MALENTENDIDOS
Sonrío ante el televisor, cuando veo un anuncio reciente que refleja con especial gracia el tema de los malentendidos, en esta ocasión por el uso de un mal teléfono. Pero hay muchos malentendidos que se producen de viva voz, con la mirada poblada de pequeños rayos de disconformidad y una rabia contenida enturbiando el entendimiento.
Y las palabras se alteran. Y el reproche olvidado se hace presente y el dolor o la angustia se avivan, sintiéndonos impotentes para que el buen discurrir retome la relación.
Hoy ha sido un día especial de malentendidos. Y no he sonreído.
Y las palabras se alteran. Y el reproche olvidado se hace presente y el dolor o la angustia se avivan, sintiéndonos impotentes para que el buen discurrir retome la relación.
Hoy ha sido un día especial de malentendidos. Y no he sonreído.
BETANZOS
Pudo ser la capital, pero se quedó en villa, porque no le gustan los oropeles. Pudo alzarse en el llano, pero se subió a la colina, para ver mejor a los que llegan para admirarla. Es juguetona, con guiños maliciosos que hacen que te pierdas por sus calles. Y te sorprende, con un soportal en el que el tiempo se ha detenido, una balconada quebradiza, una calle silenciosa, una sombra dorada, una luz magenta con un punto de carmín. Está hecha para pensar y para soñar.
Es un buen remedio contra el estrés, sumergirse en el trabajo creativo, asomarse a viejos edificios que se conservan a base del esfuerzo y de la ilusión de quienes no renuncian a la belleza, bajarse hasta el río, para mecer la mirada al ritmo de las barcas amarradas y después subir las empinadas cuestas, sin notar la fatiga, porque el aire es puro y huele a lilas, a rosas y a jazmines. Y, al atardecer, sentarse en la plaza, para contemplar el ir y venir de los viajeros y escuchar las viejas campanadas del joven reloj capaz de prescindir del tiempo para mantener eternamente su mirada azul.
Nota: En el álbum tenéis fotografías de este precioso lugar.
Es un buen remedio contra el estrés, sumergirse en el trabajo creativo, asomarse a viejos edificios que se conservan a base del esfuerzo y de la ilusión de quienes no renuncian a la belleza, bajarse hasta el río, para mecer la mirada al ritmo de las barcas amarradas y después subir las empinadas cuestas, sin notar la fatiga, porque el aire es puro y huele a lilas, a rosas y a jazmines. Y, al atardecer, sentarse en la plaza, para contemplar el ir y venir de los viajeros y escuchar las viejas campanadas del joven reloj capaz de prescindir del tiempo para mantener eternamente su mirada azul.
Nota: En el álbum tenéis fotografías de este precioso lugar.
UN DIA CORRÍ CON ELLA
Se llamaba Luz y un día corrí con ella. Reía, con risa azul, y sus pies, como de niño, chapoteaban en los charcos de un diciembre ruidoso de música de grandes almacenes y villancicos de pequeñas iglesias.
Corríamos, sabedoras de lo inútil de la prisa, porque ella quería saciar la sed urgente del marido, la curiosidad infantil de su hija y el amor de la hermana que esperaba para compartir la emoción de una compra.
Luz corría y el aire se impregnaba de su entusiasmo, el cielo copiaba su gusto por los colores y la tierra se abría en surcos a su paso.
Se llamaba. Su cuerpo frágil lo quebró la enfermedad, la luz de sus ojos se ahogó en llanto, pero ella siguió pintando, de colores de amor, la vida de los que la amaban.
Toda ella cabe ahora en el hueco de unas manos. Cenizas luminosas las suyas. Lo mejor de sí. En alguna estrella brilla hoy una luz nueva.
Corríamos, sabedoras de lo inútil de la prisa, porque ella quería saciar la sed urgente del marido, la curiosidad infantil de su hija y el amor de la hermana que esperaba para compartir la emoción de una compra.
Luz corría y el aire se impregnaba de su entusiasmo, el cielo copiaba su gusto por los colores y la tierra se abría en surcos a su paso.
Se llamaba. Su cuerpo frágil lo quebró la enfermedad, la luz de sus ojos se ahogó en llanto, pero ella siguió pintando, de colores de amor, la vida de los que la amaban.
Toda ella cabe ahora en el hueco de unas manos. Cenizas luminosas las suyas. Lo mejor de sí. En alguna estrella brilla hoy una luz nueva.
EL ÉXITO
Dice Woody Allen: “El 80% del éxito consiste en estar allí”. Yo añadiría: En el momento oportuno. Pero, habría que matizar. Sin duda, si no estamos, nunca podremos alcanzar el éxito. Si nos quedamos en casa, porque llueve, o nos vamos a la playa, porque hace sol, nunca podrán premiar el esfuerzo no realizado, pero también es cierto que no todos los esfuerzos se premian, por mucho que sus autores intenten estar allí. No obstante, aunque muchas veces nos frustremos, creo que, para cada ser humano, lo importante es la capacidad personal de ir tras un sueño. Si encima, se logra estar en el momento oportuno en el lugar indicado y el sueño se hace realidad. Entonces… entonces, ya os contaré lo que pasa si un día llega a ocurrirme.
OPERA
He visto mi tercera ópera. No es mucho, para mis años. La música de Mozart llenaba el Palacio. Durante dos horas y media solo se escucharon la música y las voces. Ni un carraspeo, ni una tos. Luego, en el entreacto, todos miramos el reloj. Y nos sorprendimos, porque “La finta giardiniera” nos había llevado en volandas haciéndonos olvidar el tiempo. Música mágica, que dobló su magia en el segundo acto.
Pero, no fue todo hermoso. Porque yo estaba allí porque alguien, en otro lugar, interpretaba una música de despedida y otro alguien, al borde del mar, la adivinaba, con niebla en los ojos
Pero, no fue todo hermoso. Porque yo estaba allí porque alguien, en otro lugar, interpretaba una música de despedida y otro alguien, al borde del mar, la adivinaba, con niebla en los ojos
MAREA BAJA
Hoy la playa no parecía la misma. Estaba como desentrenada, como si el sol y el calor la hubieran despertado demasiado pronto de su letargo invernal. Además, había marea baja, muy baja, y el mar jugaba a despedidas. Las rocas, aquí y allá, se desperezaban, cubiertas de limos y de algas. Solo las gaviotas se balanceaban sobre las olas pequeñas, porque las personas, pocas, preferían tumbarse en la arena y contemplar el cielo de un azul limpio de nubes.
Hoy la playa invitaba a jugar con las formas extrañas de las algas, a inventar montañas y lagos en la superficie de las rocas y a soñar desiertos sobre la arena seca.
Hoy la playa invitaba a jugar con las formas extrañas de las algas, a inventar montañas y lagos en la superficie de las rocas y a soñar desiertos sobre la arena seca.
COLUMPIÁNDOSE
Dos niñas, charlaban de sus cosas. Un abuelo las empujaba con gesto cariñoso. El sol de primavera había llenado el césped de flores blancas.
Un hombre al volante de su coche se detuvo ante el semáforo y los contempló. Buscó en sus recuerdos, pero no halló ninguno de un columpio mecido por su padre
Un hombre al volante de su coche se detuvo ante el semáforo y los contempló. Buscó en sus recuerdos, pero no halló ninguno de un columpio mecido por su padre
EN EL TELEVISOR
He visto sus ojos de niño, su alegría de niño, su confianza de niño. He leído sus palabras traducidas: “Sin sonrisa no hay vida”.
Se llama Ali Abbás y le faltan los dos brazos, porque, allá en Irak, su tierra, se los arrancó una guerra sin sentido.
Algunas veces, también en el televisor amanece la esperanza.
Se llama Ali Abbás y le faltan los dos brazos, porque, allá en Irak, su tierra, se los arrancó una guerra sin sentido.
Algunas veces, también en el televisor amanece la esperanza.
AZUL
Junio perdió el Norte y amaneció en gris. La ciudad olvidó la calma y el silencio y se inundó de urgencias rojas y violadas. La jornada transcurrió, envuelta en un bochorno ocre. Al final, la tarde hosca se llenó de chispas doradas y retumbar de truenos. El agua cayó, como pesada cortina de un escenario sin función, e inundó las calles.
Mientras buscaba la llave en mi bolso le vi, esperando el autobús de la línea 12. Las ropas empapadas dibujaban un cuerpo cansado. La cabeza abatida se alzó y me envolvió el azul de sus ojos. “Buenas tardes”, dijo, y el día cobró sentido.
Mientras buscaba la llave en mi bolso le vi, esperando el autobús de la línea 12. Las ropas empapadas dibujaban un cuerpo cansado. La cabeza abatida se alzó y me envolvió el azul de sus ojos. “Buenas tardes”, dijo, y el día cobró sentido.