77. Las clases de chino.
Por fin empezaron las clases de chino. Yo tenía muchas ganas de empezar a escribir y leer, mi suegro me había enseñado fonética, por lo que podía leer siempre que los símbolos fonéticos estuvieran al lado de los caracteres chinos. Ósea libros y cuentos para niños principalmente. A diferencia con China en Taiwán utilizaban fonética antigua, eso lo supe después. Por aquel entonces yo no sabía que en China habían cambiado estos símbolos por letras del abecedario inglés, más sencillos de aprender pero también a mi modo de ver más fácil de pronunciar erróneamente puesto que no coincide con el abecedario español. Taiwán a diferencia de China decidió conservar los caracteres sin alterarlos ni abreviarlos y los símbolos fonéticos originarios en las escuelas difundiendo su propia cultura tradicional.
Cuando supe años más tarde que los jóvenes de la China continental no solo no reconocían estos símbolos, sino que además ni siquiera los consideraban de su propia cultura, pensando al verlos que era japonés, me pareció triste. No ocurría lo mismo con la gente de una edad mas avanzada, pues ellos si los reconocían. Y no me estoy refiriendo ha que deberían aprendérselos, pues sería un retraso no avanzar. Pero si considero que deberían al menos citarlos como mero instrumento que se utilizó en tiempos pasados y de donde luego provino la fonética con letras. Pero esto para mí no fue más que una prueba de que en las escuelas se enseña lo que suele interesar a los gobiernos que estén en su momento en el poder, al igual que ocurre con la historia, que según donde estés difiere en beneficio de cada propio país, sin tener para nada en cuenta la objetividad. Y así se encuentran a mi modo de ver, millones de jóvenes. Sumisos en lo que les han enseñado, creyéndoselo porque no les darán tampoco la oportunidad de conocer otra versión, ni otra mirada desde un punto diferente. Y porque la vida es más cómoda y fácil cuando haces y piensas como el resto, aunque todo hay que decirlo mas aburrida también.
Y como ya he dado mi punto de vista respecto a este tema seguiré con mi historia.
Las clases se impartían de noche y como era para gente mayor que no había tenido la oportunidad de aprender el mandarín, la mayoría tenía mas de cincuenta años. Yo era la mas joven por lo que mi aprendizaje era más rápido. A veces hablaba con mis compañeros y a cambio aprendía algo de taiwanés que era principalmente lo que hablaban todos los que asistían. Algunos me preguntaban si aún recordaba mi propio idioma y la verdad era que lo estaba olvidando, cada vez me costaba más recordar algunas palabras en español o escribir en mi propio idioma mismamente. Esto se hacía notar también en mis cartas.


Dejé de hablar el español casí por completo, Hasta mi hijo decía que no quería que le hablara así.

Me encantaban los libros que utilizábamos, los mismos que se utilizaban en la escuela primaria en aquella época, con dibujos y letras grandes. Se abrían al revés, pasando las páginas de izquierda a derecha, los textos comenzaban en la derecha para terminar a la izquierda y aunque en la portada los textos iban en horizontal, en el interior iban en vertical, o lo que es lo mismo se leía de arriba a hacia abajo. Los textos eran muy infantiles por lo que resultaba gracioso oír a gente adulta leyendo textos como: "me balanceo en el caballito de madera o bajo por el tobogán"

Portada libro de primero de primaria de entonces.

Interior del libro.
Pero esta sencillez en el lenguaje era lo que hacía más fácil el aprendizaje. A mi suegro al principio no le gustaba que fuera, decía que el podía enseñarme, pero cuando vio lo rápido que avanzaba me animaba y ayudaba a mejorar. La profesora era Awá, a la cual yo seguía admirando por su inteligencia y sencillez. Me parecía una chica tan digna. Siempre correcta, educada, sabía sobre casi todo y sin embargo nunca se daba importancia. En su familia siempre se hablaba de las habilidades de sus hermanos, pero no de ella. Ella me contó que siempre había tenido que cederlo todo por sus hermanos, por ser mujer. Me dijo que de niña le parecía injusto que a sus hermanos, solo por ser varones les dieran de comer mejor, y que se dejara siempre lo peor para ella y su hermana por ser mujeres. Se había acostumbrado a aceptarlo y asumirlo.
Ella también era la profesora en la guardería del pueblo y por las mañanas me dejaba entrar con Yutan y su sobrino, al cual yo seguía cuidando. En la guardería les enseñaban a los niños los símbolos fonéticos y canciones infantiles así que me servía como repaso a lo que aprendía en las clases. Además de tener algo con que entreter a los pequeñajos, sobre todo al primo de Yutan, que al principio le costó volver a quedarse conmigo. También me sirvió para aprenderme un montón de canciones infantiles que cantarles luego en casa.

Cuando supe años más tarde que los jóvenes de la China continental no solo no reconocían estos símbolos, sino que además ni siquiera los consideraban de su propia cultura, pensando al verlos que era japonés, me pareció triste. No ocurría lo mismo con la gente de una edad mas avanzada, pues ellos si los reconocían. Y no me estoy refiriendo ha que deberían aprendérselos, pues sería un retraso no avanzar. Pero si considero que deberían al menos citarlos como mero instrumento que se utilizó en tiempos pasados y de donde luego provino la fonética con letras. Pero esto para mí no fue más que una prueba de que en las escuelas se enseña lo que suele interesar a los gobiernos que estén en su momento en el poder, al igual que ocurre con la historia, que según donde estés difiere en beneficio de cada propio país, sin tener para nada en cuenta la objetividad. Y así se encuentran a mi modo de ver, millones de jóvenes. Sumisos en lo que les han enseñado, creyéndoselo porque no les darán tampoco la oportunidad de conocer otra versión, ni otra mirada desde un punto diferente. Y porque la vida es más cómoda y fácil cuando haces y piensas como el resto, aunque todo hay que decirlo mas aburrida también.
Y como ya he dado mi punto de vista respecto a este tema seguiré con mi historia.
Las clases se impartían de noche y como era para gente mayor que no había tenido la oportunidad de aprender el mandarín, la mayoría tenía mas de cincuenta años. Yo era la mas joven por lo que mi aprendizaje era más rápido. A veces hablaba con mis compañeros y a cambio aprendía algo de taiwanés que era principalmente lo que hablaban todos los que asistían. Algunos me preguntaban si aún recordaba mi propio idioma y la verdad era que lo estaba olvidando, cada vez me costaba más recordar algunas palabras en español o escribir en mi propio idioma mismamente. Esto se hacía notar también en mis cartas.


Dejé de hablar el español casí por completo, Hasta mi hijo decía que no quería que le hablara así.

Me encantaban los libros que utilizábamos, los mismos que se utilizaban en la escuela primaria en aquella época, con dibujos y letras grandes. Se abrían al revés, pasando las páginas de izquierda a derecha, los textos comenzaban en la derecha para terminar a la izquierda y aunque en la portada los textos iban en horizontal, en el interior iban en vertical, o lo que es lo mismo se leía de arriba a hacia abajo. Los textos eran muy infantiles por lo que resultaba gracioso oír a gente adulta leyendo textos como: "me balanceo en el caballito de madera o bajo por el tobogán"

Portada libro de primero de primaria de entonces.

Interior del libro.
Pero esta sencillez en el lenguaje era lo que hacía más fácil el aprendizaje. A mi suegro al principio no le gustaba que fuera, decía que el podía enseñarme, pero cuando vio lo rápido que avanzaba me animaba y ayudaba a mejorar. La profesora era Awá, a la cual yo seguía admirando por su inteligencia y sencillez. Me parecía una chica tan digna. Siempre correcta, educada, sabía sobre casi todo y sin embargo nunca se daba importancia. En su familia siempre se hablaba de las habilidades de sus hermanos, pero no de ella. Ella me contó que siempre había tenido que cederlo todo por sus hermanos, por ser mujer. Me dijo que de niña le parecía injusto que a sus hermanos, solo por ser varones les dieran de comer mejor, y que se dejara siempre lo peor para ella y su hermana por ser mujeres. Se había acostumbrado a aceptarlo y asumirlo.
Ella también era la profesora en la guardería del pueblo y por las mañanas me dejaba entrar con Yutan y su sobrino, al cual yo seguía cuidando. En la guardería les enseñaban a los niños los símbolos fonéticos y canciones infantiles así que me servía como repaso a lo que aprendía en las clases. Además de tener algo con que entreter a los pequeñajos, sobre todo al primo de Yutan, que al principio le costó volver a quedarse conmigo. También me sirvió para aprenderme un montón de canciones infantiles que cantarles luego en casa.

78. ¿Es la vida un sueño?
Tony seguía trabajando en Taiwán, de vez en cuando hablábamos por teléfono y alguna vez venía, pero muy poco. Además cuando venía solía ir a ver a sus amigos más que estar con nosotros. A pesar de todo era mi marido y yo deseaba que surgiera cualquier día el amor. Como era una soñadora, pensaba que esas cosas podían suceder como por arte de magia y solo por el hecho de estar casados y tener un hijo en común. Así que esperaba que sucediera algún día sin más. Cualquier día descubriríamos lo mucho que nos queríamos y viviríamos felices y comeríamos perdices como en los cuentos. Al fin y al cabo nunca había estado enamorada y como no sabía de qué iba el amor me daba igual. Yo pensaba que lo importante era llevarse bien y nosotros apenas teníamos trato. Me escribía con una monja que me decía lo importancia del matrimonio, que era para siempre y demás. Así que yo me lo creía y pensaba que deberíamos estar juntos sino como iba a surgir nada. Pero Tony seguía diciendo que estábamos mejor con sus padres. Aún así, ante mi insistencia y mis preguntas de que si me había casado con sus padres o con él, me prometía que cuando tuviera una estabilidad iríamos a vivir con él a Taiwán. Yo esperaba convencida de que así sería, solo tenía que esperar y mientras tanto hablaba de él en mis cartas como si fuéramos un matrimonio bien avenido.
Como mi familia y amistades siempre me preguntaban por él cuando me escribían, yo intentaba siempre que me contara cosas para poder contarlas. Para que no se dieran cuenta que apenas teníamos trato, pues parecía que no era normal que no supiera de él. De que no era normal que no supiera nada de él me di cuenta sobre todo un día que estaba paseando por el pueblo. Como siempre me llamaban los grupos de mujeres que se sentaban a las puertas a charlar.
-María, ¿dónde vas? –ven siéntate con nosotras un rato.
Me solían decir cuando pasaba por al lado de alguien, yo siempre iba por donde sabía que estarían mis compañeras de baile, me gustaba estar con ellas, pero ahora había una novedad. Yo empezaba a entenderlas cuando hablaban taiwanés entre ellas, cosa que hacían también anteriormente. Pero hasta ese día no me había dado cuenta que lo utilizaban cuando no querían que yo entendiera.
-¿qué tal tu marido? ¿No va a venir? Empezaban preguntándome.
-No lo sé, tiene mucho trabajo creo. Respondía yo, mientras otra le decía en taiwanés a la de al lado, -con todo el tiempo que lleva fuera a saber las amantes que tendrá.
-¿y a qué se dedica?, seguían
-Trabaja en una empresa en Kaoshiung. Decía yo mientras afinaba el oído para ver que más decían de mí en taiwanés.
-¿y no te preocupa que este tanto tiempo solo?
Aquello empezaba a parecer un interrogatorio. Y yo no quería que se rieran de mí.
–bueno iremos a vivir con él cuando encuentre casa, está buscándola. Les decía inocentemente esperando que dejaran de preguntarme por él.
Una de ellas había ido a la misma clase que Tony en la escuela cuando eran niños, y todas le conocían bastante bien, creo que mejor que yo.
-Yo no dejaría que estuviera separado de mí ni un día, ¡anda que vaya ilusa esta!, dijo una en taiwanés.
-El mío cuando le toca la vigilancia en el faro y tiene que dormir allí, voy con él que nunca se sabe. Dijo otra.
Nunca me había importado lo que hiciera Tony, pero oírlas decir esas cosas, hacía que me sintiera fatal. Una de ellas se quedó mirándome y dijo, –Yo creo que nos entiende.
-Qué va, solo sabe mandarín, en taiwanés no habla nada. Dijo otra
-Pues yo el otro día la oí saludando a alguien en taiwanés.
-¿entiendes taiwanés? Me preguntaron.
-cosas sencillas, si, no, gracias y alguna otra cosa que oigo con frecuencia.
-veis apenas lo entiende, volvió a decir la que decía que no lo hablaba.
Pero una de ellas había visto mi cambio de actitud, mis gestos según escuchaba lo que decían.
–bueno mejor no hablemos de estas cosas delante de ella, no está bien. Dijo mientras cambiaba de tema.
Volviendo a casa me sentí más sola que nunca. Lo que había ocurrido era una de esas cosas que me hacían preguntarme que hacía viviendo allí.
Pero si no vivía ahí, ¿dónde iba a vivir? Me había casado y tenía un hijo. Al fin y al cabo ¿qué me importaba lo que hiciera Tony? Tenía una vida tranquila, no tenía que preocuparme por nada. Pero al mismo tiempo que me decía todo esto pensaba en la monotonía. Pensaba en el paso del tiempo, en vivir allí para siempre de aquella manera. Y era la misma sensación que cuando estaba en el taller cosiendo. Cuando me veía envejecer sentada en una silla con una costura en la mano y sin haber hecho nada especial, nada que me llenara. Seguía siendo una marioneta que otros manejan, seguía sin tomar mis propias decisiones, porque era dependiente y conformista.
Y aunque en mi interior crecían las ganas de revelarme, de ser libre, aún no estaba preparada, aún existían miedos. Y esto me llevaba a pensar que lo mejor era hacer lo que los demás, lo que se supone que está bien, lo que se esperaba de mí. Necesitaba volver a España, necesitaba cambiar de aires, desconectar, salir de aquel mundo en el que a veces me sentía como si estuviera en un sueño del que no terminaba de despertar.
Al igual que el filósofo chino Zhuang-zi en uno de sus poemas, se preguntaba........ si él, era él cuando soñaba ser una mariposa, o en realidad él era una mariposa que soñaba ser él.
Yo muchas veces me preguntaba, si aquello era un sueño del que despertaría en cualquier momento o si en realidad mi vida pasada lo había sido y no existía, ni había existido nunca a parte de en mi cabeza, y lo que tenía ahora era lo que había.
Supongo que mucha gente se llena la cabeza de estas dudas existenciales en algún momento de su vida, y desea como yo deseaba entonces, que su vida sea tan solo un sueño del que en cualquier momento despertará. Pero ¿qué ocurre si cuando despiertas descubres que el sueño era mejor que la realidad?, entonces desearas que la realidad vuelva a ser el sueño y el sueño realidad.
Para rematar el estado en que me encontraba llegaron malas noticias. La empresa en la que trabajaba Tony y en la que nosotros habíamos invertido nuestros ahorros. Unos más, y otros como yo, menos gracias……. no a Dios sino a que no tenía más, había perdido nuestro dinero. Había ido mal y nos habíamos quedado sin nada. Le escribí una carta a mi sueño contándole la noticia, le conté a mi sueño que debía seguir viviendo en esta realidad, y que no sabría cuando despertaría para poder vivir aquella y soñar con esta.

Como mi familia y amistades siempre me preguntaban por él cuando me escribían, yo intentaba siempre que me contara cosas para poder contarlas. Para que no se dieran cuenta que apenas teníamos trato, pues parecía que no era normal que no supiera de él. De que no era normal que no supiera nada de él me di cuenta sobre todo un día que estaba paseando por el pueblo. Como siempre me llamaban los grupos de mujeres que se sentaban a las puertas a charlar.
-María, ¿dónde vas? –ven siéntate con nosotras un rato.
Me solían decir cuando pasaba por al lado de alguien, yo siempre iba por donde sabía que estarían mis compañeras de baile, me gustaba estar con ellas, pero ahora había una novedad. Yo empezaba a entenderlas cuando hablaban taiwanés entre ellas, cosa que hacían también anteriormente. Pero hasta ese día no me había dado cuenta que lo utilizaban cuando no querían que yo entendiera.
-¿qué tal tu marido? ¿No va a venir? Empezaban preguntándome.
-No lo sé, tiene mucho trabajo creo. Respondía yo, mientras otra le decía en taiwanés a la de al lado, -con todo el tiempo que lleva fuera a saber las amantes que tendrá.
-¿y a qué se dedica?, seguían
-Trabaja en una empresa en Kaoshiung. Decía yo mientras afinaba el oído para ver que más decían de mí en taiwanés.
-¿y no te preocupa que este tanto tiempo solo?
Aquello empezaba a parecer un interrogatorio. Y yo no quería que se rieran de mí.
–bueno iremos a vivir con él cuando encuentre casa, está buscándola. Les decía inocentemente esperando que dejaran de preguntarme por él.
Una de ellas había ido a la misma clase que Tony en la escuela cuando eran niños, y todas le conocían bastante bien, creo que mejor que yo.
-Yo no dejaría que estuviera separado de mí ni un día, ¡anda que vaya ilusa esta!, dijo una en taiwanés.
-El mío cuando le toca la vigilancia en el faro y tiene que dormir allí, voy con él que nunca se sabe. Dijo otra.
Nunca me había importado lo que hiciera Tony, pero oírlas decir esas cosas, hacía que me sintiera fatal. Una de ellas se quedó mirándome y dijo, –Yo creo que nos entiende.
-Qué va, solo sabe mandarín, en taiwanés no habla nada. Dijo otra
-Pues yo el otro día la oí saludando a alguien en taiwanés.
-¿entiendes taiwanés? Me preguntaron.
-cosas sencillas, si, no, gracias y alguna otra cosa que oigo con frecuencia.
-veis apenas lo entiende, volvió a decir la que decía que no lo hablaba.
Pero una de ellas había visto mi cambio de actitud, mis gestos según escuchaba lo que decían.
–bueno mejor no hablemos de estas cosas delante de ella, no está bien. Dijo mientras cambiaba de tema.
Volviendo a casa me sentí más sola que nunca. Lo que había ocurrido era una de esas cosas que me hacían preguntarme que hacía viviendo allí.
Pero si no vivía ahí, ¿dónde iba a vivir? Me había casado y tenía un hijo. Al fin y al cabo ¿qué me importaba lo que hiciera Tony? Tenía una vida tranquila, no tenía que preocuparme por nada. Pero al mismo tiempo que me decía todo esto pensaba en la monotonía. Pensaba en el paso del tiempo, en vivir allí para siempre de aquella manera. Y era la misma sensación que cuando estaba en el taller cosiendo. Cuando me veía envejecer sentada en una silla con una costura en la mano y sin haber hecho nada especial, nada que me llenara. Seguía siendo una marioneta que otros manejan, seguía sin tomar mis propias decisiones, porque era dependiente y conformista.
Y aunque en mi interior crecían las ganas de revelarme, de ser libre, aún no estaba preparada, aún existían miedos. Y esto me llevaba a pensar que lo mejor era hacer lo que los demás, lo que se supone que está bien, lo que se esperaba de mí. Necesitaba volver a España, necesitaba cambiar de aires, desconectar, salir de aquel mundo en el que a veces me sentía como si estuviera en un sueño del que no terminaba de despertar.
Al igual que el filósofo chino Zhuang-zi en uno de sus poemas, se preguntaba........ si él, era él cuando soñaba ser una mariposa, o en realidad él era una mariposa que soñaba ser él.
Yo muchas veces me preguntaba, si aquello era un sueño del que despertaría en cualquier momento o si en realidad mi vida pasada lo había sido y no existía, ni había existido nunca a parte de en mi cabeza, y lo que tenía ahora era lo que había.
Supongo que mucha gente se llena la cabeza de estas dudas existenciales en algún momento de su vida, y desea como yo deseaba entonces, que su vida sea tan solo un sueño del que en cualquier momento despertará. Pero ¿qué ocurre si cuando despiertas descubres que el sueño era mejor que la realidad?, entonces desearas que la realidad vuelva a ser el sueño y el sueño realidad.
Para rematar el estado en que me encontraba llegaron malas noticias. La empresa en la que trabajaba Tony y en la que nosotros habíamos invertido nuestros ahorros. Unos más, y otros como yo, menos gracias……. no a Dios sino a que no tenía más, había perdido nuestro dinero. Había ido mal y nos habíamos quedado sin nada. Le escribí una carta a mi sueño contándole la noticia, le conté a mi sueño que debía seguir viviendo en esta realidad, y que no sabría cuando despertaría para poder vivir aquella y soñar con esta.

79. El viaje a Taiwán.
Llegó el día en que nos iríamos a Taiwán mi suegra me dijo que no me preocupara por Yutan, que aprovechara la ocasión y me divirtiera. Cinco días, en total serían cinco días viajando por la isla de Taiwán, nos habían dicho que participaríamos en unos juegos deportivos.
Este tipo de juegos era muy frecuente allí, los organizaban en las escuelas, pero también los hacían para adultos.
Nosotras iríamos a animar al equipo de Peng-hu, no sabía muy bien en que consistía eso de animar. Si tendríamos que volver a bailar el baile con el que habíamos ganado el concurso, o que haríamos, pero ya se vería una vez llegáramos allí. Todos los gastos eran pagados, hoteles, comidas y viajes a los lugares que visitaríamos. Yo estaba muy contenta y emocionada, para mi era como hacer un viaje de estudios.
El primer día llegamos en avión hasta Taichung, donde se celebrarían los juegos. Fuimos hasta las instalaciones donde se desarrollarían los mismos e hicimos un ensayo previo.

El día de los juegos, como siempre todos se sorprendieron de que una extranjera estuviera en el grupo que representaba a Peng-hu. Yo ya me había habituado a que así fuera, por lo que sus comentarios y miradas ni me llamaban la atención, lo asimilada como algo normal y me limitaba a sonreír
Desfilamos colocándonos en la líneas que le correspondía según lo ensayado, luego nos sentamos en los gradas a mirar los juegos. No tendríamos que bailar, solo alguna vez cuando le tocaba a alguien de Peng-hu, salir a correr o a lo que le tocara, levantábamos los pompones para animarle.

Una vez finalizados los juegos, nosotras también participamos en unos juegos que habían preparado, juegos para entretenernos, tirar de la cuerda o correr atadas o entrelazadas con un balón entre nuestras espaldas intentado que no se cayera y haciendo relevos. No me gustaban esos juegos me parecían demasiado infantiles, pero era lo que había. No todo el mundo tenía que participar, pero a mi no me quedaba otro remedio. Su insistencia para que yo disfrutara participando de todo, hacía que no me quedara otra opción que rendirme

Ese día fuimos a comer todos juntos, una de las autoridades del lugar vino a dar el discurso de rigor y al verme se acercó a saludarme interesándose por mí. Se preocupó por si me gustaba la comida y si todo el mundo me trataba bien a pesar de no saber quien era adiviné en la cara del resto que era alguien importante para ellos. Me estrechó la mano y dijo que era un honor contar conmigo allí. Se interesó por mi procedencia, mi país y me preguntó si me gustaba vivir en Taiwán, para mi aquel hombre era uno mas de los que había en la sala. Mientras habló conmigo ni siquiera sabía quien era. Cuando se fue todos me dijeron, -que suerte te ha dado la mano y ha venido a saludarte
-¿Quien era? dije yo-
Me dijeron su nombre como si lo normal fuera que lo conociera
Gente importante que deja de serlo si no los conoces, sino perteneces al lugar al que ellos pertenecen
Después de cumplir participando venía lo bueno, el resto de los días serían para disfrutar viajando y conociendo diferentes lugares.
Fuimos a Taipei, paseamos por el mercadillo, aiwá y yo nos compramos ropa. Me gustaba esa sensación de sentirme libre de comprar lo que yo quisiera, lo que me gustara. Porque normalmente me ponía la ropa que ellos me compraban o regalaban, aunque no me gustara no me atrevía a decir nada, no quería parecer exigente y no era presumida, así que nunca me importó ir vestida con cualquier ropa. Allí, lo único importante en la forma de vestir era no llamar demasiado la atención en cuanto a escotes o enseñar demasiado.
Fuimos a un parque de atracciones. Muchas de las cuales eran manuales. Barcas a pedales, y coches que iban por un rail y que se movían con el pedaleo también, nada de coches de choque ni cosas por el estilo.

Abandonamos Taipei para ir hacia el sur a visitar la montañas de Alisan , famosa por los amaneceres.
Creo que el nombre de ésta montaña viene de “Alit” palabra que en lengua indígena significa montaña ancestral.
Dormimos en una cabaña de madera, en una habitación conjunta las mujeres.
A las tres de la mañana, tal y como nos habían dicho el día anterior, nos despertaron para subir a la montaña. Y yo creía que se trataba de hacer ejercicio y subir la montaña andando, pero no era así, y menos mal porque no llegaríamos a tiempo para ver la puesta
La subida se hacia en una especie de tren.
Una vez arriba todos preparados con las gafas de sol y con las cámaras de fotos apuntando hacia la dirección en la que nos habían dicho que aparecería el gran astro
Mientras esperábamos el paisaje era digno de contemplación. Nubes blancas esponjosas en los que apetecía tumbarse. Nubes que viajaban por debajo de nuestra altura y sobres las que al final aparecería el sol como si surgiera del interior de las mismas.

Esa era la gran atracción del lugar y una vez que el sol hacia su aparición la función se terminaba. un chiringuito vendía fotos de recuerdo y otras chucherias donde podíamos hacer compras mientras esperábamos la cola para bajar de la montaña
El evento que se producía cada amanecer era digno de contemplación, pero el tumulto de gente apelotonado a la espera de fotografiarlo hacia que aquello pareciera un circo. Pensé en lo maravilloso que seria poder observarlo sola, sin cámaras, sin gente, tan solo disfrutando del momento sin mas.

Los siguientes lugares que visitamos fueron plantaciones de té, en las montañas, nos enseñaron los diferentes tipos de te y el proceso de elaboración, algunos compraron té puesto a la venta, la principal bebida que les gustaba bastante. A mi el que más me gustaba era el verde.
También visitamos lugares donde vivían tribus aborígenes, los cuales bailaron danzas típicas para nosotros.
El viaje terminó volviendo de nuevo a nuestra isla Peng-hu, fue sin duda un viaje inolvidable
第二道彩虹
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和你偎依在细雨中 静静地期待着晴空 等待天际浮现彩虹 把我俩心贯通
尽管天上一度彩虹 瞬息已消失无踪 还有那第二道彩虹 留在我俩心中
又看那天际 浮现出彩虹 你可还珍惜那往日雨中
我和你站在 彩虹的两端 一个在西 一个在东
我又徘徊在细雨中 默默地期待着晴空 天际浮现出彩虹
身边有谁与共 又看那天际 浮现出彩虹 你可还珍惜那往日雨中
我和你站在 彩虹的两端 一个在西 一个在东
想那天上一道彩虹 可会是爱神箭弓 把我那第二道彩虹 带到你的心中

Este tipo de juegos era muy frecuente allí, los organizaban en las escuelas, pero también los hacían para adultos.
Nosotras iríamos a animar al equipo de Peng-hu, no sabía muy bien en que consistía eso de animar. Si tendríamos que volver a bailar el baile con el que habíamos ganado el concurso, o que haríamos, pero ya se vería una vez llegáramos allí. Todos los gastos eran pagados, hoteles, comidas y viajes a los lugares que visitaríamos. Yo estaba muy contenta y emocionada, para mi era como hacer un viaje de estudios.
El primer día llegamos en avión hasta Taichung, donde se celebrarían los juegos. Fuimos hasta las instalaciones donde se desarrollarían los mismos e hicimos un ensayo previo.

El día de los juegos, como siempre todos se sorprendieron de que una extranjera estuviera en el grupo que representaba a Peng-hu. Yo ya me había habituado a que así fuera, por lo que sus comentarios y miradas ni me llamaban la atención, lo asimilada como algo normal y me limitaba a sonreír
Desfilamos colocándonos en la líneas que le correspondía según lo ensayado, luego nos sentamos en los gradas a mirar los juegos. No tendríamos que bailar, solo alguna vez cuando le tocaba a alguien de Peng-hu, salir a correr o a lo que le tocara, levantábamos los pompones para animarle.

Una vez finalizados los juegos, nosotras también participamos en unos juegos que habían preparado, juegos para entretenernos, tirar de la cuerda o correr atadas o entrelazadas con un balón entre nuestras espaldas intentado que no se cayera y haciendo relevos. No me gustaban esos juegos me parecían demasiado infantiles, pero era lo que había. No todo el mundo tenía que participar, pero a mi no me quedaba otro remedio. Su insistencia para que yo disfrutara participando de todo, hacía que no me quedara otra opción que rendirme

Ese día fuimos a comer todos juntos, una de las autoridades del lugar vino a dar el discurso de rigor y al verme se acercó a saludarme interesándose por mí. Se preocupó por si me gustaba la comida y si todo el mundo me trataba bien a pesar de no saber quien era adiviné en la cara del resto que era alguien importante para ellos. Me estrechó la mano y dijo que era un honor contar conmigo allí. Se interesó por mi procedencia, mi país y me preguntó si me gustaba vivir en Taiwán, para mi aquel hombre era uno mas de los que había en la sala. Mientras habló conmigo ni siquiera sabía quien era. Cuando se fue todos me dijeron, -que suerte te ha dado la mano y ha venido a saludarte
-¿Quien era? dije yo-
Me dijeron su nombre como si lo normal fuera que lo conociera
Gente importante que deja de serlo si no los conoces, sino perteneces al lugar al que ellos pertenecen
Después de cumplir participando venía lo bueno, el resto de los días serían para disfrutar viajando y conociendo diferentes lugares.
Fuimos a Taipei, paseamos por el mercadillo, aiwá y yo nos compramos ropa. Me gustaba esa sensación de sentirme libre de comprar lo que yo quisiera, lo que me gustara. Porque normalmente me ponía la ropa que ellos me compraban o regalaban, aunque no me gustara no me atrevía a decir nada, no quería parecer exigente y no era presumida, así que nunca me importó ir vestida con cualquier ropa. Allí, lo único importante en la forma de vestir era no llamar demasiado la atención en cuanto a escotes o enseñar demasiado.
Fuimos a un parque de atracciones. Muchas de las cuales eran manuales. Barcas a pedales, y coches que iban por un rail y que se movían con el pedaleo también, nada de coches de choque ni cosas por el estilo.

Abandonamos Taipei para ir hacia el sur a visitar la montañas de Alisan , famosa por los amaneceres.
Creo que el nombre de ésta montaña viene de “Alit” palabra que en lengua indígena significa montaña ancestral.
Dormimos en una cabaña de madera, en una habitación conjunta las mujeres.
A las tres de la mañana, tal y como nos habían dicho el día anterior, nos despertaron para subir a la montaña. Y yo creía que se trataba de hacer ejercicio y subir la montaña andando, pero no era así, y menos mal porque no llegaríamos a tiempo para ver la puesta
La subida se hacia en una especie de tren.
Una vez arriba todos preparados con las gafas de sol y con las cámaras de fotos apuntando hacia la dirección en la que nos habían dicho que aparecería el gran astro
Mientras esperábamos el paisaje era digno de contemplación. Nubes blancas esponjosas en los que apetecía tumbarse. Nubes que viajaban por debajo de nuestra altura y sobres las que al final aparecería el sol como si surgiera del interior de las mismas.

Esa era la gran atracción del lugar y una vez que el sol hacia su aparición la función se terminaba. un chiringuito vendía fotos de recuerdo y otras chucherias donde podíamos hacer compras mientras esperábamos la cola para bajar de la montaña
El evento que se producía cada amanecer era digno de contemplación, pero el tumulto de gente apelotonado a la espera de fotografiarlo hacia que aquello pareciera un circo. Pensé en lo maravilloso que seria poder observarlo sola, sin cámaras, sin gente, tan solo disfrutando del momento sin mas.

Los siguientes lugares que visitamos fueron plantaciones de té, en las montañas, nos enseñaron los diferentes tipos de te y el proceso de elaboración, algunos compraron té puesto a la venta, la principal bebida que les gustaba bastante. A mi el que más me gustaba era el verde.
También visitamos lugares donde vivían tribus aborígenes, los cuales bailaron danzas típicas para nosotros.
El viaje terminó volviendo de nuevo a nuestra isla Peng-hu, fue sin duda un viaje inolvidable
第二道彩虹
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和你偎依在细雨中 静静地期待着晴空 等待天际浮现彩虹 把我俩心贯通
尽管天上一度彩虹 瞬息已消失无踪 还有那第二道彩虹 留在我俩心中
又看那天际 浮现出彩虹 你可还珍惜那往日雨中
我和你站在 彩虹的两端 一个在西 一个在东
我又徘徊在细雨中 默默地期待着晴空 天际浮现出彩虹
身边有谁与共 又看那天际 浮现出彩虹 你可还珍惜那往日雨中
我和你站在 彩虹的两端 一个在西 一个在东
想那天上一道彩虹 可会是爱神箭弓 把我那第二道彩虹 带到你的心中
