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Mi ventana
Una mirada diaria desde la quietud, a un mundo que gira demasiado aprisa
Acerca de
Me gusta observar el mundo que me rodea, fijarme en las personas que pasan a mi lado cada día e imaginarme sus vidas. Me gusta escribir, hacder fotografías, dibujar, oir música, charlar con mis amigos. me gusta vivir. De todo esto quiero hablaros en mi blog. Una pequeñísima historia cada día, desde mi ventana.
Sindicación
 
LA TORTILLA

Uno piensa que si está en el extranjero, lo primero que recuerda de la madre patria es a su otra mitad (léase novia, novio, mixto, pareja, etc.) y si por ahí no hay nada que recordar, pues a su familia, y si ésta falla, a sus amigos, y si estos salen rana, pues, la iglesita del pueblo, o el pajar donde un día de verbena hicimos un descubrimiento. Sí, eso se piensa, pero, la realidad es muy otra.

He recorrido el extranjero por aquí y por allá unas cuantas veces y entre el goce por lo nuevo y el deslumbre por lo superior no recordé ni por un momento todo lo que os cito. Ni yo, ni mis acompañantes.

Al principio, o sea, los cuatro o cinco primeros días del viaje, solo corríamos hacia delante para que la obligación de volver no nos alcanzara. Luego, según iba engordando la bolsa de la ropa sucia en nuestra maleta y adelgazando la cartera, pues, empezábamos a pensar en que aquello no podía durar siempre, pero era sobre el décimo día cuando la añoranza se hacía más fuerte y entonces venía el recuerdo, ése, imborrable, imparable e inalcanzable: la tortilla de patatas. Y ahí no había nacionalidades, ni regionalidades ni comunidades ni nada. Todos a una suspirábamos por la dichosa tortilla. Y me ocurrió en los países nórdicos, donde te dan de comer patatas y no te niegan los huevos, pero nunca los ponen juntos. Y en Italia, donde trataron de obsequiarnos con una tortilla a la que le echaron patatas y huevos pero, ¡Señor! ¡Qué pecado!

He pensado siempre que si los españoles fuéramos tan listos como los italianos, habríamos sembrado el mundo de “Tortillerías” y todos nadaríamos en la abundancia.

Me enrollo como las alfombras, porque todo esto os lo cuento porque alguien me pidió que explicara lo de la tortilla a la que tuve que dar vuelta en mi comentario anterior. Y ahora lo hago.

Para dar vuelta a una tortilla hace falta: maña personal, mucha práctica, un techo de cocina muy alto, buen movimiento de muñeca para lanzar la tortilla y buenas piernas para acudir a ver lo que pone la tele en otro cuarto y volver a tiempo de recoger la tortilla en la misma sartén con que la lanzamos.

Resumiendo, la tortilla es muy difícil de explicar, pero muy fácil de hacer, si disponemos de una sartén, aceite, patatas y huevos. Y un pizco de sal también. Y cebolla para los no alérgicos.

Claro que, en último extremo, me han contado que ahora venden tortillas congeladas en los hipermercados.

 
TENGO CINCUENTA AÑOS Y ESTOY ENAMORADA
Lo malo de la televisión es que la utilizamos como mero animal de compañía. Llegamos a casa y como nadie nos recibe con un beso y nadie acude, moviendo la cola, a darnos unos lametones en las manos, pues, para no pensar y evitar sentirnos solos, ponemos el dedo en el interruptor del televisor y un guapo chico o una hermosa mujer nos hablan de sus cosas, nos guiñan un ojo, nos ofrecen mil y un producto interesante e intentan por todos los medios captarnos en un conciliábulo perfecto entre el sofá y la ventana al país de la tontería.

Claro que una se siente sola, como el 99,99% de los humanos, pero no es tonta, como el 55,55% de los individuos, ni es vaga como el 33,33% de las personas. Bueno, no sé a que 100% quiero llegar, pero el caso es que quería deciros que yo pongo la televisión para no saberme sola, pero luego no la veo, para evitar sentirme idiota.
Pero, claro, el gasto inútil, no es tan inútil y de pronto, mientras coloco bien el embozo de una sábana o le doy vuelta a una tortilla escucho algo que me llama la atención y me intriga.

Lo del otro día fue la frase que sirve de titulo a estas líneas: “Tengo cincuenta años y estoy enamorada”. Dejé la tortilla a medio dar vuelta, que mira que es difícil y fui a ver cual era el bien hacer de la extraña mujer capaz de enamorarse a una edad tan ¿Cómo diría yo? ¿Madura? ¿Extraña? ¿Impropia? Bueno, que eso, que fui y no me enteré de nada. Pero, al día siguiente, la misma voz soltó de nuevo la frasecita. Entonces, corrí más. Y la vi Su mensaje era claro. Estaba en un tarro de crema que sostenía en sus manos, mientras su sonrisa encantadora se extendía por un rostro sin arrugas.

Estoy por dejar de poner la televisión, porque todos los días escucho el mismo mensaje y me aburre. No creo que sea precisa ninguna crema de belleza para que uno pueda enamorarse, a los cincuenta años o a cualquier otra edad. Pero, eso sí, algo habrá que inventar para que a esa edad, alguien se enamore de una. Claro que, eso no lo dice la televisión.




 
AMISTAD
El avión está parado sobre la pista requemada de sol. Los pasajeros, con los cinturones apretados, miran hacia un mismo punto, alertados por la voz del sobrecargo. “Un médico. Se necesita un médico”, había dicho.
La niña, que lleva un lazo rosa, está asustada. Reclama la atención de su madre con zalemas y susurros, pero ella tiene la vista puesta en la cabina, de donde tiene que salir la voz que tranquilice.
Los ojos de la niña están húmedos, como con niebla. A su lado, pasillo por medio, un hombre, con estatura de niño y mirada de viejo la observa.
─No hay miedo ─susurra─. No pasa nada.
La niña retira la mano que cuelga fuera del asiento, a dos palmos de la del hombre y mira hacia la cabina, con gesto adulto.
El hombre se revuelve en el asiento y mira alrededor. De uno de los compartimientos del equipaje cuelga una cinta roja, con una hebilla en la punta. Él se levanta, intenta alcanzar el compartimiento, pero no llega. Da un pequeño salto, la cinta oscila delante de su cara. Los jóvenes de los asientos contiguos miran por la ventanilla para acallar sus carcajadas, mientras la cinta roja se balancea. El hombre de estatura de niño se sonroja, hace un gesto de rabia y se sienta de nuevo.
Su brazo pequeño cuelga a lo largo del asiento. Su mano contrahecha se crispa en un gesto de inútil rebeldía.
La niña lo ha estado mirando a través de la niebla de sus ojos tristes. Deja colgar su brazo y tiende su mano abierta.
─No hay miedo ─susurra─. No pasa nada.
 
OTRO POEMA
Debe ser la Primavera, que me lleva a la nostalgia, por eso os dejo otro poema.

TENGO TUS HUELLAS

Tengo tus huellas.
En mi piel desnuda,
en la memoria,
en el recuerdo, veladas por el sueño
También en la pregunta sin respuesta
de tu huída.
y de tu miedo.

Tengo tus palabras,
no en documentos que nada valen
sino en tus versos.
En tus versos, prietos en tus libros,
libres en los ecos
de tu voz,
en el rumor del viento.

Te tengo,no lo dudes, en mi cuerpo
Tus huellas en mi piel,
sabor de besos.
Porque fuiste tu quien me labraste,
artesano sincero
y soy igual que me soñaste.
Y soy tal cual como yo quiero.

Caudal de alegría y esperanza,
la sombra de un deseo,
el par sin par y aquella rosa roja,
tan roja, que la aurora temprana parecía.
Soy todo eso sin ti
porque te tengo, porqaue tengo tus huellas.
Tus huellas y mi tiempo.

 
CLIKEAR

En la actualidad, tenemos todo a un clik. Si la necesidad genera la evolución, o si el uso da pie al cambio, dentro de nada, nuestro dedo índice será más o menos como el de ET, mientras el resto de nuestros músculos se habrán agarrotado.

Porque, no se trata solo de la tendencia a la pereza que es propia del ser humano, sino la imposibilidad de poder acometer por otros medios, cualquier empresa que se resiste al clik.

No hace mucho, en mi ciudad hubo un apagón de luz generalizado. Cuatro o cinco horas estuvo A Coruña en tinieblas. ¿Qué se podía hacer? Esperar, solo eso. Ni la cocina, ni el molinillo de café, ni el Pc, ni el microondas, ni el sillón de masaje. Nada funcion. El portátil resistió, pero solo un poco, mientras no se agotó la batería. Todo lo demás,quietecito y esperando.

Y lo mismo me ocurre ahora. A golpe de clik os estoy contando esta medio tontería. Pero, le quería poner una foto, que también hice capturando la realidad a golpe de clik, pero, no puedo hacerlo, porque la tecla de "Archivo" con la que podría subir la foto o se niega a funcionar.

¿Qué puedo hacer? ¿Hay otra forma? Lo de copy pego no vale, que ya lo he probado.
¿Hay algún lector? ¿Hay algún lector supermajo que le pueda al clik?

Buenas tardes de sábado. Esperando.
 
UN POEMA
Hoy quiero ofreceros un soneto mío. Y le pondría una fotografía si fuera capaz, pero la técnica, igual que en el artículo anterior, se me resiste.


NIÑO DEL TSUNAMI

Infante de la Mar, temblor y llanto.
En brazos de la muerte llegaría
tu cuerpo de cristal, y tu alegría
en vida le trocó su negro manto.

Ofrenda de ternura es este canto,
promesa de ventura. Moriría
sintiendo tu calor y pensaría:
por ti, niño de amor, cesó el espanto.

El mar te puso en tierra y en tu cuna
la vida te besó de madrugada.
Tu madre te miró, blanca de luna,

y luego te acunó, verde y callada.
Las olas en la arena, una a una,
son oro, sol y sal, paz recobrada.
 
SOY UN DESASTRE


De verdad, lo soy. Me encanta el blog y le tengo mucho cariño. De vez en cuando me hago el propósito de dedicarle un ratito cada día para iros contando cosillas, impresiones de la jornada, hechos que me hacen sonreir o que me emocionan que podrían servir también como base de futuros relatos o incluso de alguna novela. Pero, quizás porque me ilusiono con demasiadas actividades y el tiempo es finito,, todo se queda en proyecto.
Acabo de recibir el recordatorio de que el blog existe por parte de dos amigos y en especial para ellos y después para cualquier lector que aparezca por aquí, reaparezco, para deciros un hola calentito en estos días de superfrío.
La foto es de A Coruña, donde no nieva.... todavía.