1. "Grand Felicity”
Era verano de 1985 por fin cumplía 18 años, esa edad tan esperada en la que dicen que ya eres adulto. ¿Qué significaba ser adulto? Poder hacer lo que te da la gana, tomar tus propias decisiones e intentar cambiar tu destino. Eso era para mí cumplir 18 años.
Para que eso ocurriera se deberían dar circunstancias apropiadas. Seguir trabajando en un taller de modista ocho horas al día no me facilitaría ningún cambio. Aun así era lo que tenía, no sabía hacer nada y no había podido estudiar más que lo entonces llamado Educación General Básica.
En 1985 ocurriría algo que afectaría directamente a toda mi vida, a mi futuro y a mi manera de vivir. Vivía en Gijón, una ciudad del norte de España con puerto de mar, a la que llegaban barcos procedentes de muchos lugares del mundo. Mi hermana trabajaba con el pescado, y por este motivo iba mucho por el muelle y conocía a gentes diversas.
Una tarde de sábado ella me llamó.
-¿qué haces todo el día metida en casa sin salir?-mañana nos vamos a la playa, ¿te apuntas? Hemos conocido a unos chinos y es muy divertido.
-Sabes que a mi la playa no me da más.
-venga, ya verás que raro hablan, iremos unos cuantos y lo pasaremos muy bien. Necesitas salir de casa.
Acepté ir con ella y su grupo de amigos a una playa cercana a nuestra ciudad. Unos chinos que hablan raro, que curioso.
Al día siguiente en la playa conocí a dos de los chinos que habían llegado a nuestra ciudad hacía meses en un carguero de bandera panameña. Estaban de huelga reclamando los sueldos que les debían y no sabían cuanto tiempo más se quedarían en España. Xiu era el mas joven de una tripulación compuesta por veinticinco chinos. Me pareció muy guapo para ser chino. Yo los imaginaba de otra manera, enseguida congeniamos y la atracción fue mutua. Me uní al grupo de mi hermana y empecé a salir con ellos. Los chinos eran seres diferentes, extraños y eso me atraía. En los días siguientes fuimos a discotecas con ellos, bailaban de una manera muy particular y nos reíamos de eso. También fuimos al barco, llamado “Grand Felicity”, que estaba atracado en el muelle de los minerales en el puerto del musel. Nos invitaron a comer en el y cocinaron para nosotros. Nunca antes había comido en un barco y menos siendo servida por chinos que habían hecho la comida para nosotros. Eran afables y nos hablábamos como podíamos entre gestos, mímicas y risas. La vida en el barco no era agradable para ellos, se fueron quedando sin reservas de comida y no encontraban una solución satisfactoria para su situación, lo que hizo que les trasladaran a la casa del mar, donde les dieron alojamiento en tanto se resolviera su problema.
Un día acompañé a Xiu a su habitación, nos besamos y acariciamos, pero yo no estaba preparada para tener relaciones sexuales. Así que le rechacé. A él no le pareció muy bien, se mostró contrariado, intentó convencerme, la comunicación entre nosotros era muy difícil, yo no entendía nada de lo que me decía y lo único que sabía es que no pensaba acostarme con él. Terminamos intercambiándonos direcciones, diciendo que nos escribiríamos y despidiéndonos. Era de Taipei, la capital de Taiwán. Al salir de su habitación, tiré su dirección a la papelera. ¿Para que iba a querer escribir a un tío que solo estaba interesado en mí por el sexo y que al rechazar hacerlo me decía adiós? De esos ya había conocido bastantes en España, no necesitaba uno más. Cuando salí a la calle, me encontré con un grupo de españoles y chinos. Entre ellos los amigos de mi hermana que ahora también eran amigos míos. Me saludaron y me uní al grupo. Entonces me fijé en uno de ellos. Estaba justo en frente de mí y me miraba insistentemente. Su mirada me atravesaba. Yo también le miré, no hablamos, no nos dijimos nada, solo nos mirábamos, sin apartar la vista el uno del otro. El resto del grupo hablaban entre ellos imagino que de quedar para salir, yo no entendía nada porque nunca había estudiado inglés, ni siquiera en el colegio donde el idioma que se aprendía entonces era el francés.
Al día siguiente me llamó una de las chicas del grupo, con la que mejor me llevaba, era de mi edad y nos habíamos hecho amigas aquel primer día de encuentro con los chinos en la playa. El chino de la mirada insistente se llamaba Tony y estaba desando conocerme y volverme a ver. Mi amiga me convenció para que saliéramos a dar una vuelta con Tony y un amigo de este que a ella le gustaba.
Fuimos a un pub echamos un billar y tomamos unos refrescos, para terminar en una discoteca. Yo odiaba bailar. Por lo que me encontraba plantada en un sillón de una discoteca, enfrente de un chino que tampoco bailaba y que su único interés parecía que era mirarme. Mucho mas no podíamos hacer, ya que nuestro idioma no era el mismo y solo podíamos poco mas que hacernos señas.
Nos fuimos de la discoteca y dimos un paseo. Le acompañé hasta la parada de autobús y fue entonces cuando me dijo algo:
-¿Mañana tú puede sale?
¡¡¡Dios mío sabía hablar!!! Parece que los casi cuatro meses que llevaba en España le habían servido para aprender alguna palabra.
Quedamos en vernos al día siguiente.
Sinema me dijo. Vale el cine me gustaba y si a él no le importaba no entender nada de lo que dijeran ¿por qué no ir?.
En la segunda cita el venía preparado con el diccionario bajo el brazo. Fuimos al cine o “sinema” como le llamaba él. Yo estaba algo nerviosa. Los cines son sitios ideales para estar un poco a solas. No podía evitar pensar si intentaría pasarse conmigo aprovechando que estábamos dentro del cine, pero no fue así.
Pasaron los primeros minutos de la Película y aún no tenía muy claro de lo que trataba. El motivo de esta desconcentración, era debido a que estaba más pendiente de si él me pondría el brazo por el hombro o me cogería de la mano que de lo que iba la película en sí. Yo solo le miraba por el rabillo del ojo. Mantenía la mirada fija en la pantalla y los sentidos puestos en lo que pudiera suceder. Entonces me percaté de que aparentemente a mi no me estaba haciendo ni puñetero caso y que su mirada estaba tan fija en la pantalla como la mía.
(Claro al no entender nada, no le quedaba otro remedio que estar atento a las imágenes si quería saber un poco de que iba)..... (Además luego podríamos comentarla utilizando la lengua de signos.....)
Una vez que estuve completamente segura de que no pensaba arriesgarse ni siquiera a tocarme la mano, me acomodé en mi sillón y disfruté de la película. Salimos del cine, -¿cofi?, Me dijo él-, (eso era café), al menos estaba aprendiendo idiomas.
Nos tomamos un café y ahí fue donde entró en juego el diccionario.
Menudo diccionario, era de chino-inglés. Ósea el buscaba en chino lo que quería decirme y yo podía leerlo en inglés. Menos mal que era muy buena deduciendo. Y hasta aprendí alguna palabra en chino...
明天 Mintien = mañana
工作 Konchuo = trabajo
Mañana trabajo ¿quién tú? Coño pero si estás en huelga, aaaaaaaahhhhh se refería a mi. Si, que remedio me quedaba que trabajar al día siguiente.
El fin de semana tendríamos más tiempo para nosotros. Hasta ese momento las tardes que salíamos eran poco tiempo y nos limitábamos a tomar un café, ir al cine y luego a acompañarle hasta la parada de autobús. A mi me gustaba, porque hasta ese momento se había comportado de una forma muy correcta, sin ni siquiera intentar cogerme de la mano, ni intento de besos, ni nada por el estilo. Y por este motivo, yo pensaba que era un hombre muy serio y educado. Acostumbrada a chicos que enseguida querían besarme y tocarme, me gustaba esa sensación de compartir un día sin más pretensiones que pasear y disfrutar de una compañía. Él tenía veintiocho años, y para mí ese era el motivo de su comportamiento.
El sábado por la tarde yo no trabajaba, y le había dicho que iría con él al barco. El Grand Felicity” así se llamaba el barco, en el cual no vivían, pero utilizaban como nido de amor.
Era la segunda vez que subía a ese barco. La otra vez solo había estado en la cubierta y el comedor aquella vez en que nos habían invitado a comer.
En esta ocasión él me llevó directamente a su camarote. Había un montón de cucarachas corriendo por el barco. Mientras caminábamos por los pasillos en dirección a su camarote, me iba fijando en el resto de las habitaciones asomándome por las ventanas redondas de sus puertas. Estos estaban ocupados por algunos de la tripulación bien acompañados y pasándoselo en grande. Por un momento lo que pensé fue que al final él no era diferente, me llevaba a su habitación, y por supuesto no era tan tonta como para no imaginarme lo que querría.
Llegamos a su habitación, era un camarote pequeño, como mucho tendría unos seis metros cuadrados. Tan solo había una cama y una mesita con cajones, una ventana redonda en la pared por donde se podía ver el mar, -pensé lo que sería pasarse meses en un barco así-.
La situación era un poco tirante, sin hablar, solo mirándonos y en aquel espacio tan reducido donde solo había un camastro.
Me cogió de la mano y nos sentamos en la cama. Me preguntaba que hacia allí, sentada en el borde de una cama con un tipo al que no entendía.
Después de haber visto lo que ocurría en los otros camarotes, me imaginé de todo y pensaba en como saldría de aquella. Entonces me cogió por los hombros y me intentó echar hacia atrás, yo reaccioné bruscamente, y él dijo,-No problem, no pasar nada-.
Por suerte se dio cuenta de que yo no quería tener ese tipo de relación, acababa de conocerle, iba demasiado rápido. Claro que tampoco tenía mucho tiempo, en breve le repatriarían a su país. Yo no quería ser un pasatiempo para nadie y creo que le quedó clara mi postura al respecto ya que no dijo nada más, solo otra vez “no problem” y “nosotros ir”.
A veces me pregunto porque salía con él, y la verdad no sé la respuesta. Creo que era la curiosidad de conocer a alguien diferente. Y el hecho de que pensara que la vida no tenía sentido.
El que le hubiera rechazado implicó que me pidiera matrimonio. La sociedad de donde él venía (algo más machista que la nuestra), veía bien que la mujer no se acostara de buenas a primeras. Supongo que eso, y el que sus padres estaban deseando un nieto, fue lo que le hizo tomar la decisión de pedirme que me casara con él
Solíamos quedar todos los días cuando yo salía de trabajar a las ocho de la tarde. Repetíamos lo mismo cada día, pasear y tomar algo mientras nos hablábamos por señas, dibujos y diccionario.
Un día en los que estábamos dando un paseo, nos sentamos en el banco de un parque. Fue entonces cuando buscó en el diccionario la palabra "married". Aunque yo solo había estudiado algo de francés en la escuela, -ya que de aquella el inglés no estaba muy de moda-, la palabra “married” me resultaba conocida. La había oído alguna vez a la gente que si estudiaba inglés.
-married, repetí yo después de él.
-si, yo con ti married. –yo marcha Taiwán, tú venir Taiwán y married con mí.
-¿este tío me esta pidiendo que me case con él? Me parecía increíble, apenas lo conocía, ¿qué podía hacer que un hombre me pidiera matrimonio así sin más?
-todo no problem, yo ir Taiwán. –tu piensa, no habla ahora.
En poco tiempo le repatriarían, no podían seguir en España. Habían decidido enviarlos de vuelta a su país. Y firmaron un acuerdo en el que se comprometían a hacerles llegar sus sueldos cuando se resolviera todo aquel asunto. Algo que nunca ocurriría, la casa armadora había desaparecido. Y un año más tarde, en 1986, el barco se soltaría y se estrellaría contra un acantilado siendo pasto de los sopletes en el mismo lugar donde se terminó estrellando. Según las malas lenguas, o quizá buenas, alguien cortó la amarra porque no pagaba por estar atracado en el muelle y así deshacerse de él, aprovechando un día ventoso.
En 1998 una noticia en el periódico local recordaba así aquella tragedia

Para que eso ocurriera se deberían dar circunstancias apropiadas. Seguir trabajando en un taller de modista ocho horas al día no me facilitaría ningún cambio. Aun así era lo que tenía, no sabía hacer nada y no había podido estudiar más que lo entonces llamado Educación General Básica.
En 1985 ocurriría algo que afectaría directamente a toda mi vida, a mi futuro y a mi manera de vivir. Vivía en Gijón, una ciudad del norte de España con puerto de mar, a la que llegaban barcos procedentes de muchos lugares del mundo. Mi hermana trabajaba con el pescado, y por este motivo iba mucho por el muelle y conocía a gentes diversas.
Una tarde de sábado ella me llamó.
-¿qué haces todo el día metida en casa sin salir?-mañana nos vamos a la playa, ¿te apuntas? Hemos conocido a unos chinos y es muy divertido.
-Sabes que a mi la playa no me da más.
-venga, ya verás que raro hablan, iremos unos cuantos y lo pasaremos muy bien. Necesitas salir de casa.
Acepté ir con ella y su grupo de amigos a una playa cercana a nuestra ciudad. Unos chinos que hablan raro, que curioso.
Al día siguiente en la playa conocí a dos de los chinos que habían llegado a nuestra ciudad hacía meses en un carguero de bandera panameña. Estaban de huelga reclamando los sueldos que les debían y no sabían cuanto tiempo más se quedarían en España. Xiu era el mas joven de una tripulación compuesta por veinticinco chinos. Me pareció muy guapo para ser chino. Yo los imaginaba de otra manera, enseguida congeniamos y la atracción fue mutua. Me uní al grupo de mi hermana y empecé a salir con ellos. Los chinos eran seres diferentes, extraños y eso me atraía. En los días siguientes fuimos a discotecas con ellos, bailaban de una manera muy particular y nos reíamos de eso. También fuimos al barco, llamado “Grand Felicity”, que estaba atracado en el muelle de los minerales en el puerto del musel. Nos invitaron a comer en el y cocinaron para nosotros. Nunca antes había comido en un barco y menos siendo servida por chinos que habían hecho la comida para nosotros. Eran afables y nos hablábamos como podíamos entre gestos, mímicas y risas. La vida en el barco no era agradable para ellos, se fueron quedando sin reservas de comida y no encontraban una solución satisfactoria para su situación, lo que hizo que les trasladaran a la casa del mar, donde les dieron alojamiento en tanto se resolviera su problema.
Un día acompañé a Xiu a su habitación, nos besamos y acariciamos, pero yo no estaba preparada para tener relaciones sexuales. Así que le rechacé. A él no le pareció muy bien, se mostró contrariado, intentó convencerme, la comunicación entre nosotros era muy difícil, yo no entendía nada de lo que me decía y lo único que sabía es que no pensaba acostarme con él. Terminamos intercambiándonos direcciones, diciendo que nos escribiríamos y despidiéndonos. Era de Taipei, la capital de Taiwán. Al salir de su habitación, tiré su dirección a la papelera. ¿Para que iba a querer escribir a un tío que solo estaba interesado en mí por el sexo y que al rechazar hacerlo me decía adiós? De esos ya había conocido bastantes en España, no necesitaba uno más. Cuando salí a la calle, me encontré con un grupo de españoles y chinos. Entre ellos los amigos de mi hermana que ahora también eran amigos míos. Me saludaron y me uní al grupo. Entonces me fijé en uno de ellos. Estaba justo en frente de mí y me miraba insistentemente. Su mirada me atravesaba. Yo también le miré, no hablamos, no nos dijimos nada, solo nos mirábamos, sin apartar la vista el uno del otro. El resto del grupo hablaban entre ellos imagino que de quedar para salir, yo no entendía nada porque nunca había estudiado inglés, ni siquiera en el colegio donde el idioma que se aprendía entonces era el francés.
Al día siguiente me llamó una de las chicas del grupo, con la que mejor me llevaba, era de mi edad y nos habíamos hecho amigas aquel primer día de encuentro con los chinos en la playa. El chino de la mirada insistente se llamaba Tony y estaba desando conocerme y volverme a ver. Mi amiga me convenció para que saliéramos a dar una vuelta con Tony y un amigo de este que a ella le gustaba.
Fuimos a un pub echamos un billar y tomamos unos refrescos, para terminar en una discoteca. Yo odiaba bailar. Por lo que me encontraba plantada en un sillón de una discoteca, enfrente de un chino que tampoco bailaba y que su único interés parecía que era mirarme. Mucho mas no podíamos hacer, ya que nuestro idioma no era el mismo y solo podíamos poco mas que hacernos señas.
Nos fuimos de la discoteca y dimos un paseo. Le acompañé hasta la parada de autobús y fue entonces cuando me dijo algo:
-¿Mañana tú puede sale?
¡¡¡Dios mío sabía hablar!!! Parece que los casi cuatro meses que llevaba en España le habían servido para aprender alguna palabra.
Quedamos en vernos al día siguiente.
Sinema me dijo. Vale el cine me gustaba y si a él no le importaba no entender nada de lo que dijeran ¿por qué no ir?.
En la segunda cita el venía preparado con el diccionario bajo el brazo. Fuimos al cine o “sinema” como le llamaba él. Yo estaba algo nerviosa. Los cines son sitios ideales para estar un poco a solas. No podía evitar pensar si intentaría pasarse conmigo aprovechando que estábamos dentro del cine, pero no fue así.
Pasaron los primeros minutos de la Película y aún no tenía muy claro de lo que trataba. El motivo de esta desconcentración, era debido a que estaba más pendiente de si él me pondría el brazo por el hombro o me cogería de la mano que de lo que iba la película en sí. Yo solo le miraba por el rabillo del ojo. Mantenía la mirada fija en la pantalla y los sentidos puestos en lo que pudiera suceder. Entonces me percaté de que aparentemente a mi no me estaba haciendo ni puñetero caso y que su mirada estaba tan fija en la pantalla como la mía.
(Claro al no entender nada, no le quedaba otro remedio que estar atento a las imágenes si quería saber un poco de que iba)..... (Además luego podríamos comentarla utilizando la lengua de signos.....)
Una vez que estuve completamente segura de que no pensaba arriesgarse ni siquiera a tocarme la mano, me acomodé en mi sillón y disfruté de la película. Salimos del cine, -¿cofi?, Me dijo él-, (eso era café), al menos estaba aprendiendo idiomas.
Nos tomamos un café y ahí fue donde entró en juego el diccionario.
Menudo diccionario, era de chino-inglés. Ósea el buscaba en chino lo que quería decirme y yo podía leerlo en inglés. Menos mal que era muy buena deduciendo. Y hasta aprendí alguna palabra en chino...
明天 Mintien = mañana
工作 Konchuo = trabajo
Mañana trabajo ¿quién tú? Coño pero si estás en huelga, aaaaaaaahhhhh se refería a mi. Si, que remedio me quedaba que trabajar al día siguiente.
El fin de semana tendríamos más tiempo para nosotros. Hasta ese momento las tardes que salíamos eran poco tiempo y nos limitábamos a tomar un café, ir al cine y luego a acompañarle hasta la parada de autobús. A mi me gustaba, porque hasta ese momento se había comportado de una forma muy correcta, sin ni siquiera intentar cogerme de la mano, ni intento de besos, ni nada por el estilo. Y por este motivo, yo pensaba que era un hombre muy serio y educado. Acostumbrada a chicos que enseguida querían besarme y tocarme, me gustaba esa sensación de compartir un día sin más pretensiones que pasear y disfrutar de una compañía. Él tenía veintiocho años, y para mí ese era el motivo de su comportamiento.
El sábado por la tarde yo no trabajaba, y le había dicho que iría con él al barco. El Grand Felicity” así se llamaba el barco, en el cual no vivían, pero utilizaban como nido de amor.
Era la segunda vez que subía a ese barco. La otra vez solo había estado en la cubierta y el comedor aquella vez en que nos habían invitado a comer.
En esta ocasión él me llevó directamente a su camarote. Había un montón de cucarachas corriendo por el barco. Mientras caminábamos por los pasillos en dirección a su camarote, me iba fijando en el resto de las habitaciones asomándome por las ventanas redondas de sus puertas. Estos estaban ocupados por algunos de la tripulación bien acompañados y pasándoselo en grande. Por un momento lo que pensé fue que al final él no era diferente, me llevaba a su habitación, y por supuesto no era tan tonta como para no imaginarme lo que querría.
Llegamos a su habitación, era un camarote pequeño, como mucho tendría unos seis metros cuadrados. Tan solo había una cama y una mesita con cajones, una ventana redonda en la pared por donde se podía ver el mar, -pensé lo que sería pasarse meses en un barco así-.
La situación era un poco tirante, sin hablar, solo mirándonos y en aquel espacio tan reducido donde solo había un camastro.
Me cogió de la mano y nos sentamos en la cama. Me preguntaba que hacia allí, sentada en el borde de una cama con un tipo al que no entendía.
Después de haber visto lo que ocurría en los otros camarotes, me imaginé de todo y pensaba en como saldría de aquella. Entonces me cogió por los hombros y me intentó echar hacia atrás, yo reaccioné bruscamente, y él dijo,-No problem, no pasar nada-.
Por suerte se dio cuenta de que yo no quería tener ese tipo de relación, acababa de conocerle, iba demasiado rápido. Claro que tampoco tenía mucho tiempo, en breve le repatriarían a su país. Yo no quería ser un pasatiempo para nadie y creo que le quedó clara mi postura al respecto ya que no dijo nada más, solo otra vez “no problem” y “nosotros ir”.
A veces me pregunto porque salía con él, y la verdad no sé la respuesta. Creo que era la curiosidad de conocer a alguien diferente. Y el hecho de que pensara que la vida no tenía sentido.
El que le hubiera rechazado implicó que me pidiera matrimonio. La sociedad de donde él venía (algo más machista que la nuestra), veía bien que la mujer no se acostara de buenas a primeras. Supongo que eso, y el que sus padres estaban deseando un nieto, fue lo que le hizo tomar la decisión de pedirme que me casara con él
Solíamos quedar todos los días cuando yo salía de trabajar a las ocho de la tarde. Repetíamos lo mismo cada día, pasear y tomar algo mientras nos hablábamos por señas, dibujos y diccionario.
Un día en los que estábamos dando un paseo, nos sentamos en el banco de un parque. Fue entonces cuando buscó en el diccionario la palabra "married". Aunque yo solo había estudiado algo de francés en la escuela, -ya que de aquella el inglés no estaba muy de moda-, la palabra “married” me resultaba conocida. La había oído alguna vez a la gente que si estudiaba inglés.
-married, repetí yo después de él.
-si, yo con ti married. –yo marcha Taiwán, tú venir Taiwán y married con mí.
-¿este tío me esta pidiendo que me case con él? Me parecía increíble, apenas lo conocía, ¿qué podía hacer que un hombre me pidiera matrimonio así sin más?
-todo no problem, yo ir Taiwán. –tu piensa, no habla ahora.
En poco tiempo le repatriarían, no podían seguir en España. Habían decidido enviarlos de vuelta a su país. Y firmaron un acuerdo en el que se comprometían a hacerles llegar sus sueldos cuando se resolviera todo aquel asunto. Algo que nunca ocurriría, la casa armadora había desaparecido. Y un año más tarde, en 1986, el barco se soltaría y se estrellaría contra un acantilado siendo pasto de los sopletes en el mismo lugar donde se terminó estrellando. Según las malas lenguas, o quizá buenas, alguien cortó la amarra porque no pagaba por estar atracado en el muelle y así deshacerse de él, aprovechando un día ventoso.
En 1998 una noticia en el periódico local recordaba así aquella tragedia

2. La pedida de mano
Me quedé pensando sobre lo que me acababa de pedir. Ir a Taiwán. ¿Y dónde estaba Taiwán?, ni idea, era algún lugar de China. Pero hasta entonces yo jamás había oído hablar de ese sitio.
-Taiwán, musité yo. Ok, no problem, yo ir Taiwán, le respondí.
Era mi oportunidad de cambiar de vida. No, no estaba enamorada, pero que importaba, yo estaba convencida de que él era buena persona, que mas podía pedir en un hombre. Además no tenía por que casarme con él. Iría y una vez allí decidiría lo que haría. Era mi oportunidad de cambiar mi vida, mi destino, de empezar una nueva vida lejos, por mi misma, dejando atrás todo el pasado.
Entonces él me despertó. Me dijo no sé que de que tenía que pedirle a mi madre mi mano, costumbres chinas o algo así.
-yo habla mama tuya, tu con mi married.
Me apetecía decirle que no era buena idea, ¿cómo le iba él a decir a mi madre que quería casarse conmigo? ¿Además de que serviría? Pero él insistía, así que lo llevé a casa. Al fin y al cabo tal y como hablaba, había muy pocas probabilidades de que le entendiera y en el caso de que le entendiera, podría ver su reacción ante el tema.
Lo llevé a casa, mi madre muy atenta con las visitas le ofreció un café. Yo le daba codazos, -venga pídesela, suéltaselo y vámonos-. (Eso es lo que querían decir mis codazos).
Pero no debió entenderlos porque no dijo ni "mu". Se tomó el café y nos fuimos igual que vinimos o peor, porque mi madre se preguntaba a que coño había yo llevado a casa a un chino.
Pero cosas mas raras pasan en la vida, seguro que se dijo…"mi hija que tiene muy buenos modales y es muy hospitalaria”. En realidad mi madre no pensaba que yo tuviera nada que ver con él y se imaginó que era uno de los chinos que había conocido mi hermana, pero ni por asomo pensaba que lo había llevado porque me había pedido en matrimonio.
Nos conocíamos hacía unas dos semanas. Me había regalado un reloj, (para que no llegara tarde a mis citas con él imagino). Habíamos charlado, paseado, y hasta me había pedido en matrimonio. Aunque a mi madre le tenía miedo, me lo confesó después de intentar pedirle mi mano sin éxito.
Se iba, pero me recordó nuestro acuerdo matrimonial y había pensado en todo. Me dio 100 dólares americanos para que me sacara el pasaporte y un visado. Dijo que me escribiría y me mandaría el billete.
¡¡¡Genial!!! Esperaría su carta e intentaría mirar algún mapa para saber a donde me iba. Y esa fue nuestra despedida.
Tendría que decirle a mi madre nuestros planes. No sé como se lo tomaría, pero al fin y al cabo yo era mayor de edad. Y se supone que a esa edad puedes hacer lo que te da la gana. Ya se es adulto, -¿O no?-
Después de que se fuera, me quedó alguna duda de que todo aquello hubiera pasado. Pero tenía los 100 dólares y alguna foto que nos habíamos sacado, así que no lo había soñado.
Aunque cuando se lo conté a mi madre, ella insistía en que no le debí entender bien y que era imposible que volviera a saber de él.
-Taiwán, musité yo. Ok, no problem, yo ir Taiwán, le respondí.
Era mi oportunidad de cambiar de vida. No, no estaba enamorada, pero que importaba, yo estaba convencida de que él era buena persona, que mas podía pedir en un hombre. Además no tenía por que casarme con él. Iría y una vez allí decidiría lo que haría. Era mi oportunidad de cambiar mi vida, mi destino, de empezar una nueva vida lejos, por mi misma, dejando atrás todo el pasado.
Entonces él me despertó. Me dijo no sé que de que tenía que pedirle a mi madre mi mano, costumbres chinas o algo así.
-yo habla mama tuya, tu con mi married.
Me apetecía decirle que no era buena idea, ¿cómo le iba él a decir a mi madre que quería casarse conmigo? ¿Además de que serviría? Pero él insistía, así que lo llevé a casa. Al fin y al cabo tal y como hablaba, había muy pocas probabilidades de que le entendiera y en el caso de que le entendiera, podría ver su reacción ante el tema.
Lo llevé a casa, mi madre muy atenta con las visitas le ofreció un café. Yo le daba codazos, -venga pídesela, suéltaselo y vámonos-. (Eso es lo que querían decir mis codazos).
Pero no debió entenderlos porque no dijo ni "mu". Se tomó el café y nos fuimos igual que vinimos o peor, porque mi madre se preguntaba a que coño había yo llevado a casa a un chino.
Pero cosas mas raras pasan en la vida, seguro que se dijo…"mi hija que tiene muy buenos modales y es muy hospitalaria”. En realidad mi madre no pensaba que yo tuviera nada que ver con él y se imaginó que era uno de los chinos que había conocido mi hermana, pero ni por asomo pensaba que lo había llevado porque me había pedido en matrimonio.
Nos conocíamos hacía unas dos semanas. Me había regalado un reloj, (para que no llegara tarde a mis citas con él imagino). Habíamos charlado, paseado, y hasta me había pedido en matrimonio. Aunque a mi madre le tenía miedo, me lo confesó después de intentar pedirle mi mano sin éxito.
Se iba, pero me recordó nuestro acuerdo matrimonial y había pensado en todo. Me dio 100 dólares americanos para que me sacara el pasaporte y un visado. Dijo que me escribiría y me mandaría el billete.
¡¡¡Genial!!! Esperaría su carta e intentaría mirar algún mapa para saber a donde me iba. Y esa fue nuestra despedida.
Tendría que decirle a mi madre nuestros planes. No sé como se lo tomaría, pero al fin y al cabo yo era mayor de edad. Y se supone que a esa edad puedes hacer lo que te da la gana. Ya se es adulto, -¿O no?-
Después de que se fuera, me quedó alguna duda de que todo aquello hubiera pasado. Pero tenía los 100 dólares y alguna foto que nos habíamos sacado, así que no lo había soñado.
Aunque cuando se lo conté a mi madre, ella insistía en que no le debí entender bien y que era imposible que volviera a saber de él.
3. Hacia un mundo desconocido
Me saqué el pasaporte, España aún no pertenecía a la Unión Europea, por fuera era de color verde, en el apartado de países a donde se puede viajar, un sello decía todos los del mundo. Bueno de momento me conformaba con llegar a Taiwán.
pasaporte.bmp
Llegó su primera carta en inglés, adiviné más o menos lo que decía en ella y la guardé con la esperanza de que algún día lejano o no, quizá aprendiera inglés y podría saber lo que en ella me decía.

La siguiente carta era en español y por eso pude saber que me decía lo mucho que me quería, buscado por el diccionario. Pues lo que decía era: "amor crítico", y que en la siguiente carta me enviaría el billete.

En la carta me daba las explicaciones para que me sacara el visado, y un número de teléfono para preguntar por alguien que me podría explicar los requisitos necesarios para obtener el visado como turista. En la oficina encargada de ese tema, me preguntaron para que iba a Taiwán, yo dije que a casarme como si fuera lo más normal del mundo. Pero en Taiwán, la mayoría de edad era a los 21 años. Me dijeron que para casarme una vez allí necesitaría un permiso de mi madre.
Fui con mi madre a un notario y ella firmó la autorización, ya que me iba tan lejos, mejor casada que amontonada. Todos los conocidos intentaron disuadirme. Me decían cosas de todo tipo para convencerme de que no debería ir.
-En Asia hay mucha trata de blancas-. -Es un negocio-. -Te venderá en cuanto llegues-. -Te meterán en la prostitución, por si fuera poco no entiendes el idioma, ni sabrás donde estás-.
-Piénsalo no seas loca-.
En el trabajo la modista también creía que era mejor que no fuera.
-Si lo que buscas es una aventura yo te pago un viaje a Londres, vas te pegas una vuelta y vuelves-.
Intenté imaginar lo peor que me podía pasar. Por mas que imaginaba, no podía imaginar nada peor que la vida que llevaba a hasta entonces, sin ver ningún futuro claro. No tenía nada, ¿qué importaba donde fuera? Yo creía correr ningún riesgo. Aparte de creer firmemente que era una oportunidad de cambiar el rumbo de mi vida.
Pero por si acaso llevaría algo. Fui a los lugares donde solían ir los jóvenes a comprar drogas. La mayoría de los chicos de la pandilla con la que andaba, se drogaban, lo mínimo era fumar porros, -eso lo hacían todos-, pero también los había que tomaban pastillas, jarabes, tripis, rayas y los que se chutaban.
Estos últimos eran los que mas pena me daban. A mi no me gustaban las drogas, además no las necesitaba. La verdad es que vivía drogada por mi mundo interior. Siempre me preguntaban que me había metido, porque podía tirarme horas con la mirada perdida, ensimismada, pensativa y sin decir nada. Alguna vez tomaba un cacharro y había probado el efecto de mezclarlo con alguna pastilla. Aunque no me parecía para tanto.
Sabía donde comprar, así que decidí comprarme una caja de reynol, (una de las pastillas bastante utilizadas en esa época). Normalmente las vendían por unidad a 100 pesetas. Yo conseguí hacerme con una caja a buen precio. Los que las vendían las compraban en la farmacia con recetas falsas igual que el histaverin (jarabe para la tos). Era de lo más barato que se tomaba entonces.
¿Y para que quería las pastillas? Pues sencillo por si las cosas se ponían feas no enterarme de lo que ocurría. Sí, pensé que me ayudarían a evadirme en el caso de pasar por un mal momento, después de todo lo que me habían dicho no quería descartar la remota posibilidad de pasar malos momentos.
pasaporte.bmp
Llegó su primera carta en inglés, adiviné más o menos lo que decía en ella y la guardé con la esperanza de que algún día lejano o no, quizá aprendiera inglés y podría saber lo que en ella me decía.

La siguiente carta era en español y por eso pude saber que me decía lo mucho que me quería, buscado por el diccionario. Pues lo que decía era: "amor crítico", y que en la siguiente carta me enviaría el billete.

En la carta me daba las explicaciones para que me sacara el visado, y un número de teléfono para preguntar por alguien que me podría explicar los requisitos necesarios para obtener el visado como turista. En la oficina encargada de ese tema, me preguntaron para que iba a Taiwán, yo dije que a casarme como si fuera lo más normal del mundo. Pero en Taiwán, la mayoría de edad era a los 21 años. Me dijeron que para casarme una vez allí necesitaría un permiso de mi madre.
Fui con mi madre a un notario y ella firmó la autorización, ya que me iba tan lejos, mejor casada que amontonada. Todos los conocidos intentaron disuadirme. Me decían cosas de todo tipo para convencerme de que no debería ir.
-En Asia hay mucha trata de blancas-. -Es un negocio-. -Te venderá en cuanto llegues-. -Te meterán en la prostitución, por si fuera poco no entiendes el idioma, ni sabrás donde estás-.
-Piénsalo no seas loca-.
En el trabajo la modista también creía que era mejor que no fuera.
-Si lo que buscas es una aventura yo te pago un viaje a Londres, vas te pegas una vuelta y vuelves-.
Intenté imaginar lo peor que me podía pasar. Por mas que imaginaba, no podía imaginar nada peor que la vida que llevaba a hasta entonces, sin ver ningún futuro claro. No tenía nada, ¿qué importaba donde fuera? Yo creía correr ningún riesgo. Aparte de creer firmemente que era una oportunidad de cambiar el rumbo de mi vida.
Pero por si acaso llevaría algo. Fui a los lugares donde solían ir los jóvenes a comprar drogas. La mayoría de los chicos de la pandilla con la que andaba, se drogaban, lo mínimo era fumar porros, -eso lo hacían todos-, pero también los había que tomaban pastillas, jarabes, tripis, rayas y los que se chutaban.
Estos últimos eran los que mas pena me daban. A mi no me gustaban las drogas, además no las necesitaba. La verdad es que vivía drogada por mi mundo interior. Siempre me preguntaban que me había metido, porque podía tirarme horas con la mirada perdida, ensimismada, pensativa y sin decir nada. Alguna vez tomaba un cacharro y había probado el efecto de mezclarlo con alguna pastilla. Aunque no me parecía para tanto.
Sabía donde comprar, así que decidí comprarme una caja de reynol, (una de las pastillas bastante utilizadas en esa época). Normalmente las vendían por unidad a 100 pesetas. Yo conseguí hacerme con una caja a buen precio. Los que las vendían las compraban en la farmacia con recetas falsas igual que el histaverin (jarabe para la tos). Era de lo más barato que se tomaba entonces.
¿Y para que quería las pastillas? Pues sencillo por si las cosas se ponían feas no enterarme de lo que ocurría. Sí, pensé que me ayudarían a evadirme en el caso de pasar por un mal momento, después de todo lo que me habían dicho no quería descartar la remota posibilidad de pasar malos momentos.
4. Viaje en tren a Madrid
Aún no había recibido el billete de avión, pero si una carta con las fechas y horarios de salida. Mi madre aún pensaba que el billete nunca llegaría, yo estaba tranquila y convencida de que sí. Y así fue llegó por correo certificado unos días antes de la salida del vuelo. Tenía en mis manos un billete de avión para viajar el día siete de enero con destino a Taipei, la capital de Taiwán. Compré un billete de tren para el día seis por la noche para llegar a Madrid a tiempo de coger el vuelo.
El tren salía a las once de la noche, allí estábamos en la estación; mi madre, mis hermanas, el marido de mi hermana mayor y su hija Yoli, una niñita preciosa de cuatro años, mi ahijada, que decía que quería irse conmigo.
Mi madre me advirtió que no hablara con nadie en el tren y que no se me ocurriera decirle a nadie a donde iba, que mintiera si alguien me preguntaba.
Iba en litera y de las cuatro que había en cada habitáculo a mi me correspondía la de la parte derecha que estaba abajo. Me asomé por la ventana y me quedé mirando a mi familia. El tren empezó a moverse, nos dijimos adiós. Me quedé mirando como se iban haciendo pequeños en la distancia. Había un hombre a mi lado asomado en la ventana, me preguntó a donde iba. Por un instante recordé las palabras de mi madre “no digas a nadie a donde vas”. Pero lo de mentir nunca me había gustado.
-voy a Madrid a coger un avión
-¿un avión para dónde?
No podía decir que me iba a China, me abordaría a preguntas y sería un rollo, llevaba contestando preguntas y recibiendo consejos desde que había tomado la decisión de irme y ya había tenido suficiente, no me apetecía hablar con él.
-un avión a París
-¿y a que vas a París? ¿Te espera alguien allí?
Dije lo primero que se me ocurrió, quería quitármelo de en medio.
-si me espera mi tía, voy casa de mi tía que vive en París, me quedaré a vivir con ella.
Dicho esto le ignoré y me fui a mi litera. Me senté en ella y empecé a pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Me invadió una sensación de libertad. Acababa de cortar con todo, para empezar una nueva vida. Podía hacer lo que quisiera, tomar mis propias decisiones, ir a donde quisiera. Era una sensación extraña, no podía dormir, estaba demasiado emocionada.
Me fui a recorrer los vagones del tren, había unos cuantos soldados de esos que van de permiso. Estaban alborotando y parecía que se lo pasaban muy bien. Decidí volverme a mi vagón, uno de los chicos me siguió.
Empezó a hablar conmigo, no estaba nada mal, el viaje se me hizo más corto hablando con él. Le conté la verdad de lo que iba a hacer. La atracción era mutua, nos besamos y estuvimos todo el viaje charlando, abrazándonos y acariciándonos como si fuéramos pareja. Cuando el tren ya estaba llegando a Madrid me dijo que me quedara con él en Madrid, nos iríamos a vivir juntos.
-¿para que te vas a ir tan lejos?, en Madrid estarás bien, yo cuidaré de ti.
Me imaginaba ¿quedarme en Madrid? -no podía-. Si lo hacía seguro que acabaría volviendo a casa, además me esperaba Tony en Taiwán. Tampoco tenía porque casarme con él, una vez allí vería como se presentaban las cosas. Quizá pudiera independizarme vivir por mi cuenta, no sé. Pero no podía quedarme, tenía que irme y cuanto mas lejos mejor.
El destino ponía tentaciones por mi camino intentando que cambiara el billete a mi nueva vida. Unos días antes de marchar de Gijón una de mis amigas también me había dicho que podía intentar devolver el billete de avión a la compañía aérea y corrernos una juerga a la salud de Tony con el dinero que nos dieran a cambio.
Yo ya había tomado una decisión y no podía dejar a Tony esperándome. El chico me ayudó con las maletas hasta el taxi y nos despedimos con un largo beso.
El tren salía a las once de la noche, allí estábamos en la estación; mi madre, mis hermanas, el marido de mi hermana mayor y su hija Yoli, una niñita preciosa de cuatro años, mi ahijada, que decía que quería irse conmigo.
Mi madre me advirtió que no hablara con nadie en el tren y que no se me ocurriera decirle a nadie a donde iba, que mintiera si alguien me preguntaba.
Iba en litera y de las cuatro que había en cada habitáculo a mi me correspondía la de la parte derecha que estaba abajo. Me asomé por la ventana y me quedé mirando a mi familia. El tren empezó a moverse, nos dijimos adiós. Me quedé mirando como se iban haciendo pequeños en la distancia. Había un hombre a mi lado asomado en la ventana, me preguntó a donde iba. Por un instante recordé las palabras de mi madre “no digas a nadie a donde vas”. Pero lo de mentir nunca me había gustado.
-voy a Madrid a coger un avión
-¿un avión para dónde?
No podía decir que me iba a China, me abordaría a preguntas y sería un rollo, llevaba contestando preguntas y recibiendo consejos desde que había tomado la decisión de irme y ya había tenido suficiente, no me apetecía hablar con él.
-un avión a París
-¿y a que vas a París? ¿Te espera alguien allí?
Dije lo primero que se me ocurrió, quería quitármelo de en medio.
-si me espera mi tía, voy casa de mi tía que vive en París, me quedaré a vivir con ella.
Dicho esto le ignoré y me fui a mi litera. Me senté en ella y empecé a pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Me invadió una sensación de libertad. Acababa de cortar con todo, para empezar una nueva vida. Podía hacer lo que quisiera, tomar mis propias decisiones, ir a donde quisiera. Era una sensación extraña, no podía dormir, estaba demasiado emocionada.
Me fui a recorrer los vagones del tren, había unos cuantos soldados de esos que van de permiso. Estaban alborotando y parecía que se lo pasaban muy bien. Decidí volverme a mi vagón, uno de los chicos me siguió.
Empezó a hablar conmigo, no estaba nada mal, el viaje se me hizo más corto hablando con él. Le conté la verdad de lo que iba a hacer. La atracción era mutua, nos besamos y estuvimos todo el viaje charlando, abrazándonos y acariciándonos como si fuéramos pareja. Cuando el tren ya estaba llegando a Madrid me dijo que me quedara con él en Madrid, nos iríamos a vivir juntos.
-¿para que te vas a ir tan lejos?, en Madrid estarás bien, yo cuidaré de ti.
Me imaginaba ¿quedarme en Madrid? -no podía-. Si lo hacía seguro que acabaría volviendo a casa, además me esperaba Tony en Taiwán. Tampoco tenía porque casarme con él, una vez allí vería como se presentaban las cosas. Quizá pudiera independizarme vivir por mi cuenta, no sé. Pero no podía quedarme, tenía que irme y cuanto mas lejos mejor.
El destino ponía tentaciones por mi camino intentando que cambiara el billete a mi nueva vida. Unos días antes de marchar de Gijón una de mis amigas también me había dicho que podía intentar devolver el billete de avión a la compañía aérea y corrernos una juerga a la salud de Tony con el dinero que nos dieran a cambio.
Yo ya había tomado una decisión y no podía dejar a Tony esperándome. El chico me ayudó con las maletas hasta el taxi y nos despedimos con un largo beso.
5. El viaje en avión
El taxi me llevó hasta el aeropuerto de Barajas, donde tomé un avión hasta París. Descubrí la importancia de saber idiomas. Sobre todo en un país en el que los españoles no éramos bien vistos. No fui capaz de que nadie me hablara en español, me sentí ignorada.
Después de hacer cola para cambiar la tarjeta de embarque, mal entendiendo en el poco francés que yo chapurreaba, la chica que me atendió me dijo que tenía que coger un autobús para otro aeropuerto. Sin embargo, no me dió el billete para el autobús que por lo visto iba incluido en el precio del vuelo.
Me fui a la puerta de donde salía el autobús y cuando llegó subí en él. El conductor me dijo que tenía que “payer” y claro no tenía francos. Mientras me fui a cambiar se fue, y me tocó esperar al siguiente. Por fin llegué al aeropuerto y conseguí coger mi avión a tiempo.
El avión iba París-Hong-kong, haciendo dos escalas para repostar. Una en Bombay, donde después de aterrizar, entraron unos hombres vestidos de blanco y con turbante, armados con aspiradoras. Una vez limpio el avión, entraron nuevos pasajeros.
Uno de ellos me dejo sorprendida, me recordaba al cuento de “Ali-baba y los cuarenta ladrones” (al malo, ósea al jefe de los ladrones) iba vestido con ese tipo de ropas y llevaba un criado con él, (digo criado porque le obedecía en todo). Le tocó sentarse en los asientos contiguos a los míos, los del centro del avión.
Estaba muy gordo y le daban de comer más veces que a los demás y era muy exigente con los auxiliares de vuelo. El que yo consideraba el criado, cada poco pedía bebidas para su amo y miraba hacia mi con una sonrisa burlona y maliciosa.
En la siguiente escala en Bangkok no subió nadie mas raro, (bueno después de ese tipo ya no los había más).
Por fin llegué a Hong-kong, ya no sabía en que día u hora estábamos, demasiadas horas de vuelo.
Me fui a cambiar otra vez la tarjeta de embarque, (cosas del pasado, en cada aeropuerto había que ir a cambiar una hojita del billete por una de esas. Ahora ya no ocurre eso, te las dan todas al principio).
Una vez en el mostrador las cosas se complicaron, me hablaban en “inglis”. Yo muy tranquila, le dije -¿espanis? (Bueno al menos eso si sabía decirlo, para eso era mi idioma). Ella me respondió muy seria “inglis”.
Yo: espanis
Ella: inglis
Yo: espanis
Y así fue como nos enzarzamos en un “espanis”, “inglis” interminable.
Creo que se dio por vencida, me cogió del brazo y me llevó hasta la misma puerta de embarque. No vaya a ser que me quedara en tierra y tuviera que soportarme de por vida. Así fue como no perdí mi avión Hong-kong-Taipei, por fin el último vuelo de apenas dos horas.
Cada vez estaba mas cerca el momento del encuentro y cuanto más cerca, más intranquila. Las preguntas empezaban a asaltarme. ¿Y si no estaba esperándome? ¿Qué haría? Además no recordaba muy bien como era. Saqué su foto de entre las páginas del diccionario Chino-inglés que él me había regalado (para que fuera repasando seguro).
Bueno era un chino, como todos los que iban sentados a mi lado en el avión. Al menos el tenía el pelo rizado y todos los demás que había visto lo tenían liso. Lo conocería por eso. Me fijaría si había algún chino rizoso.
Después de hacer cola para cambiar la tarjeta de embarque, mal entendiendo en el poco francés que yo chapurreaba, la chica que me atendió me dijo que tenía que coger un autobús para otro aeropuerto. Sin embargo, no me dió el billete para el autobús que por lo visto iba incluido en el precio del vuelo.
Me fui a la puerta de donde salía el autobús y cuando llegó subí en él. El conductor me dijo que tenía que “payer” y claro no tenía francos. Mientras me fui a cambiar se fue, y me tocó esperar al siguiente. Por fin llegué al aeropuerto y conseguí coger mi avión a tiempo.
El avión iba París-Hong-kong, haciendo dos escalas para repostar. Una en Bombay, donde después de aterrizar, entraron unos hombres vestidos de blanco y con turbante, armados con aspiradoras. Una vez limpio el avión, entraron nuevos pasajeros.
Uno de ellos me dejo sorprendida, me recordaba al cuento de “Ali-baba y los cuarenta ladrones” (al malo, ósea al jefe de los ladrones) iba vestido con ese tipo de ropas y llevaba un criado con él, (digo criado porque le obedecía en todo). Le tocó sentarse en los asientos contiguos a los míos, los del centro del avión.
Estaba muy gordo y le daban de comer más veces que a los demás y era muy exigente con los auxiliares de vuelo. El que yo consideraba el criado, cada poco pedía bebidas para su amo y miraba hacia mi con una sonrisa burlona y maliciosa.
En la siguiente escala en Bangkok no subió nadie mas raro, (bueno después de ese tipo ya no los había más).
Por fin llegué a Hong-kong, ya no sabía en que día u hora estábamos, demasiadas horas de vuelo.
Me fui a cambiar otra vez la tarjeta de embarque, (cosas del pasado, en cada aeropuerto había que ir a cambiar una hojita del billete por una de esas. Ahora ya no ocurre eso, te las dan todas al principio).
Una vez en el mostrador las cosas se complicaron, me hablaban en “inglis”. Yo muy tranquila, le dije -¿espanis? (Bueno al menos eso si sabía decirlo, para eso era mi idioma). Ella me respondió muy seria “inglis”.
Yo: espanis
Ella: inglis
Yo: espanis
Y así fue como nos enzarzamos en un “espanis”, “inglis” interminable.
Creo que se dio por vencida, me cogió del brazo y me llevó hasta la misma puerta de embarque. No vaya a ser que me quedara en tierra y tuviera que soportarme de por vida. Así fue como no perdí mi avión Hong-kong-Taipei, por fin el último vuelo de apenas dos horas.
Cada vez estaba mas cerca el momento del encuentro y cuanto más cerca, más intranquila. Las preguntas empezaban a asaltarme. ¿Y si no estaba esperándome? ¿Qué haría? Además no recordaba muy bien como era. Saqué su foto de entre las páginas del diccionario Chino-inglés que él me había regalado (para que fuera repasando seguro).
Bueno era un chino, como todos los que iban sentados a mi lado en el avión. Al menos el tenía el pelo rizado y todos los demás que había visto lo tenían liso. Lo conocería por eso. Me fijaría si había algún chino rizoso.
6. El encuentro
Recogí las maletas y empecé a caminar por el pasillo. Al fondo se veía a la gente esperando. Algunos con carteles y nombres en chino. Yo no sabía a donde mirar, pero no hizo falta buscar mucho, en cuanto él me vio vino hacia mí. Para él era más fácil, creo que era la única chica occidental que iba en ese vuelo.
Me sorprendió lo diferente que estaba, tenía el pelo liso, -la verdad le favorecía más que con permanente-. Por lo visto se lo había hecho una chica peluquera del grupo de los españoles con los que salían cuando estuvo en España. Y al crecerle el pelo pues volvía a tenerlo liso, como en realidad era su pelo originalmente.
No me saludó de ningún modo, solo me hizo señas para que le siguiera hasta un taxi que estaba esperando en la puerta. Subimos al taxi. Yo aún estaba algo aturdida, le pregunté que si el taxi nos llevaría a su casa.
-¿Taxi tu casa?, Me había acostumbrado a hablar con él en lo que en España decían a lo indio. Había aprendido a hablar algo de español, pero sin conjugar los verbos.
-no, hotel. Me respondió
-¿Hotel?, ¿por qué teníamos que ir a un hotel?, no íbamos a su casa, que extraño. Iba hablando con el taxista, sobre mí. Se que era sobre mí porque el taxista conducía y me miraba de vez en cuando y luego sonreía. A mi no me hacía gracia. Me daba igual, había llegado hasta allí y no pensaba echar a correr, seguiría adelante con todas las consecuencias. Llegamos al hotel, mi mayor intriga era si él también se quedaba en el hotel y por supuesto en caso de quedarse, si pensaba compartir habitación conmigo.
Enseguida salí de dudas. Una habitación para dos, eso es lo que había y una sola cama. Uuuffff me estaba poniendo mala por momentos. Primero me dio un dolor de cabeza horrible. Creo que me quedé pálida, porque él sacó una botella de la nevera con un elixir chino.
Me lo bebí y sabía a hostias en vinagre.
-¿tu bien? Me preguntó
-¿tu casa donde? Le pregunté yo
-mañana fly casa, no aquí, -hizo un gesto con la mano imitando el avión-.
Vaya había salido el 6 de enero de mi ciudad, estamos a 8 de enero y aún no había llegado a mi destino. Claro él no vivía en la capital y ya era de noche por lo que no había vuelos hasta el día siguiente. Este era el motivo de que tuviéramos que pasar la noche en un hotel.
Creo que ya había tenido bastantes emociones, estaba rendida y preocupada por el hecho de que solo hubiera una cama.
Al menos me respetaba, se daba cuenta de que me apartaba y me decía,........
-no problem,............ ya married.
-¿ya married?, -no, no, le decía yo. Ahora no married.
Lo que quería decirme es que era igual que si estuviéramos casados que ya podíamos tener relaciones, que no había que esperar. Y lo que quería yo era alargarlo cuanto más mejor. Me daba pánico hacer el amor con él. En realidad me daría con cualquiera.
Mis amigas me habían contado muchas cosas sobre eso, que si la primera vez se sangraba, que si hacía daño etc. Y la verdad no me apetecía probarlo, era uno de los motivos por los que había llevado las pastillas. Me acurruqué contra el lado de la pared dándole la espalda y no me moví de allí, por suerte él ni siquiera se acercó.
Se acostó al lado mío pero sin tocarme. Me costó dormir a pesar de lo cansada que estaba.
Al día siguiente tomamos un avión para Makung, la capital del archipiélago de Pescadores (nombre portugués), llamado en realidad 澎湖 Peng-hu en chino.
Cincuenta minutos de vuelo para llegar a la isla, una vez allí tomamos un taxi. Se me estaba haciendo eterno, pero bueno supuse que ya faltaba poco.
Iba mirando por la ventana del taxi los sitios por donde pasábamos, el paisaje no me parecía nada alentador. Las casas me parecían horribles. Bloques cuadrados de cemento. Cuando veía un sitio que me gustaba un poco más, le preguntaba……… ¿aquí? ¿Ya? Y el me decía: -no, poco (que faltaba poco).
Pasamos dos puentes que unían islas y un montón de aldeas, por fin llegamos después de cuarenta y cinco minutos en el taxi.
La aldea de 外垵 Wai-an estaba situada en la isla de 西屿 (Hsi-yu). 外垵(Wai-an), era la última aldea de esta isla. Más allá no había nada, excepto el mar.
Las casas eran igual que las que había visto por la ventana del taxi. Bajamos por un callejón y al fondo se podía ver un tejado típico. Hasta entonces yo nunca había visto un templo chino, -pensé que quizá esa fuera su casa-. Nos dirigíamos en esa dirección y soñar no cuesta. Me gustaba como casa, era diferente a las otras tan feas.
Pero el tejado del templo que veía, solo era el paisaje que vería todas las mañanas, daba justo al frente de su casa.

puerta principal de la casa

Ventana de la derecha, la que sería nuestra habitación, ventana de la izquierda la habitación de mi suegro.
Su familia vino a recibirme sonriente y empezaron las presentaciones. Primero mama y papa y luego el resto.
Cada vez que me nombraba a uno, estos hacían un pequeño gesto de agachar la cabeza.
Me perecía que todos se llamaban igual. Había unos cuantos “susu”, “meimei”, “titi”, “ahí”, etc, pensaba que eran sus nombres, pero en realidad me estaba presentando por el parentesco. Y es que en China no se puede llamar por el nombre, es de mala educación. A la familia se le llama por la relación que se tiene con ella. Y así más tarde sabría que,
Aku, era el tío (hermano de su madre)
Akin, era la tía (esposa del hermano de su madre)
Ahí, la tía (hermana de su madre)
Atiun, era el tio (esposo de la hermana de su madre)
Coco, era el hermano mayor (si era primo mayor también se le decía koko)
chiechie, era la hermana mayor.
meimei = hermana pequeña (igual para las primas pequeñas)
titi = hermano pequeño
Y demás……
(*) las pronunciaciones no se corresponden con ningún sistema fonético existente, las pongo según suenan en español y como se decían en la aldea, que varía respecto al resto de china, ya que allí hablaban dialecto.
Esto de los parentescos, no era tan fácil como aquí. Cada uno ocupaba un lugar determinado en la familia y solo con decir el parentesco ya se podía saber si era por parte de padre o de madre, mayor o menor.
Me miraban y hablaban, me sonreían y yo les devolvía la sonrisa.
La casa era de sus padres. Él tenía dos hermanos menores y una hermana menor. Este matrimonio era algo que todos deseaban, por un lado estaba la posibilidad de por fin realizar el sueño de sus padres, tener un nieto varón y por otro el resto de los hermanos tendría vía libre para casarse si querían, sin restricciones de no poder hacerlo porque su hermano mayor aún seguía soltero. La tradición decía que hasta que el primogénito, en este caso Tony, no se casara el resto de los hermanos tampoco podría hacerlo. Y a ellos les gustaba seguir todo tipo de tradiciones.
Me llevé una desilusión, no sé porque pensé que el viviría solo. Creía que con veintiocho años ya tendría su propia casa y una vida más o menos estable. Claro que en aquel entonces veintiocho años me parecían muchos. Al menos en la casa solo viviríamos sus padres, él y yo. El segundo hermano se pasaba el día yendo de la ceca a la meca, por lo que apenas estaba. El tercer hermano era militar, así que vivía en 马公 (Makong), la capital de Peng-Hu. Éste, solo venía en las vacaciones y fiestas. Su hermana vivía y trabajaba en 高雄 (kauhsiung). La segunda ciudad más importante después de Taipei. Situada en la isla de Taiwán, a media hora en avión o cinco horas en barco. Por lo que sus visitas tampoco eran muy frecuetes.
Me enseñaron la que sería “nuestra habitación”, la habían comprado expresamente para mí, (yo entonces no lo sabía). Una cama de matrimonio enorme, con un nórdico rosa fusia y dos almohadas con las fundas haciendo juego. No utilizaban sábanas, encima del colchón iba una especie de edredón fino con volante alrededor, que caía hasta el suelo tapando el canapé. En verano ponían encima de eso una esterilla, por el calor para estar más fresquitos.
Al lado de la cama había un tocador con espejo, y era la única habitación de la casa que estaba empapelada con un papel de color blanco con relieves. Con el tiempo supe que la habían empapelado pensando que a mi me gustaría así. Yo terminaría por arrancar todo el papel. Odiaba que las cucarachas se colaran entre el papel y la pared y escuchar el ruido que hacían al caminar por dentro. No verlas y no saber cuantas habría y solo poder escucharlas, me exasperaba. .
Todos hablaban de la habitación. Por la forma en que miraban y tocaban todo y por sus gestos se notaba que les gustaba como había quedado. A mi me daba igual, me parecía una habitación normal y corriente. Además tampoco entendía porque todo el mundo entraba a mirarla. Lo que no me daba igual era que si yo iba a dormir ahí, se sentaran en mi cama. Siempre fui muy repugnante para esas cosas. En España nunca permitía que se sentaran en mi cama y dejaran la marca de haberse sentado. Tuve que aprender a compartirlo todo, acostumbrarme a que todo era de todos y a no tener ningún tipo de intimidad.
Los primeros días me dediqué a observar. El desayuno solía ser a las cinco de la mañana y yo me levantaba sobre las once. Ósea que llegaba a tiempo para la comida del mediodía. Aunque lo que comían no me hacía mucha ilusión, así que como que me daba igual. La cena era a las seis de la tarde y sobre las ocho de la noche a dormir que había que madrugar al día siguiente, claro que yo iba a mi bola. Pasaba de los horarios de ellos y comía mal.
Eso de que todos metiéramos los palillos,-(otro de los problemas de comer, no existían tenedores)- y la cuchara en los mismo platos me daba algo de asquito.
En cuanto al sexo no había mucho problema, él había aceptado a posponerlo hasta que estuviéramos casados. Así que la única preocupación era la fecha de la boda, cuanto más lejana mejor. Pero fue al contrario, porque en un principio la fecha establecida era el nueve de febrero, coincidiendo con el Año Nuevo chino de ese año.
Sin embargo, su madre había consultado algo así como el oráculo y cambiaron la fecha para el veinticinco de enero. Yo veía como los acontecimientos se avecinaban y no había vuelta atrás.

karaoke del pueblo

el pueblo de wai-an

vista del pueblo
Me sorprendió lo diferente que estaba, tenía el pelo liso, -la verdad le favorecía más que con permanente-. Por lo visto se lo había hecho una chica peluquera del grupo de los españoles con los que salían cuando estuvo en España. Y al crecerle el pelo pues volvía a tenerlo liso, como en realidad era su pelo originalmente.
No me saludó de ningún modo, solo me hizo señas para que le siguiera hasta un taxi que estaba esperando en la puerta. Subimos al taxi. Yo aún estaba algo aturdida, le pregunté que si el taxi nos llevaría a su casa.
-¿Taxi tu casa?, Me había acostumbrado a hablar con él en lo que en España decían a lo indio. Había aprendido a hablar algo de español, pero sin conjugar los verbos.
-no, hotel. Me respondió
-¿Hotel?, ¿por qué teníamos que ir a un hotel?, no íbamos a su casa, que extraño. Iba hablando con el taxista, sobre mí. Se que era sobre mí porque el taxista conducía y me miraba de vez en cuando y luego sonreía. A mi no me hacía gracia. Me daba igual, había llegado hasta allí y no pensaba echar a correr, seguiría adelante con todas las consecuencias. Llegamos al hotel, mi mayor intriga era si él también se quedaba en el hotel y por supuesto en caso de quedarse, si pensaba compartir habitación conmigo.
Enseguida salí de dudas. Una habitación para dos, eso es lo que había y una sola cama. Uuuffff me estaba poniendo mala por momentos. Primero me dio un dolor de cabeza horrible. Creo que me quedé pálida, porque él sacó una botella de la nevera con un elixir chino.
Me lo bebí y sabía a hostias en vinagre.
-¿tu bien? Me preguntó
-¿tu casa donde? Le pregunté yo
-mañana fly casa, no aquí, -hizo un gesto con la mano imitando el avión-.
Vaya había salido el 6 de enero de mi ciudad, estamos a 8 de enero y aún no había llegado a mi destino. Claro él no vivía en la capital y ya era de noche por lo que no había vuelos hasta el día siguiente. Este era el motivo de que tuviéramos que pasar la noche en un hotel.
Creo que ya había tenido bastantes emociones, estaba rendida y preocupada por el hecho de que solo hubiera una cama.
Al menos me respetaba, se daba cuenta de que me apartaba y me decía,........
-no problem,............ ya married.
-¿ya married?, -no, no, le decía yo. Ahora no married.
Lo que quería decirme es que era igual que si estuviéramos casados que ya podíamos tener relaciones, que no había que esperar. Y lo que quería yo era alargarlo cuanto más mejor. Me daba pánico hacer el amor con él. En realidad me daría con cualquiera.
Mis amigas me habían contado muchas cosas sobre eso, que si la primera vez se sangraba, que si hacía daño etc. Y la verdad no me apetecía probarlo, era uno de los motivos por los que había llevado las pastillas. Me acurruqué contra el lado de la pared dándole la espalda y no me moví de allí, por suerte él ni siquiera se acercó.
Se acostó al lado mío pero sin tocarme. Me costó dormir a pesar de lo cansada que estaba.
Al día siguiente tomamos un avión para Makung, la capital del archipiélago de Pescadores (nombre portugués), llamado en realidad 澎湖 Peng-hu en chino.
Cincuenta minutos de vuelo para llegar a la isla, una vez allí tomamos un taxi. Se me estaba haciendo eterno, pero bueno supuse que ya faltaba poco.
Iba mirando por la ventana del taxi los sitios por donde pasábamos, el paisaje no me parecía nada alentador. Las casas me parecían horribles. Bloques cuadrados de cemento. Cuando veía un sitio que me gustaba un poco más, le preguntaba……… ¿aquí? ¿Ya? Y el me decía: -no, poco (que faltaba poco).
Pasamos dos puentes que unían islas y un montón de aldeas, por fin llegamos después de cuarenta y cinco minutos en el taxi.
La aldea de 外垵 Wai-an estaba situada en la isla de 西屿 (Hsi-yu). 外垵(Wai-an), era la última aldea de esta isla. Más allá no había nada, excepto el mar.
Las casas eran igual que las que había visto por la ventana del taxi. Bajamos por un callejón y al fondo se podía ver un tejado típico. Hasta entonces yo nunca había visto un templo chino, -pensé que quizá esa fuera su casa-. Nos dirigíamos en esa dirección y soñar no cuesta. Me gustaba como casa, era diferente a las otras tan feas.
Pero el tejado del templo que veía, solo era el paisaje que vería todas las mañanas, daba justo al frente de su casa.

puerta principal de la casa

Ventana de la derecha, la que sería nuestra habitación, ventana de la izquierda la habitación de mi suegro.
Su familia vino a recibirme sonriente y empezaron las presentaciones. Primero mama y papa y luego el resto.
Cada vez que me nombraba a uno, estos hacían un pequeño gesto de agachar la cabeza.
Me perecía que todos se llamaban igual. Había unos cuantos “susu”, “meimei”, “titi”, “ahí”, etc, pensaba que eran sus nombres, pero en realidad me estaba presentando por el parentesco. Y es que en China no se puede llamar por el nombre, es de mala educación. A la familia se le llama por la relación que se tiene con ella. Y así más tarde sabría que,
Aku, era el tío (hermano de su madre)
Akin, era la tía (esposa del hermano de su madre)
Ahí, la tía (hermana de su madre)
Atiun, era el tio (esposo de la hermana de su madre)
Coco, era el hermano mayor (si era primo mayor también se le decía koko)
chiechie, era la hermana mayor.
meimei = hermana pequeña (igual para las primas pequeñas)
titi = hermano pequeño
Y demás……
(*) las pronunciaciones no se corresponden con ningún sistema fonético existente, las pongo según suenan en español y como se decían en la aldea, que varía respecto al resto de china, ya que allí hablaban dialecto.
Esto de los parentescos, no era tan fácil como aquí. Cada uno ocupaba un lugar determinado en la familia y solo con decir el parentesco ya se podía saber si era por parte de padre o de madre, mayor o menor.
Me miraban y hablaban, me sonreían y yo les devolvía la sonrisa.
La casa era de sus padres. Él tenía dos hermanos menores y una hermana menor. Este matrimonio era algo que todos deseaban, por un lado estaba la posibilidad de por fin realizar el sueño de sus padres, tener un nieto varón y por otro el resto de los hermanos tendría vía libre para casarse si querían, sin restricciones de no poder hacerlo porque su hermano mayor aún seguía soltero. La tradición decía que hasta que el primogénito, en este caso Tony, no se casara el resto de los hermanos tampoco podría hacerlo. Y a ellos les gustaba seguir todo tipo de tradiciones.
Me llevé una desilusión, no sé porque pensé que el viviría solo. Creía que con veintiocho años ya tendría su propia casa y una vida más o menos estable. Claro que en aquel entonces veintiocho años me parecían muchos. Al menos en la casa solo viviríamos sus padres, él y yo. El segundo hermano se pasaba el día yendo de la ceca a la meca, por lo que apenas estaba. El tercer hermano era militar, así que vivía en 马公 (Makong), la capital de Peng-Hu. Éste, solo venía en las vacaciones y fiestas. Su hermana vivía y trabajaba en 高雄 (kauhsiung). La segunda ciudad más importante después de Taipei. Situada en la isla de Taiwán, a media hora en avión o cinco horas en barco. Por lo que sus visitas tampoco eran muy frecuetes.
Me enseñaron la que sería “nuestra habitación”, la habían comprado expresamente para mí, (yo entonces no lo sabía). Una cama de matrimonio enorme, con un nórdico rosa fusia y dos almohadas con las fundas haciendo juego. No utilizaban sábanas, encima del colchón iba una especie de edredón fino con volante alrededor, que caía hasta el suelo tapando el canapé. En verano ponían encima de eso una esterilla, por el calor para estar más fresquitos.
Al lado de la cama había un tocador con espejo, y era la única habitación de la casa que estaba empapelada con un papel de color blanco con relieves. Con el tiempo supe que la habían empapelado pensando que a mi me gustaría así. Yo terminaría por arrancar todo el papel. Odiaba que las cucarachas se colaran entre el papel y la pared y escuchar el ruido que hacían al caminar por dentro. No verlas y no saber cuantas habría y solo poder escucharlas, me exasperaba. .
Todos hablaban de la habitación. Por la forma en que miraban y tocaban todo y por sus gestos se notaba que les gustaba como había quedado. A mi me daba igual, me parecía una habitación normal y corriente. Además tampoco entendía porque todo el mundo entraba a mirarla. Lo que no me daba igual era que si yo iba a dormir ahí, se sentaran en mi cama. Siempre fui muy repugnante para esas cosas. En España nunca permitía que se sentaran en mi cama y dejaran la marca de haberse sentado. Tuve que aprender a compartirlo todo, acostumbrarme a que todo era de todos y a no tener ningún tipo de intimidad.
Los primeros días me dediqué a observar. El desayuno solía ser a las cinco de la mañana y yo me levantaba sobre las once. Ósea que llegaba a tiempo para la comida del mediodía. Aunque lo que comían no me hacía mucha ilusión, así que como que me daba igual. La cena era a las seis de la tarde y sobre las ocho de la noche a dormir que había que madrugar al día siguiente, claro que yo iba a mi bola. Pasaba de los horarios de ellos y comía mal.
Eso de que todos metiéramos los palillos,-(otro de los problemas de comer, no existían tenedores)- y la cuchara en los mismo platos me daba algo de asquito.
En cuanto al sexo no había mucho problema, él había aceptado a posponerlo hasta que estuviéramos casados. Así que la única preocupación era la fecha de la boda, cuanto más lejana mejor. Pero fue al contrario, porque en un principio la fecha establecida era el nueve de febrero, coincidiendo con el Año Nuevo chino de ese año.
Sin embargo, su madre había consultado algo así como el oráculo y cambiaron la fecha para el veinticinco de enero. Yo veía como los acontecimientos se avecinaban y no había vuelta atrás.

karaoke del pueblo

el pueblo de wai-an

vista del pueblo
7. Preparativos de boda
Todos estaban muy ocupados preparando la boda, todos menos yo. En la aldea era la gran estrella, la primera occidental que veían. La gente quería ver como era esa chica de piel blanca, grandes ojos y narizotas.
Las puertas de casa eran corredizas y siempre estaban abiertas, solo se cerraban las de la calle al mediodía para la siesta y por la noche para dormir. Cuando me levantaba y las abría, siempre había un grupo de niños y no tan niños esperando para verme. Yo del susto al ver a tantas personas congregadas en la puerta, las cerraba rápidamente. No estaba acostumbrada a que tuvieran tanto interés en mi, sentirme tan observada me hacía estar incomoda y además me daba vergüenza, así que me volvía a la habitación y me quedaba allí. Mi futura suegra salía y les espantaba. –fuera de aquí, no hay nada que ver!!, imaginaba yo que les gritaba a los niños. Imaginaba por sus ademanes, porque no entendía nada de lo que decía nadie. Tendría que fiarme de mi buena intuición y deducción para saber lo que la gente decía.
Llegaron las invitaciones de boda, muy monas, de color rojo, el color de la suerte presente en todas las fiestas, ni idea de lo que ponía pero eran muy originales y llevaban un dragón y un fénix impreso en ellas. Estos dos animales de uso muy frecuente entre la población china significaban la unión de la pareja, pero además estos dos animales mitológicos son de los preferidos para simbolizar la buena suerte. Aunque en realidad el ave fénix es masculino en los matrimonios se supone que representa el lado femenino, ya que el masculino lo representa el dragón. Las imágenes de estos y otros animales mitológicos se haría frecuentes a partir de entonces en mi vida. invitacionboda.bmp
Me llevaron a la ciudad, 马公 Makong, la capital del archipiélago para elegir el vestido de novia. En la tienda había un montón de vestidos colgados de la pared. Me dijeron que eligiera uno, había de todos los colores. Señalé uno blanco, del estilo de los que se usaban en occidente. Me lo probaron y yo dije,- 好 “jao”-, (eso era vale), estaba aprendiendo a decir cosas sencillas. Me sacaron más vestidos.
Yo decía no, cogía el blanco y decía 好 “jao”, pero ellas se empeñaban en que me probara más. Algunos de color rojo, con lentejuelas y una abertura a un lado hasta la cadera. Era muy bonito pero no me parecía apropiado. Además ya había elegido uno. No entendía porque e empeñaban en que siguiera mirando mas. Seguía señalando el blanco para hacerles entender que ya estaba y que dejaran de meterme vestidos por las narices, aún así y ante su insistencia terminé probándome uno rosa también.
Lo que yo no sabía era que allí no se compraba un vestido de novia, la costumbre era alquilar unos cuantos e ir cambiándoselos el día de la boda. Por eso su insistencia en que eligiera más y yo en mis trece de que con uno tenía bastante.
Me fijaba en sus gestos y solía inventarme sus conversaciones, me hice con un bloc de notas y apuntaba las cosas que más oía y lo que yo suponía que era. Me quedaba observándoles, como gesticulaban, las reacciones de los demás según lo que dijeran. Al principio solo me daba cuenta de los tonos de sus voces, cuando estaban contentos, o enfadados, cuando bromeaban o hablaban en serio según las caras que pusieran. Aprendí a leer en sus movimientos aquello que querían decir. Seguramente muchas veces me equivocaba en lo que yo creía y lo que en realidad era, por ello solo puedo hablar por lo que yo pensaba entonces que pasaba y no por lo que realmente estaba pasando. Así y todo, podía sentir lo mucho que yo les agradaba a todos y eso me hacía sentir bien.
Fuimos algunas casas a visitar e invitar a parientes y amigos o lo que fuera. Era como un ritual, les llevábamos una especie de buñuelos fritos, pegajosos y grasientos, típicos por lo visto de las bodas.
Mucho 好好好 jao, jao, jao, sonrisas de oreja a oreja y muchas inclinaciones de cabeza, yo no inclinaba nada, en principio me resultaba molesto ese movimiento de cabeza.
Él empezó a decirme que por favor dejara de fumar en público. Las mujeres no fumaban. Según él, allí solo lo hacían las mujeres de mala vida y aunque en mi no estaba tan mal vissto por el hecho de que yo era extranjera, parece ser que a las personas de mas edad, si les molestaba que yo como mujer lo hiciera, sobre todo si iba a ser la mujer de un chino. El que peor llevaba esto era su abuelo, las miradas que este me dispensaba lo decían todo. Menos mal que apenas lo veía ya que vivía en 马公 Makong. Su cara de desagrado y desaprobación era todo un desafío para mí, que incentivaban mis ganas de retarle. No perdía la oportunidad de demostrarle que haría lo que quisiera, él no hablaba mi idioma y yo no le entendía, yo aprovechaba esto para hacer que no sabía que a él le molestaba. En realidad no fumaba mucho, pero solo el hecho de que me lo prohibieran despertaba en mí el deseo de llevar la contraria.
Esconderme para fumar por ser mujer. ¡¡Era lo que me faltaba!! En cuanto veía a su abuelo encendía un cigarrillo.
Las puertas de casa eran corredizas y siempre estaban abiertas, solo se cerraban las de la calle al mediodía para la siesta y por la noche para dormir. Cuando me levantaba y las abría, siempre había un grupo de niños y no tan niños esperando para verme. Yo del susto al ver a tantas personas congregadas en la puerta, las cerraba rápidamente. No estaba acostumbrada a que tuvieran tanto interés en mi, sentirme tan observada me hacía estar incomoda y además me daba vergüenza, así que me volvía a la habitación y me quedaba allí. Mi futura suegra salía y les espantaba. –fuera de aquí, no hay nada que ver!!, imaginaba yo que les gritaba a los niños. Imaginaba por sus ademanes, porque no entendía nada de lo que decía nadie. Tendría que fiarme de mi buena intuición y deducción para saber lo que la gente decía.
Llegaron las invitaciones de boda, muy monas, de color rojo, el color de la suerte presente en todas las fiestas, ni idea de lo que ponía pero eran muy originales y llevaban un dragón y un fénix impreso en ellas. Estos dos animales de uso muy frecuente entre la población china significaban la unión de la pareja, pero además estos dos animales mitológicos son de los preferidos para simbolizar la buena suerte. Aunque en realidad el ave fénix es masculino en los matrimonios se supone que representa el lado femenino, ya que el masculino lo representa el dragón. Las imágenes de estos y otros animales mitológicos se haría frecuentes a partir de entonces en mi vida. invitacionboda.bmp
Me llevaron a la ciudad, 马公 Makong, la capital del archipiélago para elegir el vestido de novia. En la tienda había un montón de vestidos colgados de la pared. Me dijeron que eligiera uno, había de todos los colores. Señalé uno blanco, del estilo de los que se usaban en occidente. Me lo probaron y yo dije,- 好 “jao”-, (eso era vale), estaba aprendiendo a decir cosas sencillas. Me sacaron más vestidos.
Yo decía no, cogía el blanco y decía 好 “jao”, pero ellas se empeñaban en que me probara más. Algunos de color rojo, con lentejuelas y una abertura a un lado hasta la cadera. Era muy bonito pero no me parecía apropiado. Además ya había elegido uno. No entendía porque e empeñaban en que siguiera mirando mas. Seguía señalando el blanco para hacerles entender que ya estaba y que dejaran de meterme vestidos por las narices, aún así y ante su insistencia terminé probándome uno rosa también.
Lo que yo no sabía era que allí no se compraba un vestido de novia, la costumbre era alquilar unos cuantos e ir cambiándoselos el día de la boda. Por eso su insistencia en que eligiera más y yo en mis trece de que con uno tenía bastante.
Me fijaba en sus gestos y solía inventarme sus conversaciones, me hice con un bloc de notas y apuntaba las cosas que más oía y lo que yo suponía que era. Me quedaba observándoles, como gesticulaban, las reacciones de los demás según lo que dijeran. Al principio solo me daba cuenta de los tonos de sus voces, cuando estaban contentos, o enfadados, cuando bromeaban o hablaban en serio según las caras que pusieran. Aprendí a leer en sus movimientos aquello que querían decir. Seguramente muchas veces me equivocaba en lo que yo creía y lo que en realidad era, por ello solo puedo hablar por lo que yo pensaba entonces que pasaba y no por lo que realmente estaba pasando. Así y todo, podía sentir lo mucho que yo les agradaba a todos y eso me hacía sentir bien.
Fuimos algunas casas a visitar e invitar a parientes y amigos o lo que fuera. Era como un ritual, les llevábamos una especie de buñuelos fritos, pegajosos y grasientos, típicos por lo visto de las bodas.
Mucho 好好好 jao, jao, jao, sonrisas de oreja a oreja y muchas inclinaciones de cabeza, yo no inclinaba nada, en principio me resultaba molesto ese movimiento de cabeza.
Él empezó a decirme que por favor dejara de fumar en público. Las mujeres no fumaban. Según él, allí solo lo hacían las mujeres de mala vida y aunque en mi no estaba tan mal vissto por el hecho de que yo era extranjera, parece ser que a las personas de mas edad, si les molestaba que yo como mujer lo hiciera, sobre todo si iba a ser la mujer de un chino. El que peor llevaba esto era su abuelo, las miradas que este me dispensaba lo decían todo. Menos mal que apenas lo veía ya que vivía en 马公 Makong. Su cara de desagrado y desaprobación era todo un desafío para mí, que incentivaban mis ganas de retarle. No perdía la oportunidad de demostrarle que haría lo que quisiera, él no hablaba mi idioma y yo no le entendía, yo aprovechaba esto para hacer que no sabía que a él le molestaba. En realidad no fumaba mucho, pero solo el hecho de que me lo prohibieran despertaba en mí el deseo de llevar la contraria.
Esconderme para fumar por ser mujer. ¡¡Era lo que me faltaba!! En cuanto veía a su abuelo encendía un cigarrillo.
8. El baño "ardiente"
Tony me dijo que nos bañáramos juntos, a mi me daba vergüenza, pero como también me daba vergüenza decirle que me daba vergüenza pues no dije nada. Al fin y al cabo con lo difícil que era explicarse para que decile nada. La bañera se estaba llenando de agua ¿hirviendo?. No sé a cuantos grados estaría el agua, pero el vapor espeso que emanaba de ella indicaba que allí se podría escaldar unos huevos en el cso de que hiciera falta sin problemas.
Cuando ya estuvo llena, nos metimos en el baño, para quitarnos primero la suciedad y después la sauna “relajante” supongo. Después de la vergüenza de ducharme al mismo tiempo que él, si es que a eso de echarse agua con un cazo se podía llamar ducha, él me dijo que entrara yo primero. Solo había espacio para uno, pensé que era mejor que entrara él primero en vista del calorcito que desprendía aquello, no fuera que yo absorbiera todo aquel calor y le quedara fría el agua para él.
Quizá era un privilegio ser la primera porque ante su insistencia terminé metiendo una pierna.
-¡Dios! No, esto no hay quien lo aguante, intenté salir, pero el me cogió de los hombros, invitándome a seguir entrando en aquel infierno e insistiendo en que me sentara en el fondo de la bañera hasta que el agua me llegara al cuello. No duré allí dentro mas de dos minutos, me empecé a quedar sin aire, me ahogaba, me levanté para intentar salir. Él aún me decía que no saliera, le aparté como pude y salí, me moría. Y entonces fue cuando me fui. Estaba en otro lugar, no se estaba mal, pero no había nada. Era un lugar extraño pero agradable.
De pronto oí voces, abrí los ojos y vi sus caras, un abanico me mareaba con su movimiento. Sobre mi frente había un paño, tenía puesto solo una camiseta y unas bragas y estaba tendida sobre el suelo del salón.
- ¿qué había pasado? ¿Dónde había estado? ¿cómo había llegado hasta el salón? La sensación era diferente a haber estado dormida, no era como despertar de un sueño, era mas bien como de haber muerto y resucitado. Intenté levantarme pero me encontraba mal, volví a tumbarme y a dejar que siguieran mareándome con sus palabras incomprensibles. Intenté recordar lo que había ocurrido, lo último que recordaba es que salía de la bañera. Me había desmayado y cuando eso ocurrió estaba desnuda, ahora llevaba la camiseta. Solo pensaba en si Tony me habría vestido antes de sacarme o si habría llamado a sus padres y todos me habrían visto desnuda. Ahora me hace gracia que en aquel momento fuera lo único que me preocupara.
Sentí un dolor en el codo me lo toqué y me manché, estaba sangrando, al caer me había golpeado. Todo quedó en un susto, supongo que mas grande para ellos que para mí. Al menos sus caras asi lo indicaban. Por lo menos me sirvió para no tener que volver a bañarme así, de aquella manera tan particular. A partir de entonces tendría el baño para mi sola y el agua a la temperatura que yo quisiera.
Cuando ya estuvo llena, nos metimos en el baño, para quitarnos primero la suciedad y después la sauna “relajante” supongo. Después de la vergüenza de ducharme al mismo tiempo que él, si es que a eso de echarse agua con un cazo se podía llamar ducha, él me dijo que entrara yo primero. Solo había espacio para uno, pensé que era mejor que entrara él primero en vista del calorcito que desprendía aquello, no fuera que yo absorbiera todo aquel calor y le quedara fría el agua para él.
Quizá era un privilegio ser la primera porque ante su insistencia terminé metiendo una pierna.
-¡Dios! No, esto no hay quien lo aguante, intenté salir, pero el me cogió de los hombros, invitándome a seguir entrando en aquel infierno e insistiendo en que me sentara en el fondo de la bañera hasta que el agua me llegara al cuello. No duré allí dentro mas de dos minutos, me empecé a quedar sin aire, me ahogaba, me levanté para intentar salir. Él aún me decía que no saliera, le aparté como pude y salí, me moría. Y entonces fue cuando me fui. Estaba en otro lugar, no se estaba mal, pero no había nada. Era un lugar extraño pero agradable.
De pronto oí voces, abrí los ojos y vi sus caras, un abanico me mareaba con su movimiento. Sobre mi frente había un paño, tenía puesto solo una camiseta y unas bragas y estaba tendida sobre el suelo del salón.
- ¿qué había pasado? ¿Dónde había estado? ¿cómo había llegado hasta el salón? La sensación era diferente a haber estado dormida, no era como despertar de un sueño, era mas bien como de haber muerto y resucitado. Intenté levantarme pero me encontraba mal, volví a tumbarme y a dejar que siguieran mareándome con sus palabras incomprensibles. Intenté recordar lo que había ocurrido, lo último que recordaba es que salía de la bañera. Me había desmayado y cuando eso ocurrió estaba desnuda, ahora llevaba la camiseta. Solo pensaba en si Tony me habría vestido antes de sacarme o si habría llamado a sus padres y todos me habrían visto desnuda. Ahora me hace gracia que en aquel momento fuera lo único que me preocupara.
Sentí un dolor en el codo me lo toqué y me manché, estaba sangrando, al caer me había golpeado. Todo quedó en un susto, supongo que mas grande para ellos que para mí. Al menos sus caras asi lo indicaban. Por lo menos me sirvió para no tener que volver a bañarme así, de aquella manera tan particular. A partir de entonces tendría el baño para mi sola y el agua a la temperatura que yo quisiera.
9. La boda
Cuando llegaron dos baúles y los pusieron en el centro del salón, yo me quedé mirándolos con ilusión, no sabía lo que había dentro, pero eran como esos cofres del tesoro de las películas de piratas. Grandes y adornados y con una cerradura en medio. Me quedé allí mirándolos, como una niña ilusionada y pensando que podían contener. Su madre al ver mi interés vino y lo abrió para que yo saliera de la duda. El interior del cofre estaba todo forrado y no eran tesoros los que se podía encontrar en su interior, ocupando todo el baúl estaba el vestido de novia blanco que yo había elegido en la tienda. ¿Y que podía haber en el otro? el vestido rosa que ellos se habían empeñado en probarme en la tienda. Al verlo me mostré contrariada. Yo había elegido el blanco, ¿por qué habían enviado también el rosa? Además ¿cómo me iba a poner los dos vestidos al mismo tiempo?
Mi futura suegra dándose cuenta de mis interrogantes y gestos de contrariedad, me llevó hasta el calendario, señaló el día veinticinco, día en que nos casaríamos y luego señaló el vestido blanco. Después volvió hasta donde estaba colgado el calendario, levantó varias hojas hasta llegar al día treinta y uno y me señaló el vestido rosa. Dos días, dos vestidos, parecía fácil de entender, pero no lo entendí. No entendí porque hacían falta dos vestidos. Parecía que llevaría un vestido diferente en dos días diferente, eso es lo que entendí. Me casaba el veinticinco, así que ese día llevaría el vestido blanco, ¿pero que ocurría el treinta y uno? Si para ese día se suponía que ya estaría casada ¿qué sentido tenía ponerme otro vestido de novia en esa fecha? No tenía claro como sería la ceremonia, ni si habría banquete de bodas. Y la verdad no me importaba, más bien al contrario, toda esa incertidumbre que me envolvía me gustaba. Era como una sorpresa detrás de otra. Desde que había llegado, los días trascurrían en una aventura constante que no parecía tener fin.
El día 25 lo primero que hicimos por la mañana fue ir a casa del abuelo. La casa del abuelo, estaba en la capital de Peng-hu, Makung, a cuarenta minutos de la aldea de Wai-an, tenía tres plantas, en la de abajo estaba el salón y la cocina, en la segunda las habitaciones y en la tercera el altar, donde rezaban. Era una casa típica la mayoría de las casas estaban distribuidas de esta manera.
Me subieron a una de las habitaciones, con el cofre del tesoro, el baúl con el vestido de novia blanco que habíamos traído en el maletero del coche.
Dos mujeres que llevaban un maletín, me acompañaban, tú con ellas me decía Tony mientras subíamos las escaleras. Yo con ellas, si, pero ellas ¿Quiénes eran? ¿Y porque tenían que subir conmigo? No era que me hiciera mucha ilusión encerrarme en una habitación con dos mujeres que portaban un maletín, que a saber de su contenido. Que mal rollo, me empezaron a desnudar. Yo intentaba quitármelas de en medio, sabía desvestirme y vestirme yo sola. Armamos una buena -ellas hablándome en chino y yo diciendo que me dejaran en paz en español-. No sirvió de nada acabaron poniéndome ellas el vestido de marras. Mientras entres ellas hablaban, yo sin tener ni idea de lo que decían, pero se lo pasaban muy bien porque a la vez reían y también me miraban admiradas. Así que imagino que dirían.
-¡que guapa está! ¡Pero que bien que le sienta el vestido a la niña esta!
Lo positivo de no entender nada, es que la gente dice lo que tú quieres imaginar. Y para crear una buena armonía, siempre es mejor imaginar cosas buenas, Lo peor fue cuando abrieron el maletín, allí había de todo lo necesario para dejarme hecha un cromo. Yo no solía maquillarme y en mi vida había visto tantos utensilios destinados a embellecer a una mujer. Era mi boda y con aquel vestido de princesa, lo mejor era dejarlas, seguro que eran profesionales y me dejarían tan bella como las princesas de los cuentos de hadas.
Hablando con franqueza la sesión de maquillaje fue un desastre. Lo primero que me hicieron fue afeitarme la cara y no pude hacer nada por impedirlo. Veía caer la pelusa mientras una me sujetaba y la otra me lo hacía y me entraban ganas de llorar. Pensaba, - de esta me sale barba seguro-. ¿De que me servía estar sin pelusa el día de mi boda, si luego tendría barba? Pero ellas hacían su trabajo, mientras hablaban sin que yo, para colmo, supiera lo que decían. Al menos aunque en aquel momento no me pareció bien que me afeitaran así, creo que tuve suerte de que no utilizaran la técnica habitual allí, que consistía en rotar un hilo de algodón sobre la piel, el cual se enredaba en el vello y lo arrancaba.

Lo de afeitar a las novias, era una costumbre para tener la cara mas suave, aunque no sé muy bien para que, porque con el pegote maquillaje con el que me llenaron la cara después, creo que hubiera dado igual que tuviera hasta barba, que no se me vería. Lo de las pestañas postizas que me pusieron, si que fue un puntazo. Las mías siempre habían sido más bien escasas y ahora podía hasta abanicarme pestañeando. Pero por si no fuera suficiente, me embadurnaron con polvos blancos por brazos cuello y toda aquella parte de visible que no estuviera oculta por la ropa. No era ya, suficientemente blanca, había que potenciarlo, hasta el punto que mi madre cuando vio las fotos que le envié, comentó que parecía una muerta de lo blanca que estaba. En cuanto a esas manías típicas en eventos y fiestas una de las usuales era llevar algo rojo. Y no se les ocurrió mejor cosa que los zapatos.


Bajé las escaleras ante la atenta mirada de todos los presentes. No me había mirado en el espejo, pero mi imaginé preciosa. Era lo menos que podía esperar después de aquella sesión de belleza con afeitado incluido. El abuelo me miraba tan atento que no pude evitar encender un cigarrillo para provocarle. Ciertamente no me favorecía mucho un cigarrillo en la boca con aquel atuendo. Tony se acercó para advertirme que el abuelo estaba diciendo que a ver si iba a quemar el vestido, que era alquilado y que había que devolverlo. Apagué el cigarrillo mientras le dedicaba una mirada al abuelo. Mi parte buena me decía que tenía que acostumbrarme a ellos y a su modo de vida y costumbres, mientras mi parte rebelde deseaba gritar. -¡hago lo que me da la gana!
Subimos al último piso donde estaba ubicado el altar, donde ellos rezaban. Nos colocaron a los dos frente al altar, el a mi derecha y detrás de mí se colocó su tía. Estaba un poco harta de ella, me perseguía todo el tiempo colocándome el vestido. Parecía una lapa y yo pensaba, -que tía más pesada- no tenía ni idea de que era mi madrina y que ese era su cometido, estar a mi lado. Lo supe años después, mirando las fotos, cuando me dijo, ¿te acuerdas? Yo fui tu madrina. En ese momento volvió a pasar todos los recuerdos del día de la boda por mi mente y pensé. –jo que injusta fui entonces. Y yo pensando que porque no me dejaba en paz.
Allí estábamos frente al altar ese donde en el centro había una diosa, muy bonita y femenina a la que yo me quedé mirando embobada. Delante de ésta, un bote lleno de tierra. Su madre cogió un puñado de barritas de incienso y las encendió. Luego las repartió, tres para mí y tres para él.
Entonces la madrina de marras me puso la mano en la cabeza y me obligo a inclinarme.
¡vale¡ ¡vale¡ ¡!que ya lo hago yo sola¡¡ tampoco sería tan difícil, miré para él, como lo hacía y le imité. Tres inclinaciones y clavar las barritas en el bote.
Me preguntaba si ya estábamos casados, ¿sería así de simple?
Nos fuimos a un estudio de fotos cerca de la casa del abuelo. Allí estuvimos horas agotadoras, en una sesión de fotos interminable. Al principio me divertía, el fotógrafo me iba diciendo como debía colocarme. La mano aquí, mira hacia allí y intercambiándome ramos de flores de todo tipo. Después de todas esas poses y posturas artificiales y de sonreír forzadamente quedó un álbum bastante bonito.
fotos_estudio.bmp
Al terminar la sesión de fotos, subimos al coche que nos esperaba en la plaza frente al templo. El coche iba a dornado con un gran lazo rojo que lo atravesaba desde delante hasta la parte posterior, como si fuera un gran regalo. Subimos a él para volver a wai-an.

A la entrada del pueblo nos esperaban familiares y curiosos, todos preparados para hacer estallar los petardos a nuestro paso. Los habían colocado antes de nuestra llegada, igual que cuando en España la gente se prepara con el arroz para arrogarlo sobre los novios. Los primeros me cogieron de improvisto, pero enseguida me fui fijando en esas riestras que colgaban de las esquinas y en cuanto veía a uno acercarse para encender la mecha justo cuando nosotros estábamos a punto de llegar a la altura del mismo. Yo ya me preparaba para que el estruendo no me pillara desprevenida.


Una vez en casa repetimos el ritual, con sus padres. Primero ellos que eran mayores y luego nosotros. El incienso, las reverencias, la madrina pegada a mi sujetándome el vestido

y mas reverencias con la madrina vigilándome de cerca

y luego a la habitación, !!!Dios mío¡¡¡ ¿no me harían consumar el matrimonio allí delante de testigos?.
Uuuuuufffffffff menos mal solo se trataba de comerse unas bolitas de arroz dulces con unos palillos.

Me daba bastante asco, así que me metí una para el carrillo izquierdo, la segunda fue para el derecho y luego disimulé buscando una papelera. Por suerte había una en cada habitación, en un despiste las escupí.
Tenía ganas de quitarme el vestido, era incomodo y total ya me habían visto con él y ya me habían sacado las fotos. Una prima de él me trajo un vestido chino de color rosado avioletado del estilo de ellos, en realidad era lo que llaman chipao. Mientras me cambiaba por fin podía verme bien todo el maquillaje. Me acerqué al espejo y me quedé mirando las pestañas postizas, pestañeé, que sensación mas extraña, no me agradaba. ¿Cómo se quitaría aquello? Agarré las pestañas con los dedos y tiré un poco, no se quitaban. Estaban como pegadas. No me gustaban, quería mis pestañas, eran escasas, pero eran mías. Me las arranqué como pude, la verdad es que me hizo un poco de daño. Luego con un pañuelo de papel me frote la cara intentando quitar el maquillaje. No me gustaba esa paliducha que veía en el espejo, quería recuperar mi cara. Me costó mucho ver algo de color. Cuando salí de la habitación sé que se sorprendieron de lo que había hecho. Ellos habían contratado a unas profesionales para ponerme bonita y yo en un momento lo había deshecho todo. Por la tarde volvimos a Makong, el banquete se celebraría allí. Al menos allí estaba cómoda porque no llevaba el vestido de novia, que tanto pesaba y estorbaba. Los invitados me sacaban fotos sin parar, la comida no estaba nada mal. Me sentí a gusto.

No todas las bodas son iguales, mi boda era una de las más normales. A algunos les gusta celebrar bodas al estilo tradicional. Claro que tradicional de los adinerados, porque hay que tener pelas para casarse así. La novia va en palanquín y el novio a caballo. Ella lleva la cara cubierta con una tela roja y el novio descubre su rostro una vez casados. Y si te han dado gato por liebre a fastidiarse.

Mi futura suegra dándose cuenta de mis interrogantes y gestos de contrariedad, me llevó hasta el calendario, señaló el día veinticinco, día en que nos casaríamos y luego señaló el vestido blanco. Después volvió hasta donde estaba colgado el calendario, levantó varias hojas hasta llegar al día treinta y uno y me señaló el vestido rosa. Dos días, dos vestidos, parecía fácil de entender, pero no lo entendí. No entendí porque hacían falta dos vestidos. Parecía que llevaría un vestido diferente en dos días diferente, eso es lo que entendí. Me casaba el veinticinco, así que ese día llevaría el vestido blanco, ¿pero que ocurría el treinta y uno? Si para ese día se suponía que ya estaría casada ¿qué sentido tenía ponerme otro vestido de novia en esa fecha? No tenía claro como sería la ceremonia, ni si habría banquete de bodas. Y la verdad no me importaba, más bien al contrario, toda esa incertidumbre que me envolvía me gustaba. Era como una sorpresa detrás de otra. Desde que había llegado, los días trascurrían en una aventura constante que no parecía tener fin.
El día 25 lo primero que hicimos por la mañana fue ir a casa del abuelo. La casa del abuelo, estaba en la capital de Peng-hu, Makung, a cuarenta minutos de la aldea de Wai-an, tenía tres plantas, en la de abajo estaba el salón y la cocina, en la segunda las habitaciones y en la tercera el altar, donde rezaban. Era una casa típica la mayoría de las casas estaban distribuidas de esta manera.
Me subieron a una de las habitaciones, con el cofre del tesoro, el baúl con el vestido de novia blanco que habíamos traído en el maletero del coche.
Dos mujeres que llevaban un maletín, me acompañaban, tú con ellas me decía Tony mientras subíamos las escaleras. Yo con ellas, si, pero ellas ¿Quiénes eran? ¿Y porque tenían que subir conmigo? No era que me hiciera mucha ilusión encerrarme en una habitación con dos mujeres que portaban un maletín, que a saber de su contenido. Que mal rollo, me empezaron a desnudar. Yo intentaba quitármelas de en medio, sabía desvestirme y vestirme yo sola. Armamos una buena -ellas hablándome en chino y yo diciendo que me dejaran en paz en español-. No sirvió de nada acabaron poniéndome ellas el vestido de marras. Mientras entres ellas hablaban, yo sin tener ni idea de lo que decían, pero se lo pasaban muy bien porque a la vez reían y también me miraban admiradas. Así que imagino que dirían.
-¡que guapa está! ¡Pero que bien que le sienta el vestido a la niña esta!
Lo positivo de no entender nada, es que la gente dice lo que tú quieres imaginar. Y para crear una buena armonía, siempre es mejor imaginar cosas buenas, Lo peor fue cuando abrieron el maletín, allí había de todo lo necesario para dejarme hecha un cromo. Yo no solía maquillarme y en mi vida había visto tantos utensilios destinados a embellecer a una mujer. Era mi boda y con aquel vestido de princesa, lo mejor era dejarlas, seguro que eran profesionales y me dejarían tan bella como las princesas de los cuentos de hadas.
Hablando con franqueza la sesión de maquillaje fue un desastre. Lo primero que me hicieron fue afeitarme la cara y no pude hacer nada por impedirlo. Veía caer la pelusa mientras una me sujetaba y la otra me lo hacía y me entraban ganas de llorar. Pensaba, - de esta me sale barba seguro-. ¿De que me servía estar sin pelusa el día de mi boda, si luego tendría barba? Pero ellas hacían su trabajo, mientras hablaban sin que yo, para colmo, supiera lo que decían. Al menos aunque en aquel momento no me pareció bien que me afeitaran así, creo que tuve suerte de que no utilizaran la técnica habitual allí, que consistía en rotar un hilo de algodón sobre la piel, el cual se enredaba en el vello y lo arrancaba.

Lo de afeitar a las novias, era una costumbre para tener la cara mas suave, aunque no sé muy bien para que, porque con el pegote maquillaje con el que me llenaron la cara después, creo que hubiera dado igual que tuviera hasta barba, que no se me vería. Lo de las pestañas postizas que me pusieron, si que fue un puntazo. Las mías siempre habían sido más bien escasas y ahora podía hasta abanicarme pestañeando. Pero por si no fuera suficiente, me embadurnaron con polvos blancos por brazos cuello y toda aquella parte de visible que no estuviera oculta por la ropa. No era ya, suficientemente blanca, había que potenciarlo, hasta el punto que mi madre cuando vio las fotos que le envié, comentó que parecía una muerta de lo blanca que estaba. En cuanto a esas manías típicas en eventos y fiestas una de las usuales era llevar algo rojo. Y no se les ocurrió mejor cosa que los zapatos.


Bajé las escaleras ante la atenta mirada de todos los presentes. No me había mirado en el espejo, pero mi imaginé preciosa. Era lo menos que podía esperar después de aquella sesión de belleza con afeitado incluido. El abuelo me miraba tan atento que no pude evitar encender un cigarrillo para provocarle. Ciertamente no me favorecía mucho un cigarrillo en la boca con aquel atuendo. Tony se acercó para advertirme que el abuelo estaba diciendo que a ver si iba a quemar el vestido, que era alquilado y que había que devolverlo. Apagué el cigarrillo mientras le dedicaba una mirada al abuelo. Mi parte buena me decía que tenía que acostumbrarme a ellos y a su modo de vida y costumbres, mientras mi parte rebelde deseaba gritar. -¡hago lo que me da la gana!
Subimos al último piso donde estaba ubicado el altar, donde ellos rezaban. Nos colocaron a los dos frente al altar, el a mi derecha y detrás de mí se colocó su tía. Estaba un poco harta de ella, me perseguía todo el tiempo colocándome el vestido. Parecía una lapa y yo pensaba, -que tía más pesada- no tenía ni idea de que era mi madrina y que ese era su cometido, estar a mi lado. Lo supe años después, mirando las fotos, cuando me dijo, ¿te acuerdas? Yo fui tu madrina. En ese momento volvió a pasar todos los recuerdos del día de la boda por mi mente y pensé. –jo que injusta fui entonces. Y yo pensando que porque no me dejaba en paz.
Allí estábamos frente al altar ese donde en el centro había una diosa, muy bonita y femenina a la que yo me quedé mirando embobada. Delante de ésta, un bote lleno de tierra. Su madre cogió un puñado de barritas de incienso y las encendió. Luego las repartió, tres para mí y tres para él.
Entonces la madrina de marras me puso la mano en la cabeza y me obligo a inclinarme.
¡vale¡ ¡vale¡ ¡!que ya lo hago yo sola¡¡ tampoco sería tan difícil, miré para él, como lo hacía y le imité. Tres inclinaciones y clavar las barritas en el bote.
Me preguntaba si ya estábamos casados, ¿sería así de simple?
Nos fuimos a un estudio de fotos cerca de la casa del abuelo. Allí estuvimos horas agotadoras, en una sesión de fotos interminable. Al principio me divertía, el fotógrafo me iba diciendo como debía colocarme. La mano aquí, mira hacia allí y intercambiándome ramos de flores de todo tipo. Después de todas esas poses y posturas artificiales y de sonreír forzadamente quedó un álbum bastante bonito.
fotos_estudio.bmp
Al terminar la sesión de fotos, subimos al coche que nos esperaba en la plaza frente al templo. El coche iba a dornado con un gran lazo rojo que lo atravesaba desde delante hasta la parte posterior, como si fuera un gran regalo. Subimos a él para volver a wai-an.

A la entrada del pueblo nos esperaban familiares y curiosos, todos preparados para hacer estallar los petardos a nuestro paso. Los habían colocado antes de nuestra llegada, igual que cuando en España la gente se prepara con el arroz para arrogarlo sobre los novios. Los primeros me cogieron de improvisto, pero enseguida me fui fijando en esas riestras que colgaban de las esquinas y en cuanto veía a uno acercarse para encender la mecha justo cuando nosotros estábamos a punto de llegar a la altura del mismo. Yo ya me preparaba para que el estruendo no me pillara desprevenida.


Una vez en casa repetimos el ritual, con sus padres. Primero ellos que eran mayores y luego nosotros. El incienso, las reverencias, la madrina pegada a mi sujetándome el vestido

y mas reverencias con la madrina vigilándome de cerca

y luego a la habitación, !!!Dios mío¡¡¡ ¿no me harían consumar el matrimonio allí delante de testigos?.
Uuuuuufffffffff menos mal solo se trataba de comerse unas bolitas de arroz dulces con unos palillos.

Me daba bastante asco, así que me metí una para el carrillo izquierdo, la segunda fue para el derecho y luego disimulé buscando una papelera. Por suerte había una en cada habitación, en un despiste las escupí.
Tenía ganas de quitarme el vestido, era incomodo y total ya me habían visto con él y ya me habían sacado las fotos. Una prima de él me trajo un vestido chino de color rosado avioletado del estilo de ellos, en realidad era lo que llaman chipao. Mientras me cambiaba por fin podía verme bien todo el maquillaje. Me acerqué al espejo y me quedé mirando las pestañas postizas, pestañeé, que sensación mas extraña, no me agradaba. ¿Cómo se quitaría aquello? Agarré las pestañas con los dedos y tiré un poco, no se quitaban. Estaban como pegadas. No me gustaban, quería mis pestañas, eran escasas, pero eran mías. Me las arranqué como pude, la verdad es que me hizo un poco de daño. Luego con un pañuelo de papel me frote la cara intentando quitar el maquillaje. No me gustaba esa paliducha que veía en el espejo, quería recuperar mi cara. Me costó mucho ver algo de color. Cuando salí de la habitación sé que se sorprendieron de lo que había hecho. Ellos habían contratado a unas profesionales para ponerme bonita y yo en un momento lo había deshecho todo. Por la tarde volvimos a Makong, el banquete se celebraría allí. Al menos allí estaba cómoda porque no llevaba el vestido de novia, que tanto pesaba y estorbaba. Los invitados me sacaban fotos sin parar, la comida no estaba nada mal. Me sentí a gusto.

No todas las bodas son iguales, mi boda era una de las más normales. A algunos les gusta celebrar bodas al estilo tradicional. Claro que tradicional de los adinerados, porque hay que tener pelas para casarse así. La novia va en palanquín y el novio a caballo. Ella lleva la cara cubierta con una tela roja y el novio descubre su rostro una vez casados. Y si te han dado gato por liebre a fastidiarse.

10. La noche de bodas
Decidieron que pasáramos la noche de bodas en la escuela, ¿el motivo? En la escuela podríamos estar solos. Normalmente, los fines de semana en la escuela, siempre se quedaba algún profesor a dormir, como guarda nocturno o algo así, para evitar vandalismo. - Eso tiene gracia, porque nunca había visto un sitio mas tranquilo-.
El caso es que decidieron que nosotros fuéramos a la escuela para que estuviéramos solos y pudiéramos disfrutar de nuestra noche juntos, sin ninguna interrupción.
El hecho es que se suponía que ya éramos marido y mujer, y bueno las obligaciones conyugales y todo eso-que lío- supongo que no podía negarme. Sinceramente no le amaba, ni me apetecía acostarme con él.
Me daba igual casarme con él o con otro, solo había seguido el curso de los acontecimientos. Pensaba que quizá con el tiempo y la convivencia podría llegar a quererle, pero supongo que él daba por hecho que era ya su esposa y no estaría dispuesto a esperar.
De todas formas tampoco había manera de dialogar sobre el tema. Así que parecía que no había otra alternativa que acostarme con él. Era como cuando vas al dentista y no te queda otro remedio que te quiten una muela, te aguantas y esperas que solo sea un instante.
Y aquí es donde entran las pastillas. Si, esas pastillas que había llevado por si acaso. En cuanto me di cuenta de que no había escapatoria me tome tres. Quería un efecto inmediato. No es que estuviera muy nerviosa, pero todo eso me causaba ansiedad.
No notaba nada, así que cogí una botella de licor y me tome un trago. Seguía sin notar nada, tan cuerda como al principio. Me tome otras dos pastillas. -pensaba vaya mierda de droga, ¿cuándo me va a hacer efecto?
Entonces él dijo que nos íbamos. Llegamos a la escuela, me senté en una silla y él puso una televisión que había en la sala. Yo me quedé mirando la tele como si tuviera mucho interés, haber si retrasaba el asunto.
Entonces………….. ¡¡y esto es muy gordo!! Él sacó un video de una bolsa y lo puso, ¡¡¡Que sensibilidad!!! no daba crédito a lo que estaba viendo, era un video porno, ¿para entrar en calor quizá? ¿O sería la manera de decirme lo que tenía que hacer?
Del susto agarré las pastillas y me tomé todas las que quedaban. Si aún podía controlar, por tomar unas pocas mas tampoco iba a pasar nada.
Lo siguiente que recuerdo es despertarme en la cama, estaba sola y desnuda. Me sentía sin fuerzas y mareada.
-pensaba, bueno al menos ya ha pasado.
Entonces llegó él, le pregunté que había pasado. Y…….. No os lo podéis imaginar. No había pasado nada. Por lo visto, me quedé frita, me metió en la cama, me desvistió y hasta ese momento.
Y me dice que como ya era el segundo día y aún no despertaba estaba preocupado. Él pensó que estaba enferma, uuuuufffffff al final me había tomado todas esas pastillas y no habían servido para nada, a parte de para retrasar lo inevitable.
Nos fuimos a casa, luego con la moto fuimos hasta la comisaría a firmar los papeles de que estábamos casados. En China nadie oficia la boda. Dices el día que te casaste y luego vas a registrarlo. Ahora no sé si habrá cambiado, han pasado muchos años desde entonces.
Y este es el certificado de matrimonio muy chulo certificado_de_matrimonio.bmp
Quedaban pocos días para el banquete del día 31, el que se celebraba en la escuela para los profesores.
Pero antes voy a hablaros de algunos amiguitos que Vivian con nosotros.
El caso es que decidieron que nosotros fuéramos a la escuela para que estuviéramos solos y pudiéramos disfrutar de nuestra noche juntos, sin ninguna interrupción.
El hecho es que se suponía que ya éramos marido y mujer, y bueno las obligaciones conyugales y todo eso-que lío- supongo que no podía negarme. Sinceramente no le amaba, ni me apetecía acostarme con él.
Me daba igual casarme con él o con otro, solo había seguido el curso de los acontecimientos. Pensaba que quizá con el tiempo y la convivencia podría llegar a quererle, pero supongo que él daba por hecho que era ya su esposa y no estaría dispuesto a esperar.
De todas formas tampoco había manera de dialogar sobre el tema. Así que parecía que no había otra alternativa que acostarme con él. Era como cuando vas al dentista y no te queda otro remedio que te quiten una muela, te aguantas y esperas que solo sea un instante.
Y aquí es donde entran las pastillas. Si, esas pastillas que había llevado por si acaso. En cuanto me di cuenta de que no había escapatoria me tome tres. Quería un efecto inmediato. No es que estuviera muy nerviosa, pero todo eso me causaba ansiedad.
No notaba nada, así que cogí una botella de licor y me tome un trago. Seguía sin notar nada, tan cuerda como al principio. Me tome otras dos pastillas. -pensaba vaya mierda de droga, ¿cuándo me va a hacer efecto?
Entonces él dijo que nos íbamos. Llegamos a la escuela, me senté en una silla y él puso una televisión que había en la sala. Yo me quedé mirando la tele como si tuviera mucho interés, haber si retrasaba el asunto.
Entonces………….. ¡¡y esto es muy gordo!! Él sacó un video de una bolsa y lo puso, ¡¡¡Que sensibilidad!!! no daba crédito a lo que estaba viendo, era un video porno, ¿para entrar en calor quizá? ¿O sería la manera de decirme lo que tenía que hacer?
Del susto agarré las pastillas y me tomé todas las que quedaban. Si aún podía controlar, por tomar unas pocas mas tampoco iba a pasar nada.
Lo siguiente que recuerdo es despertarme en la cama, estaba sola y desnuda. Me sentía sin fuerzas y mareada.
-pensaba, bueno al menos ya ha pasado.
Entonces llegó él, le pregunté que había pasado. Y…….. No os lo podéis imaginar. No había pasado nada. Por lo visto, me quedé frita, me metió en la cama, me desvistió y hasta ese momento.
Y me dice que como ya era el segundo día y aún no despertaba estaba preocupado. Él pensó que estaba enferma, uuuuufffffff al final me había tomado todas esas pastillas y no habían servido para nada, a parte de para retrasar lo inevitable.
Nos fuimos a casa, luego con la moto fuimos hasta la comisaría a firmar los papeles de que estábamos casados. En China nadie oficia la boda. Dices el día que te casaste y luego vas a registrarlo. Ahora no sé si habrá cambiado, han pasado muchos años desde entonces.
Y este es el certificado de matrimonio muy chulo certificado_de_matrimonio.bmp
Quedaban pocos días para el banquete del día 31, el que se celebraba en la escuela para los profesores.
Pero antes voy a hablaros de algunos amiguitos que Vivian con nosotros.
11. Banquete en la escuela. 31/01/1986
Solo sería un banquete. Ya estábamos casados y el único fin era convidar a los más allegados del pueblo.
Conociendo a los chinos seguro que había dinero por medio. Yo estaba ajena a esos temas, Pero si veía como la gente traía 红包 “hong baos” (sobres rojos donde se mete el dinero para hacer regalos en las bodas, año nuevo o……. porque no, también para pagar los sobornos, jeje).
Había un libro donde iban apuntando el nombre de la persona y cuanto dinero había dado. Normalmente si en el futuro en esa familia se casaba alguien, se miraba el libro a ver cuanto habían dado y se actualizaba. ¿Según el IPC? jajaja
Otros regalos típicos en las bodas eran las telas. Sobre estas telas se colocaban con alfileres el dinero, los billetes se distribuían en forma del carácter chino, 喜喜 “suan xi” doble felicidad, presente en la decoración de toda boda china.
Esta vez les avisé de que no llamaran a las locas de la otra vez, que ya me vestía y me maquillaba yo sola, y me hicieron caso. En realidad no creo que me hicieran caso, porque no me entendían, pero supongo que después de ver lo poco que me duró la otra vez, se dieron cuenta que era mejor dejarme.
Para esta ocasión era el vestido rosa. Una vez preparada, empezaron a llegar familiares y a fotografiarse conmigo. Siempre en el mismo sitio por lo que no tenía que moverme. Yo me quedaba ahí quieta y ellos se iban intercambiando. Después de un rato estaba hasta las narices de estar ahí plantada, así que me trajeron una silla.
Sobre nosotros en la pared estaba colgada la tela con el dinero que nos habían regalado, como se nota que ahí ladrones pocos, si fuera en España seguro que desaparecería algún billete.

Foto con el abuelo paterno, sobre nuestras cabezas el trozo de tela colgado con el dinero prendido con alfileres formando el carácter喜喜“doble felicidad”

con la abuela materna y asi uno tras otro......................
Después nos fuimos a la escuela para comer.

¿qué pensaría el abuelo? Ay mi nieto con esta mujer no tien futuro.

Fíjense en el niño de la izquierda. Pinchó con el palillo una bola , las bolas con palillos eran las escurridizas y muy difíciles de pillar. Luego se la come medio a escondidas.

Yo pensé anda que listo y me dio por imitarlo, pero sin esconderme, para chula yo. Y al fotógrafo que le debió hacer gracia por plasmarlo. Aunque creo que no estaba bien hacer eso, pero sino no había manera de pillar na.

Luego a brindar de mesa en mesa. Mirar al mi suegro, eso es un brindis en toda regla y lo demás cuento.

Aquello de brindar era todo un arte, había que coger el vaso con una mano y poner la otra en el culo del vaso, alzarlo como ofreciendo y luego beber sujetándolo con las dos manos. (El refresco aquel sabía a jarabe, ya podía ser güisqui)Los niños de esa mesa se partían de la risa de lo mal que lo hacía.
Me pasé el banquete de brindis, por lo que no probé bocado. Que ganas tenía que terminara todo.

Por sino fuera poco, como los invitados ya estaban terminando, pues ala, a la calle a esperarles con cigarrillos para los caballeros, y caramelos para las señoras. (Si había alguna vieja podía fumar, cuando se llega a cierta edad, se permiten cosas así, total ya queda poco pa palmarla ¿no?)
Conociendo a los chinos seguro que había dinero por medio. Yo estaba ajena a esos temas, Pero si veía como la gente traía 红包 “hong baos” (sobres rojos donde se mete el dinero para hacer regalos en las bodas, año nuevo o……. porque no, también para pagar los sobornos, jeje).
Había un libro donde iban apuntando el nombre de la persona y cuanto dinero había dado. Normalmente si en el futuro en esa familia se casaba alguien, se miraba el libro a ver cuanto habían dado y se actualizaba. ¿Según el IPC? jajaja
Otros regalos típicos en las bodas eran las telas. Sobre estas telas se colocaban con alfileres el dinero, los billetes se distribuían en forma del carácter chino, 喜喜 “suan xi” doble felicidad, presente en la decoración de toda boda china.
Esta vez les avisé de que no llamaran a las locas de la otra vez, que ya me vestía y me maquillaba yo sola, y me hicieron caso. En realidad no creo que me hicieran caso, porque no me entendían, pero supongo que después de ver lo poco que me duró la otra vez, se dieron cuenta que era mejor dejarme.
Para esta ocasión era el vestido rosa. Una vez preparada, empezaron a llegar familiares y a fotografiarse conmigo. Siempre en el mismo sitio por lo que no tenía que moverme. Yo me quedaba ahí quieta y ellos se iban intercambiando. Después de un rato estaba hasta las narices de estar ahí plantada, así que me trajeron una silla.
Sobre nosotros en la pared estaba colgada la tela con el dinero que nos habían regalado, como se nota que ahí ladrones pocos, si fuera en España seguro que desaparecería algún billete.

Foto con el abuelo paterno, sobre nuestras cabezas el trozo de tela colgado con el dinero prendido con alfileres formando el carácter喜喜“doble felicidad”

con la abuela materna y asi uno tras otro......................
Después nos fuimos a la escuela para comer.

¿qué pensaría el abuelo? Ay mi nieto con esta mujer no tien futuro.

Fíjense en el niño de la izquierda. Pinchó con el palillo una bola , las bolas con palillos eran las escurridizas y muy difíciles de pillar. Luego se la come medio a escondidas.

Yo pensé anda que listo y me dio por imitarlo, pero sin esconderme, para chula yo. Y al fotógrafo que le debió hacer gracia por plasmarlo. Aunque creo que no estaba bien hacer eso, pero sino no había manera de pillar na.

Luego a brindar de mesa en mesa. Mirar al mi suegro, eso es un brindis en toda regla y lo demás cuento.

Aquello de brindar era todo un arte, había que coger el vaso con una mano y poner la otra en el culo del vaso, alzarlo como ofreciendo y luego beber sujetándolo con las dos manos. (El refresco aquel sabía a jarabe, ya podía ser güisqui)Los niños de esa mesa se partían de la risa de lo mal que lo hacía.
Me pasé el banquete de brindis, por lo que no probé bocado. Que ganas tenía que terminara todo.

Por sino fuera poco, como los invitados ya estaban terminando, pues ala, a la calle a esperarles con cigarrillos para los caballeros, y caramelos para las señoras. (Si había alguna vieja podía fumar, cuando se llega a cierta edad, se permiten cosas así, total ya queda poco pa palmarla ¿no?)
12. De invitada en una boda del pueblo
En el tiempo que viví allí fui invitada a unas cuantas bodas.
A la primera boda que asistí, fue porque mi suegra me pidió que fuera yo en representación de la familia.
Cuando salgo por la puerta, me dice………..tráeme algo cuando vengas. ¿Algo? Algo ¿Cómo que? ¿Un petardo quizá?
De lo que se coma, espera lleva unas bolsas y lo metes dentro.
Por supuesto ni que decir tiene que en una boda, siempre es ser mejor invitado que la que se casa. Al menos bajo mi punto de vista, es más entretenido y divertido. Y sobre todo te da tiempo a comer, si antes no lo guarda alguien jajajajaja
Era la primera boda a la que iba como invitada. Por aquel entonces yo ya llevaba tiempo en el pueblo todos sabían de mí y ya no causaba tanta expectación.
Aún así les encantaba sentarse a mi lado, para poder reírse de mis pocos conocimientos respecto a la vida allí.
Habían puesto una carpa en la calle cerca de la casa de los novios y colocado unas mesas (redondas prosupuesto). Comer en mesas redondas simboliza la unidad y perfección.
Trajeron el primer plato, era algo parecido a pudín de cerdo, en definitiva carne. Lo colocan en el centro de la mesa, y es cuando, uno de los que estaban sentados a la mesa dice:
¿A alguien le apetece de esto? La respuesta…………..No.
Entonces sacan bolsas y se reparten la carne, un trocito para cada uno. Yo pensando…………..uyyyyyy aquí se está jugando a algo y yo no me sé las reglas.
Traen el segundo plato, (el primero quedó limpio). Ni que decir tiene que yo no solo no lo probé, sino que además mi bolsa estaba vacía.
Tengo que aprender a jugar a esto. Levanto la mano y digo……………..yo también quiero. Todos me miran y se empiezan a reír.
Les enseño las bolsas y les digo……………….. Es que......... mi suegra me lo ha encargado y si no le llevo nada................. como que va a pensar que soy tonta y que no se me puede dejar sola.
A partir de ahí pude entrar en el juego y llevarle algo para picar a mi mami.
El caso es que aunque en esa boda se pasaron de listos y se repartían la comida para comerla en casa más a gusto, lo normal no es eso.
En realidad en mi boda también se hizo, en el primer banquete, en Makung. En aquella ocasión también me sorprendió, cuando sacaron toda la comida que había sobrado y unas bolsas para que la gente se llevara lo que quisiera cuando ya se iban por la puerta.
No solo se hace en las bodas, también en los restaurantes cuando se convida a alguien a comer. Es porque tienen la manía de pedir comida de más, por aquello de quedar bien. Y siempre tiene que sobrar comida, para asegurarse que su invitado a quedado realmente satisfecho. ¿o será para matarlo de una fartura si se lo come todo? jajaja esto último es broma.
Lo que se suele hacer, es después de que se termine de comer el que quiera puede recoger las sobras y llevarlas, (por aquello de no desperdiciar).
Pero no se suele hacer antes, como ocurrió en esa boda. Quizá me senté con unos caraduras, pero fue divertido y diferente. Y no todo iba para las bolsas había comida de sobra para dar y tomar.
Que conste que estoy hablando de una zona en concreto y no de China en general.
A la primera boda que asistí, fue porque mi suegra me pidió que fuera yo en representación de la familia.
Cuando salgo por la puerta, me dice………..tráeme algo cuando vengas. ¿Algo? Algo ¿Cómo que? ¿Un petardo quizá?
De lo que se coma, espera lleva unas bolsas y lo metes dentro.
Por supuesto ni que decir tiene que en una boda, siempre es ser mejor invitado que la que se casa. Al menos bajo mi punto de vista, es más entretenido y divertido. Y sobre todo te da tiempo a comer, si antes no lo guarda alguien jajajajaja
Era la primera boda a la que iba como invitada. Por aquel entonces yo ya llevaba tiempo en el pueblo todos sabían de mí y ya no causaba tanta expectación.
Aún así les encantaba sentarse a mi lado, para poder reírse de mis pocos conocimientos respecto a la vida allí.
Habían puesto una carpa en la calle cerca de la casa de los novios y colocado unas mesas (redondas prosupuesto). Comer en mesas redondas simboliza la unidad y perfección.
Trajeron el primer plato, era algo parecido a pudín de cerdo, en definitiva carne. Lo colocan en el centro de la mesa, y es cuando, uno de los que estaban sentados a la mesa dice:
¿A alguien le apetece de esto? La respuesta…………..No.
Entonces sacan bolsas y se reparten la carne, un trocito para cada uno. Yo pensando…………..uyyyyyy aquí se está jugando a algo y yo no me sé las reglas.
Traen el segundo plato, (el primero quedó limpio). Ni que decir tiene que yo no solo no lo probé, sino que además mi bolsa estaba vacía.
Tengo que aprender a jugar a esto. Levanto la mano y digo……………..yo también quiero. Todos me miran y se empiezan a reír.
Les enseño las bolsas y les digo……………….. Es que......... mi suegra me lo ha encargado y si no le llevo nada................. como que va a pensar que soy tonta y que no se me puede dejar sola.
A partir de ahí pude entrar en el juego y llevarle algo para picar a mi mami.
El caso es que aunque en esa boda se pasaron de listos y se repartían la comida para comerla en casa más a gusto, lo normal no es eso.
En realidad en mi boda también se hizo, en el primer banquete, en Makung. En aquella ocasión también me sorprendió, cuando sacaron toda la comida que había sobrado y unas bolsas para que la gente se llevara lo que quisiera cuando ya se iban por la puerta.
No solo se hace en las bodas, también en los restaurantes cuando se convida a alguien a comer. Es porque tienen la manía de pedir comida de más, por aquello de quedar bien. Y siempre tiene que sobrar comida, para asegurarse que su invitado a quedado realmente satisfecho. ¿o será para matarlo de una fartura si se lo come todo? jajaja esto último es broma.
Lo que se suele hacer, es después de que se termine de comer el que quiera puede recoger las sobras y llevarlas, (por aquello de no desperdiciar).
Pero no se suele hacer antes, como ocurrió en esa boda. Quizá me senté con unos caraduras, pero fue divertido y diferente. Y no todo iba para las bolsas había comida de sobra para dar y tomar.
Que conste que estoy hablando de una zona en concreto y no de China en general.
13. Algunos encuentros inolvidables.
Ya casi llevaba un mes, lo que peor llevaba era acostumbrarme a los insectos. El clima de la isla era tropical, por lo que había numerosos bichos que yo jamás había visto antes. Los cuales no solo me daban mucho asco, también me horrorizaban.
Al que le repugnen los bichos que no lea esta parte, yo no tuve otro remedio que hacerme a ellos. Ahora puedo aplastar cualquier cosa sin el menor miramiento. Si me oye la tía, ( tía política, budista y vegetariana), se escandalizaría. Ellos no pueden hacer daño a ningún ser vivo, las hormigas las apartan despacito con hojas. La pobre estuvo muy enferma de anemia por comer solo verduritas.
Lo que más asco me daba:
Sin duda las cucarachas, estaban en todas partes, eran marrones, con unas antenas enormes y……..¡¡¡Volaban!!! Mejor dicho vuelan, por que allí siguen, dudo que se extingan algún día.
Mi primer encuentro con una de esas.
Yo sentada en una silla de la sala viendo la tele, de pronto en la pared de enfrente veo algo de unos cinco cm que se mueve, me quedo mirándolo asombrada y como si ella también se hubiera fijado en mí, levanta sus asquerosas alas y viene directa hacia mí. ¡¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHH, Socorro!!!!!!
Agacho la cabeza y la cubro con mis brazos, no me atrevo a moverme, pero oigo risas por todas partes. Levanto un poco la mirada y me doy cuenta de que todos en la sala se están riendo de mí. Todos menos mi protectora (me refiero a mi suegra), ella enseguida vino a quitármela de encima.
Con el tiempo te acostumbras, sobre todo porque no quieres parecer tonta y que se rían de ti.
Mi primer encuentro con una araña sería un mes más tarde, hay que decir que son arañas domesticas, pero su tamaño es como una mano. Me levanté al baño y que sorpresa me llevo cuando veo una de esas interponiéndose en mi camino, justo en medio de la puerta. Me voy corriendo a despertar a mami, le obligo a levantarse para que vea lo que pasa, una araña no me deja ir a mear.
Ella muy tranquila se acerca para asustarla y que se vaya, me mira como diciendo…….-es mas pequeña que tú no creo que pueda comerte- pero….. ¿por qué no la mata como hizo con la cucaracha?. Por lo visto las arañas comen a las cucarachas, por lo que son considerados beneficiosos para deshacerse de los insectos indeseados.
Otros especimenes que convivían con nosotros. Hormigas rojas que pican, aún no puedo olvidar el día que entre en mi habitación y estaba todo cubierto por ellas. Era un día de verano caluroso y les dio por salir de su madriguera, yo estaba sola en casa y cuando entré en la habitación empezaron a subírseme por todo el cuerpo. Como dolían sus picaduras, -recordé la película de la marabunta-, salí corriendo fuera de la casa, me sacudí todas, cogí un taburete y me fui a la calle, puse el taburete en medio y me subí a el, estuve sentada en el mucho tiempo, llorando, no pensaba moverme de allí. Después de unas horas llegó mi suegra.
-¿Qué te ocurre?
-no pienso entrar en la casa nunca más, se la están comiendo las hormigas.
-entró, llenó un cubo de agua y jabón me vino a buscar y me llevó con ella, me enseñó como les echaba el agua jabonosa y se morían. Parecía que no eran tan poderosas como las de la película. Ni que decir tiene que mi habitación quedó echa un asco.
Las lagartijas que también vivían con nosotros eran las heroínas, no solo comían hormigas, también moscas y mosquitos.
Pero los mas temibles eran los ciempiés, supongo que eran ciempiés, ellos les llamaban “wukon” les encantaba estar en sitios húmedos, y estos si que eran peligrosos, si te picaba uno de estos podías no contarlo.
También tuve varios encuentros, pero el que más recuerdo es la vez que me levanté y cuando salgo fuera de la habitación, me veo reflejada en el espejo. En el pantalón tenía uno enorme, me quité los pantalones allí delante de todos y los lancé lejos, poco me importo quedar en bragas.
Por supuesto no voy a olvidarme de los enormes mosquitos y el peligro que suponen para la transmisión de la encefalitis japonesa. Al menos hay vacuna para esa enfermedad, aunque yo no me la he puesto y sigo conservando mi encéfalo intacto, puede que ya esté erradicada o que haya tenido suerte. Otro bichito del que me hice amiga, fue la musaraña, que yo pensaba que era una ratita, pero no. El caso es que de vez en cuando, por la noche algo entraba en casa y yo estaba cagada de miedo porque eso de oír algo corriendo de acá para allá mientras estaba durmiendo no me hacía ninguna gracia. Dormía fatal y hasta que no descubriera lo que andaba paseándose por la casa de noche no paré. Compré una jaula y le puse de cebo una salchicha china, de esas que se pueden oler a kilómetros así que siempre me quedará la duda si a la musaraña la atraje yo con la salchicha o era ella la que rondaba la casa, porque según mi suegra eran unos lindos pajaritos los que entraban en mi habitación, por la ventana que había que dejar abierta para no ahogarse de calor por las noches. Esa noche la musaraña quedó atrapada, ¿y ahora que hacer con ella? Era como tener una mascota o algo así, porque ¿cómo la iba a sacar de allí y para dónde? ¿Matarla? ¿Cómo? No sé como se me ocurrió algo así, pero cogí una bolsa de plástico y la puse en la puerta de la jaula, abrí la puerta y ella entró en la bolsa, yo la cerré inmediatamente y le hice un nudo a la vez que le gritaba a mi suegra ¡toma mátala, mátala!. La rata se revolvía dentro de la bolsa y mi suegra decía -se va a terminar escapando, cogió una piedra y la machaco. Después mi suegra me dijo que era una musaraña y que eran ciegas y solo salían de noche. ¿un musaraña?¿ciega? nunca había oído hablar de ese animal. Se me quitaron las ganas de volver a cazar bichos.
Al que le repugnen los bichos que no lea esta parte, yo no tuve otro remedio que hacerme a ellos. Ahora puedo aplastar cualquier cosa sin el menor miramiento. Si me oye la tía, ( tía política, budista y vegetariana), se escandalizaría. Ellos no pueden hacer daño a ningún ser vivo, las hormigas las apartan despacito con hojas. La pobre estuvo muy enferma de anemia por comer solo verduritas.
Lo que más asco me daba:
Sin duda las cucarachas, estaban en todas partes, eran marrones, con unas antenas enormes y……..¡¡¡Volaban!!! Mejor dicho vuelan, por que allí siguen, dudo que se extingan algún día.
Mi primer encuentro con una de esas.
Yo sentada en una silla de la sala viendo la tele, de pronto en la pared de enfrente veo algo de unos cinco cm que se mueve, me quedo mirándolo asombrada y como si ella también se hubiera fijado en mí, levanta sus asquerosas alas y viene directa hacia mí. ¡¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHH, Socorro!!!!!!
Agacho la cabeza y la cubro con mis brazos, no me atrevo a moverme, pero oigo risas por todas partes. Levanto un poco la mirada y me doy cuenta de que todos en la sala se están riendo de mí. Todos menos mi protectora (me refiero a mi suegra), ella enseguida vino a quitármela de encima.
Con el tiempo te acostumbras, sobre todo porque no quieres parecer tonta y que se rían de ti.
Mi primer encuentro con una araña sería un mes más tarde, hay que decir que son arañas domesticas, pero su tamaño es como una mano. Me levanté al baño y que sorpresa me llevo cuando veo una de esas interponiéndose en mi camino, justo en medio de la puerta. Me voy corriendo a despertar a mami, le obligo a levantarse para que vea lo que pasa, una araña no me deja ir a mear.
Ella muy tranquila se acerca para asustarla y que se vaya, me mira como diciendo…….-es mas pequeña que tú no creo que pueda comerte- pero….. ¿por qué no la mata como hizo con la cucaracha?. Por lo visto las arañas comen a las cucarachas, por lo que son considerados beneficiosos para deshacerse de los insectos indeseados.
Otros especimenes que convivían con nosotros. Hormigas rojas que pican, aún no puedo olvidar el día que entre en mi habitación y estaba todo cubierto por ellas. Era un día de verano caluroso y les dio por salir de su madriguera, yo estaba sola en casa y cuando entré en la habitación empezaron a subírseme por todo el cuerpo. Como dolían sus picaduras, -recordé la película de la marabunta-, salí corriendo fuera de la casa, me sacudí todas, cogí un taburete y me fui a la calle, puse el taburete en medio y me subí a el, estuve sentada en el mucho tiempo, llorando, no pensaba moverme de allí. Después de unas horas llegó mi suegra.
-¿Qué te ocurre?
-no pienso entrar en la casa nunca más, se la están comiendo las hormigas.
-entró, llenó un cubo de agua y jabón me vino a buscar y me llevó con ella, me enseñó como les echaba el agua jabonosa y se morían. Parecía que no eran tan poderosas como las de la película. Ni que decir tiene que mi habitación quedó echa un asco.
Las lagartijas que también vivían con nosotros eran las heroínas, no solo comían hormigas, también moscas y mosquitos.
Pero los mas temibles eran los ciempiés, supongo que eran ciempiés, ellos les llamaban “wukon” les encantaba estar en sitios húmedos, y estos si que eran peligrosos, si te picaba uno de estos podías no contarlo.
También tuve varios encuentros, pero el que más recuerdo es la vez que me levanté y cuando salgo fuera de la habitación, me veo reflejada en el espejo. En el pantalón tenía uno enorme, me quité los pantalones allí delante de todos y los lancé lejos, poco me importo quedar en bragas.
Por supuesto no voy a olvidarme de los enormes mosquitos y el peligro que suponen para la transmisión de la encefalitis japonesa. Al menos hay vacuna para esa enfermedad, aunque yo no me la he puesto y sigo conservando mi encéfalo intacto, puede que ya esté erradicada o que haya tenido suerte. Otro bichito del que me hice amiga, fue la musaraña, que yo pensaba que era una ratita, pero no. El caso es que de vez en cuando, por la noche algo entraba en casa y yo estaba cagada de miedo porque eso de oír algo corriendo de acá para allá mientras estaba durmiendo no me hacía ninguna gracia. Dormía fatal y hasta que no descubriera lo que andaba paseándose por la casa de noche no paré. Compré una jaula y le puse de cebo una salchicha china, de esas que se pueden oler a kilómetros así que siempre me quedará la duda si a la musaraña la atraje yo con la salchicha o era ella la que rondaba la casa, porque según mi suegra eran unos lindos pajaritos los que entraban en mi habitación, por la ventana que había que dejar abierta para no ahogarse de calor por las noches. Esa noche la musaraña quedó atrapada, ¿y ahora que hacer con ella? Era como tener una mascota o algo así, porque ¿cómo la iba a sacar de allí y para dónde? ¿Matarla? ¿Cómo? No sé como se me ocurrió algo así, pero cogí una bolsa de plástico y la puse en la puerta de la jaula, abrí la puerta y ella entró en la bolsa, yo la cerré inmediatamente y le hice un nudo a la vez que le gritaba a mi suegra ¡toma mátala, mátala!. La rata se revolvía dentro de la bolsa y mi suegra decía -se va a terminar escapando, cogió una piedra y la machaco. Después mi suegra me dijo que era una musaraña y que eran ciegas y solo salían de noche. ¿un musaraña?¿ciega? nunca había oído hablar de ese animal. Se me quitaron las ganas de volver a cazar bichos.
14. El hobby
Por fin se terminó todo lo referente a la celebración de la boda. Ahora empezaba la celebración del año Nuevo chino. Ese año sería el nueve de febrero de nuestro calendario el que coincidía con el uno de enero del suyo, “el calendario lunar o agrícola”, no voy a hablar aquí de en que consiste, ya que existe mucha información al respecto en Internet y en otros medios.
Pero por ese motivo estaban de fiesta y por lo tanto no trabajaban. Sin embargo iniciaron una actividad, a la cual yo pensé que se dedicaban profesionalmente y que debido a la boda la habían dejado de hacer.
Yo quería ser útil, ser una mas en la familia y en vez de darme a la buena vida intentaba ayudar y aprenderlo todo.
Nos levantábamos a las cinco de la mañana e íbamos en motos de dos en dos hasta la costa. Dejábamos las motos arriba en el acantilado y bajábamos por un sendero ya hecho hasta la orilla.
Dentro del mar flotaban unos rectángulos de aproximadamente dos metros por un metro. En el espacio interior había una red, era algo así como unas redes enmarcadas en maderos, los cuáles estaban sujetos a tierra firme por unas cuerdas atadas a las rocas de la orilla.
El viento era muy fuerte y pegaba con fuerza, yo no estaba acostumbrada y me dolía, era como pequeños latigazos en la cara.
Nos pusimos unas botas de goma que llegaban hasta casi las ingles, después entrabamos en el agua y tirábamos de las cuerdas para acercar las maderas. Cuando las teníamos cerca las levantábamos. Por la parte de debajo de las redes colgaban unas algas verdes alargadas, me dieron unas tijeras y una bolsa y me enseñaron lo que tenía que hacer.
Había que cortar las algas, pero con cuidado. En la base de la red debía quedar parte como de la raíz por donde crecía el alga.
Entre todos fuimos cortando las algas y metiéndolas en bolsas. No me gustaba mientras las cortaba pensaba, que mierda de trabajo, hacía frío, las manos se me ponían moradas, cortar las tiras de algas de una en una, era muy aburrido y había que tener paciencia, me apetecía arrancarlas. Una vez en casa se ponían a secar al sol, y cuando ya estaban secas se empaquetaban en bolsas de plástico.
En aquellos días lo que se me pasaba por la cabeza era, de coser en un taller a recoger algas, ¿qué era mejor?.
Pregunté si todo el año se dedicaban a eso. Entonces me lleve una alegría porque la contestación fue:
No nos dedicamos a esto, esto solo es como un hobby, papa es profesor de primaria en la escuela del pueblo, pero como está de vacaciones le gusta hacer esto.
¿QUEEEEEEEEEÉ? ¿Un hobby? Y yo pensando que ayudaba al sustento familiar, no monines si es un hobby ir vosotros que a mi no me mola nada.
Uuuuuufffffff se acabo el madrugar, a dormir la mañana. Su padre me decía que no era bueno levantarse tan tarde, ya ya ya, lo que tu digas le decía yo para mis adentros.
Pero por ese motivo estaban de fiesta y por lo tanto no trabajaban. Sin embargo iniciaron una actividad, a la cual yo pensé que se dedicaban profesionalmente y que debido a la boda la habían dejado de hacer.
Yo quería ser útil, ser una mas en la familia y en vez de darme a la buena vida intentaba ayudar y aprenderlo todo.
Nos levantábamos a las cinco de la mañana e íbamos en motos de dos en dos hasta la costa. Dejábamos las motos arriba en el acantilado y bajábamos por un sendero ya hecho hasta la orilla.
Dentro del mar flotaban unos rectángulos de aproximadamente dos metros por un metro. En el espacio interior había una red, era algo así como unas redes enmarcadas en maderos, los cuáles estaban sujetos a tierra firme por unas cuerdas atadas a las rocas de la orilla.
El viento era muy fuerte y pegaba con fuerza, yo no estaba acostumbrada y me dolía, era como pequeños latigazos en la cara.
Nos pusimos unas botas de goma que llegaban hasta casi las ingles, después entrabamos en el agua y tirábamos de las cuerdas para acercar las maderas. Cuando las teníamos cerca las levantábamos. Por la parte de debajo de las redes colgaban unas algas verdes alargadas, me dieron unas tijeras y una bolsa y me enseñaron lo que tenía que hacer.
Había que cortar las algas, pero con cuidado. En la base de la red debía quedar parte como de la raíz por donde crecía el alga.
Entre todos fuimos cortando las algas y metiéndolas en bolsas. No me gustaba mientras las cortaba pensaba, que mierda de trabajo, hacía frío, las manos se me ponían moradas, cortar las tiras de algas de una en una, era muy aburrido y había que tener paciencia, me apetecía arrancarlas. Una vez en casa se ponían a secar al sol, y cuando ya estaban secas se empaquetaban en bolsas de plástico.
En aquellos días lo que se me pasaba por la cabeza era, de coser en un taller a recoger algas, ¿qué era mejor?.
Pregunté si todo el año se dedicaban a eso. Entonces me lleve una alegría porque la contestación fue:
No nos dedicamos a esto, esto solo es como un hobby, papa es profesor de primaria en la escuela del pueblo, pero como está de vacaciones le gusta hacer esto.
¿QUEEEEEEEEEÉ? ¿Un hobby? Y yo pensando que ayudaba al sustento familiar, no monines si es un hobby ir vosotros que a mi no me mola nada.
Uuuuuufffffff se acabo el madrugar, a dormir la mañana. Su padre me decía que no era bueno levantarse tan tarde, ya ya ya, lo que tu digas le decía yo para mis adentros.
15. Empezamos a entendernos
Después de las fiestas el padre empezó a trabajar en la escuela. Sacaron las redes del mar y abandonaron su hobby para siempre.
Empezaba a entender frases sencillas. En la isla se hablaban varios idiomas. El chino mandarín, en Taiwán llamado 國語 “kuo yu”, era el idioma oficial.
Éste no lo hablaban ni los niños, ni la gente mayor de cincuenta. Luego estaba el 台語 “tai yu” aunque lo hablaba todo el mundo, los que mas lo utilizaban eran los niños y los mayores, ósea la mayoría de los que no hablaban 國語 “kuo yu”,
El japonés lo hablaban los mayores , por aquello de que de niños habían sido japoneses.
Eso me lo contó mi suegro. Me dijo que cuando tenían once años dejó de ser japonés para convertirse en chino, por ello tuvo que aprender el chino. Ese era uno de los motivos de que él hablara los tres idiomas. Sin embargo mucha gente mayor no había aprendido a hablar chino, por lo que solo hablaban japonés y taiwanés.
En el pueblo los profesores estaban muy bien considerados, eran los que educaban a los futuros hombres y mujeres. Y cuando alguien quería escribir una carta y no sabía, venía a casa para que se la escribiera" 林老师" el profesor Lin.
Cuando salía por el pueblo, todos los niños hacían una pequeña inclinación de cabeza a modo de saludo y decían: "sumu jao”. Volví a casa y pregunté porque me llamaban así, me dijeron que por ser la nuera del profesor, como respeto.
Al principio yo mezclaba el chino y el taiwanés que eran los más hablados, con el tiempo me fui dando cuenta de que eran dos idiomas y los fui separando.
Con mi suegra era con la que mejor me entendía, (al menos hasta que empecé a odiarla, aunque fue un odio temporal y cariñoso jajaja).
Entre las dos inventamos palabras nuevas. Por ejemplo, al lado de la casa había un corral en el que criaban patos. Me llevó con ella para enseñarme como recoger los huevos que ponían y darles de comer.
Pero en vez de llamarlos por su nombre, cada vez que quería decir pato, me decía bit bit bit, (sonido que supuestamente hacen los patos). Yo pensaba que los patos hacían kuac kuac, por eso pensé que pato en el idioma chino se decía “bit”.
Otra palabra que nos inventamos fue para “el periodo menstrual”, palabra muy importante, teniendo en cuenta que estaban deseando tener un nieto.
Mi suegra me enseña un calendario, pasa las hojas. Yo le digo “mes” ella me dice “mes” y me toca la barriga. ¿现在 “xian zai” (ahora) mes? Traducción……………… que si estaba con la regla. Le señalo una fecha en el calendario y le digo cuando me toca. A partir de ahí empezó el control. y la regla pasaría a llamarse "mes".
Por más que intenté explicarme para que me dieran algún método anticonceptivo, no hubo manera de que me entendieran. Ahora sé que aunque me hubieran entendido nunca me lo habrían facilitado.
Al principio yo mezclaba el chino y el taiwanés que eran los más hablados, con el tiempo me fui dando cuenta de que eran dos idiomas y los fui separando.
Con mi suegra era con la que mejor me entendía, (al menos hasta que empecé a odiarla, aunque fue un odio temporal y cariñoso jajaja).
Entre las dos inventamos palabras nuevas. Por ejemplo, al lado de la casa había un corral en el que criaban patos. Me llevó con ella para enseñarme como recoger los huevos que ponían y darles de comer.
Pero en vez de llamarlos por su nombre, cada vez que quería decir pato, me decía bit bit bit, (sonido que supuestamente hacen los patos). Yo pensaba que los patos hacían kuac kuac, por eso pensé que pato en el idioma chino se decía “bit”.
Otra palabra que nos inventamos fue para “el periodo menstrual”, palabra muy importante, teniendo en cuenta que estaban deseando tener un nieto.
Mi suegra me enseña un calendario, pasa las hojas. Yo le digo “mes” ella me dice “mes” y me toca la barriga. ¿xian zai (ahora) mes? Traducción……………… que si estaba con la regla. Le señalo una fecha en el calendario y le digo cuando me toca. A partir de ahí empezó el control. y la regla pasaría a llamarse "mes".
Por más que intenté explicarme para que me dieran algún método anticonceptivo, no hubo manera de que me entendieran. Ahora sé que aunque me hubieran entendido nunca me lo habrían facilitado.
Empezaba a entender frases sencillas. En la isla se hablaban varios idiomas. El chino mandarín, en Taiwán llamado 國語 “kuo yu”, era el idioma oficial.
Éste no lo hablaban ni los niños, ni la gente mayor de cincuenta. Luego estaba el 台語 “tai yu” aunque lo hablaba todo el mundo, los que mas lo utilizaban eran los niños y los mayores, ósea la mayoría de los que no hablaban 國語 “kuo yu”,
El japonés lo hablaban los mayores , por aquello de que de niños habían sido japoneses.
Eso me lo contó mi suegro. Me dijo que cuando tenían once años dejó de ser japonés para convertirse en chino, por ello tuvo que aprender el chino. Ese era uno de los motivos de que él hablara los tres idiomas. Sin embargo mucha gente mayor no había aprendido a hablar chino, por lo que solo hablaban japonés y taiwanés.
En el pueblo los profesores estaban muy bien considerados, eran los que educaban a los futuros hombres y mujeres. Y cuando alguien quería escribir una carta y no sabía, venía a casa para que se la escribiera" 林老师" el profesor Lin.
Cuando salía por el pueblo, todos los niños hacían una pequeña inclinación de cabeza a modo de saludo y decían: "sumu jao”. Volví a casa y pregunté porque me llamaban así, me dijeron que por ser la nuera del profesor, como respeto.
Al principio yo mezclaba el chino y el taiwanés que eran los más hablados, con el tiempo me fui dando cuenta de que eran dos idiomas y los fui separando.
Con mi suegra era con la que mejor me entendía, (al menos hasta que empecé a odiarla, aunque fue un odio temporal y cariñoso jajaja).
Entre las dos inventamos palabras nuevas. Por ejemplo, al lado de la casa había un corral en el que criaban patos. Me llevó con ella para enseñarme como recoger los huevos que ponían y darles de comer.
Pero en vez de llamarlos por su nombre, cada vez que quería decir pato, me decía bit bit bit, (sonido que supuestamente hacen los patos). Yo pensaba que los patos hacían kuac kuac, por eso pensé que pato en el idioma chino se decía “bit”.
Otra palabra que nos inventamos fue para “el periodo menstrual”, palabra muy importante, teniendo en cuenta que estaban deseando tener un nieto.
Mi suegra me enseña un calendario, pasa las hojas. Yo le digo “mes” ella me dice “mes” y me toca la barriga. ¿现在 “xian zai” (ahora) mes? Traducción……………… que si estaba con la regla. Le señalo una fecha en el calendario y le digo cuando me toca. A partir de ahí empezó el control. y la regla pasaría a llamarse "mes".
Por más que intenté explicarme para que me dieran algún método anticonceptivo, no hubo manera de que me entendieran. Ahora sé que aunque me hubieran entendido nunca me lo habrían facilitado.
Al principio yo mezclaba el chino y el taiwanés que eran los más hablados, con el tiempo me fui dando cuenta de que eran dos idiomas y los fui separando.
Con mi suegra era con la que mejor me entendía, (al menos hasta que empecé a odiarla, aunque fue un odio temporal y cariñoso jajaja).
Entre las dos inventamos palabras nuevas. Por ejemplo, al lado de la casa había un corral en el que criaban patos. Me llevó con ella para enseñarme como recoger los huevos que ponían y darles de comer.
Pero en vez de llamarlos por su nombre, cada vez que quería decir pato, me decía bit bit bit, (sonido que supuestamente hacen los patos). Yo pensaba que los patos hacían kuac kuac, por eso pensé que pato en el idioma chino se decía “bit”.
Otra palabra que nos inventamos fue para “el periodo menstrual”, palabra muy importante, teniendo en cuenta que estaban deseando tener un nieto.
Mi suegra me enseña un calendario, pasa las hojas. Yo le digo “mes” ella me dice “mes” y me toca la barriga. ¿xian zai (ahora) mes? Traducción……………… que si estaba con la regla. Le señalo una fecha en el calendario y le digo cuando me toca. A partir de ahí empezó el control. y la regla pasaría a llamarse "mes".
Por más que intenté explicarme para que me dieran algún método anticonceptivo, no hubo manera de que me entendieran. Ahora sé que aunque me hubieran entendido nunca me lo habrían facilitado.
16. Y los dioses escucharon sus ruegos
En el pueblo había dos templos, uno taoísta y otro budista. Mi suegra siempre iba a los dos a rezar. Ni que decir tiene que siempre pedía lo mismo, que yo me quedara embarazada de un varón.
Yo iba con ella, a mi suegro no le gustaba mucho todo eso de las religiones y le parecía una tontería pero se lo permitía. Aunque, si gastaba mucho en ofrendas le parecía mal.
Llevábamos fruta y se colocaba en un cesto sobre una especie de altar, luego cogíamos tres barritas de incienso, hacíamos tres reverencias sujetándolas y las clavábamos en la fruta.
Mientras las barritas de incienso se consumían, íbamos a quemar unos papeles de ofrenda.
(Estos papeles eran en los que a mi suegro no le gustaba que se gastara el dinero. El lo consideraba un despilfarro.)
Los que eran cuadrados con una especie de papel plata, pero en color oro pegado en medio, representaban dinero. Había otros que tenían dibujados ropa, peines, coches, y demás cosas que utilizamos en este mundo. Según me contaron (me lo contaron mas adelante, no en ese momento no me enteraba de una) cuando morimos a donde vamos también necesitamos cosas y por eso cuando se queman esos papeles, les proporcionamos lo que necesitan a nuestros muertos. Claro que solo se lo creen algunos, otros como mi suegro decían ¡¡vaya engaño!!
A mi eso de quemar los papelitos me hacia ilusión, así que como ellos estaban tan hartos de quemarlos, lo hacía yo.

quemador de papeles de ofrenda en forma de pagoda
Luego recogíamos la fruta y nos volvíamos a casa.
Un día de abril llegaron unas vecinas de las cotillas, que se pasaban hablando todo el día con mi suegra sobre mí. Algo se cocía y yo tenía que ver.
Por fin mi suegra me lo soltó:
-No “mes”. ……………………………………baby
La miro con cara alucinada- ¿qué? ¿Beibi?
Pone su mano en mi barriga y dice- no mes-
-ostia, ¿no me digas que estoy embarazada y me lo tienes que decir tú?
-Joder con la tía, se va hasta donde estaba colgado el calendario y señala el día que supuestamente me tenía que haber venido “el mes”. Parece que sus oraciones habían sido escuchadas. Ahora solo le faltaba esperar para ver si era niño.
Yo iba con ella, a mi suegro no le gustaba mucho todo eso de las religiones y le parecía una tontería pero se lo permitía. Aunque, si gastaba mucho en ofrendas le parecía mal.
Llevábamos fruta y se colocaba en un cesto sobre una especie de altar, luego cogíamos tres barritas de incienso, hacíamos tres reverencias sujetándolas y las clavábamos en la fruta.
Mientras las barritas de incienso se consumían, íbamos a quemar unos papeles de ofrenda.
(Estos papeles eran en los que a mi suegro no le gustaba que se gastara el dinero. El lo consideraba un despilfarro.)
Los que eran cuadrados con una especie de papel plata, pero en color oro pegado en medio, representaban dinero. Había otros que tenían dibujados ropa, peines, coches, y demás cosas que utilizamos en este mundo. Según me contaron (me lo contaron mas adelante, no en ese momento no me enteraba de una) cuando morimos a donde vamos también necesitamos cosas y por eso cuando se queman esos papeles, les proporcionamos lo que necesitan a nuestros muertos. Claro que solo se lo creen algunos, otros como mi suegro decían ¡¡vaya engaño!!
A mi eso de quemar los papelitos me hacia ilusión, así que como ellos estaban tan hartos de quemarlos, lo hacía yo.

quemador de papeles de ofrenda en forma de pagoda
Luego recogíamos la fruta y nos volvíamos a casa.
Un día de abril llegaron unas vecinas de las cotillas, que se pasaban hablando todo el día con mi suegra sobre mí. Algo se cocía y yo tenía que ver.
Por fin mi suegra me lo soltó:
-No “mes”. ……………………………………baby
La miro con cara alucinada- ¿qué? ¿Beibi?
Pone su mano en mi barriga y dice- no mes-
-ostia, ¿no me digas que estoy embarazada y me lo tienes que decir tú?
-Joder con la tía, se va hasta donde estaba colgado el calendario y señala el día que supuestamente me tenía que haber venido “el mes”. Parece que sus oraciones habían sido escuchadas. Ahora solo le faltaba esperar para ver si era niño.
17. ¿ de verdad estaba embarazada?
Bueno si ella lo decía sería cierto.
Se corrió la voz como la pólvora, al día siguiente en el pueblo no había nadie que no supiera que probablemente estaba esperando un bebé.
Me molestaba mucho que hablaran constantemente de mí. A partir de ese momento, mi suegra no me dejaba ni a sol ni a sombra, no tenía otro tema de conversación que no fuera yo.
Todo lo que hacía, aprendía etc... Lo ponía en conocimiento de los demás.
Empecé a odiarla, -¿por qué tenía que contarle a todos lo que yo hacía?..
Un día me cogí tal cabreo que le dije delante de todos,
-¿por qué no les dices a que hora voy al baño a cagar? Es lo único que te falta por contar.
En realidad tanto me quería que me agobiaba. A veces pensaba que me había casado con ella en vez de con su hijo, ya que era con ella con la que pasaba casi todo mi tiempo. Al cabo del tiempo me fui dando cuenta que era por lo orgullosa que estaba de mi, por lo que no podía dejar de nombrarme a todas horas.
Para ella yo todo lo hacía bien y si hacía algo que no estaba bien visto dentro de su cultura ella siempre me excusaba.
Ya habían pasado cuatro meses desde mi llegada, y aunque solo hablaba cosas muy básicas, podía entender (o imaginar) casi todo lo que decían.
El embarazo se dio por un hecho. En el pueblo no había ni farmacias, ni médicos. Por lo tanto, allí prueba de embarazo ninguna. En vista de lo visto y por si acaso dejé de fumar, si realmente estaba embarazada no sería bueno para el bebé, pero dejar de fumar no fue lo único que cambio mi vida para mejorar.
Tony ya había cumplido. Sus padres ya tenían lo que querían, por fin dejarían de darle la lata con el matrimonio y los nietos. Nuestra vida conyugal se podía resumir en tres meses, quizá tan solo en cinco días.
Él intentó trabajar como profesor suplente, pero no soportaba a los niños y tampoco le gustaba el pueblo. Por ello se terminó marchando a Kaoshiung, la segunda ciudad mas grande de Taiwán.

Yo me quedé en Pescadores con sus padres. Los días se sucedieron y no solo siguió sin venirme “el mes”, mi barriga parecía hinchada, definitivamente sería mama.
Se corrió la voz como la pólvora, al día siguiente en el pueblo no había nadie que no supiera que probablemente estaba esperando un bebé.
Me molestaba mucho que hablaran constantemente de mí. A partir de ese momento, mi suegra no me dejaba ni a sol ni a sombra, no tenía otro tema de conversación que no fuera yo.
Todo lo que hacía, aprendía etc... Lo ponía en conocimiento de los demás.
Empecé a odiarla, -¿por qué tenía que contarle a todos lo que yo hacía?..
Un día me cogí tal cabreo que le dije delante de todos,
-¿por qué no les dices a que hora voy al baño a cagar? Es lo único que te falta por contar.
En realidad tanto me quería que me agobiaba. A veces pensaba que me había casado con ella en vez de con su hijo, ya que era con ella con la que pasaba casi todo mi tiempo. Al cabo del tiempo me fui dando cuenta que era por lo orgullosa que estaba de mi, por lo que no podía dejar de nombrarme a todas horas.
Para ella yo todo lo hacía bien y si hacía algo que no estaba bien visto dentro de su cultura ella siempre me excusaba.
Ya habían pasado cuatro meses desde mi llegada, y aunque solo hablaba cosas muy básicas, podía entender (o imaginar) casi todo lo que decían.
El embarazo se dio por un hecho. En el pueblo no había ni farmacias, ni médicos. Por lo tanto, allí prueba de embarazo ninguna. En vista de lo visto y por si acaso dejé de fumar, si realmente estaba embarazada no sería bueno para el bebé, pero dejar de fumar no fue lo único que cambio mi vida para mejorar.
Tony ya había cumplido. Sus padres ya tenían lo que querían, por fin dejarían de darle la lata con el matrimonio y los nietos. Nuestra vida conyugal se podía resumir en tres meses, quizá tan solo en cinco días.
Él intentó trabajar como profesor suplente, pero no soportaba a los niños y tampoco le gustaba el pueblo. Por ello se terminó marchando a Kaoshiung, la segunda ciudad mas grande de Taiwán.

Yo me quedé en Pescadores con sus padres. Los días se sucedieron y no solo siguió sin venirme “el mes”, mi barriga parecía hinchada, definitivamente sería mama.
18. Preocupaciones
Ser mama no era algo que había entrado en mis planes, ¡¡¡que idiotez!!! De que planes hablo, si no tenía ninguno. De todas formas me había dado cuenta enseguida que no me quedaría otro remedio. No me disgustaba, pero tener el bebe allí me preocupaba bastante. Sobre todo cuando mi suegra empezó a decirme que ella había tenido a sus cuatro hijos en casa. Concretamente me señalaba su cama y decía:
-aquí nacieron mis cuatro hijos
Empecé a tener pesadillas. En ellas yo estaba a punto de dar a luz, echada en la cama.
Mientras tanto a mi alrededor había un montón de gente del pueblo mirando y hablando chino entre ellos. No me ayudaban, solo cotilleaban sobre como sería el bebe. Y yo ahí muerta de miedo sin saber lo que iba a pasar o lo que tenía que hacer.
Estas pesadillas con el tiempo se fueron haciendo mas frecuentes. Tenía miedo y no podía contárselo a nadie. En las cartas que le escribía a mi familia, les contaba lo feliz que era allí. Lo bien que me trataban, (esto era cierto, no tiene nada que ver que las costumbres fueran tan diferentes). En fin que vivía casi en un paraíso. Para que iba a contarles otras cosas. A veces leyendo sus cartas lloraba. En ellas me decían lo contentos que estaban de que todo me fuera tan bien. Y yo pensaba en las ganas que tenía de volver a España.
Un día nos fuimos a Makung a ver al abuelo y su familia. El abuelo estaba casado en segundas nupcias. Con su primera esposa había tenido cuatro hijos, el mayor de estos era mi suegro. Y tenía otros hijos con su segunda esposa con la que vivía, era un lío de familiares. Nunca llegué a entender muy bien el parentesco entre unos y otros y cuantos eran, porque eran demasiados.
El abuelo regentaba una farmacia, una farmacia muy particular, era una farmacia de hierbas naturales. Detrás del mostrador había un montón de cajoncitos donde se guardaban las hierbas. Cuando la gente iba a comprar la medicina, le decía lo que le pasaba y él ponía unos papeles cuadrados en el mostrador, (tantos papeles como dosis). Luego cogía de un cajón de un tipo de hierba y la repartía en los papeles y mezclaba varias hierbas en un mismo papel. Cuando ya estaban las plantas necesarias encima de cada papelito, los envolvía como paquetitos.

el abuelo en la farmacia.
Decidieron que yo tenía que tomar un potingue de esos, ya que no solo la gente enferma tomaba pociones cocidas de hierbas, también eran para prevenir y mejorar el estado de salud. Y éste era el motivo de que me llevaran a verle. Pero además me presentaron a su madre.
En el siguiente post hablaré de su madre, (la futura tatarabuela).
Y como este ya esta quedando algo largo, acabo de contaros lo de la poción también en el próximo.
-aquí nacieron mis cuatro hijos
Empecé a tener pesadillas. En ellas yo estaba a punto de dar a luz, echada en la cama.
Mientras tanto a mi alrededor había un montón de gente del pueblo mirando y hablando chino entre ellos. No me ayudaban, solo cotilleaban sobre como sería el bebe. Y yo ahí muerta de miedo sin saber lo que iba a pasar o lo que tenía que hacer.
Estas pesadillas con el tiempo se fueron haciendo mas frecuentes. Tenía miedo y no podía contárselo a nadie. En las cartas que le escribía a mi familia, les contaba lo feliz que era allí. Lo bien que me trataban, (esto era cierto, no tiene nada que ver que las costumbres fueran tan diferentes). En fin que vivía casi en un paraíso. Para que iba a contarles otras cosas. A veces leyendo sus cartas lloraba. En ellas me decían lo contentos que estaban de que todo me fuera tan bien. Y yo pensaba en las ganas que tenía de volver a España.
Un día nos fuimos a Makung a ver al abuelo y su familia. El abuelo estaba casado en segundas nupcias. Con su primera esposa había tenido cuatro hijos, el mayor de estos era mi suegro. Y tenía otros hijos con su segunda esposa con la que vivía, era un lío de familiares. Nunca llegué a entender muy bien el parentesco entre unos y otros y cuantos eran, porque eran demasiados.
El abuelo regentaba una farmacia, una farmacia muy particular, era una farmacia de hierbas naturales. Detrás del mostrador había un montón de cajoncitos donde se guardaban las hierbas. Cuando la gente iba a comprar la medicina, le decía lo que le pasaba y él ponía unos papeles cuadrados en el mostrador, (tantos papeles como dosis). Luego cogía de un cajón de un tipo de hierba y la repartía en los papeles y mezclaba varias hierbas en un mismo papel. Cuando ya estaban las plantas necesarias encima de cada papelito, los envolvía como paquetitos.

el abuelo en la farmacia.
Decidieron que yo tenía que tomar un potingue de esos, ya que no solo la gente enferma tomaba pociones cocidas de hierbas, también eran para prevenir y mejorar el estado de salud. Y éste era el motivo de que me llevaran a verle. Pero además me presentaron a su madre.
En el siguiente post hablaré de su madre, (la futura tatarabuela).
Y como este ya esta quedando algo largo, acabo de contaros lo de la poción también en el próximo.
19. La tatarabuela
Salimos de la farmacia y entramos en una casa cuya puerta daba de frente a la farmacia. En el cuarto había un olor a humedad bastante desagradable y estaba oscuro.
Al fondo había una mujer muy pequeña, estaba sentada en un taburete muy bajo tenía un paño en la mano con el que frotaba el suelo sin cesar
Mi suegra decía su nombre a gritos, luego le habló de mí y le dijo que yo era la esposa de su biznieto y que había venido a verla. Por lo visto era algo sorda. Nos acercamos, levantó la cabeza de su tarea y habló con una voz suave. me acerqué y la saludé chillándole en el oído por el que se suponía que oía.
-¡¡¡ni jo!!! (Hola en taiwanés).
Me agarró del brazo y empezó a tocarme, fue cuando me di cuenta de que era ciega
Pero no solo era ciega y sorda de un oído, cosas normales a su edad, (le faltaba poco para cumplir los cien años).
Cuando miré sus pies me extraño mucho su calzado, ¿qué tenía en los pies?, los señalé:
Los tenía vendados, ¿por qué? ¿Es que acaso tenía heridas?. En ese momento me fue imposible averiguarlo, mi vocabulario era demasiado pobre y muchas cosas se quedaban sin explicación para mí.
No fue hasta un par de años después, que descubrí el porqué de sus pies vendados, en la celebración de su cien cumpleaños. Para entonces yo ya podía desenvolverme con fluidez en su idioma y preguntar por algunas cuestiones que llamaban mi atención.
Y así fue como supe la historia de porqué la abuela de mi suegro tenía los pies atados con vendas.
La celebración de su cien cumpleaños se haría en un restaurante. Le habían hecho una placa por ser su centenario. El día de la celebración primero fuimos a buscarla para llevarla al restaurante.
-No puede caminar, hay que llevarla en cuello me dijeron.
-pero ¿qué le pasa en los pies? ¿por qué siempre los lleva vendados?-pregunté.
-es una costumbre que se hacía antes, en su época. Me contestaron.
Los pies de las mujeres se vendaban cuando eran niñas, para evitar que el pie creciera demasiado, unos pies grandes no eran hermosos.
A los hombres les gustaba los pies pequeños, por eso se vendaban los pies de las mujeres, para satisfacer los gustos de los hombres por los pies pequeños.
La mayoría de las veces los pies quedaban inutilizados, muchas mujeres no podían caminar, otras tenían que apoyarse. Sobre todo con los años, iba a peor.
-¿y por qué no le quitáis las vendas? pregunté ingenuamente.
-ya no se puede, lleva demasiados años con los pies vendados, si se le quitan los dolores son insoportables.
Me pareció horrible, ¿cómo podían haber hecho algo así?, me acerqué a ella y le dije que yo la llevaría en la espalda hasta el restaurante. (Costumbre de allí, normalmente así se llevaba también a los bebes).
-No, dijo ella. Que vergüenza, ¿cómo me vas a llevar en la espalda?, es demasiada molestia para ti.
-A mi no me importa de verdad. Sin embargo a ella si le importaba, no sé porque razón le avergonzaba que yo sola la llevara, debía tener miedo a que me pesara demasiado o algo así. Al final la llevamos al sillón de la reina entre dos. Uno de sus nietos y yo.
No sé si disfrutaría de la fiesta, para comer tenía que hacerlo con una pajita. Yo ya tenía bastante en que pensar con el tema de los pies. Me pareció algo terrible.
Cuando llegué a Taiwán, nunca anteriormente había tenido contacto con la cultura china, ni sabía nada acerca de sus costumbres. De hecho era bastante ignorante en casi todo. A los catorce años tuve que dejar de estudiar para ponerme a trabajar y ayudar en casa, todo eso hizo que los libros no me interesasen mucho y que estuviera ocupada en otras cosas más importantes para sobrevivir que leer libros.
No pude estudiar en España, sin embargo la vida me había brindado la oportunidad de aprender cosas que no se pueden estudiar en ninguna universidad.
El vivir allí hizo que me diera cuenta de la importancia del sitio donde naces, en España siempre tuve la libertad de expresarme y la posibilidad de elegir cambiar mi vida, de hecho la había cambiado abandonándolo todo por mi propia decisión y sin que me lo pudieran impedir. Me di cuenta de que en otras partes del mundo, solo por el hecho de ser mujer te privaban de esa libertad y de esa posibilidad. Sobre todo el ver las diferencias en el rol de la mujer según el lugar donde se viviera.
Hubo un día en que mi suegro estaba tomando té con unos amigos, todos hombres prosupuesto. Estaban resolviendo el mundo, (por decir algo), cuando pensé que mi opinión también podía ser importante, en un tema tan serio como resolver el mundo.
Es por esto que se me ocurrió dar mi opinión, al respecto del asunto que trataban.
Se hizo un silencio absoluto, mi suegro puso cara de avergonzado.
¡¡¡Santo Dios!!! Su nuera, no solo mujer, sino además mocosa había osado opinar y sin pedir permiso a los hombres. (lo de mocosa es por la edad. Si fuera vieja ya tendría derecho a opinar)
Con cara de indignación y serio, me dijo:
-María, tienes que aprender que cuando los hombres están hablando, las mujeres callan y escuchan. Y que no debes meterte en una conversación de hombres.
Confieso que me avergoncé, había hecho algo mal, ¿pero el qué?. Mi suegra enseguida salió en mi defensa.
-Dejarla, es extranjera y no entiende de nuestras costumbres.
Joder, no solo era mujer, ignorante y mocosa. También era extranjera y no entendía nada de sus costumbres. ¿Esto último era bueno o malo?
Pero el colmo de los colmos fue una frase que me diría mi marido y que jamás he podido olvidar. Una frase que aunque yo no haya olvidado, él sí, porque un día recordándoselo me dijo ¿yo dije eso.
-Las mujeres sois inferiores a los hombres. De hecho, solo estáis en este mundo para servirnos y darnos satisfacción y placer. ¡¡¡¡Toma ya!!!! Esto me hizo comprender el porque nunca se preocupaba de lo que yo sentía o quería. Espero que con el tiempo se haya dado cuenta que servimos para algo más.
Al fondo había una mujer muy pequeña, estaba sentada en un taburete muy bajo tenía un paño en la mano con el que frotaba el suelo sin cesar
Mi suegra decía su nombre a gritos, luego le habló de mí y le dijo que yo era la esposa de su biznieto y que había venido a verla. Por lo visto era algo sorda. Nos acercamos, levantó la cabeza de su tarea y habló con una voz suave. me acerqué y la saludé chillándole en el oído por el que se suponía que oía.
-¡¡¡ni jo!!! (Hola en taiwanés).
Me agarró del brazo y empezó a tocarme, fue cuando me di cuenta de que era ciega
Pero no solo era ciega y sorda de un oído, cosas normales a su edad, (le faltaba poco para cumplir los cien años).
Cuando miré sus pies me extraño mucho su calzado, ¿qué tenía en los pies?, los señalé:
Los tenía vendados, ¿por qué? ¿Es que acaso tenía heridas?. En ese momento me fue imposible averiguarlo, mi vocabulario era demasiado pobre y muchas cosas se quedaban sin explicación para mí.
No fue hasta un par de años después, que descubrí el porqué de sus pies vendados, en la celebración de su cien cumpleaños. Para entonces yo ya podía desenvolverme con fluidez en su idioma y preguntar por algunas cuestiones que llamaban mi atención.
Y así fue como supe la historia de porqué la abuela de mi suegro tenía los pies atados con vendas.
La celebración de su cien cumpleaños se haría en un restaurante. Le habían hecho una placa por ser su centenario. El día de la celebración primero fuimos a buscarla para llevarla al restaurante.
-No puede caminar, hay que llevarla en cuello me dijeron.
-pero ¿qué le pasa en los pies? ¿por qué siempre los lleva vendados?-pregunté.
-es una costumbre que se hacía antes, en su época. Me contestaron.
Los pies de las mujeres se vendaban cuando eran niñas, para evitar que el pie creciera demasiado, unos pies grandes no eran hermosos.
A los hombres les gustaba los pies pequeños, por eso se vendaban los pies de las mujeres, para satisfacer los gustos de los hombres por los pies pequeños.
La mayoría de las veces los pies quedaban inutilizados, muchas mujeres no podían caminar, otras tenían que apoyarse. Sobre todo con los años, iba a peor.
-¿y por qué no le quitáis las vendas? pregunté ingenuamente.
-ya no se puede, lleva demasiados años con los pies vendados, si se le quitan los dolores son insoportables.
Me pareció horrible, ¿cómo podían haber hecho algo así?, me acerqué a ella y le dije que yo la llevaría en la espalda hasta el restaurante. (Costumbre de allí, normalmente así se llevaba también a los bebes).
-No, dijo ella. Que vergüenza, ¿cómo me vas a llevar en la espalda?, es demasiada molestia para ti.
-A mi no me importa de verdad. Sin embargo a ella si le importaba, no sé porque razón le avergonzaba que yo sola la llevara, debía tener miedo a que me pesara demasiado o algo así. Al final la llevamos al sillón de la reina entre dos. Uno de sus nietos y yo.
No sé si disfrutaría de la fiesta, para comer tenía que hacerlo con una pajita. Yo ya tenía bastante en que pensar con el tema de los pies. Me pareció algo terrible.
Cuando llegué a Taiwán, nunca anteriormente había tenido contacto con la cultura china, ni sabía nada acerca de sus costumbres. De hecho era bastante ignorante en casi todo. A los catorce años tuve que dejar de estudiar para ponerme a trabajar y ayudar en casa, todo eso hizo que los libros no me interesasen mucho y que estuviera ocupada en otras cosas más importantes para sobrevivir que leer libros.
No pude estudiar en España, sin embargo la vida me había brindado la oportunidad de aprender cosas que no se pueden estudiar en ninguna universidad.
El vivir allí hizo que me diera cuenta de la importancia del sitio donde naces, en España siempre tuve la libertad de expresarme y la posibilidad de elegir cambiar mi vida, de hecho la había cambiado abandonándolo todo por mi propia decisión y sin que me lo pudieran impedir. Me di cuenta de que en otras partes del mundo, solo por el hecho de ser mujer te privaban de esa libertad y de esa posibilidad. Sobre todo el ver las diferencias en el rol de la mujer según el lugar donde se viviera.
Hubo un día en que mi suegro estaba tomando té con unos amigos, todos hombres prosupuesto. Estaban resolviendo el mundo, (por decir algo), cuando pensé que mi opinión también podía ser importante, en un tema tan serio como resolver el mundo.
Es por esto que se me ocurrió dar mi opinión, al respecto del asunto que trataban.
Se hizo un silencio absoluto, mi suegro puso cara de avergonzado.
¡¡¡Santo Dios!!! Su nuera, no solo mujer, sino además mocosa había osado opinar y sin pedir permiso a los hombres. (lo de mocosa es por la edad. Si fuera vieja ya tendría derecho a opinar)
Con cara de indignación y serio, me dijo:
-María, tienes que aprender que cuando los hombres están hablando, las mujeres callan y escuchan. Y que no debes meterte en una conversación de hombres.
Confieso que me avergoncé, había hecho algo mal, ¿pero el qué?. Mi suegra enseguida salió en mi defensa.
-Dejarla, es extranjera y no entiende de nuestras costumbres.
Joder, no solo era mujer, ignorante y mocosa. También era extranjera y no entendía nada de sus costumbres. ¿Esto último era bueno o malo?
Pero el colmo de los colmos fue una frase que me diría mi marido y que jamás he podido olvidar. Una frase que aunque yo no haya olvidado, él sí, porque un día recordándoselo me dijo ¿yo dije eso.
-Las mujeres sois inferiores a los hombres. De hecho, solo estáis en este mundo para servirnos y darnos satisfacción y placer. ¡¡¡¡Toma ya!!!! Esto me hizo comprender el porque nunca se preocupaba de lo que yo sentía o quería. Espero que con el tiempo se haya dado cuenta que servimos para algo más.