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Mi vida es sueño
Diario de una ¿soñadora?
Sindicación
 
UNA PERSONA EN EL MUNDO
Es de noche, veo la luna y las pocas estrellas que las luces de mi ciudad me dejan ver. Me siento en el sofá a fumar un cigarrillo, mi último cigarrillo. Hace horas que no fumo, trago el humo con desesperación. Miro a mi derecha y a mi izquierda y no veo nada. Miro al pasado y al futuro y no veo nada. El presente me cansa. Con delicadeza sacudo mi cigarrillo en un cenicero mientras vuelvo a inhalar el humo. Observo las formas que el humo dibuja, de fondo la noche, la luna y las estrellas. Me levanto, me apoyo en la ventana y miro hacia abajo. Algo me recorre por dentro, una ligera sensación de vértigo: fatiga, un pequeño mareo y calor en mi pecho. No sé si por la altura o por la sensación de vacío en mi vida... Respiro hondo e intento controlarlo, no lo consigo, doy una calada e intento relajarme, no funciona. Vuelvo a mirar abajo, nueve pisos me separan. Cierro los ojos y noto el aire fresco en la cara, me sienta bien. Me gusta esa sensación, me creo libre pero sigo sintiendo el calor. A la cabeza me viene la duda de qué habrá nueve pisos más abajo. Cada vez tengo más intriga. Suena la puerta, has llegado. Me sorprendo sonriendo. Sigo notando el calor, pero ahora es diferente. Es un calor que me hace cosquillas, que me gusta. La sensación de vértigo desaparece, se me dispara el corazón, antes estaba inerte, ahora lo escucho dentro de mí. No te hago esperar, abro la puerta. Estás ligeramente apoyado en la pared, mirando hacia abajo. Apenas me miras a los ojos, tu mirada va de derecha a izquierda rápida, fugaz, como un disparo. Te invito a pasar, te sorprendes de que tenga la casa a oscuras, te explico que con la luz de la luna me basta. Vuelves a sorprenderte, ahora de mi respuesta. Me hablas susurrando, tus ojos siguen sin cruzarse con los míos. Me dices que algo falla entre nosotros, no sabes exactamente qué ni por qué. Mi corazón late más fuerte, pero ahora me hace daño. Más calor. Me abrazas, dices que no me entiendes, que soy complicada. No quiero más. Te pido que te vayas, que me dejes sola. Se me escapa una lágrima, y otra. Ya apenas noto calor, el cosquilleo de mi barriga ha desaparecido por completo. Cada vez siento menos, ya nada. Me derrumbo en el sofá, busco el paquete de tabaco vacío, lo aprieto y lo tiro fuertemente al suelo. Estoy mareada, deshubicada, no me controlo. Busco en el cenicero y enciendo una colilla, le doy apenas dos caladas y lo tiro al suelo, lo piso. Tengo la mirada perdida, no veo la luna, ni las estrellas. Cierro los ojos, me mareo. Estoy vacía, no puedo pensar, ni imaginar, no queda nada dentro de mí. No tengo recuerdos, no puedo ver nada. Sólo noto calor. Me estremezco, me levanto del sofá y me vuelvo a asomar a la ventana. Ahora, un poco más atrevida me subo al bordillo. Quiero sentir el frío de la noche de nuevo. No noto nada, no me gusta esta sensación. Me inclino hacia delante, me tambaleo, ahora no siento vértigo. Sólo calor. No soy nada ni nadie, un grano de arena en el desierto, una gota en el mar, una persona en el mundo...
Nueve pisos para cruzar la línea, unos segundos y todo será diferente, un vacío distinto...
 
MIEDO A TI
Miedo a mirarte a los ojos, a no pensar, a verme encerrada en ti, a escuchar una canción contigo, a que me leas mi libro preferido, a que yo te lea tu libro preferido, a que sea el mismo.
Miedo a tus miedos y a los míos, miedo a verte caer, a dejarte a caer, a que no me dejes levantarte, a acariciarte, a tocar tu mano, a que tu toques la mía, a descubrime mirándote en la oscuridad aunque sólo pueda ver una sombra.
Miedo a despertarme cada día junto a ti, a un anochecer y un amanecer contigo, a verte llorar, a llorar por ti.