones hacían dibujos en el azul turquesa del cielo y se movían lentamente empujadas por una suave brisa. La temperatura era ideal y empecé a sentirme muy bien. Decidí que iba a seguir aquél sendero que tenía delante porque, más que intuir, estaba segura que me llevaría a algún sitio conocido y maravilloso, así que sin pensarlo más, me puse a caminar…
No sé el tiempo que llevaría caminando, me sentía un poco cansada y parecía como si no me hubiera movido del sitio, como si hubiera estado andando en círculos de forma que siempre veía el mismo panorama. Me senté en una piedra que encontré en el camino y de pronto me di cuenta que llevaba en la mano una especie de maletín. Sorprendida por no haberme dado cuenta antes, lo abrí y me encontré con un par de cajas llenas de una especie de botecillos con unas inscripciones. Unos eran más bonitos que otros, aún teniendo todos la misma forma y el mismo tamaño y observé también que unos estaban más llenos que otros. Cogí uno de ellos, de los más bonitos, que estaba casi lleno y leí la inscripción “Paciencia” -¡qué extraño!- pensé y me dispuse a ver lo que ponía en todos los demás. Había uno que ponía “Sentido de la amistad”, otro “Egoísmo”, otro “Cariño”, otro “Amor”, otro “Orgullo”, otro “Envidia”, “Sentido de la justicia”, "Rencor"… y así fui leyendo una a una todas las inscripciones hasta que me di cuenta que había escritas cantidad de defectos y virtudes, que las virtudes estaban en los botes más bonitos y los defectos en los más feos y que se compensaban, es decir, que si el bonito estaba muy lleno, su antagónico, el feo que le correspondía estaba casi vacío y viceversa de manera que entre los dos siempre formaban una unidad, la misma para todos. Cuando, sorprendida e intrigada, fui a cerrar el maletín para continuar mi camino, me di cuenta que había dentro un papel enrollado como un pergamino y metido en un departamento que me había pasado inadvertido. Lógicamente lo desenrollé y vi que había escrito, con unas letras góticas de un respetable tamaño: “ESTE ES TU EQUIPAJE” y a continuación, ya en letras más reducidas: “Se te confió en el momento de tu nacimiento, siempre ha estado y estará contigo y deberás hacer buen uso de él. Verás que, como en la naturaleza, todo está compensado. Tendrás que procurar no abrir unos botes, o bien intentar hacer poco uso de ellos y, por el contrario usar siempre los otros, de manera que al final unos queden prácticamente como están y los otros estén vacíos. Las cantidades están calculadas perfectamente para toda tu vida, así que no te preocupes por el gasto. Todo lo más que se te concede es que los devuelvas tal y como están… pero si haces mal uso de ellos, no respondemos de lo que pase”.
Aquello me dio que pensar, me di cuenta que me sirvió para conocerme mejor a mi misma. Así que durante el resto de mi camino tuve entretenimiento dándole vueltas a todo aquello y no me di cuenta que poco a poco me iba acercando a un precioso lugar. Había una casa, pequeñita pero que parecía muy acogedora, en medio de un prado muy verde, lleno de florecillas silvestres agrupadas por colores entre los que destacaban el blanco y el amarillo de las margaritas y el rojo de las amapolas. Decidí acercarme a ella y llamar a la puerta. Lo hice y no me abrió nadie, así que pensé que no estarían allí y, cansada como estaba, me senté en el porche a esperar. Me di cuenta que había recorrido mucho camino, que aunque no era muy consciente del tiempo que había transcurrido, debían haber pasado unas cuantas horas y que, aunque me sentía agotada, no tenía ni hambre ni sed. Eso, aunque me sorprendió un poco, no me preocupó en absoluto… ya me empezaba a acostumbrar a todos esos hechos extraños que me estaban sucediendo. Ensimismada como estaba en mis pensamientos, no me di cuenta que se acercaba una persona. Más que verla, la presentí. Era una personilla de pequeño tamaño. La miraba y la miraba y tenía la sensación de conocerla, de conocerla mucho y además sentía algo dentro de mí, una sensación inexplicable como de inmensa ternura, de cariño, de alegría, emoción,… no sé, me resulta difícil de explicar todo lo que sentía en aquellos momentos. Mi mente me decía que era normal, ya que al fin había encontrado a alguien que me explicaría donde estaba y me ayudaría a esclarecer todo aquello. Pero mi corazón me indicaba que había algo más, algo que de alguna manera me unía a aquella persona con unos lazos muy fuertes pero, en aquellos momentos, para mi, incomprensibles y que despertaba en mi un montón de maravillosos sentimientos.
De repente me di cuenta que aquél personaje estaba a mi lado. No podía verle claramente el rostro, solo sentía que le quería muchísimo y no me importaba como era. Tenía unos inmensos ojos claros que se clavaron en mí y me miraban fijamente y, cuanto más me miraban, más crecía la sensación de ternura y de inmenso cariño que me inspiraba. Yo permanecía inmóvil, solo sintiendo y recreándome en aquellas fantásticas sensaciones que aquella personilla me inspiraba.
Entonces abrí los ojos y cuál no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que mi nieto estaba al lado de mi cama, mirándome con sus grandes ojos azules muy fijamente, sin atreverse a despertarme… La noche anterior sus padres habían salido y se había quedado a dormir en mi casa. Se había despertado y estaba allí, cerquita de mi y mirándome fijamente para ver si estaba o no dormida…
¡¡Todo había sido un sueño!!... pero un maravilloso sueño, que me había mostrado muchas cosas y me había enseñado muchas más. Un sueño que nunca jamás olvidaré…





