Nada es como se cuenta, pero todo es verdad
Sueño el Sur,
inmensa luna, cielo al revés,
busco el Sur,
el tiempo abierto, y su después.
Piazzolla
DE UNA VEZ QUE FUI A BURZACO.
Veo a las viejitas salir de un negocio de lanas, acomodándose las chalinas o pañuelos sobre sus cabezas para protegerse del viento helado.
¿Qué harán con esa lana? ¿Una mantita para un futuro nieto? ¿Un pullover para algún hijo, que les cebará mates mientras tejen? ¿Una bufanda para una nieta adolescente?
¿Quién las ayudará a ovillar la lana? ¿O lo harán en el respaldo de una silla, que hace tiempo está vacía?
¿Dónde viven?. Siempre me dio curiosidad la vida de los viejitos.
COMUNICACIÓN NO VERBAL
¿Sabías que en los primeros instantes de un encuentro nuestro rostro reproduce inconscientemente la expresión del rostro de nuestro interlocutor, para captar mejor sus emociones? ¿y que los seres que nos aman miran antes la parte izquierda de nuestra cara que la derecha? El poder de seducción no radica en la belleza física, sino en la capacidad de generar en el otro un interés y un deseo de abrise; se trata de dominar los múltiples signos corporales que activan inconscientemente ese deseo de apertura. ¡Y cualquier persona puede lograr ese control!
REPETIRSE
Sentí el roce de la frazada y, aunque todavía no despertaba, supe que era un sueño. Al parecer una parte de nosotros existe en el repetirse, en girar la cucharita siempre en el mismo sentido, en agregar un poco más de albahaca a la salsa y buscar cada día la mujer de corazón imposible. Una forma de belleza duerme en esa repetición. Hay quienes lo llaman estilo.
Bueno, es así, (estoy hablando en silencio con mi perra Luna). Las mujeres nos destrozan el corazón y nosotros volvemos una y otra vez. Yo también sueño que voy al mismo café de siempre para conformarme con verla sonreír de lejos. A veces da la impresión de que lo disfrutan, se regocijan. Y uno se dice: - Ya vas a ver. El sueño de una venganza que nos recompense con algo de dulzura, pero llegado el momento siempre nos comemos los mocos.

MUCHA GENTE ME PREGUNTA PORQUE VUELVO A BAIRES.
Lo leí hace poco. Igual que la música hizo irrupción en la vida de Stendhal como un flechazo en su viaje por Italia, el paisaje patagónico fue para mí el síntoma del acto misterioso, es decir lo que libera la pasión pero a su vez enmascara la irracionalidad de la misma. La imagen fantasmática hizo irrupción en mi vida bruscamente, como un flechazo, éste tomó la forma de Valeria sobre la cubierta del catamaran en el Canal del Beagle y si algo tiene la transferencia es su gratuidad, se instala sin un motivo aparente, es el troyano invisible. Y soy como un enamorado que quisiera volver a encontrar aquello tan básico que regula tantas de nuestras acciones: el primer placer. Se puede decir que soy un maniaco lúcido que desembarca en la ciudad provechosa para su pasión, que se precipita en la noche al lugar de placer que tiene localizado en su departamento de Maure. Los signos de la auténtica pasión se presentan siempre un tanto incongruentes, hasta tal punto son tenues, fútiles, inesperados, podemos encontrar a un tipo que amaba Londres como Stendhal amaba Italia; entre otras cosas, estaba enamorado de las autobuses rojos de dos pisos, como Stendhal estaba loco por el sonido de las ocho campanas del Duomo, o de las costillas empanadas que le recordaban a Milán. De igual manera me enamoré de las mateadas en casa de Carmen, del dulce de leche o de las pizzas fugazzetas. Además la pasión es maniquea, yo amaba un país extranjero como Argentina con una especie de racismo al revés: uno se queda encantado por la diferencia, se aburre de lo Mismo, exalta lo Otro. Algo que no vemos pero que sucede: la pasión por el Otro que está en uno mismo.
"En mi vida había visto una reunión de mujeres tan bellas; su belleza obligaba a bajar la vista" o "los ojos más hermosos que he encontrado en mi vida los acabo de ver esta noche" dice Stendhal en su Viaje a Italia, lo mismo digo yo cuando recorro las calles de Buenos Aires a pie, ese saltar de un objeto a otro a medida que los presenta el azar, sin experimentar el menor sentimiento de culpabilidad respecto del desorden que esa pasión plural conlleva, es un estado emocional permanente.
No es un placer lo que Buenos Aires ofrece sino una simultaneidad de los placeres, es una polifonía de placeres, la conversación, los helados, los cafés, las librerias, el amor físico. En esta ciudad se vive en un estado físico inigualable: la famosa fiaca.
De la novela "La cielo arriba de las avenidas"
inmensa luna, cielo al revés,
busco el Sur,
el tiempo abierto, y su después.
Piazzolla
DE UNA VEZ QUE FUI A BURZACO.
Veo a las viejitas salir de un negocio de lanas, acomodándose las chalinas o pañuelos sobre sus cabezas para protegerse del viento helado.
¿Qué harán con esa lana? ¿Una mantita para un futuro nieto? ¿Un pullover para algún hijo, que les cebará mates mientras tejen? ¿Una bufanda para una nieta adolescente?
¿Quién las ayudará a ovillar la lana? ¿O lo harán en el respaldo de una silla, que hace tiempo está vacía?
¿Dónde viven?. Siempre me dio curiosidad la vida de los viejitos.
COMUNICACIÓN NO VERBAL
¿Sabías que en los primeros instantes de un encuentro nuestro rostro reproduce inconscientemente la expresión del rostro de nuestro interlocutor, para captar mejor sus emociones? ¿y que los seres que nos aman miran antes la parte izquierda de nuestra cara que la derecha? El poder de seducción no radica en la belleza física, sino en la capacidad de generar en el otro un interés y un deseo de abrise; se trata de dominar los múltiples signos corporales que activan inconscientemente ese deseo de apertura. ¡Y cualquier persona puede lograr ese control!
REPETIRSE
Sentí el roce de la frazada y, aunque todavía no despertaba, supe que era un sueño. Al parecer una parte de nosotros existe en el repetirse, en girar la cucharita siempre en el mismo sentido, en agregar un poco más de albahaca a la salsa y buscar cada día la mujer de corazón imposible. Una forma de belleza duerme en esa repetición. Hay quienes lo llaman estilo.
Bueno, es así, (estoy hablando en silencio con mi perra Luna). Las mujeres nos destrozan el corazón y nosotros volvemos una y otra vez. Yo también sueño que voy al mismo café de siempre para conformarme con verla sonreír de lejos. A veces da la impresión de que lo disfrutan, se regocijan. Y uno se dice: - Ya vas a ver. El sueño de una venganza que nos recompense con algo de dulzura, pero llegado el momento siempre nos comemos los mocos.

MUCHA GENTE ME PREGUNTA PORQUE VUELVO A BAIRES.
Lo leí hace poco. Igual que la música hizo irrupción en la vida de Stendhal como un flechazo en su viaje por Italia, el paisaje patagónico fue para mí el síntoma del acto misterioso, es decir lo que libera la pasión pero a su vez enmascara la irracionalidad de la misma. La imagen fantasmática hizo irrupción en mi vida bruscamente, como un flechazo, éste tomó la forma de Valeria sobre la cubierta del catamaran en el Canal del Beagle y si algo tiene la transferencia es su gratuidad, se instala sin un motivo aparente, es el troyano invisible. Y soy como un enamorado que quisiera volver a encontrar aquello tan básico que regula tantas de nuestras acciones: el primer placer. Se puede decir que soy un maniaco lúcido que desembarca en la ciudad provechosa para su pasión, que se precipita en la noche al lugar de placer que tiene localizado en su departamento de Maure. Los signos de la auténtica pasión se presentan siempre un tanto incongruentes, hasta tal punto son tenues, fútiles, inesperados, podemos encontrar a un tipo que amaba Londres como Stendhal amaba Italia; entre otras cosas, estaba enamorado de las autobuses rojos de dos pisos, como Stendhal estaba loco por el sonido de las ocho campanas del Duomo, o de las costillas empanadas que le recordaban a Milán. De igual manera me enamoré de las mateadas en casa de Carmen, del dulce de leche o de las pizzas fugazzetas. Además la pasión es maniquea, yo amaba un país extranjero como Argentina con una especie de racismo al revés: uno se queda encantado por la diferencia, se aburre de lo Mismo, exalta lo Otro. Algo que no vemos pero que sucede: la pasión por el Otro que está en uno mismo.
"En mi vida había visto una reunión de mujeres tan bellas; su belleza obligaba a bajar la vista" o "los ojos más hermosos que he encontrado en mi vida los acabo de ver esta noche" dice Stendhal en su Viaje a Italia, lo mismo digo yo cuando recorro las calles de Buenos Aires a pie, ese saltar de un objeto a otro a medida que los presenta el azar, sin experimentar el menor sentimiento de culpabilidad respecto del desorden que esa pasión plural conlleva, es un estado emocional permanente.
No es un placer lo que Buenos Aires ofrece sino una simultaneidad de los placeres, es una polifonía de placeres, la conversación, los helados, los cafés, las librerias, el amor físico. En esta ciudad se vive en un estado físico inigualable: la famosa fiaca.
De la novela "La cielo arriba de las avenidas"





