La filosofía de un huevo en una huevera
Triste, sí, porque falta un huevo en la huevera. La ausencia de un elemento tan insignificante en la vida de una huevera, le quita todo el significado a la propia existencia de tal. Pensemoslo así. Hay seis huevos en una huevera, por necesidades ajenas a la huevera, un ser X, necesita un huevo para hacer una tortilla. Quedan cinco. Al sopesar la huevera a continuación, si se ha extraído un huevo de un lado, hace contrapeso, y la balanza se decanta por ir al suelo. No hay mucho más que contar si se hace lo mismo con los cinco huevos restantes. He ahí la conclusión, por más huevos que quites o que pongas, una huevera está condenada a caer al suelo. Construyamos hueveras piramidales, por favor!
Conversaciones de un loco con su zapato
Que sí, que te sigo de cerca, persigo tus movimientos y hasta podría lamer tus pisadas. Pero no quiero ni verte. Shhttt, calla, no pienses más en voz alta, alguien podría oírte y seguirte hasta la cama.
Batallitas de abuela
Hay viajes que sólo son de ida, lo son porque no existe la marcha atrás o el rewind. Antes solía pasarme tardes vacías haciendo un recuento de las cosas que había hecho y de las cuales me arrepentía. Había una en especial que me hacía sonrojarme estando en la más absoluta soledad o en la más absoluta oscuridad. Recuerdo que una vez, mi primo P, trajo a un amigo a la casa de mis abuelos donde veraneábamos. Este chico, M, era un chaval de 19 años, me llevaba siete, diferencia bastante importante. Yo era una niña madura que leía poesía y me gustaba pensar en el qué y en el cómo (eso más tarde lo iría limando con los años) pero con pinta de niña; aun no se presumía de la forma que se hace ahora ni nos vestíamos como las generaciones de ahora lo hacen. Aun no conocía el pintalabios y probablemente aun no llevaba sujetador.
Un día mi primo me pidió que le ayudara a lavar su coche, en esas horas interminables de calor y aburrimiento supino. M había regresado al pueblo donde vivía, y yo me había quedado terriblemente apenada. Así que en el trajín de llevar cubos y echar jabón, le metí mano a la agenda de mi primo (el muy incauto la guardaba en el coche), me apunté la dirección de M y proseguí con la tarea que me habían encomendado: limpiar los cristales con papel de periódico.
Cuando llegué a la casa de mis abuelos, miré y besé la dirección: calle teruel num 8, aun la recuerdo, aunque he olvidado la dirección postal. En lo que quedó de verano redacté más de cinco cartas. Cada una era mejor que la anterior, y la letra era más cuidada y el papel de distinto color. La carta finalista estaba escrita sobre un papel verde, con un sobre blanco y la letra del sobre la intenté hacer adulta y seria. No contaré qué le puse en la carta, porque aunque estoy abriendo mis más oscuros secretos, aun me queda una pizca de dignidad. Tenía doce años, sí, pero eso no me exime.
Obviamente, mi primo no sabía nada de todo eso. El secretismo fue absoluto, hasta que, lógicamente, la carta llegó a su destino.
Lo estoy intentando evitar a toda costa, pero creo que los colores me acaban de subir a la cara, ¿o es que tal vez está la calefacción muy alta?
Un día mi primo me pidió que le ayudara a lavar su coche, en esas horas interminables de calor y aburrimiento supino. M había regresado al pueblo donde vivía, y yo me había quedado terriblemente apenada. Así que en el trajín de llevar cubos y echar jabón, le metí mano a la agenda de mi primo (el muy incauto la guardaba en el coche), me apunté la dirección de M y proseguí con la tarea que me habían encomendado: limpiar los cristales con papel de periódico.
Cuando llegué a la casa de mis abuelos, miré y besé la dirección: calle teruel num 8, aun la recuerdo, aunque he olvidado la dirección postal. En lo que quedó de verano redacté más de cinco cartas. Cada una era mejor que la anterior, y la letra era más cuidada y el papel de distinto color. La carta finalista estaba escrita sobre un papel verde, con un sobre blanco y la letra del sobre la intenté hacer adulta y seria. No contaré qué le puse en la carta, porque aunque estoy abriendo mis más oscuros secretos, aun me queda una pizca de dignidad. Tenía doce años, sí, pero eso no me exime.
Obviamente, mi primo no sabía nada de todo eso. El secretismo fue absoluto, hasta que, lógicamente, la carta llegó a su destino.
Lo estoy intentando evitar a toda costa, pero creo que los colores me acaban de subir a la cara, ¿o es que tal vez está la calefacción muy alta?
Rimas gilipollescas
Creo que es evidente que en este nuestro ancho mundo hay gente terriblemente estúpida, condenadamente estúpida, como dice mi abuelo "canalla". Lo bien que se puede estar hasta descubrir esta gran verdad, es un tesoro que hay que preservar (y rima).
Aficiones enfermizas
Va a épocas, lo juro. Y hacía un tiempo que no me pasaba. Pensé que había superado todos los males de la historia, que las nuevas tecnologías renegaban de mi condición, y por ende, yo de ellas. Pero nada podía estar más alejado de la realidad. En aproximadamente un mes poseeré un Mac, esa maquina, que dicen ser la bestia de los procesadores, hecha a medida para inútiles. Pero yo no quería hablar de eso: he vuelto a caer en la más cruel de las trampas, la obsesión, el volver a casa temprano, el "no me hables ahora que no oigo qué dice", el... aficionarse a una serie de televisión. Me pasó con CSI, es enfermizo. Y hoy sabado, hacen la maratón de la serie. Llevo dos capítulos vistos, uno de los cuales ya había visto el martes pasado (puntualmente a las 22.17h); dentro de una hora hacen dos más, si calculo bien, tengo todo el tiempo del mundo para hacer todo lo que tengo que hacer, y apalancarme a las 19.35 enfrente de mi televisor y luego, llegar puntualmente a mi cita de las 21.30. No hay más que decir, el tiempo no se marca ya por cuartos, sino por las borderías de Gregory House en la serie HOUSE en el canal Fox.
Reflexiones de un segundo
Frase del día:
Todo el mundo paga sus pecados como quiere
Fin de la reflexión de hoy.
Todo el mundo paga sus pecados como quiere
Fin de la reflexión de hoy.
Una estadística
He estado haciendo un estudio a partir de mi experiencia en el metro, lugar donde me paso 1/3 de mi tiempo (y eso que no vivo en Londres o NY).
He calculado así a ojillo que le dedicamos a la gente anónima aproximadamente dos segundos de nuestra paciencia. Lo cual equivale a decir que nuestra irritabilidad social puede estallar si ese lapso es sobrepasado. Así si estás sujetándole la puerta a un individuo que va detrás tuyo, le dedicarás dos-tres segundos en aguantársela. Si esa persona por A o por B tarda más de esos 2-3 segundos, el individuo que sujeta la puerta lo dejará de hacer, porque ha sobrepasado "el tiempo de dedicación al prójimo". He incluido dos variables: si sujetas la puerta más de ese tiempo reglamentario-inconsciente quiere decir que a) hay un exceso de confianza (eso es, persona aleatoria con la que intercambias más de 20 palabras) o b) hay un interés escondido (sea curiosidad por verle la verruga a alguien, sea que hay una persona detrás de ti de una enorme belleza o a saber qué nos mueve). Luego está la excepción que te lleva a superar ese tiempo de dos-tres segundos que es obviamente: las personas con movilidad reducida. Se le dedica a esa persona (pongamos una abuela) un maximo de 20 segundos. Es así, preciso. Le dedicamos más tiempo porque creemos que es un deber ciudadano, moral, humano, social, establecido. Sin embargo, si estos 20 segundos son sobrepasados, pasan dos cosas: a) eres relevado, reemplazado, substituido de tu cargo por otro que cumplirá tu papel de salvador de abuelas o bien b) te marcarás un tanto en tu ego-simpatía-miraquégenialquesoyqueayudoalaabuela.
Mucho más tengo que decir sobre las miradas/sonrisas a la misma gente anónima. ¿Dura una mirada de amabilidad dos segundos? . ¿Por qué cuesta tanto ser amable? ¿Deberíamos ser retribuidos por ello? ¿Es necesaria una carga impositiva a fin de incentivar la amabilidad?
Acabo con una frase de un grupo barcelonés llamado Nueva Vulcano: Es importante, ante todo primordial, dejar salir antes de entrar.
He calculado así a ojillo que le dedicamos a la gente anónima aproximadamente dos segundos de nuestra paciencia. Lo cual equivale a decir que nuestra irritabilidad social puede estallar si ese lapso es sobrepasado. Así si estás sujetándole la puerta a un individuo que va detrás tuyo, le dedicarás dos-tres segundos en aguantársela. Si esa persona por A o por B tarda más de esos 2-3 segundos, el individuo que sujeta la puerta lo dejará de hacer, porque ha sobrepasado "el tiempo de dedicación al prójimo". He incluido dos variables: si sujetas la puerta más de ese tiempo reglamentario-inconsciente quiere decir que a) hay un exceso de confianza (eso es, persona aleatoria con la que intercambias más de 20 palabras) o b) hay un interés escondido (sea curiosidad por verle la verruga a alguien, sea que hay una persona detrás de ti de una enorme belleza o a saber qué nos mueve). Luego está la excepción que te lleva a superar ese tiempo de dos-tres segundos que es obviamente: las personas con movilidad reducida. Se le dedica a esa persona (pongamos una abuela) un maximo de 20 segundos. Es así, preciso. Le dedicamos más tiempo porque creemos que es un deber ciudadano, moral, humano, social, establecido. Sin embargo, si estos 20 segundos son sobrepasados, pasan dos cosas: a) eres relevado, reemplazado, substituido de tu cargo por otro que cumplirá tu papel de salvador de abuelas o bien b) te marcarás un tanto en tu ego-simpatía-miraquégenialquesoyqueayudoalaabuela.
Mucho más tengo que decir sobre las miradas/sonrisas a la misma gente anónima. ¿Dura una mirada de amabilidad dos segundos? . ¿Por qué cuesta tanto ser amable? ¿Deberíamos ser retribuidos por ello? ¿Es necesaria una carga impositiva a fin de incentivar la amabilidad?
Acabo con una frase de un grupo barcelonés llamado Nueva Vulcano: Es importante, ante todo primordial, dejar salir antes de entrar.
Historia para los Cuartos
La posibilidad de un cambio
Pensaba a lo largo del viaje de camino a casa. ¿Le cambio el nombre al blog? ¿En vez de Guisante, lo cambio por Guisante Bolsón? Pero lo he encontrado muy friki. Así que he pensado que un cambio, integral, podría hacer el mismo efecto. Este es un posible diseño de la pagina. Probablemente se quede en nada porque no domino nada esa extraña lengua del CSS.
Pero hete aquí mi futuro blog:
¿Quién le da un voto?
Pero hete aquí mi futuro blog:
¿Quién le da un voto?
Ver: AF
NO TOCAR,
PELIGRO DE IGNOMINIA
ignominia: ver: afrenta pública
Eso de que no hay verdades indiscutibles es totalmente cierto. No se le puede decir a nadie cretino, si, tal vez, no lo es. Porque luego se te echan a la yugular.
El negro
Fue Goytisolo quien me puso en contacto con el color negro. No sabía que éste tuviera identidad propia, que pudiera personalizarse y se le pudiera dar nombre.
En el reino de los colores
El negro, que acompaña a muchos y ciega a otros, se le relaciona con personas que experimentan y exprimen un mundo interior. Se asocia a tristeza y a luto. Con existencialistas. A una moda sobria pero elegante. No color entre los colores....
En el reino de los colores
todo es luz y todo es presura:
dedos de añil rayan el mar
grita el rojo como un cuchillo
en el bosque está el miedo verde
el amarillo cubre el trigo
un lago copia los azules
el naranja se fue rodando
y la nieve pide su tumo.
Sólo el negro no tiene prisa
El negro, que acompaña a muchos y ciega a otros, se le relaciona con personas que experimentan y exprimen un mundo interior. Se asocia a tristeza y a luto. Con existencialistas. A una moda sobria pero elegante. No color entre los colores....










