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mi vida en Alemania
Acerca de
Si la uva esta hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan que somos. El libro de los abrazos. E. Galeano
Sindicación
 
La vieja mentira de morir por la patria: Wilfred Owen
Del heroismo como coartada, leyendo al pensador alemán Ernst JÜNGER [1895-1998]en "Die Standarte. Beiträge für di geistige Vertiefung des Frontgedankens. Sonderbeilage des Stahlhelm. Wochenschrift des Frontsoldaten". ("El Estandarte. Contribución para la profundización del pensamiento del frente. Suplemento extraordinario del semanal de los soldados del frente") Magdeburgo, año 1, Nº 10 del 8 de Noviembre de 1925, encuentras que la Tradición: para una estirpe dotada de la voluntad de volver a situar el énfasis en el ámbito de la sangre, es palabra fiera y bella. Que la persona singular no viva simplemente en el espacio. Que sea, por el contrario, parte de una comunidad por la cual debe vivir y, dada la ocasión, sacrificarse; esta es una convicción que cada hombre con sentimiento de responsabilidad posee, y que propugna a su manera particular con sus medios particulares. La persona singular no se halla, sin embargo, ligada a una superior comunidad únicamente en el espacio, sino, de una forma más significativa aunque invisible, también en el tiempo. La sangre de los padres late fundida con la suya, él vive dentro de reinos y vínculos que ellos han creado, custodiado y defendido.
Y sigue...
Es esto lo que distingue al héroe del aventurero, y es el hecho de que el héroe extrae la propia fuerza de reservas más altas que aquéllas que son meramente personales, y que la llama ardiente de su acción no corresponde al relámpago ebrio de un instante, sino al fuego centelleante que funde el futuro con el pasado. En la grandeza del aventurero hay algo de carnal, una irrupción salvaje, y en verdad no privada de belleza, en paisajes variopintos.



‘Dulce Et Decorum Est’

Si pudieras oír, a cada tumbo, la sangre
vomitada por los pulmones de espuma corrompidos,
obsceno como el cáncer, amargo como la pus
de viles llagas incurables en lenguas inocentes,--

Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
a los niños que arden ansiosos de gloria
esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

Wilfred Owen (Gran Bretaña, 1893-1918),



(La frase Dulce et decorum est pro patria mori está tomada de las Odas de Horacio (III.2.13) y significa ‘es dulce y honorable morir por la patria.’)

¿Qué se siente cuando a uno lo envían a una muerte segura y horrible? Owen lo describe en una carta del 14 de mayo de 1917: "The sensations of going over the top are about as exhilarating as those dreams of falling over a precipice, when you see the rocks at the bottom surging up to you." Es lo más parecido a la euforia en esos sueños en que caes en un precipicio y compruebas que las rocas vienen hacia ti y no puedes hacer nada.

Este matadero del ejército británico, que era llamado por la prensa triunfalista como el “Big Push”, tiene el triste honor de ostentar el récord histórico de bajas en un solo día de batalla: 19.000 muertos y 40.000 heridos. Sus orígenes sociales eran de clase media baja galesa, con una educación cristiana-evangélica al mejor estilo del personaje Stephen Daedalus de Joyce.


E. Jünger desde un mundo que sólo es capaz de encontrar un alojamiento para aquellas personas que lo habían perdido todo (cuerpo político, patria, dinero, ciudadanía particular) excepto su humanidad: el campo de concentración, con su inquietante lucidez de pensador reaccionario en el ejercito nazi que ocupa Francia afirma en el héroe se cumple aquello que es fatalmente necesario, fatalmente condicionado: él es el hombre auténticamente moral, y su significado no reposa en él mismo únicamente, ni sólo en su día de hoy, sino que es para todos y para todo tiempo.


JÜNGER y SCHMITT ideólogos nazis.

Réquiem de guerra
Wilfred Owen
(...)
¿Qué fúnebres tañidos se ofrendan para estos que mueren como ganado? Sólo la ira
monstruosa de los cañones… y el rápido tartamudeo de los rifles pueden escupir una
apresurada plegaria. No hay para ellos remedios de oraciones, campanas o voces de lamento.
Sólo los coros estridentes y demenciales de las ululantes bombas… y los clarines, llamándolos
desde sus oscuros cuarteles. ¿Qué cirios pueden encenderse para despedirlos? No en las manos
de los muchachos, sino en sus ojos, brillará el sagrado resplandor de los adioses. La palidez en
las frentes de las muchachas será su mortaja. En lugar de flores estará la dulzura de mentes
silenciosas. Y cada crepúsculo será como un lento cerrar de postigos.
(...)

No