El libro de Autoayuda que no te ayuda
El libro de autoayuda
que no te ayuda
por Rubén Sánchez Rivera
Introducción 3
La verdad intuitiva 5
Qué es la religión 16
Sobre la Santidad 25
Principios metafísicos: hacia una ética global 35
En qué consiste la genialidad 39
Autoconocimiento I: Relajación 42
Autoconocimiento II: Meditación 45
Autoconocimiento III: Introspección 49
Heteroconocimiento I: La empatía. 52
Heteroconocimiento II: La escucha 56
Heteroconocimiento III: el Lenguaje no verbal 59
La sentencia de San Hipólito 63
Amor y Teoría de Conjuntos 66
El Imperativo Emocional o Empático 69
Teoría de las personas concomitantes 74
Introducción
Este libro de autoayuda no te ayuda. Asistimos últimamente a una extensa proliferación de libros de autoayuda de lo más variopinto, suelen venderse muy bien ya que la gente se ve proyectada en ellos y se supone que aprenden a superar sus problemas, sus complejos…
Pero este libro es una invitación a pensar, un viaje intelectual que aborda diversas facetas de mi pensamiento. Puede que en algo le ayude reflexionar conmigo en mi camino pero usted, querido lector, debe buscar su propio camino y su propia reflexión.
Es por eso que este libro de autoayuda no le va a ayudar, porque en vez de resolver problemas, plantea más problemas todavía; más de los que resuelve.
Espero que le guste y lo disfrute y que el pensar le lleve a nuevos cauces, a nuevos mundos, a nuevos derroteros intelectuales.
Este libro está dedicado a mi madre, Yolanda Rivera Navarro, que siempre creyó en mí, y a mi mujer, Loli Álvarez Ruiz, que siempre me aguantó en mis paranoias. También quisiera dedicárselo a mi padre, a mi prima y ahijada María, y a mi padrino y tío Daniel, a mis dos queridísimas abuelas, así como a mi sobrinillo Luis y a Adrián, que está aún por llegar a este mundo. También quisiera dedicárselo a todos los profesores y maestros que he tenido, por lo mucho que he aprendido de ellos.
La verdad intuitiva
La verdad, ésa es la cuestión: ¿qué es la verdad? Hay muchas verdades, y la filosofía debe desenmascararlas. Pero: hay tantas verdades como personas –me dirán- a lo que yo responderé: y tantos filósofos como personas. Ya que todos llevamos un pequeño gran filósofo en nuestro interior y no es encontrar la verdad lo más emocionante, sino el camino hacia ella.
Hay verdades que son, cómo decirlo, acomodaticias. Verdades adventicias, es decir, impuestas desde fuera. De estas verdades son las primeras de las que hay que prescindir si queremos llegar al fondo de la cuestión.
También hay verdades analíticas, procesales, digamos, derivadas del método que sigamos, es decir, prejuicios metodológicos. Una vez superadas también de ellas deberemos prescindir.
Luego están las verdades sintéticas, es decir, aquellas que nuestra cabeza acepta a modo de resumen para no complicarse demasiado la vida. Son verdades compendiadas, a saber, una especie de conjunto de generalizaciones. Ya lo dijo Voltaire: “Toda generalización es falsa, incluida ésta.”
Por último están las verdades intuitivas, sentimentales, lo que se viene conociendo como “inteligencia emocional” o lo que de toda la vida se ha llamado el sexto sentido, el olfato. Es en esta verdad donde se hallará la dicha más reconfortante y certera. Y no es por otra particularidad sino por su grado de certeza, por su evidencia cercana. Descartes diría que este tipo de ideas son “claras y distintas” si pudieran llamarse ‘ideas’, es decir, evidentes, lo que viene a significar “que se ven”. De hecho ‘intuición’ proviene del latín tardío (intuitio,-onis
Lo que ocurre es que el término ‘intuición” es difícil de definir: ¿Qué es la intuición? ¿Es una facultad, una potencialidad del alma, de la mente, del espíritu, de la razón incluso?¿Puede existir una intuición racional o la intuición es siempre irracional? Veamos, vayamos por pasos.
En cuanto a la definición del término ‘intuición’ digamos que hay algunas definiciones clásicas en Aristóteles, Spinoza (p.e. la famosa intuición intelectual) o en Kant (habla de ella en la Crítica de la Razón Pura como parte del proceso subjetivo en la elaboración de los conceptos del conocimiento). Pero las definiciones clásicas del término tienen en común verla como un proceso pre-racional, es decir, previo a la razón. Es por ello que la intuición se considera tradicionalmente como algo irracional, es decir, subjetivo, escurridizo, y esta la causa de que a los pensadores occidentales les incomode tanto el término. No hemos de confundir su status pre-racional con caracterizar el término como i-racional. Pero en Oriente no es igual, de hecho, tanto en la Psicología Budista, como en el Taoísmo, así como en el Confucianismo, y en los Vedas indios la intuición juega un papel importante en el ser humano ya que es uno de los elementos que forman su personalidad, es decir, su psyché, su alma, su mente, su espíritu, su psicología o conciencia hablando grosso modo; porque si tuviéramos que escoger entre alguno de los términos precedentes nos encontraríamos de pronto con un erudito debate en torno a qué es la mente, o qué es la conciencia o qué es la psique, o qué es al alma, tarea ardua que compete definir a disciplinas como la Filosofía de la Mente, la Psiquiatría y/o la Psicología y las distintas religiones. Por tanto nos encontramos ante un escollo grande a la hora de definir lo que es la intuición. Podríamos decir, en general,, que la intuición es una parte integrante del ser humano, lo mismo que la inteligencia. El ser humano es un homo intuitivus, un hombre que intuye, un animale intuitivus. Yo diría que es un animale rationale et intuitivo, para ser más correctos. Incluso un animale rationale et intuitivus sive natura y ahora explicaré el sive natura (o la naturaleza). El “Sive natura” viene a significar la relación panteísta que el ser humano tiene con el cosmos. El cosmos como ‘orden’, frente al chaos ‘desórden’. Es importante tener claros los términos. Benedictus Spinoza solía decir que la Sustancia, o sea Dios, pues era panteísta, era sive natura, es decir, hablaba del Deus sive natura , a saber, Dios o la Naturaleza. Esto quiere decir que Dios es toda la Naturaleza, lo que cuadra muy bien con la Espiritualidad Global de la Nueva Era en términos generales, por ejemplo, cuadraría con la Teoría de Gaia, que es una teoría que considera al planeta Tierra como un ser vivo más. Por tanto nuestro viejo judío, el pulidor de lentes, ése que escribió su Ethica more geometrico demonstrata como un consuelo filosófico, no está tan pasado de moda. Es más, me atrevería a decir, su obra es una fuente constante de inspiración para lasa corrientes espirituales contemporáneas en general. Spinoza habla de una “ciencia intuitiva” que “procede de una idea adecuada de la esencia formal de ciertos atributos de Dios al conocimiento adecuado de la esencia de las cosas” .
Por otro lado John Locke distinguió entre el conocimiento intuitivo y el demostrativo, argumentando que el segundo es más imperfecto que el primero .
Según el Diccionario de Filosofía de J. Ferrater Mora , “el vocablo ‘intuición designa por lo general la visión directa e inmediata de una realidad o comprensión directa e inmediata de una verdad. Condición para que haya intuición en ambos casos es que no haya elementos intermediarios que se interpongan en tal <
Sigamos con el estudio del término ‘intuición’. ¿Qué es ése escurridizo olfato? ¿ese sexto sentido? ¿esa visión directa? Pongamos algunos ejemplos:
Cuando a Newton le cayó una manzana en la cabeza en el jardín de su College de Oxford se le ocurrió que la Tierra podría tener una fuerza que atrajera los objetos hacia ella. Así surgió la hipótesis que le llevó a formular la Teoría de la Gravitación Universal. No procedió a la mera acumulación de datos, sino que además tuvo una intuición genial que revolucionó la Ciencia. No olvidemos tampoco que en el caso de Newton, que, por cierto, era masón, sus obras están repletas de referencias y pasajes esotéricos y alquímicos ya que Newton era un gran aficionado a la alquimia. Este es un dato que nos suelen ocultar en el colegio y el instituto normalmente por ignorancia y por el espíritu positivista imperante hoy día.
Veamos otro ejemplo histórico concreto: Cristóbal Colón (el supuesto descubridor de América, que en realidad fue descubierta y poblada desde el paleolítico por parte de poblaciones asiáticas que entraron por la Península de Kamchatka hacia lo que hoy en día es Alaska y descubierta posteriormente por los vikingos). Bueno, Cristóbal Colón lo que tuvo fue una intuición, creía que la Tierra era redonda y que, por tanto, podría descubrir otra ruta comercial alternativa para el comercio con las Indias que estuviera a salvo de la influencia de los enemigos de España, ya que la ruta usual, es decir, la ruta de la seda, descubierta previamente por Marco Polo, era demasiado peligrosa y llena de avatares y problemas. Colón tuvo en este caso una intuición errónea, pero que le llevó a navegar hasta lo que hoy se conoce como América, ya que él, murió en la miseria y pensando que lo que había descubierto eran las Indias Orientales. A veces la historia es caprichosa y curiosa. En lo que estaba Colón acertado era en lo de que la Tierra es esférica, pero esa idea no es suya, es de Aristarco de Samos, un griego del S. II. d.c., pese a que se le atribuye a Nicolás Copérnico usualmente.
Pero hay más ejemplos. Pensemos en otro curioso evento de la Historia de la Ciencia: el caso de Darwin y Wallace. La idea fue simultánea, la gloria, de Darwin. Darwin tuvo la idea, por una serie de descubrimientos previos como por ejemplo la teoría geológica de Charles Lyell, o el evolucionismo previamente defendido por su abuelo o por Lamarck, de que las especies más sencillas evolucionaban hacia especies más complejas hasta culminar con la aparición del hombre. A Darwin se le caricaturizó como un mono en numerosas ocasiones y, la Iglesia Católica, aún no admite su teoría de la evolución natural pese a que hoy en día haya consenso sobre la misma en la comunidad científica. Este tipo de incidencias históricas no resueltas tienen como consecuencia en nuestros días que en ciertos Estados de los EE.UU. se explique todavía la Teoría Creacionista en Universidades e Institutos en detrimento de la Teoría Evolucionista. Esto es un problema porque supone manipulación ideológica en detrimento de la verdad por parte de la religión y esto es algo que ninguna religión respetuosa y razonable debe cometer si aspira a seguir ahondando y prosperando en su espiritualidad hoy en día. Bueno volvamos a los orígenes de la teoría. A pesar de que Darwin en sus libros utiliza y hace alarde del método inductivo, en la génesis histórica de la teoría utilizó el hipotético-deductivo. Veamos, el joven Charles Darwin se embarcó en el Beagle con la intención de ver mundo y aumentar su experiencia como naturalista. Estando en las Islas Galápagos observó los estratos geológicos de los que hablaba Charles Lyell, así como la exuberante biodiversidad de este singular archipiélago. Allí le surgió la hipótesis, luego se dedicó hasta 1859 a demostrarla inductivamente a partir de la acumulación de observaciones de hechos empíricos. Es muy curioso leer El origen de las especies o El origen del hombre ya que el detalle y lo rocambolesco de los ejemplos roza el esperpento. Pero esto es así porque Darwin tenía que demostrar su Teoría científica ante una sociedad victoriana muy conservadora. Y este es un escollo que siempre nos encontramos en toda revolución de toda índole: una clase dominante que quiere conservar el poder que tiene. El conocimiento es también poder, no lo olvidemos, y ya dijo hace mucho un tal Iesus Nazarenus que “la verdad os hará libres”, frase que sus llamados “devotos” suelen omitir por completo de sus vastos y monolíticos conocimientos religiosos.
Bueno, recapitulando, hemos visto algunos ejemplos de cómo la intuición ha contribuido al avance de la Ciencia y el conocimiento humanos. ¿Por qué no aceptar entonces verdades intuitivas?¿Por qué no darle a la intuición más importancia y aceptarla como categoría epistemológica? ¿Por qué no abordar el estudio científico de la intuición? ¿Por qué no considerarla como el comienzo y el fundamento de la razón más que como un molesto impedimento?
Qué es la religión
Muchas veces me he preguntado qué es la religión, por qué suscita tantas pasiones, tantas victorias, tantas derrotas, por qué une y enfrenta pueblos enteros y por qué une y separa a los hombres.
Pero vayamos al origen etimológico de la palabra: ‘religio, -onis, del latín, re-ligare, res –ligare, la ‘relación con la cosa’, es decir, con lo Ente, con el Ser, con Dios. Esta relación puede ser de ámbito privado (oración, meditación, plegarias,…) o de ámbito público (Iglesia p.e., que deriva del griego, eklessía, ‘asamblea’, o la uma en el islam, la comunidad.) La religión en el ámbito privado culmina con el misticismo, es decir, la unidad con Dios, mientras que en lo público culmina con la teocracia, es decir, con el poder fáctico, con el fundamentalismo y el fanatismo. Yo abogo por defender una relación más privada con Dios, más íntima y respetuosa con los demás ya que la religión, cuando se hace pública, y me refiero a que se institucionalice, no a su doctrina, se desvirtúa convirtiéndose en lo que Nietzsche llamó “voluntad de poder”o lo que Marx llamó “el opio del pueblo”. Es por esta vertiente por la que le suelen llegar las críticas normalmente.
Mucha gente cree que una religión determinada es un conjunto de creencias, es decir, algo así como un “paradigma” al estilo definido por T.S. Kuhn. Pero yo no lo veo así. Como dijo sabiamente Krishnamurti: “la religión no es cuestión de creencia”. Con esta frase lo que da a entender es que lo importante de la religión no es la creencia en sí, sino la vertiente trascendente que nos aporta la religión, ese ir más allá de la vida, es decir, la vertiente metafísica de la misma.
Si la religión es la relación con la cosa, es decir con lo ente, con el ser, tendremos que preguntarnos qué es el ser y no darlo por sentado ni aceptar moldes prefabricados, aunque esto sea más cómodo. Uno debe hacerse la pregunta sobre el ser desde la radicalidad de la existencia, y siempre, y subrayo siempre, desde el ámbito privado. Es importante matizar que la clave nunca son las respuestas sino las preguntas, y que, en realidad, la verdad, es el camino, no la meta, la verdad es el proceso, y por eso hay tantas verdades, tantos caminos, aunque todos al final lleven a Roma. Pero lo importante no es adónde lleguemos sino cómo lo hagamos, lo importante de un viaje no es el destino, que es el final del viaje, sino el viaje en sí, lo cómodos que lo hagamos y lo que veamos, y a quién conozcamos por el camino. Y la religión entendida así, como una senda mística, es un viaje a pie, pausado, que se desarrolla a lo largo de toda la vida, con sus altos y sus valles, con praderas, con escollos, con bifurcaciones, elecciones, con atajos y revueltas, la religión es camino, no hay que olvidarlo nunca.
La religión es también metafísica, es la “ciencia de lo que es en tanto que algo que es” , en cuanto es relación con la cosa, con lo ente, con el ser. Es por tanto en cierto sentido ontología, es decir, el discurso sobre el ser, la forma en que llamamos a las cosas que son. Es importante tener claro esto, lo mismo que la ontología engloba el conjunto de la realidad nombrable, la teología, en tanto que relación con el ser, también engloba el conjunto de la existencia humana, el camino, la vida.
La religión por tanto, al ser metafísica, es también diálogo, en su vertiente pública, y es en ése diálogo donde podemos encontrar comprensión y entendimiento, donde podremos compartir la existencia, la experiencia de lo trascendente. Pero en este diálogo, al igual que en cualquier forma de diálogo, no se puede imponer, no se puede ignorar la verdad del otro, no se puede mandar callar. En tanto que diálogo lo más importante siempre es escuchar más que hablar, es decir, compartir, aprender.
En tanto que diálogo la religión es lógos, discurso, palabra, pensamiento, razón y lenguaje. No usa una razón pura, sino una razón dialogal. Y también usa de la intuición para alcanzar sus verdades más profundas. Me explico, por ejemplo la meditación analítica, es un diálogo, una especie de diálogo discursivo de preguntas y respuestas mentales. En cuanto a la intuición diremos que la intuición es una ‘visión interior’, una ‘comprensión instantánea de lo evidente’. Esto quiere decir que en la religión es importante ver, ver las cosas, verlas por uno mismo, pero con los ojos del alma, con los ojos del corazón. Se puede comprender intelectualmente que hay que amar al prójimo como a uno mismo, pero hasta que no sintamos, hasta que no lo veamos con los ojos del corazón, con los ojos del alma, no habremos conseguido nada.
Vamos a hablar ahora un poco de esos ojos del alma. Esos ojos del alma son los ojos del espíritu, son lo que podríamos llamar el sexto sentido, la visión interior. Los místicos lo saben bien. Se de ver la verdad, de contemplarla, pero no con los ojos ordinarios, sino con los del alma. Los orientales hablarían de “el tercer ojo”. El alma es pneuma, viento, es un soplo, y sus ojos lo que ven es movimiento, kínesis; pero es un movimiento inmortal, por tanto estático, es un movimiento que no se mueve, es decir, un movimiento cíclico. La vida va por ciclos y el ser, la entidad, Dios, se manifiesta en ciclos también. La voluntad de Dios quiere que todo sea cíclico, esto es, que todo se repita. Es algo parecido al mito del eterno retorno de Nietzsche, en sentido cosmológico, pero no olvidemos la vertiente ética de este mito, que es como un imperativo categórico pero a lo bestia: vivir la vida como si se fuera a repetir eternamente, esto es un fatum tipo Sísifo. Y es que ya dijeron los griegos que el movimiento circular era el más perfecto. Nos empeñamos en verle linealidad, progreso, a la historia, cuando en realidad hay circularidad, una repetición de ciclos que se alternan. No estoy diciendo ninguna tontería que me haya sacado de la manga, de hecho, en astrofísica, la teoría más aceptada es la del Big Bang-Big Crunch, según la cual el Universo se expande y se contrae por ciclos. Hemos de darle, por tanto, a la circularidad, la importancia que merece.
¿Cómo expresar esta relación mística? Creo que Heidegger dio en el clavo: mediante la poesía. Mediante el lenguaje simbólico. Y creo que este asunto es particularmente importante, Nietzsche, en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, nos da la clave: el concepto encorseta, la metáfora expresa, simboliza. Por tanto si hemos de expresar esta relación mística con palabras es preferible recurrir a la metáfora antes que a los conceptos. Así lo atestiguan los grandes místicos de oriente y occidente en sus doctrinas, baste recordar los Vedas, los Dhammapada de Buda, la Biblia, o la poesía de Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o Teresa de Jesús, Krishnamurti, Khalil Gibran, Omar Jayyám, etc…
También podría decirse que esta relación puede expresarse en el Arte en general, de cualquier forma artística, constituyendo así, el arte, la única fuente de conocimiento auténtica, intuitiva, no mediatizada. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y en este sentido creo que se ve perfectamente la importancia del arte como medio de expresión de lo inasible, lo infinito, lo trascendente, lo religioso. Baste recordar el Réquiem de Mozart, o el Cristo Yacente de Dalí sólo por citar dos ejemplos conocidos. Evidentemente hay muchos más y lo que tienen en común es su fuerza simbólica.
Aparte de ello se me ha olvidado comentar otro sentido de la parte pública de la relación con lo ente, es decir, con Dios; se trata de lo que suele llamarse doctrina: los textos sagrados. Está claro que Dios le habla a cada pueblo en su lengua, esa es la razón de que existan tantos textos sagrados y tan diferentes. Hay que entenderlos siempre en clave simbólica, cifrada y alegórica, si queremos ser justos, y respetarlos todos como posible fuente de inspiración y meditación para la aproximación mística. Recordando a Gorgias: “Nada hay, si algo hay no puede ser pensado y si no puede ser pensado no puede ser transmitido por el lenguaje”; yo no sería tan radical, pero lo importante de esta advertencia es el tema del lenguaje, que muchas veces es un vehículo de expresión limitado para mostrar ciertas realidades: el lenguaje se queda corto. En la relación con lo inasible el ser humano siempre está luchando por encontrar cierta claridad desde fuera y no se da cuenta de que esa claridad ha de buscarla en su interior.
Por otra parte, estos textos sagrados suelen expresar la travesía espiritual de un determinado pueblo a lo largo de su historia, sus miedos, sus temores, sus anhelos, sus costumbres…Hay que entenderlos como tal y destilarlos, quedarse con la esencia doctrinal, con esas perlas de sabiduría que nos ayudan a acercarnos a Dios de la manera más humana y natural. La Antropología contemporánea ha comprobado que todas las religiones tienen ciertos valores universales como, por ejemplo, amar al prójimo, no matar o no robar; son estos valores humanos los que deben unir a los hombres en vez de separarlos, son valores universales.
Y así llegamos al componente ético de las religiones. La mayoría de las religiones dictan pautas de conducta, pautas morales (la Ética es otra cosa, es reflexiva, racional). Sería absurdo e incompatible aceptar estas pautas tal y como se han aceptado en otros tiempos, es decir, de forma rígida. Pero si nos sirven como instrumento antropológico para saber cómo los pueblos se han comportado y adaptado con respecto a los avatares de su historia. Para seguir una determinada moralidad me remito a los contenidos universalizables, es decir, aquellos que sirvan para todo ser humano, independientemente de la comunidad en la que viva. Es aquí donde hay que reivindicar la figura de Kant: “actúa de tal modo que en todo momento quisieras que tu máxima se tornase en ley universal” .
Sobre la religión hay que actuar de una manera inteligente, de una manera crítica, pero no hay que olvidar que criticar no es solamente destruir, hay que hacer crítica constructiva, aprender. Es por ello que cualquier texto espiritual puede ayudarnos en la búsqueda de lo trascendente, lo inasible, Dios. Y hay que tener claro que cada uno debe seguir su propio camino y los dictados de su propio corazón.
Sobre la Santidad
Mi propósito en este artículo es defender algo que he sospechado desde hace tiempo: que todos los santos están locos y que todos los locos son santos. Puede parecer chocante una tesis así, pero hay precedentes como Szasz, un antipsiquiatra que defiende que la psiquiatría contemporánea es una versión secularizada de las cazas de brujas de los S. XVII y XVIII. Yo iré más allá, a través de una serie de citas de los considerados místicos cristianos, demostraré documentalmente los rasgos comunes que tienen con psicopatologías como por ejemplo, la esquizofrenia.
Es algo común dentro de los fenómenos delirantes que los pacientes sientan que han hablado con Dios o han tenido experiencias con espíritus, experiencias místicas. Normalmente la mayoría de los psiquiatras califica este tipo de experiencias como alucinaciones (percepciones carentes de correlato real) o como delirios (creencias aceptadas por el sujeto sin un correlato real) y se limitan a recetar antipsicóticos para atajar los brotes producidos por este tipo de percepciones. ¿Pero qué ocurre cuando a pesar de la administración de antipsicóticos estas percepciones se siguen sucediendo? ¿Y qué ocurre cuando la información recibida por alucinaciones o delirios sí que tiene un correlato con la realidad? En estos casos podríamos hablar propiamente de experiencias místicas, pero, no lo olvidemos, el problema subyacente es ¿qué entendemos por realidad?¿Qué es lo normal?
Para entender qué es lo normal hay que recurrir a la definición matemática de norma, una norma es simplemente algo que se repite frecuentemente: lo normal es la media. Pero tanto por encima como por debajo de esa media, que es variable, la psiquiatría tiene un conjunto de categorías (el DSM y el CIE-10) para clasificar, diagnosticar y medicar a las personas que se salen de esta norma. Muchas veces me he preguntado si Szasz no llevará razón y será esto una cuestión de caza de brujas, es decir, una nueva inquisición secularizada, una inquisición de la razón científico-técnica de occidente.
Vayamos por pasos. En las tribus sudamericanas del Amazonas, así como en muchas tribus africanas las alucinaciones son buscadas a través de diferentes drogas para obtener un conocimiento, es decir, para comunicarse con los espíritus y expandir la conciencia. Este es el principio sobre el que se basa el chamanismo. Los hechiceros buscan la alucinación para ponerse en conexión con los espíritus y con la Naturaleza. La gente que delira o alucina tiene en estas tribus una gran estima social. Pero, ¿pasa lo mismo en occidente? Yo diría que a medias: si tienes suerte, te canonizan, si no, acabarás como un enfermo mental más, diagnosticado, etiquetado y medicado, el sistema tratará de anularte como persona, tratará de anularte en cuanto diferencia, ya que en cuanto diferencia, supones una amenaza para el resto. Eso es así, y lo preocupante es que hoy en día, con lo superficiales y carentes de fundamento que suelen ser estos criterios, es fácil ser excluido socialmente.
El tema de la enfermedad mental suele ir asociado a un alto grado de desconocimiento y estigmatización, es decir, prejuicios y exclusión social. La culpa la tienen los medios de comunicación de masas ya que suelen ofrecer una visión distorsionada sobre este tipo de realidad.
Para empezar me remito a uno de los tópicos más comunes: los enfermos mentales son peligrosos. Pues bien, una estadística norteamericana señala que el número de delitos es mayor entre la población “normal”, que entre la población con problemas mentales.
Volvamos al tema de la santidad. Un ejemplo práctico: Santa Teresa de Jesús. Veamos algunas de sus citas:
“...que no sé por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor, que no fue por los oídos, que no se oye nada, mas siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior, como verá quien pasa por ello, que yo no lo sé aclarar mejor” .
“Siéntese notablemente un encogimiento suave en lo interior”, es algo, que un psiquiatra no dudaría en calificar de alucinación cinestésica, pero que parece ser una de las señales clave de una experiencia mística.
“Esotra fuente viene el agua de su mesmo nacimiento, que es Dios, y ansí como Su Majestad quiere cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mesmos, yo no sé hacia dónde, ni cómo, ni aquel contento y deleite se siente como los de acá en el corazón”.
En esta segunda cita, Santa Teresa nos habla de que Dios puede hacer prodigios sobrenaturales (milagros) y a su vez, nos habla de la paz de espíritu y la tranquilidad de quienes experimentan lo místico.
“Pues tornando a la señal que digo es la verdadera, ya veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la verdadera sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que está ansí, que siempre es breve (y han harto más breve le parece a ella de lo que debe ser), fija Dios a sí mesmo en lo interior de aquel alma de manera que cuando torna en sí, en ninguna manera pueda dudar que estuvo en Dios y Dios en ella” .
En esta tercera cita, Santa Teresa nos habla de la certeza de la experiencia mística: “en ninguna manera pudiera dudar que estuvo en Dios y Dios en ella”; se trata de la evidencia inmediata e intuitiva de la experiencia mística, que es tan real como que cuando llueve las calles se mojan. Cualquier psiquiatra convencional podría calificar este tipo de experiencia como una alucinación que crea un delirio, pero una persona iniciada en cuestiones místicas le daría otro sentido bien distinto, se trata de la experiencia de la verdad, de una verdad intuitiva, subjetiva e inmediata.
Veamos una cita de San Juan de la Cruz:
“Este saber no sabiendo
Es de tan alto poder,
Que los sabios, arguyendo,
Jamás le pueden vencer;
Que no llega su saber
A no entender entendiendo
Toda ciencia trascendiendo.
Y es de tan alta excelencia
Aqueste summo saber,
Que no hay facultad ni ciencia
Que le puedan emprender;
Quien se supiere vencer
Con un no saber sabiendo,
Irá siempre trascendiendo.
Y si lo queréis oír,
Consiste esta summa sciencia
En un subido sentir
De la divinal esencia;
Es obra de su clemencia
Hacer quedar no entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.”
Para San Juan de la Cruz, este sentir místico consiste “en un subido sentir de la divinal esencia” y conlleva cierto componente de humildad: “quien se supiere vencer con un no saber sabiendo irá siempre trascendiendo”. Veamos otra de sus citas:
“En la noche dichosa,
En secreto, que nadie me veía,
Ni yo miraba cosa,
Sin otra luz y guía
Sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
Más cierto que la luz del mediodía,
Adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía” .
La luz del corazón guía a San Juan de la Cruz “más cierto que la luz del mediodía” en mitad de la noche, es una buena metáfora sobre la certeza, la evidencia, de la experiencia mística. Esa luz es la llamada, la vocación (palabra que viene del latín vocare, que significa llamar).
Veamos ahora una cita de Fray Luis de León:
“Aquí el alma navega
Por un mar de dulzura, y finalmente
En él ansí se anega,
Que ningún accidente
Extraño o peregrino oye o siente.
¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida!¡Oh dulce olvido!
Durase en ti reposo,
Sin ser restituido”
Jamás en aqueste y vil sentido!”
El alma navega y se anega, se zambulle, se pierde en sus profundidades. También comenta que la experiencia mística es un “desmayo dichoso”, es “muerte que da vida”.
Ya hemos repasado algunas citas clave para entender lo que es una experiencia mística y yo me pregunto: ¿qué diferencia hay entre un discurso de este tipo y el de alguien que padece esquizofrenia y afirma sentir a Dios o sentirse guiado por Dios? Yo creo que ninguna, por eso concluyo que o todos los santos estaban locos o que todos los locos tienen un cierto componente de santidad al percibir cuestiones divinas que otro tipo de personas no perciben. Es esta la tesis que defiendo y mantengo,
q.e.d.
Principios metafísicos: hacia una ética global
En este capítulo lo que pretendo es enunciar de modo claro, refiriéndome a múltiples fuentes religiosas, filosóficas, místicas y profanas, literarias, etc., algunas de las más elementales leyes metafísicas de todos los tiempos.
Empezaremos con la conocida Ley de la Correspondencia: lo que das es lo que recibes, lo que siembras, cosecharás.
Si hay una norma moral universal por antonomasia es esta, ya que está recogida en la mayoría de las religiones y en la mayoría de los códigos éticos y códigos morales.
En occidente, la encontramos magistralmente expuesta por Emmanuel Kant cuando dice: “obra de tal modo que quisieras que tu máxima se tornase en ley universal”; es el llamado “imperativo categórico”, que Jesús de Nazaret ya esbozó al decir “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, y Aristóteles previamente ya habló de este tema enunciando que la virtud (areté) está en el justo medio.
En el pensamiento oriental se recoge como ley de simetría o del equilibrio.
Esta sencilla ley está recogida en la Biblia, en los Evangelios, en los místicos españoles, en los Vedas, en el Bhagavad-Gita, en los Dhammapada, en El Corán, en la Torá, en los textos de Saint Germain, así como en en Lie-Tse y en el Tao Te King, y también en el Confucianismo y el Budismo desde tiempos inmemoriales. Personalmente me atrevería a decir que el origen lógico e histórico de esta ley es el comienzo del Neolítico, que es cuando el hombre empieza a cultivar y surge la agricultura, es decir, hace unos once o diez mil años; está por tanto, en el origen de lo que consideramos como civilización.
Para el desaprensivo moral que me recriminaría que esto no parece cumplirse ya que los malhechores morales suelen salir airosos de sus numerosas tropelías morales argumentaría que observase la eficacia de esta ley a medio y largo plazo, es decir, que la efectividad de esta ley metafísica no es algo instantáneo, pero a medio y largo plazo, es decir, en esta vida, y en otras si las hubiera, esta norma se cumple con total contundencia.
Y así llegamos a la segunda ley metafísica: El tiempo pone todas las cosas en su sitio, que, en un castellano más castizo se traduciría en el refrán de que a todo cerdo le llega su San Martín, o que arrieros somos y en el camino nos encontraremos o, en sus versiones más extremas, el que la hace la paga o quien a hierro mata a hierro muere.
Esta segunda ley lo que viene es a afirmar el cumplimiento de la justicia, o al menos su restitución, su implacabilidad, y me estoy refiriendo a justicia humana y divina, moral y legal. También es una ley que está recogida en la mayor parte de las culturas del mundo. De ella se derivan, en concreción, leyes morales tan fundamentales como el “No matarás”, que aceptan la mayoría de las culturas y civilizaciones que han pasado por la historia, con matizaciones, eso si, que a la hora de matar al enemigo no se han tenido ni se tienen muchas contemplaciones. Y en general derivan de ella los códigos morales y éticos de contenido, que son aquellos que ofrecen pautas de conducta concretas, frente a los formales, que ofrecen la fórmula para deducir la pauta de actuación concreta en cada caso. Por cierto, siempre son preferibles las éticas de corte formal, puesto que presuponen cierto criterio, inteligencia y análisis al sujeto agente de la acción valorable, aunque, como inconveniente, diré que precisan de un elevado grado educativo para ser comprendidas en esencia y más aún para aplicarlas. Un ejemplo de ética formal es el imperativo moral de Kant, que ya hemos mencionado, así como la pretensión de estas dos leyes que son principios metafísicos generales, subyacentes a todas las culturas, generales por tanto.
En qué consiste la genialidad
En este capítulo les desvelaré la clave que debe poseer todo genio para ser un genio: hacer lo simple complejo y lo complejo simple.
Esto puede parecer de Perogrullo, pero no lo es, ya que “hacer lo simple complejo” significa analizar, desmenuzar en partes, y hacer un juicio que nos aporte más información a partir de esas partes. Es lo que se hace cuando se quiere llegar a resolver un problema, es el primer paso: analizarlo, descomponerlo, en partes más pequeñas, para poder investigarlo mejor.
Por otro lado, “hacer complejo lo simple” es sintetizar, resumir, explicar, es decir, recoger toda la información del análisis previo para llegar a un juicio a alguna conclusión. Tampoco es tarea fácil ya que juzgar, llegar a conclusiones, implica elegir, y al elegir uno rechaza ciertas alternativas y escoge otras. Juzgar siempre implica rechazar, resumir, ver las cosas grosso modo, es decir, es como la diferencia entre pintar con un pincel y con una brocha, con el pincel pintamos los detalles, mientras que para pintar una fachada entera será más práctico proceder a brochazos.
La creatividad es otro de los aspectos cualitativos del genio, saber dar soluciones y problemas nuevos al mundo, que tan necesarios son los problemas como las soluciones, pero lo importante en un genio es saber aproximarse a la realidad de una manera nueva, subjetiva, personal, es decir, ser soñador, soñar con superar la realidad existente, las barreras, las limitaciones. Esto no es algo con lo que se nazca o no se nazca, es algo que se hace, y se hace a través de muchos ensayos y, sobre todo, de muchos errores. El error debe ser la fuente de inspiración del genio, la fuerza para superarse y, superándose a sí mismo, superar las limitaciones de la realidad. En el colegio parece que nos enseñan que equivocarnos es malo y es todo lo contrario, equivocarse es buenísimo si uno sabe rectificar y tiene tenacidad: errare humanum est, decían los latinos, equivocarse es de humanos.
Diremos también que el genio es una macroestructura disipativa con la cultura, esto es, que impregna la cultura, la absorbe y le influye notablemente. Normalmente a un genio se le reconoce por representar la condición humana, por mostrarla, y he ahí que tengamos todo un repertorio de autores clásicos que la ilustran a la perfección. Si en algo se distingue a un genio es en su intempestividad, en la eternidad de su obra, su clasicismo, su universalismo: en su obra, como seres humanos, nos vemos reflejados, podemos proyectarnos aunque el genio lleve más de doscientos años muerto y es por ese carácter de atemporalidad, de clasicismo.
Autoconocimiento I: Relajación
Llegados a este punto repasaremos las principales técnicas de autoconocimiento, que son tres: relajación, meditación e introspección.
Pero vayamos por pasos, lo primero es estar relajados. Para poder ser creativo y productivo en la vida hay que saber estar relajado. Es importante esta aparente paradoja pero cierta: cuanto más relajados estemos, más y mejor produciremos y crearemos.
El estrés normalmente lleva al descontrol, al bloqueo a la apatía y al aburrimiento, así como a la incapacidad y, en casos extremos, a diversas enfermedades físicas y psicológicas. Deberemos por tanto, aprender a identificarlo y combatirlo.
Lo primero es identificarlo: ¿cuándo me pongo nervioso? ¿Por qué? ¿En qué situaciones? Lo primero es reflexionar sobre esto.
A continuación, trazaremos un plan para combatir no las situaciones, que muchas veces son inevitables, sino la forma de encararlas, nuestra actitud hacia ellas. Hemos de tener claro que muchas veces somos responsables en gran medida del estrés que padecemos. La presión muchas veces puede parecer externa pero esta actitud es poco reflexiva e irresponsable. Aunque el origen del estrés sea externo, es importante nuestra actitud ante esa amenaza. Uno puede tomarse las cosas pasivamente, en cuyo caso se verá desbordado, o activamente, en cuyo caso se sentirá responsable y podrá modificar la situación.
¿Con qué estrategias atacaremos al estrés? Pues muy fácil con la relajación. Hay muchísimas técnicas de relajación, infinidad de ellas, pero el secreto está en que cada uno encuentre la más efectiva para sí mismo. Está, por ejemplo, la archiconocida relajación de Jacobson, así como las yóguicas y ancestrales técnicas de respiración; es importante, muy importante el tema de la respiración. Cuando nos ponemos nerviosos, lo primero que hacemos inconscientemente es respirar entrecortadamente y si inspiramos profundamente unas tres o cuatro veces el sentimiento de calma será instantáneo. Controlando la respiración, haciéndonos conscientes de ella, tenemos gran parte de la batalla ganada.
Aparte, hay técnicas más específicas para relajarse. Yo voy a comentar una que a mí personalmente me va muy bien; es difícil de realizar en un principio, pero con un poco de práctica se torna en la más efectiva de todas. Es muy sencillo: consiste en sentarse o tumbarse y poner los ojos cerrados o entreabiertos y respirar profundamente tres veces; a continuación, nos fijaremos en algún estímulo auditivo constante (un pájaro, el viento, el ruido del tráfico, el sonido de nuestra propia respiración ...) y atenderemos sólo a ese sonido procurando que el resto de estímulos no nos molesten. Permaneceremos así tres o cuatro minutos tras los cuales, suspenderemos la atención del estímulo elegido para pasar a no pensar en nada en absoluto: no haremos caso ya a ningún estímulo. En este punto es donde se complica la cosa ya que nuestra cabeza se verá inundada por pensamientos que debemos rechazar uno por uno simplemente pensando “no quiero pensar en esto”. Llegaremos a una especie de letargo cerebral en el que debemos permanecer el tiempo que estimemos oportuno para relajar la mente (normalmente, con un par de minutos basta). Esta técnica equivale a varias horas de sueño y despeja mucho. Cuentan que es una técnica que utilizaba el mismísimo Napoleón Bonaparte para descansar y se sospecha que Leonardo Da Vinci hacía algo parecido.
Autoconocimiento II: Meditación
La meditación es una técnica de conocimiento ancestral, milenaria, y de mucha eficacia. En un principio puede parecernos algo raro esto de meditar pero les aseguro que con un poco de práctica les resultará de lo más gratificante.
Primero de todo habría que hablar un poco acerca de la postura más correcta para meditar. Mi regla general es que elijan la postura que les resulte más cómoda, pero sin que sea una postura tan cómoda que les lleve al letargo. Personalmente a mi me gusta meditar con las piernas cruzadas sentado en el suelo, y en un entorno natural o en un jardín, pero vamos, que cualquier sitio sirve en realidad para hacerlo, incluso la más modesta habitación ya que lo único que necesitamos es un trozo de suelo. Es importante que la columna vertebral esté erguida, recta, para que los chakras se alineen. Poner algo de música relajante e incienso también ayuda pero no es imprescindible.
Lo importante, sin duda, en la meditación es que se trata de un proceso activo, que requiere implicación por parte del que medita, implica voluntad y tenacidad, ya que es una actividad constructiva y destructiva al mismo tiempo: destruimos el ego para construirnos por dentro como mejores personas.
Hay, a grandes rasgos, dos tipos de meditación: la estabilizadora y la analítica.
La meditación estabilizadora es aquella que estabiliza, que asienta nuestro estado de ánimo y nos relaja, se puede hacer de muchas maneras siempre que consiga este propósito y en ella se debe controlar sobre todo el tema de la respiración. Se pueden visualizar esferas de luz o energía, incluso llamas de colores pero el objetivo siempre es el mismo: estabilizar el estado de ánimo. Este tipo de meditación es la antesala de la meditación analítica.
La meditación analítica es un soliloquio, es decir, un diálogo con preguntas y respuestas con uno mismo. Se utiliza para analizarnos a nosotros mismos en cuestiones importantes o en aspectos de la vida cotidiana, es un acto de reflexión. Pero el diálogo debe ser fluido, sincero, abierto, intentando evitar las distorsiones subjetivas, es decir, sin mentirnos a nosotros mismos. Debe ser siempre constructivo y estar orientado a buscar soluciones a los problemas que nos atormentan. Además, debe procurar en la medida de lo posible hacer conscientes nuestras tendencias inconscientes para que nos demos cuenta de cómo somos en realidad. La meditación analítica es la técnica de introspección más fecunda que hay ya que nos permite juzgarnos a nosotros mismos, enmendando nuestros errores para con nosotros mismos y para con los demás. También nos permite buscar estrategias nuevas para afrontar problemas nuevos o problemas antiguos con perspectivas nuevas. La meditación analítica es una fuente muy fecunda y próspera y es, a mi juicio, la mejor manera de conocerse a uno mismo.
No olvidemos dos cosas: la inscripción del frontispicio del templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo” y que Sócrates y, posteriormente Platón, basaron toda su filosofía en el diálogo. Y es que el diálogo es pensamiento libre, espontáneo, fluido. Krishnamurti también tenía una concepción dialógica de la verdad y también Unamuno y otros pensadores como por ejemplo Jurgen Habermass, y es que el diálogo es un modo mucho más fresco de pensar, mucho más espontáneo, ya que se asemeja a cómo pensamos habitualmente. El pensamiento es por tanto lenguaje, pero en un lenguaje vivo encontraremos un pensamiento vivo y dinámico.
Autoconocimiento III: Introspección
La introspección es la capacidad de volverse hacia adentro, es decir, de reflexionar. La introspección es muy importante en los tiempos que corren ya que nos vemos muchas veces sumergidos en una vorágine en la que parece que nos dejamos llevar por lo que nos rodea. Hay muchos estímulos ahí fuera y muchas veces nos olvidamos de nosotros mismos, de lo que queremos, de lo que realmente nos importa. Es muy importante la introspección, dedicar unos minutos al día a reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestra situación, nuestras circunstancias, nuestras metas, nuestros objetivos.
Es importante no confundir la meditación analítica (que es una forma de introspección bajo unas condiciones determinadas) con la mera introspección reflexiva.
Aquí mencionaremos también la autocrítica como una estrategia a tener en cuenta. Hay que relativizar, recuerdo que Nietzsche comentaba en el Zaratustra que el superhombre es una estrella danzarina que baila sobre sus propios hombros. Uno tiene que relativizar y ser capaz de reírse de uno mismo para poder tomarse las cosas con más sentido del humor.
La introspección sólo requiere un acto de atención, de atención sobre uno mismo. La introspección no es introversión, esa palabra que parece que incomoda un poco hoy en día, que nos gusta ser tan abiertos y amables. La introspección, repito, es, simplemente, la capacidad reflexiva del ser humano, su autorreferencialidad, y se da desde los primeros meses de vida, desde que el ser humano tiene consciencia de sí mismo o autoconsciencia. Desde que uno es capaz de reconocerse en un espejo tiene autoconciencia, y desde que uno tiene autoconsciencia puede reflexionar sobre sí mismo.
La introspección, créanme, es lo que nos hace específicamente humanos. Cerebralmente, cuando realizamos esta actividad la zona del cerebro que funciona es el lóbulo prefrontal, es decir, la parte filogenéticamente más avanzada del cerebro. Es la esencia de la humanidad, lo que nos diferencia de los animales, aunque esto no es del todo exacto ya que hay algunos animales que tienen autoconsciencia (algunos primates, delfines y elefantes). De todas formas, es el sancta sanctorum de la humanidad si es que la humanidad existe.
Heteroconocimiento I: La empatía.
El heteroconocimiento es el conocimiento que tenemos de los demás, es decir, se trata de un conocimiento relacional en el que intervienen varios factores pero, en todo caso, hay una retroalimentación constante: conocerse a sí mismo es bueno para conocer a los demás y conocer a los demás es bueno para conocerse a sí mismo.
Las tres formas principales de heteroconocimiento son la empatía, la escucha, y el lenguaje corporal o comunicación no verbal.
Comenzaremos con la empatía. Empatía es una palabra que viene del griego: ‘En’, que significa ‘con’ más ‘pathos’, que significa camino, sentimiento o sufrimiento. Empatizar es acompañar, es padecer con, de ahí la otra palabra ‘compasión’: ‘padecer con’. Empatizar es padecer con el otro, es ponerse en su lugar, en su pellejo, en su piel. Empatizar no es solamente ponerte reflexivamente en la postura de otra persona sino que hay que además sentirla y comprenderla, hay que padecer con.
La empatía es algo difícil de lograr ya que implica que en gran medida, dejemos de pensar y sentir como nosotros mismos para intentar comprender la situación, la circunstancia, de otra persona totalmente distinta a nosotros, lo cual no es tarea sencilla. Podríamos comenzar imaginando cómo nos sentiríamos nosotros en esa circunstancia, pero esto a veces no es suficiente ya que diferentes personas reaccionamos, sentimos y padecemos de distinta manera ante una misma circunstancia. En cualquier caso, la empatía es algo que pretende superar las barreras del ego, de lo subjetivo, y por tanto es algo que nos lleva hacia cierta objetividad y claridad en nuestra comunicación con los demás. Nos lleva a superar las ideologías, las barreras, las categorías (kategorós significa predicado), los adjetivos, las etiquetas, los prejuicios.
Se trata ante todo de no juzgar, y es que, una vez que reconocemos los sentimientos y motivaciones ajenos como posibilidades de la conducta propia el juicio que tenemos con los demás suele ser mucho más justo y condescendiente: ya no juzgamos tan severamente porque comprendemos las motivaciones de la otra persona, nos ponemos en su lugar y eso hace que no seamos tan estrictos, tan férreos y egoístas.
En un mundo como el nuestro, en el que, no nos engañemos, lo que predomina es la imagen, en un mundo de prejuicios, primeras y postreras impresiones, en un mundo superficial y desgarrado siempre se agradece un poquito de humanidad y una buena forma de cultivarse a este respecto es acostumbrándonos a ejercitar la empatía día a día, con quien tengas más cerca. Hay una teoría de un filósofo checo, que creía que cambiándonos a nosotros mismos podríamos transformar el mundo y creo que tenía razón, no se trata de cometer grandes empresas ni grandes cruzadas, se trata de tender la mano a quien tengas más cerca y hacerle la vida un poquito más agradable. Es lo que otros denominan inteligencia interpersonal, mientras que lo que he venido denominando como formas de autoconocimiento se corresponderían con lo que se viene llamando inteligencia intrapersonal.
Pero estábamos hablando de la empatía. La empatía es una habilidad emocional (si se mira desde el punto de vista introspectivo o del sujeto, esto es subjetivo) o una habilidad social (si se mira desde el punto de vista relacional o del objeto, esto es objetivo). En cualquier caso es una habilidad, lo que implica que se puede desarrollar y cultivar. Pondré un ejemplo: está más que demostrado que maltratadores que han recibido clases de sensibilización sobre el maltrato tienen una tasa de reincidencia considerablemente menor que aquellos que no las han recibido. Y es que ponerse en lugar de los demás es moralmente rentable: nos lleva a ser mejores personas. Esta práctica que en los países “desarrollados” es algo que se paga (psicología), debería formar parte de la educación más básica y primaria de forma gratuita.
Heteroconocimiento II: La escucha
Hubo un filósofo que dijo que para escuchar auténticamente el ser hay que tener las cosas zuhandenheit, ‘a la mano’. Y es que a pesar de que hoy en día tenemos potentes medios de comunicación, paradójicamente, el hombre se encuentra más incomunicado que nunca . Tenemos cada vez más facilidad de acceso a los móviles y a internet, se puede chatear, hablar con personas que están al otro lado del mundo por video conferencia, pero parece que a la hora de comunicarnos cara a cara tenemos cada vez más problemas, más máscaras. Por cierto, una persona es una máscara, para quien no lo sepa (del griego ‘prosopon’: ‘máscara’). ¿Se ha planteado usted escuchar por una vez en serio a los demás, a la gente que le rodea? Se sorprendería usted al oír a la gente.
Para el aprendizaje sin duda lo importante es escuchar, pero escuchar atentamente, con atención e interés, de forma viva y curiosa, como hacen los niños. Se trata de escuchar para aprender y, créanme, se aprende mucho más escuchando que hablando.
También ayuda la escucha a la empatía, ayuda a sentir como otra persona, a ponernos en su lugar, a comprenderla. La escucha es más importante: alguien que sepa escuchar llegará a sabio algún día.
Tradicionalmente la escucha de los problemas de la gente estaba reservada a los amigos y los sacerdotes; tras la secularización el pastel se lo han repartido los psicólogos; me parece lamentable que haya que pagar para que te escuchen; prefiero seguir creyendo en el valor de la amistad, en la confianza.
Les daré un truco: comiencen a escuchar, a interesarse por la vida de quienes les rodean pero con respeto y afecto. Les garantizo que la gente les terminará abriendo sus corazones y secretos más íntimos si les dan confianza y son cautos, prudentes y sinceros. En ese momento usted podrá ser escuchado, y le aseguro que entonces le escucharán de verdad, atentamente, como usted ha escuchado previamente. A partir de entonces no necesitarán psicólogos, tendrán amigos, y los psicólogos se quedarán para resolver los problemas puramente psicológicos.
La verdad es que la falta de comunicación debilita al ser humano, lo empobrece mucho. El diálogo es muy importante para avanzar como persona, para llegar a conclusiones, para reflexionar, para ser feliz, para avanzar en suma. Es muy importante dialogar, cultivar las “habilidades sociales” pero a un nivel más cercano, más humano.
Quien sea tímido e introvertido probablemente piense “yo es que soy muy tímido” o “me da vergüenza”. Nadie “es” esto o aquello, y les aseguro que las habilidades sociales, las habilidades de comunicación, se pueden entrenar como cualquier otra habilidad en la vida, con la práctica. El movimiento se demuestra andando y a caminar uno aprende tropezándose y levantándose sucesivamente. Con esto pasa lo mismo a escuchar se aprende, simplemente, escuchando.
Heteroconocimiento III: el Lenguaje no verbal
La mayor parte de la comunicación entre los seres humanos ocurre sin que nos demos cuenta. El lenguaje del cuerpo, nuestros gestos, aunque inconscientes, también comunica, incluso más que las palabras. Yo le puedo decir a usted que confíe en mí pero si me ve llevándome las manos a la cabeza es seguro que no lo hará.
El lenguaje no verbal es lo más instintivo del hombre y por tanto, podríamos decir que hay gestos que son, por así decirlo, universales. Aunque los códigos gestuales suelen variar poblacional y culturalmente, podríamos afirmar que hay una serie de gestos instintivos, primarios, universales, como por ejemplo, la expresión facial del miedo (me parece que hay ocho en total) o de la ira . Darwin ya habló magistralmente acerca de la expresión de las emociones en los animales (en los primates), aunque hoy día sabemos mucho más acerca del tema.
Como regla general diremos que debe haber concordancia entre lo que decimos y lo que expresamos corporalmente de forma inconsciente y para ello la regla de oro es que seamos sinceros, asertivos, y que tengamos confianza en lo que estamos diciendo y en nuestro mensaje.
Aparte de esto, para aprender acerca del lenguaje no verbal, basta con observar atentamente los gestos inconscientes de gente a la que conocemos bien. Así podremos ir descifrando el código. Hay libros muy ilustrativos sobre el tema, como el de Flora Davis, así como numerosos artículos, pero sin duda alguna no hay nada como el trabajo a pie de calle: siéntese en una cafetería y limítese a observar gestos, posturas, e intente descifrar su significado.
También les daré un truco para detectar la mentira: si la persona con la que está hablando enarca una o las dos cejas ligeramente, o si se toca inconscientemente el pelo o la cabeza, o la nariz, es probable que le esté mintiendo. De todas formas todo gesto hay que evaluarlo en su contexto y obtener tanta información como nos sea posible.
Es muy curioso saber acerca del lenguaje no verbal. Un cruce de brazos suele ser una postura defensiva. Si notamos esto en una conversación puede ser porque la persona se sienta mal, intimidada o agredida. Puede que su autoestima sea baja o que ante nosotros se sienta de algún modo invadida o incómoda. Si adoptamos simplemente una postura corporal abierta (brazos abiertos, piernas alineadas, puntas de los pies hacia afuera), probablemente esta persona se relaje inconscientemente y se nos muestre con más confianza.
Prueben una cosa: intenten modificar las relaciones de un grupo modificando las posturas. Por ejemplo, si usted en un debate cruza la pierna derecha sobre la izquierda el resto del grupo percibirá, inconscientemente, que usted tiene algunas ideas inteligentes y le escucharán mejor, mientras que, si se cruza de brazos probablemente no lo tengan mucho en cuenta en el desarrollo del debate. Es muy curioso pruébenlo y verán cómo funciona, es realmente sorprendente. Con un poco de práctica en educación postural serán capaces de llegar a un grupo totalmente desconocido e identificar quién es el líder sin tener que decir ni escuchar una sola palabra.
También sirve esto para las relaciones amorosas. Cuando dos personas en un grupo apuntan las puntas de los pies respectivamente, suele significar que hay algo de atracción sexual entre ellos. Como pista inicial no está mal.
La sentencia de San Hipólito
San Hipólito de Roma (S.III), uno de los primeros padres de la Iglesia, escribió que cada hombre tiene el rostro que se merece. Esta frase puede resultar cruel e incluso superficial si la interpretamos en sentido literal, pero si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que tiene su particular trasfondo de verdad.
Un rostro joven no suele decir mucho a no ser que se exprese, pero un rostro algo más maduro refleja rasgos de carácter, por ejemplo, una persona con patas de gallo en los ojos revela sentido del humor, felicidad, risa. Una persona con la boca semidoblada hacia abajo, probablemente revele pesimismo, derrotismo y hastío. Las emociones más comunes que solemos tener se van plasmando en el rostro conforme vamos envejeciendo y, sólo de un vistazo, podemos obtener información sobre la personalidad de alguien observando simplemente su rostro.
Parece ser que Hipólito de Roma tenía algo de razón: “cada uno tiene el rostro que se merece”. Naturalmente, esto es una primera impresión, pero les digo que es un criterio que no suele fallar.
Actualmente estamos sometidos a una presión mediática muy fuerte que nos dice cuál tiene que ser nuestra imagen, nos dice cuál es el patrón a seguir. Hoy día ese modelo se basa en la juventud: viejas de la edad de mi abuela se operan y se estiran la cara para aparentar una edad menor, en fin, los cirujanos plásticos obran milagros cuando se tiene dinero, pero, frente a este atropello yo reivindico el derecho a envejecer dignamente. Si como decía Calderón de la Barca, la vida es el gran teatro del mundo, un baile de máscaras, yo prefiero quedarme con la mía en vez de maquillarla.
Tengamos en cuenta, además, que la palabra ‘persona’ significa en griego ‘máscara’, máscara de teatro, de actor, hipocrités, de donde viene la palabra hipócrita. Esto quiere decir que el rostro a la larga refleja cómo somos realmente porque la máscara se deshace con el tiempo y el carnaval llega a su fin.
En este sentido sí podemos decir que San Hipólito de Roma tenía razón: conforme envejecemos, cada cual tiene el rostro que se merece.
Aparte de esto, están los ojos: hay un proverbio árabe que dice que quien no comprende una mirada tampoco entiende una larga explicación. Leer los ojos, las miradas, más bien, es un acto de comunicación muy humano, rápido y entrañable.
Se dice también que los ojos son el espejo del alma…es verdad, suele ser verdad que expresan el estado de ánimo del momento, y a quien aprende a leer miradas le sobran muchas veces las palabras.
Amor y Teoría de Conjuntos
Teorema: A∩B ^ (AUB)
Deducción: 1. A∩B є A
2. A∩B є B
3. AєB
4. BєA
Teorema: A intersección B y no A unión B
1. A intersección B pertenece a A
2. A intersección B pertenece a B
3. A no pertenece a B
4. B no pertenece a A
A B A B
A∩B AUB
El Teorema significa que el conjunto A (un individuo) y su intersección con el conjunto B (otro individuo), sí es aceptable, pero niega la posibilidad de la unión de los conjuntos A y B, ya que, en este caso, A y B se pertenecerían mutuamente, lo cual los cosificaría mutuamente, los objetualizaría. Al compartir solamente la intersección de ambos conjuntos esta intersección compartida sí pertenece a A y a B pero A no pertenece a B ni B pertenece a A. Así mismo, al compartir la relación se puede ir aumentando este espacio de intersección pero sin mermar la personalidad de los integrantes de la pareja. Esto se ve muy bien con los diagramas de Venn que he dibujado.
Lo que quiero decir es que en una relación de pareja uno no debe renunciar a sí mismo ni debe hacer renunciar a sí mismo al otro. Al contrario, los dos miembros de la relación tienen que seguir creciendo y desarrollándose a nivel individual y, con ello, la intersección, es decir, la relación, lo compartido, se desarrollará a la par armónicamente.
Observemos la otra posibilidad: A unión B. Esta posibilidad es egoísta, ya que pretende poseer al otro en su totalidad absoluta. Es la concepción propia del romanticismo y, como todo el que se haya leído Las desventuras del joven Werther de Goethe, al final termina en el suicidio. En cualquier caso diremos que esta segunda posibilidad implica la anulación mutua o la absorción de una persona por otra. Esto siempre implica autoritarismo, desigualdad, inarmonía y, en casos extremos, diversas psicopatologías llegando incluso a la depresión más profunda. Es importante reflexionar sobre esta forma de entender el amor ya que inicialmente se nos presenta como la más auténtica, las más genuina, la más original, y en realidad es una trampa emocional mortal, de lo más burdo y destructivo.
El Imperativo Emocional o Empático
Si Kant en ética formuló el Imperativo Categórico, que es la fórmula magistral de una ética formal, y que, en sus Fundamentos de la Metafísica de las Costumbres, concreta como: “Obra de tal modo que en todo momento quisieras que tu máxima se tornara en ley universal” , yo pretendo completar este imperativo categórico con otro imperativo categórico moral de carácter complementario: “Obra de tal modo que en todo momento puedas sentir hacia los demás lo que te gustaría que ellos sintieran hacia ti”.
Esta formulación, se distancia y supera el emotivismo moral de Hume, del que puede decirse, que es bastante inconcreto.
La Razón y el Sentir van de la mano aunque nos los hayan presentado tradicionalmente como opuestos. La Razón (el lógos), y el Sentir (el páthos), aunque conceptualmente sean distintos, corresponden a dos partes del cerebro que están interconectadas y se influyen y comunican mutuamente : el lóbulo prefrontal, que es donde está el lógos, y el sistema límbico, un complejo de estructuras internas del cerebro donde se localizan las emociones. A nivel evolutivo el sistema límbico es más antiguo que el lóbulo prefrontal, lo cual quiere decir que antes de pensar sentíamos, y esto hace que sea necesario un imperativo moral emocional; ya no nos basta con hacer el bien, debemos sentir que lo estamos haciendo bien, sólo así habrá armonía y paz interior.
Normalmente cuando uno habla de emociones en ética en el mundo occidental se le suele tachar de emotivista en el mejor de los casos, de relativista, subjetivista o de irracionalista, y esto es así, porque más que una visión integrada de las emociones solemos tener una visión fragmentada, no tenemos claro exactamente qué son las emociones.
Debemos tener en cuenta que la psicología actual reconoce que hay ocho emociones básicas comunes a toda la especie:
1. Cólera
2. Alegría
3. Miedo
4. Tristeza
5. Amor
6. Sorpresa
7. Vergüenza
8. Aversión
Las cuatro primeras son comunes a todos los primates superiores, las cuatro segundas son consideradas como emociones básicas secundarias.
Si tenemos en cuenta estas emociones básicas podremos desarrollar una ética formal que vaya más allá de las palabras, que sea mucho más universal que los lenguajes, y que sea inmediatamente más comprensible.
Mi teoría empática, o mi imperativo categórico emocional es un buen paso para superar cualquier barrera cultural o lingüística, ya que cualquiera puede reconocer estas emociones en el rostro de otra persona sin cruzar siquiera una palabra y actuar de inmediato correctamente, hacer el bien de inmediato.
Por un lado se deben utilizar emociones constructivas, integradoras, alentadoras, pero por otro lado se deben reconocer las emociones negativas en los rostros ajenos para procurar auxiliarlas, cambiarlas, mejorarlas. Para eso basta con una sonrisa. La risa es muy importante. No olvidemos nunca que Nietzsche dijo del superhombre que sería como un niño, y que sabría reír, reírse de sí mismo y “danzar sobre sus hombros como una estrella danzarina” . Una sonrisa auténtica provoca inmediatamente otra sonrisa en un rostro triste. Es en ese sentido en el que pienso que debemos ser como los niños. Debemos ser auténticos y espontáneos, y experimentar, en su más pura esencia, nuestras emociones.
La expresión externa de la emoción es el gesto, y el gesto, al igual que la emoción básica, es universal. El gesto es la forma de transmitir las emociones. Debemos reaprender a reconocer los gestos y diferenciarlos del mensaje de las palabras. Los gestos son más veraces, más incontrolables. Una ética gestual sería mucho más sincera que una ética basada en palabras o en pensamientos. Una ética gestual sería mucho más universal ya que el gesto se comparte interculturalmente.
Justo ayer nació un sobrino mío, y pude comprobar que las emociones son de lo más instintivo. Mi sobrino acaba de llegar al mundo, no sabe hablar, pero ya sabe perfectamente reír, llorar, mostrar desagrado, aburrimiento, etc…No le hacen falta palabras porque lleva consigo el lenguaje más universal del mundo: las emociones. El día que los seres humanos dejemos de lado las apariencias y nuestras absurdas disputas y aprendamos a reconocer las emociones ajenas habremos dado un gran paso en ética. Porque una emoción es instantánea y un instante de ser es eterno.
Teoría de las personas concomitantes
La verdad es que descubierto algo curioso e inquietante sobre las personas y el poder de la mente, algo realmente increíble que, siendo una intuición, intentaré fundamentar como teoría de algún modo.
La cuestión es la siguiente: nos movemos en determinados círculos sociales, en grupos. El ser humano es gregario, es “hombre masa” como diría Ortega, es una especie de animal social. Pero lo importante es lo de los círculos, lo de los grupos. Ahí es donde comienza mi teoría: según he observado dependiendo del grupo o grupos sociales donde nos movamos habitualmente estaremos más predispuestos a percibir a ciertas personas en la calle, entre la muchedumbre. Parece una verdad de Perogrullo, pero no lo es. Las personas son concomitantes, es decir, se repiten, y por tanto, también concomitan cuando las percibimos. Esto es un hecho que con un poco de reflexión puede ser percibido.
Es curioso observar cómo concomitan las personas, cómo nos las encontramos por la calle cuando cual fenómenos “se nos aparecen”.
Teniendo en cuenta que la percepción es selectiva, es decir, selecciona, filtra información, percibimos de algún modo aquello que estamos acostumbrados a percibir, en definitiva, lo que queremos percibir. Es por ello que solemos encontrarnos por la calle entre la muchedumbre con las personas de los círculos sociales que frecuentamos en determinadas épocas. Dejas de pertenecer a ése círculo, dejas de frecuentar los lugares comunes y esas personas simplemente desaparecen.
Hay otra cuestión curiosa que tiene mucho que ver con el tema de la intuición: cuando pensamos en alguien y nos lo encontramos. Según la explicación psicológica tradicional esto ocurre porque de algún modo la hemos percibido previamente de modo inconsciente. Pero mi explicación es de carácter más metafísica: para mí es una cuestión ontológica, es decir, del ser. El mundo lo vemos tal y como lo clasificamos, tal y como lo categorizamnos (recordar que Kategorós significa ‘predicado’) y predicar significa decir algo acerca de algo, es decir de un sujeto. Tal y como nuestra cabeza piensa el mundo, así lo percibe. Nunca podré percibir una goleta o un bergantín si no los tengo clasificados previamente, probablemente a los dos los veré como barcos. Es en el lenguaje donde el ser habita (“el lenguaje es la morada del ser” decía Heidegger). En las palabras es donde está la percepción.
Pero vayamos más lejos, una palabra está compuesta por un lexema y un morfema. El lexema es la raíz semántica de la palabra, la clave de su significado, es como el rastro que palabras de otras lenguas más antiguas dejan en nuestras palabras, el lexema es la parte arqueológica de la palabra. El morfema suele ser un sufijo o un prefijo que denota características de género, gramaticales, morfológicas, la forma de esa palabra.
Pongamos un ejemplo: cabra. ‘cabr’ viene de ‘capra’ en latín y es el lexema, mientras que la ‘a’ final es el morfema y nos indica que el género es femenino del singular.
Una buena teoría de la percepción debe tener esto en cuenta, la semántica, los lexemas, las raíces y significados de las palabras. Porque tal y como han categorizado el mundo nuestros ancestros lingüísticos, así lo vemos nosotros. Por ejemplo, ¿sabían que en la lengua de los esquimales hay hasta diecisiete grupos de blanco? Nosotros sólo distinguimos uno, pero es en la riqueza del lenguaje, en la diversidad, donde podemos percibir, procesar y comunicar el pensamiento. Es en el lenguaje donde debemos hacer metafísica, porque el lenguaje es la morada del ser.